Memorias de Nómada Numero 8

memorias

Revista Cultural

memorias nomada

de

Cultura y Arte Numero 8 - Ano 2


01

Back

En teoría esto es una selfie. Elegimos aquello que nos gustaría mostrar sobre nosotros.

Aunque es justo tratar de poner en una balanza esa imagen tan fea que tiene el mundo del

millennial. Todos acá sufrimos millennalgia en distintas esferas pero sabemos que esas

características no son las que nos definen. De todas formas ha sido un trabajo muy

divertido ponernos la botarga, la caricatura de la Generación Y y darle zoom a la lista de

defectos que las generaciones anteriores han hecho de nosotros (sólo las de Internet).

Mucho de lo que se leerá a continuación son textos basados en la poca o mucha experiencia

de todos nosotros y, como a pesar de nacer en fechas cercanas somos diferentes, algunas

cosas parecerán más conciliatorias y otras mucho más autocríticas o críticas y creo que

finalmente eso es lo que busca Memorias de nómada en cada número: ver un mismo tema

desde diferentes ángulos.

De entrada tenemos a colaboradores bien chéveres y algunos nuevos. Carlos Xool escribió

acerca del cineasta más millennial y cool que tenemos hasta ahora: Xavier Dolan. David

Cano desde el norte nos trae un artículo titulado Los Hijos del Y2K o la muerte de los

grandes himnos en la sección de música; Maik Civeira escribe de la Neostalgia, la añoranza

por las caricaturas, películas, videojuegos y otras referencias culturales que parecen haber

envejecido más que nosotros. Graciela Montalvo nos comparte una infografía 8bitera con

datos y estadísticas que nos competen. En ilustración contamos con las prodigiosas tintas

del Changos Perros y Francisco Pasarón. En la portada tenemos la ilustración de Sergio

Neri, uno de los mejores ilustradores de Yucatán.

Como artista y escritor del mes tenemos a Isabel Silva con sus retratos en Galería, y a los

Poemojis de Dante Tercero en Hoja de arce. De plato fuerte está Bajo sus pies, sobre sus

hombros de Ial Utsil Balam–Bacab, un ensayo acerca del millennial activista local, súper

bueno. Y en la sección de publireportaje estrenamos recomendación de Minaya Editorial,

una muy buena opción para cualquier servicio editorial que necesites.

De la casa tenemos a Yobaín Vázquez en Síndrome de papelera quien saca la casta por la

generación o más bien, por la generalización de la misma; Jisus Cámara escribe en la H no

es muda sobre un tema del que ha hecho mucho trabajo de campo: las cantinas. Y Mal de

puerco desmenuza los mitos acerca del millennial en el trabajo a partir del libro Millennials

en la oficina de Lee Caraher. Y por último, Luis Cruces, nuestro ilustrador, diseñador

editorial y webmaster que ilustró los artículos de Maik Civeira, David Cano, y Katia Rejón.

Ojalá que nos den Like.


02

#Degeneración en

generación

Por yobaín Vázquez

Pagina 03

Síndrome de

papelera

MILLENNIALS & CO.

Por Katia Rejón

Pagina 28

Mal de puerco

Minaya Editorial

Por MdN

Pagina 06

Xavier Dolan,

l’enfant terrible

Por Carlos Xool

Pagina 34

Cantinas 2.0

Por Jesús Cámara

Pagina 09

Isabel Silva

Por Mdn

Pagina 14

La H no

es muda

Galería

Los hijos del Y2K

Por David Cano

Pagina 37

La trampa de la neostalgia

Por Mike Civeira

Pagina 41

Dante Tercero

Por Mdn

Pagina 18

Hoja de

arce

Infografía

Por Graciela Montalvo

Pagina 46

Bajo sus pies, sobre

sus hombros

Por Ial Utsil Balam–Bacab

Pagina 22

Ensayo


Síndrome de papelera

#Degeneración en generación

Toda generación ha sido estúpida. ¿Alguien va a negar que las juventudes fascistas de los años 40 no

eran muy listas? ¿Acaso los jipis de los 60 y 70 eran la viva imagen de la cordura? ¿Y la generación

X? Ellos ni siquiera son memorables. Que alguien diga, entonces, que los Millennials somos algo

menos que inteligentes, algo más que narcisistas y en el punto justo de lo apolítico, no es algo

novedoso.

Lo que ahora nos hace ver más estúpidos es Internet. Nunca como antes se podía exponer tan

voluntariamente la falta de sentido común. Pero eso no exime a las otras generaciones, en su tiempo

también demostraron de lo que estaban hechas: estúpidamente se dejaron masacrar en una guerra

mundial, estúpidamente se hicieron ideas redentoras de amor y paz, estúpidamente dejaron su destino

en manos del nihilismo y estúpidamente hacemos selfies con cara de perrito. No se hagan, en esta nave

Por Yobaín Vazquez

Ilustración: V. Pasarón

Instagram: frank_pasaron

03


04

de idiotas todos vamos embarcados.

¿A poco creen que la humanidad era

perfecta y de algunas décadas para acá se echó

a perder? Si les cae gordo que un joven piense

que lo merece todo, ¿para qué lo dejaron ver

películas de Disney? Y si a los jóvenes nos

gusta lo efímero es porque nuestros padres

creyeron ciegamente en las ideas del

neoliberalismo: mucho primer mundo, mucho

fast food, mucho centro comercial… Si somos

individualistas es porque nuestros padres se

dejaron mangonear para hacerle el feo a lo

colectivo y a los sindicatos.

¿Qué fue primero, el Millennial estúpido o los

padres idiotas? Seguramente alguien dirá que es

típico de nuestra generación justificarse y echar

culpas antes que hacerse responsable. Pero no,

tanto peca el que mata la vaca… Los mismos

que ahora critican y se mofan del Millennial,

son los que nos enseñaron a idolatrar la

vanidad, a los Estados Unidos de América y la

estupidez. ¿Por qué entonces ahora se rasgan

las vestiduras? A lo mejor por miedo. Yo mismo

tengo pavor de hasta dónde vamos a llegar

como generación, pero no porque piense que en

nuestras manos se va a ir todo al carajo, sino

porque sería un paso más que demos como

especie humana, y al parecer, nos están

cargando con todo ese destino.

Y no es queja, pero habría que preguntarles a

las generaciones pasadas, ¿nosotros les

recriminamos que hayan dejado esta porquería

de mundo? Tenemos toda la razón de echarles

en cara el cambio climático que nos legaron. ¿Y

por qué no voltean a ver las hambrunas y

guerras que dejaron cuando eran generaciones

de idealistas y, asegún, comprometidos

políticamente? ¿Y quiénes fueron los que

vaciaron de todo significado al marxismo,

catolicismo, feminismo, anarcosindicalismo,

mesianismo, incluso al nacionalismo y el

mexicanismo? Es entendible que el Millennial

esté desconcertado, pero no por falta de

inteligencia, sino porque tal como en las

entrevistas de trabajo, piden que tengamos casi

70 años de experiencia (los mismos que tienen

las famosas etiquetas generacionales), para

poner en orden todos los desmanes que dejaron

a su paso.

Para colmo, la generación Millennial es

de transición: tenemos un pie en lo analógico y

otro en lo digital. Parecemos no pertenecer a

nada y eso provoca desconfianza. Pero esto

tiene que ver más con los sueños rotos de

nuestros antecesores. Las generaciones pasadas

vislumbraban un futuro altamente tecnológico,

pero siempre ajustado a las convenciones

sociales de su tiempo, una especie de paraíso

dibujado en los folletos de los Testigos de

Jehová en el que reina la armonía. Para sorpresa

de muchos, ese futuro altamente tecnológico es

todo menos ajustado a lo establecido: vino a

cambiar la manera de relacionarnos, de

interactuar y de pensarnos.

Nuestros padres podían esclavizarse en el

trabajo para comprar una computadora y apenas

la tenían, nos acercaban para meternos de lleno

a las promesas del desarrollo. Ahora claman por

sacarnos de allí porque el mundo virtual es

desmesurado. ¿Y no es el mundo real semejante

en desmesura? Si en un callejón violan

impunemente, en un blog pueden exponer dick


05

pics para escarnio público. Si en las escuelas

hay bulling, en las redes sociales trolls. ¿Y qué

es un youtuber comparado con un conductor de

Hoy o Ventaneando? Internet es horrendo

porque la vida es horrenda.

Quizá el futuro de la humanidad no sea explorar

otros sistemas planetarios, sino enfrascarnos en

lo digital. El Millennial es un colonizador del

ciberespacio, defectuoso por haber convivido

entre aquellos que no comprendían la

importancia sociopolítica de un meme o la

revolución cultural de un hashtag. En fin, no

importa cuántas reglas de etiqueta se impongan

para que un Millennial no preste atención al

celular en las comidas familiares, la lógica

indica que después de nosotros habrá una

generación que ya no sepa ni siquiera qué es

comida y qué es familiar.

O quién sabe. Los Millennial apenas

hemos asomado la cabeza y ya nos dieron de

martillazos. Las otras generaciones son las que

se han llenado la boca diciendo quiénes somos

y qué no somos, como si todos estuviéramos

cortados con la misma tijera. De ser cierto que

todos compartimos temores y narcisismo,

manías y excentricidades, la sociedad ya habría

colapsado. Yo veo una escenario más bien

irregular, y como Ginsberg puedo decir que vi

las mejores mentes de mi generación destruidas

por trabajar en OXXOs y Coppels, sin que

quieran ser sus propios jefes ni causar un

impacto social en la selva lacandona.

que hace posgrado en La Sorbona, y otro que

persigue con empeño un crédito en Infonavit.

Es una trampa darle mayor importancia al que

usa Snapchat o que se unió a las filas Prienials

y no al que vive desempleado o el que hace

labor social en un albergue de migrantes.

Millennial es, a fin de cuentas, un concepto que

alguien nos vendió, le creímos y

paradójicamente, viralizamos. Es una categoría

imprecisa de mayor utilidad al que no es de esta

generación: les devuelve la seguridad de

comprender un mundo que cambia y del que,

poco a poco, van perdiendo sus riendas.

Los Millennials sabemos que no somos

perfectos, pero tampoco esa grosera caricatura

con que nos pintan. Tampoco nos afecta.

Incluso no tenemos empacho en declarar

cínicamente que nosotros, los peores del

mundo, un día nos daremos cuenta que allá

afuera la vida es hostil, creceremos y nos

amargaremos, estaremos listos para recibir a

una nueva camada de jóvenes inquietos,

inexpertos e ilusos, y les llamaremos estúpidos

por nacer, estúpidos por ser la consecuencia de

nosotros, estúpidos porque sí, porque están

chavos. Haremos notorio aquello que se niegan

a aceptar los que ahora nos ningunean y lo que

Gustavo Sainz llevó a la exageración

tipográfica en su novela Obscuros días

circulares: “De generación en generación las

generaciones se degeneran con mayor

degeneración…”

Creo que hay un abismo entre un Millennial

mediático, chick, instagramer, fit y un

Millennial nacido en la sierra tarahumara, o uno


06

A Lobo siempre le interesó el arte, la literatura,

el cine, la música y el anime. Más de una vez apoyó

proyectos de artistas locales o independientes en

Kickstarter. Para ese entonces Lobo, como

cualquiera de nosotros, tenía un trabajo normal (o

sea, con un jefe y salario). “Sentía que no me estaba

llenando lo suficiente de manera intelectual o

personal”. Así que desempolvó un proyecto que su

pareja había comenzado hace 15 años y que por

azares del destino nunca pudo poner en marcha:

Minaya Editorial.


07

Lo padrísimo de Minaya Editorial es que tiene una

imagen profesional y al mismo tiempo novedosa,

artística. En su página, por ejemplo, muestran la

portada de una tesis titulada Desfiguraciones góticas

en dos cuentos del siglo XX de una estudiante de la

Facultad de Ciencias Antropológicas que en lugar de

ser plana o con textura tradicional, está ilustrada por

Miss Kanto (si no conoces a Miss Kanto tienes que

googlearla ¡ya!).

“Lo primero que vi fue mi entorno, quiénes podrían

ayudarme y a quiénes les podría interesar un

proyecto editorial. En México, la cultura y la ciencia

están siendo infravalorados, así que una propuesta

editorial es muy difícil. Pero tuve el apoyo de

amigos y personas que podían aportar algo

interesante, y lo hicimos”. Entre los servicios que

ofrece la editorial están: corrección ortotipográfica,

de estilo, gramatical, diseño, talleres para artistas y

autores, publicidad y registro de ISBN e ISSN y

derecho de autor.

Con Meroestudios, una casa productora de

videojuegos, realizaron el prototipo de un libro

digital llamado La Reina Roja. “La idea

básicamente es que puedas jugar un videojuego al

mismo tiempo que estás leyendo un libro”. Ambos

se presentaron en la Filey en el 2015 y ahora están

en proceso de buscar un financiamiento y de

introducir a La Reina Roja al mercado digital.

La diferencia entre Minaya dentro del ámbito

editorial es que está consciente de que no debemos

aislarnos sólo en temáticas regionales sino que

debemos explorar y explotar el talento de autores y

artistas locales para tocar temas actuales, globales y

resignificar nuestra cultura. “Creo que hace falta una

renovación, no olvidar nuestras raíces pero sí

conectarnos con el mundo actual”. Otro de los libros

próximos será un compendio de las obras de

Lovecraft con ilustraciones de Miss Kanto, y

posiblemente con traducciones al maya.

Actualmente tienen dos proyectos presentados:

Chicozapote, un libro para niños que enseña a través

de pequeñas historias, el personaje va aprendiendo a

valorarse por lo que es a pesar de las diferencias

entre él y los demás personajes. La autora, Verónica

Martínez, trabaja con la editorial en otros tres

cuentos que complementen a Chicozapote jugando

con la flora regional como el zapote y la pitaya, pero

con temáticas actuales para los niños.


08

En la Filey de este año, participaron con talleres de redacción para autores y juegos de rol. “El juego de rol es

muy importante para nuestra editorial. Tenemos una línea lúdica enfocada a los juegos de rol, ya que a todos

los de la editorial nos encantan. Y a través de ellos les enseñamos a los niños a expresarse de manera oral,

motivamos la empatía y la imaginación”. Las temáticas de estas dinámicas estuvieron basadas en libros como

Haunter House, Canción de Fuego y Hielo, y Summerland, un libro cuyos derechos fueron adquiridos por la

editorial para hacer la traducción.

La editorial es pequeña y accesible. Si estás interesado en alguno de los servicios puedes contactar a las mentes

creativas al número 9991505100 o al correo contacto@minayaeditorial.com .


La h no es muda

09

Cantinas 2.0

Los millenials

y su aportacion

a los bares

de Merida

Por Jesús Cámara

Con el paso de los últimos diez años, la imagen de los

bares y cantinas en el centro de la ciudad ha cambiado

mucho, ¿puedes recordar la primera vez que fuiste a

una cantina? Yo sí. Era el más joven de mi grupo de

amigos y fuimos a un lugar al que ellos ya habían

acudido en repetidas ocasiones, su nombre era

“Nápoles”, una vieja cantina que ha cambiado varias

veces de nombre y está ubicada en el barrio de San

Juan. Ofrecía biberones de cerveza Modelo por un

precio bastante accesible para nosotros que sólo

salíamos con un billete de cincuenta en la cartera. Fuera

de lo barato, sus chicharrones o las señoras que

destapaban la botella, nunca tuvieron mucho de

especial, tal vez por eso cerró.

Ese fue mi primer acercamiento al mundo cantinero de

nuestra ciudad, pero a decir verdad, no me pareció que

fuera la mejor primera impresión. Sin embargo, nunca

se alejó de mis expectativas, ya que toda la vida había

circulado en el centro pasando por las puertas de

reconocidos bares de antaño como “El Grillón”, “El

Ancla” y el extinto “Gato Negro” de donde todas las

noches veía salir a una gran cantidad de borrachales

mientras esperaba el autobús.

Lo chistoso aquí es que ¿cuándo iba a imaginar que

también yo saldría en esas condiciones de algunos de

aquellos lugares después de cumplir los 20? Bueno,

pero el tema de este texto no son los borrachos ni mis

borracheras, sino nuestra generación conocida como

“Los Millennials”, que en su paso y retorno al centro de

Mérida, han marcado un notable cambio entre lo que

eran los bares y lo que son ahora. De este tema han

hablado personajes expertos del círculo cantinero como

el espeléologo y escritor Sergio Grosjean Abimerhi y

Loren Plácido Peniche, organizador del famoso Tour

Cantinero MID.


10

En un artículo que publicó para Grupo Mileninio,

Grosjean Abimerhi narra parte de la historia de las

cantinas de la capital yucateca plasmada en su libro

Anécdotas de las cantinas en Mérida 2012 ahí cuenta

cómo era acudir a una de éstas en el siglo pasado. En

primera, las mujeres tenían estrictamente prohibida la

entrada ya que estaba mal visto y se exigía que “se

respetara la intimidad del hombre”. Las únicas que

tenían acceso eran las cocineras y las llamadas ficheras

(mujeres que acompañan a los consumidores y ganan

una comisión por cada bebida que éste le invite).

Algunas cantinas tenían incluso un letrero en la entrada

que recordaba esta prohibición, situación que contrasta

mucho con la atención que se le brinda actualmente a

todo el público.

Las modificaciones en el reglamento que regula la

clasificación de los establecimientos dedicados al

expendio de bebidas alcohólicas en el municipio de

Mérida comenzaron a hacer notorios los cambios en las

cantinas tradicionales. Éstas se re-inauguraron con

nuevos conceptos más familiares para adaptarse a un

nuevo mercado globalizado y abierto a la equidad de

género. Lo último desplaza al viejo punto de encuentro

masculino orillando al cambio a tres de cada cuatro

cantinas de la ciudad.

A pesar de que la situación de las reaperturas le brinda

una nueva oportunidad a los dueños para expandir su

público potencial, los clientes habituales toman a mal

estos cambios. Entre otras cosas, porque consideran

que ya no son un espacio de confianza donde pueden

hablar de una manera jocosa o vulgar, hacer y decir lo

que quieran en la barra. Ahora la mayoría de los bares

se engentan, lo que obliga a los consumidores de antaño

a reservarse dentro de ellos y a rechazar el ambiente

fiestero.

Una de las principales cantinas que ha presentado un

gran cambio es “La Negrita”, ubicada en la calle 62 con

49 del centro, en la esquina del “motor eléctrico”. Su

dueña, Patricia Martín Briceño, ha realizado un

increíble trabajo en la curaduría del lugar, tanto que se

ha vuelto el referente cantinero del centro de la ciudad.

Si de bares o cantinas hablamos “La Negrita” podría ser

considerado el mejor lugar para muchos jóvenes

millenials. Al pasar por el lugar, siempre se puede

observar a la gente esperando por entrar a beber


11

acompañados del ritmo caribeño y tropical que ahora la

caracterizan.

Pero “La Negrita” no siempre fue así, pues al ser una

cantina que opera desde 1917, también fue en su

momento, uno de esos sitios “de mala muerte” como

dirían nuestros padres que se acostumbraron a verla

como un punto de encuentro de borrachos. Otra de las

cantinas más antiguas de la ciudad es “El Cardenal”,

ubicada en la calle 70 con 63 dentro del barrio de

Santiago. Abrió sus puertas en el año 1915 y llegó a

manos de su actual dueño, Said Farah Ceh, quien la

adquirió después de ver el anuncio de traspaso en

internet, para después darle una nueva imagen.

Conserva la tradición de apapachar a los clientes

ofreciéndoles cerveza bien fría y un lugar agradable en

donde se pueden degustar desde las tradicionales

botanas como el huevo, la chicharra, el frijol o las

mollejas, hasta otro tipo de comidas como las pizzas

hechas a mano dentro de su cocina.

El “Dzalbay” tampoco está exento del cambio. Este bar

ubicado en el cruce de la calle 53 por 64 fue inaugurado

por don Lupe Basteris, quien comenzó a fabricar el

descontinuado Ron Basteris, deleitado por los

consumidores de paladares fuertes y bolsillos vacíos,

según nos cuenta el libro Las Cantinas de Mérida

(Talleres Gráficos del Sureste, 1984) de Alberto

Cervera Espejo. Actualmente, el bar ha sido

re-inaugurado con un concepto más moderno,

ofreciendo un menú a la carta y la opción de consumir

en su azotea. Una de las cosas que más recuerdo, fue

que al reabrir sus puertas colocaron un letrero en la

entrada que decía: Ya no tenemos ficheras. Así

anunciaron a todo el público que una nueva era había

llegado para el lugar.

Y como el que no evoluciona muere, muchos

establecimientos y expendios de cerveza han tenido

que cerrar sus puertas debido al desplazamiento que el

giro de los nuevos modelos de bares, ganándose a los

consumidores. “El Buffete”, ubicada en la esquina de la

calle 62 con 65, en uno de los edificios más antiguos

del centro de la ciudad, fue fundada en 1932 y tuvo que

cerrar sus puertas en 2015 por falta de pago. Ahora es

una tienda de conveniencia de una cadena nacional.

Otra que recientemente cerró sus puertas fue “El

Chemas” de la calle 55 por 66 que concluyó con sus

servicios el año pasado, terminando así con la


12

tradicional cantina que inauguró don Demetrio Molina

Ávila en 1949. En él, según relata Cervera Espejo, se

reunían en sus buenos tiempos, “estudiantes, políticos,

comerciantes, profesionistas, altos ejecutivos, pero

nunca malandrines”, también agrega que el lugar era

visitado por personajes como Arturo Abreu Gómez,

Armando García Franchi, Rodolfo Concha Campos; y

los privados servían como punto de reunión para el

grupo literario “Voces Verdes” del que según el libro

Itzimná, pueblo de poetas de Eduardo Tella Solís,

formaron parte Roger Cicero McKenney, Juan Gabriel

Molina Font y Raúl Renán, reconocidos poetas

yucatecos del siglo XX.

Algunos otros lugares como el bar “Los Arcos”

(próximamente “La Despeinada”), “La Pachanga”

(ahora “La 710”), “El Perico Marinero” o “Bar

Morgan” han tenido que probar suerte con las nuevas

tendencias para intentar recuperar la preferencia de sus

viejos clientes o ser elegidos por los nuevos

consumidores que en su mayoría, son jóvenes

interesados en encontrar un buen lugar para pasar el

rato.

Dar a conocer todas estas cantinas casi desocupadas o

remodeladas, es la tarea que lleva a cabo el Tour

Cantinero MID. Loren Plácido Peniche creador y

director general del proyecto se dedica a promover los

bares y cantinas del centro de Mérida a través de visitas

guiadas en las que se cuenta parte de la historia de cada

uno de ellos. El tour está enfocado en que los jóvenes o

millenials y los adultos puedan redescubrir estos

espacios consumiendo cerveza o su bebida preferida a

la par de conocer el contenido cultural que cada una de

las paradas brinda.

El proyecto de Loren comenzó hace varios años

atrás cuando junto con sus amigos universitarios

comenzaron a trazar rutas para visitar las cantinas y

conocer un poco acerca de la historia de las mismas en

voz testimonial de sus dueños. La apertura de cada uno

lo volvió cada vez más un proyecto cultural que hasta la

fecha sigue vivo. Ha visitado a más de 30 cantinas

tradicionales y remodeladas ayudando a expandir su

consumo comercial y cultural.

Las cantinas tradicionales forman parte del patrimonio

cultural de la ciudad de Mérida, pero la apertura a un

público de ambos sexos va de la mano con la lucha por

la equidad de género, siendo esto también un factor que


13

los dueños aprovechan para aumentar el ingreso por

la venta del público general. A pesar de que el

concepto de la cantina tradicional parece estar en

peligro de extinción, Grosjean Abimerhi cree

firmemente que volverán a reinar en el centro cuando

el concepto de moda termine, pues “son pasajeras y

los millenials estamos acostumbrados a seguirlas”.

Sin embargo, mientras esto pasa, los meridanos

aprovechan para conocer el centro y contribuyen a la

gentrificación del centro histórico sin olvidar los

lugares que pueden visitar como opción para el

esparcimiento, el ocio y la diversión para refrescar el

paladar. Salud.

Jesús Cámara Ríos.


14

Galería

ISABEL

SILVA

Isabel Silva nació en Toluca, Estado de

México. Actualmente cursa la licenciatura

en Artes Visuales en la Universidad

Autónoma de Yucatán. Sus obras utilizan

técnica mixta, óleo y acuarela. Ha

participado en varias exposiciones

colectivas destacando la BT. No. 43 llevada

a cabo en el Museo de la Ciudad dentro del

marco del MUAV (Muestra Universitaria

de Artes Visuales) en el 2016 en la cual

obtuvo una mención honorífica. Los

elementos recurrentes de su obra son el

retrato y la figura humana, entre otras.


15


16

El cuerpo humano, y la figura femenina sobre todo, son una de mis más grandes motivaciones para

pintar. Me gusta mucho retratar a la mujer en el color, tamaño y forma que sea, pero sobre todo son las

mujeres reales e imperfectas quienes llevan mi entusiasmo a un punto álgido. En cuanto a mi estilo no

estoy segura de que esté del todo definido, si bien es figurativo, no es depurado por completo sino más

bien con una inclinación hacia los empastes y las manchas. Por ahora me sigo nutriendo de diversas

influencias y explorando diferentes técnicas


17


18

Hoja de arce

Dante

Dante Tercero es autor de los libros de

poesía Perro sombra (2011), Mi tercer ojo

(2013), y Poemojis por el cual obtuvo la

beca del Fondo Nacional para la Cultura y

las Artes (FONCA) en 2015. Dirige la

colección de poesía Cute Lit. y la editorial

Ojo de Pez desde el 2013.

Cuando supo que la obra Poemojis había

ganado una de las becas más importantes

para los artistas mexicanos, Internet ardió.

Quesque nuestros impuestos se van en

poemojis, quesque era una falta de respeto

al cánon, que cómo FONCA le daba una

beca a unos emojis habiendo tanto poeta

bueno en México, etcétera, etcétera. El

problema no fue que estuvieran en

desacuerdo con la poesía de Dante Tercero

(seamos honestos, muchos de los haters

probablemente ni siquiera habían abierto

un libro de poesía), sino que en muchas

páginas y memes atacaban a la persona y

no al libro (¡bu!, Internet).

Lo cierto es que Dante Tercero es un

personaje creado por el autor (antes

publicaba bajo el nombre de Patricia

Binôme) que encaja muy bien con la

generación y su proyecto. Ha aparecido en

revistas como Fahrenheit, Tierra Adentro, Círculo de Poesía, Playground, y medios como El Informador o El

Universal, o sea, desde espacios millennials hasta en periódicos tradicionales. Y logró que su personaje

destacara entre las filas de becarios y que la idea se utilizara para introducir el tema de la poesía en las escuelas.

Aunque además de Poemojis, el autor ha escrito otros poemas menos visuales, queremos rendirle culto a la

poesía millennial con una obra escogida por Dante para nuestra revista:


19


20


21


Ensayo

Por Ial Utsil Balam–Bacab

Meteorito1.0

La idea de que debajo de nosotros habita la

reminiscencia de un cuerpo celeste surgió en 1958 por

el trabajo de geólogos de PEMEX. Al ser contratados

para buscar yacimientos de petróleo, la empresa

paraestatal les solicitó mantener la información en

secreto hasta 1978. Ese año los especialistas

publicaron que la península de Yucatán poseía una

circunferencia casi perfecta delineada por dolinas

posiblemente generadas por el impacto de un

asteroide. Fue en 2010 cuando un equipo

interdisciplinario de científicos globales aportaron

suficientes pruebas para validar la relación entre el

meteorito, el impacto, el cráter y la transformación de

la vida en la tierra. Habían pasado 52 años de

pacientes investigaciones.

El cráter de Chicxulub ocupó la imaginación de los

aspirantes a científicos durante los años 80 y parte de

los 90. A nosotros, niños aún, se nos instruía a partir

de la posibilidad de imaginar que todo lo que estaba

bajo nuestros pies había sido producto de algo que

llegó del universo para transformar el mundo entero.

Nuestro profesor1 mostraba un hecho científico que

proponía a la península como el ombligo del mundo2

para inculcarnos la responsabilidad ética de aportar

nuestros saberes a la comprensión del cosmos desde

el lugar en donde nacimos3.

Meteorito2.0

Debo dejar en claro dos cuestiones: la primera es que

yo era un niño de cuatro años al final de los años 80.

La segunda es que ignoraba que –al mismo tiempo–

otro asteroide se encontraba haciendo impacto con

toda su fuerza invisible sobre nuestra generación y las

consecuentes. Se habló muy poco al respecto pues las

ciencias que debían dar datos y reflexiones

permanecieron enmudecidas. Se trató de un

fenómeno reducido a secreto a voces, tan sofisticado

como intratable, tan preciso como inconmensurable,

tan mesiánico como usurero, un impacto lleno de

incertidumbre sobre el futuro.

Ahora se sabe que el asteroide2.0 se constituyó con

sofisticados procesos sociales como la privatización

de TELMEX, la precarización del IMSS, del ISSSTE

y nuestros derechos a la salud; por la pauperización de

todos los empleos y nuestros derechos laborales; por

la desarticulación de instituciones para el acceso a una

vivienda digna y a una alimentación saludable; por el

22

1 Un científico que era una especie de maestro privado enamorado de la ciencia y la educación, un químico suigéneris que, entre otras cosas, era adicto al hardrock inglés y al blues

de EEUU. Un tipo único con un look transversal a Eric Clapton y a Chuck Norris. Además hacía fotografía análoga: un hipster de su tiempo.

2 Se nos enseñó que la Ceiba –Yaaxché– era el vínculo entre nuestro mundo y el inframundo y también de que México significa el ombligo del mundo.


Ilustración por Carlos Dzul

NAFTA, que prometía herramientas de última

generación a bajo costo (por decir algo), pero que

trajo consigo la importación de alimentos, el

abandono del campesino, de la agricultura y la

transformación de los usos del territorio; por el

aumento del consumo de drogas legales e ilegales …e

irónicamente, por el lento y medido ocaso de

PEMEX, aquella institución que en algún momento

posibilitó el descubrimiento del impacto1.0.

¡Qué lindo cometa2.0!

Tan directo como silencioso, la zona de choque del

segundo impacto modificó la composición

emocional, crítica y reflexiva de los nacidos y

crecidos en la península de Yucatán desde los años 80

hasta la fecha. Aquellos materiales cósmicos venidos

de fuera permearon la manera de entendernos en el

mundo a partir de nuevas constelaciones de

dominaciones sofisticadamente alegres e invisibles.

Siendo niños percibimos la llegada del cometa2.0

como un regalo envuelto con una excéntrica y

luminosa atmósfera que nos impresionaba segundo a

segundo; un bello cuerpo celeste que se aproximaba a

nosotros como símbolo de reciprocidad. Era

inevitable: nos sentíamos únicos, girábamos

enamorados de una órbita que aún no

comprendíamos.

Así, momento a momento, aprendimos a convivir con

el pop it turístico, de Holbox a Xcalak pasando por

todos los pueblos mágicos. Incorporamos el Internet

24/7 porque había que estar conectados y porque, de

paso, nos emocionaba la gallardía del Sr. Slim al ser el

mexicano más rico del mundo. Cultivamos el

individualismo exacerbado pues había que ser el

mejor entre los mejores. Aceptamos la

responsabilidad ejemplar de consumir todo lo que nos

llegara de las industrias culturales del mundo: Japón,

Inglaterra, China, Estados Unidos, Francia, Alemania.

Queríamos ser, estar y participar en la nueva

configuración del mundo: be global for understand

everything!

Tan es así que nuestra ciudad puso en marcha un

laboratorio de la seguridad ejemplar y post–panóptica

que la colocó dentro de los charts de lugares del

mundo imprescindibles para visitar. Un plan entre

EEUU y MX que puso a los militares en las calles e

inició una guerra de todos contra todos4. Así,

mientras incorporamos al cometa en tanto versión

3 Una especie de versión local de –think globally, act locally–.

4 En el post–panoptismo nosotros somos la policía lidiando una batalla a favor de una guerra de todos contra todos. Nos vigilan tanto como nosotros vigilamos y señalamos

como delincuentes a quienes no son partidarios de nuestras causas.

23


contemporánea chic de la pasividad también

participamos en la nueva configuración nacional de la

violencia. Pocos levantaron las manos y por ser pocos

fueron hechos aún menos en la cárcel local. Lo

habíamos logrado siguiendo las lecciones de aquel

profesor, éramos el ombligo del mundo en medio de

dos fuerzas diferentes: bajo nuestros pies el primer

impacto, sobre nuestros hombros, el segundo.

Millenials y …activistas 5 peninsulares.

“Debes informarte”, así me decían a lengua suelta

toda una comunidad de jóvenes a inicios del Siglo

XXI. El tiempo ha pasado y aquellos posiblemente

ronden los cuarenta años. En aquel entonces me

obsequiaron fanzines de múltiples temas. Barricada

Libertaria y Cherrybomb explicaban cómo hurtar

OXXOs para nivelar la desigualdad pues las cámaras

no estaban conectadas (un falso panóptico); también

habían otros datos sobre cómo preparar leche de

almendra (vegan way of life) o breves narrativas que

descalificaban a McDonalds, MONSANTO,

Coca–Cola y NIKE (los viejos enemigos del

altermundismo de final de Siglo). Fueron mis

primeros textos llenos de equis y arrobas (tod@s,

muchxs); y posiblemente mi primer encuentro con los

Millenials Activistas Peninsulares.

A veces polvo cósmico, a veces género, etnia, región,

clase, raza, nación, religión, tecnología o antagónicos

de todo lo anterior …aquí, ahora y al mismo tiempo,

no había punto intermedio. Así empecé a reconocer a

ese híbrido identitario sui géneris que pocos se han

atrevido a retratar pues los Millenials Activistas

asumen que su radicalidad es la posición más

progresista de la peninsularidad. Y así ¿quién podría

cuestionarles?

Con los años todo cambió. Hoy aman los comics, leen

anarquismo, sueñan con su versión del feminismo,

aspiran a ser veganos, encuentran la decolonialidad en

todas partes, no fallan los queers, los

alter–masculinos, los coleccionistas del punk, el noise

y el free jazz. Los nuevos híbridos se sienten de otra

galaxia. Pueden asistir a conciertos de la orquesta

sinfónica, a un after con música electrónica o

presentar sus remixes de cumbia y reggaetón –con la

idea de generar un auténtico twerk político–, eso

mientras dirigen talleres de reflexión y acción,

comparten plantas, andan en bicicleta, practican

ula-ula, capoeira, son alter–mc’s, se visten de

rockabilly, hacen folk y poesía, dirigen un

documental, coordinan manifestaciones

multi–temáticas, les pagan la renta, asisten a Walmart

a escondidas, tienen una cuenta de banco asegurada y

smartphones de última generación. Un cúmulo de

experiencias diversas que ocurren en menos de un fin

de semana.

No debe asustarnos en lo absoluto. En sus muros de

Facebook o Twitter publican sobre la desigualdad, los

gatos, la comida, el sexismo, el machismo, el

feminismo, fotos de sí mismos, de sus talleres, de sus

consignas y sus memes, todo en menos de dos

minutos. Ocurre que el impacto2.0 trajo consigo un

desfase de la temporalidad que se traduce en la

inversión del tiempo libre para lanzar frases sobre

café orgánico, el cultivo del cuerpo, la novedad de un

proyecto independiente, de la crisis de afecto y sus

propuestas de abrazoterapia, de la relajación vía yoga,

de la liberación animal, del food not bombs, del

altercapitalismo, del colectivismo, del amor libre y de

su búsqueda de espacios incluyentes a través de la

organización de eventos que terminan por ser igual de

24

5 De aquí en adelante me referiré a los activistas para abarcar a “los, las, les, l@s, lxs, laeious” sus múltiples identidades y causas.


excluyentes que la sociedad a la que cuestionan. La

memoria millenial es de corto plazo pues se ha

enganchado en un debate entre la cualidad y la

cantidad de los contenidos que comparten a través de

sus tecnologías olvidando la importancia de la

temporalidad, la territorialidad y la proximidad: están

hiperconectados pero lejos de sí, de los otros y de

otras realidades. Saben que para subsanar lo que

ignoran es suficiente un clic en google más pdf. Por

eso siempre nos dirán que lo importante es ser

coherentes con toda la incoherencia que la ausencia

de memoria y reflexión de sí mismos involucra.

El impacto2.0 implementó la búsqueda de

reconocimiento social como antagonismo a las

políticas de exclusión, proceso que dio paso a que los

activistas millenials se convirtieran en

incuestionables policías de la cultura aplicando sus

censores como frontera a sus monólogos previamente

preparados. De igual forma, esto generó ese lastre por

encontrar la coherencia perfecta dentro de su filosofía

política favorita, una piedra que resume su miedo a

fallar dentro del neoliberalismo ultracompetitivo y

que sólo existe en la medida en que niega la

retroalimentación y el diálogo profundo en temas en

los que están convencidos de poseer la razón.

Por mucho de lo anterior es que en algún momento,

lejos del vitral construido a modo para sus múltiples

identidades y redes sociales, el activista millenial se

mira a sí mismo y se siente vacío. “Le piden un amor

que no puede dar” pues sobrevive a través de un día a

día en el que es incapaz de prospectar. El retweet, el

share y la historia breve de instagram son los retazos

del compromiso efímero que asume para las causas

que olvidará al día siguiente. Todo discurre y se

disuelve en memorias de corto plazo que postergan la

necesidad de dialogar consigo mismo, largo y

tendido. ¿Recuerdan cuántos años llevó reconocer la

trascendencia del impacto1.0? Esa paciencia se ha

perdido en un mar de reproches disparados como

consignas de timeline.

Lecciones

La primera lección que aprendí es que se requiere de

un corazón muy afinado con el pensamiento para

mantenerse ecuánime ante sus monólogos. Guardé

postales, bolígrafos, posters, libros, música, videos,

links, tweets, shares, inbox, ropa, computadoras,

fanzines, poesías, todos sus obsequios. Quería

comprender cómo es que toda esa diversidad2.0 que

llegó envuelta con una excéntrica y luminosa

atmósfera y que me impresionaba segundo a segundo

también era parte activa de una continua postergación

reflexiva de los conflictos que los aquejan.

La segunda lección que tuve que incorporar es que

son la máxima expresión del neoliberalismo

contemporáneo. El recuento de los daños6 nos

muestra una viñeta melancólica: jóvenes lúcidos con

todo tipo de accesos, reconocimientos e influencias

globales pero con identidades deprimentes7 que van

de la alegría al desencanto en cuestión de segundos.

Ya no son sólo la mano de obra barata explicada por

Marx, sino consumers que desconocen su condición

de desposeídos.

Lo tercero es que son transversales a muchos tipos de

derivas. Aún cuando se presentan como un cuerpo

celeste que vino de otro universo, son el ejemplo de

las condiciones devastadoras de la economía actual,

por ende, están cargados de frustraciones que

6 https://youtu.be/G85s-v0kAMI (Gloria Trevi, 1994).

25


canalizan mediante un antagonismo

recalcitrante que, lamentablemente, consideran

crítico. Ante el temor exacerbado que les

genera la ausencia de reconocimiento han

intentado remediar su condición con una regla

que siguen al pie de la letra: excluir antes de ser

excluidos.

Con la caída de las grandes instituciones y la

salvaguarda ocasional de la familia nuclear –la

que les deposita dinero en la cuenta del banco,

la que pagó la casa o paga la renta en la que

viven y lo poco que hay en el refrigerador– no

ha quedado de otra que inventarse procesos

individualistas de justicia. De ahí la

importancia del rumor y la difamación como

piedras angulares de sus organizaciones

colectivas y de los antagónicos construidos a

modo en tanto supuestos representantes del

sistema opresor real. Al no poder cambiar las

condiciones materiales de su existencia se han

hecho de un poder basado en el control de las

narrativas de sus enemigos. Destinan mucha

energía vital para hablar mal de los demás

como si así evitaran que se les pregunte por su

aportación tangible a ese otro mundo posible.

Nos dicen que están luchando para no aceptar

que conviven en medio de la ausencia reiterada

de alternativas. El chisme hecho hábito

canaliza la impotencia de la insatisfacción

personal.

Los millenials activistas abrazan sus ideas

como gotera de esperanza que a veces les da

algo de tiempo para pensar en la siguiente

noche –que suele ser de fiesta, de olvido, de

nostalgia y/o de depresión–. El neoliberalismo

hace del día a día una forma de prisión basada

en el desencanto. Más que alarmarnos, es

necesario comprender cómo operan los ideales

altermundistas contemporáneos:

Construyen al opresor_ de su

filosofía política.

Construyen al oprimid_ de su

filosofía política.

Construyen al liberador_ de su

filosofía política.

Construyen al liberad_ de su

filosofía política.

En esta combinación de actores, los activistas

millenials se asumirán desde dos frentes para

que su posición política tenga sentido: serán los

liberadores de los oprimidos, los liberados de

los opresores, los opresores oprimidos, los

liberados liberadores, o cualquier otro. Pero

nunca todo a la vez. No convienen

metodologías de la complejidad pues sus

filosofías se mostrarían incompletas,

coercitivas, mentirosas. Caería el circo de sus

causas. El cuerpo celeste perdería su encanto.

La dura realidad del impacto2.0 es que son

pocas las personas que cuidan de sí y de los

otros. La ausencia de diálogo y el aumento de

la confrontación sin argumentos muestra lo

roto que se encuentra el tejido social

peninsular. El neoliberalismo y sus valores

explican cómo la desconfianza generalizada es

síntoma de la incapacidad de construir formas

de organización fraternas y perdurables en el

26

7 Del ant. part. act. de deprimir.

1. adj. Que deprime.

2. adj. depresivo ( 1 que deprime el ánimo).


tiempo. La incapacidad interpretada como

rebeldía hacia todo (y todos –y hacia cualquier

parte–) crea una inercia que desvaloriza toda

iniciativa que ponga en práctica su propia vía

para la construcción de alternativas. Nos dicen

que “si no es a su manera no será” pero esta

generación tiene problemas para distinguir el

futuro deseable del futuro posible. Se les ha

negado con mucha inteligencia, la cualidad

humana para prospectar el devenir es

silenciada estratégicamente.

Hay algo de novedoso. Los activistas millenials

tuvieron una mejor preparación educacional

que sus madres y/o padres, o al menos, aspiran

a tenerla vía posgrados, becas, intercambios y

reconocimiento social. Sus familias ya sabían

del presente actual aunque no pudieron

nombrarlo. Al igual que las generaciones

contemporáneas, amaron al límite, tuvieron

varias parejas, se odiaron con despecho, se

separaron según sus condiciones. No hay nada

nuevo en el cometa más que la reproducción de

un modelo que cimbró todos los cimientos.

intereses a resolver. Se acabaría el relato de los

buenos y los malos, de los radicales y los

tibios, de los progresistas y los conservadores,

de los pasivos y los activos, de los lindos y los

feos, de los policías y los delincuentes, de las

víctimas y los victimarios, de los nostálgicos y

los prospectivos, de los terapeutas y los

deprimentes sin solución. Harían una sana

tregua consigo mismos. Estarían haciendo

frente, por primera vez en muchos años, al

peso que cargan bajo sus pies y sobre sus

hombros.

Ial Utsil Balam–Bacab.

Sin más, el impacto2.0 ha puesto sobre la mesa

ese viejo mito de que algo o alguien de fuera va

a venir a resolver nuestros problemas. Los

cuerpos celestes se reproducen en todas las

prácticas que nos envuelven. En tiempo de

luchas diversas convencer de que una causa es

la piedra angular de las demás agota toda

posibilidad de diálogo. De ahí el miedo

millenial a la cartografía de las controversias8,

aquel método que permitiría mostrar cómo

funciona la diversidad como conflicto de

8 https://goo.gl/3p0Vzd

27


28

Mal de puerco

MILLENNIALS & CO.

Los mitos de un(a) nini ecofriendly emprendedor(a)

Mito: Los millennials no pueden terminar las cosas y no toman

la iniciativa

Pon tú: hay chicos y chicas de mi generación que cuando les cuentas

una idea ¡boom! Los ojitos les brillan, empiezan a alimentarla con

reflexiones, y dicen: ¿sabes qué estaría padre? Y enseguida sueltan un

proyecto digno de ganarse la beca del FONCA. El dilema empieza

cuando tienen que ponerlo en marcha.

He desaparecido a la mitad de un plan, eso que ni que. Principalmente

porque no tenía idea de cómo hacerlo, sólo sabía que era posible. Así

varios amigos me han dejado colgada con proyectos colectivos por la


tesis o el trabajo. Igual y el problema es la falta

de dirección y retroalimentación. El esquema

horizontal (nadie es jefe, somos iguales) sólo

sirve cuando todos están en el mismo canal y

saben bien cuál es el trabajo que le toca a cada

uno, y eso no es algo fácil de lograr. Con el

tiempo comienzas a darte cuenta de con

quiénes puedes trabajar y con quiénes no, y eso

va más allá del talento o iniciativa que pueda

tener una persona, se trata de que conozcan el

proceso para llegar a la meta, y que tengan el

suficiente compromiso para no dejar todo

tirado cuando el entusiasmo se les baje.

Cuando comencé a leer el libro Millennials en

la oficina de la empresaria Lee Caraher, estaba

convencida de que no iba a identificarme con

mi generación. Pausa para burlarme de mi

ingenuidad. Y no sólo me hizo bajar la cabeza,

sino que me ayudó a entender cómo funcionan

desea en la vida: trabajar en lo que les gusta,

generar buenos ingresos, y aportar algo valioso

y diferente a la sociedad. A gran escala se me

ocurren grupos como Wikipolítica y el

Diputado Local del Distrito 10 en Jalisco,

Pedro Kumamoto, que con tan solo 26

primaveras ha logrado llegar a puestos

públicos con poco dinero, apoyándose

prácticamente sólo en redes sociales para su

candidatura independiente, y buenas

propuestas. Kumamoto salió a decir que

política no es corrupción y que nosotros

podemos generar un cambio a través de

iniciativas de ley que beneficien la

democracia. La idea tan simple de

#SinVotoNohayDinero puso en una cuerda

floja algunos privilegios de la clase política y

los partidos mexicanos, y a lo mejor a muchos

se les había ocurrido antes pero este millennial

fue quien lo llevó a la Cámara de Diputados.

las dinámicas de trabajo para nosotros. Una

manager de la Generación X comentaba:

“Trabajo con muchos millennials que son

brillantes, pero no veo que trabajen mejor que

otras generaciones. Están motivados pero no

son muy responsables. Necesitan más

contexto, más explicación y más dirección

para empezar un proyecto. Incluso necesitan

más guía y retroalimentación para poder hacer

algo”1.

Pero la generalización es el opio del pueblo.

También es justo reconocer que dentro de ese

término tan nuevo, y ya gastado, de

“emprendedor” hay varias personas que han

sabido equilibrar todo lo que un millennial

Mito: Los millennials no trabajan duro

Hace falta mucho más que “trabajar duro” para

lograr lo que las generaciones anteriores

lograron y eso también hay que decirlo. Si se

han apoyado tanto las iniciativas de

emprendedores es porque las instituciones

públicas saben que no hay de otra: no hay

espacio para la nueva generación en las

empresas consolidadas. Y el “empezar desde

abajo” de hoy significa que no tendrás

prestaciones, seguro social, afore, o

cotizaciones en Infonavit. Para el 2020, los

1 Del libro Millennials en la oficina de Lee Caraher

29


millennials representarán el mayor porcentaje

de fuerza laboral en el país. Al mismo tiempo

que 10 millones de personas en edad de

jubilarse con el régimen de Afore (vigente

desde 1997) no podrán hacerlo porque “con

este ahorro se estima que sólo alcanzará para

que un trabajador se jubile con el equivalente

al 30% de su último sueldo”2. Como la

esperanza de vida en México ha subido a 75

años, se prevé que los trabajadores esperen

más tiempo para el retiro y continúen

trabajando para cubrir sus gastos. Así que

papás de millennials: vayan reacomodando un

catre para sus retoños y olviden el gimnasio en

casa.

Un amigo me cuenta que trabaja en una tienda

departamental y lo detesta. Su turno es de

medio tiempo pero a veces tiene que quedarse

horas extras sin paga3. Sus jefes son gruñones

y básicamente hace el trabajo que podría hacer

un mono entrenado. Sin embargo, no lo puede

dejar porque tiene una enfermedad crónica que

requiere tratamiento y necesita el seguro para

pagarlo. Los fines de semana se dedica a

realizar proyectos personales y actividades

culturales que también requieren horas de

trabajo que de ningún modo son

recompensadas salarialmente. Me pregunto

qué sucedería si estas personas comprometidas

con ciertos servicios o proyectos sociales

pudieran integrarse en el ámbito que les

interesa como trabajadores. Me he topado con

gerentes con proyectos de reforestación,

veterinarios que realizan campañas de cuidado

animal por su cuenta, maestros curadores de

arte, o abogados que promueven el ámbito

musical. Gente que malabarea para sostenerse

a sí misma mientras hace acciones concretas

sin interés económico, lo cual, lo voy a decir,

es muy diferente a dedicarse tiempo completo

a ser activista social, ecofriendly o animalover,

mientras tus padres te sostienen la vida; o

pretender que ya formas parte de Green Peace

por darle like y compartir fotos o infografías

del tema en Facebook.4

No es común que un adulto de las otras

generaciones realice actividades desgastantes

sin retribución económica. Pero nosotros lo

hacemos todo el tiempo, ya sea porque

profesionistas carroñeros nos agarran “de

aprendices”, entrenando el músculo de

learnability5 o porque no podemos evitar la

cosquillita de intentar cambiar el mundo. A lo

mejor tienen razón y es porque tenemos esta

idea Disney de que somos especiales, que

podemos marcar una diferencia y somos los

protagonistas de nuestra aldea global.

Hablar de millennials para nosotros es muy

complicado porque se ha generalizado más que

nunca el comportamiento de un grupo de

personas, y éstos siempre van a variar por la

personalidad y el contexto de los individuos.

Lo único que podemos hacer es analizar las

tendencias desde una perspectiva anecdótica.

Por ejemplo, admito que acostumbro seguir las

30

2 Del artículo “Millennial: Olvídate de la palabra 'pensión'” publicado por Exselsior en el 2016. http://m.excelsior.com.mx/de-la-red/2016/06/01/1096126

3 “Contraria a la etiqueta de 'flojos', los millennials están trabajando igual de duro, si no es que más duro, que las generaciones anteriores.

El 73% dice trabajar más de 40 horas a la semana, y casi un cuarto trabaja más de 50 horas. El 26% en todo el mundo están trabajando dos o más empleos

remunerados”, Millennial Careers: 2020 Vision Facts, Figures and Practical Advice from Workforce Experts de Manpower Group.


eglas, y esto es una vergüenza en el Siglo

XXI. Entonces, sí, intento hacer todo lo que se

nos exige al mismo tiempo ¿El resultado? La

mensualidad del crédito de mi casa está al día,

tengo gasolina para ir mañana al trabajo, como

sopa Nissin al menos tres veces a la semana y

tomo un medicamento contra el estrés. No

duermo bien porque uno de mis trabajos exige

trasnocharse, y el otro estar despierta a las seis

de la mañana. Hago ejercicio regularmente

cada tres meses sí y cada tres meses no porque

decido aceptarme a mí misma o porque no me

alcanza el varo. Tengo que ahorrar por si me

enfermo, ya que no tengo seguro social, ni

quiero tenerlo: capaz que me inyectan VIH o

me quitan el órgano incorrecto.

validando siempre la existencia de sus hijos

con premios y trofeos sólo por participar y no

necesariamente por hacer un buen trabajo;

alentándolos a no conformarse y basando la

seguridad en sí mismos, en la participación y

no en sus logros”. Aparentemente, el

fenómeno de “mi mamá es mi mejor amiga” es

mucho más común de lo que había pensado.

En un reporte realizado por The Brookings

Institude en el 2011 resultó que las personas

entre 22 y 30 años respondieron que sus padres

son la mayor influencia en su vida, en sus

relaciones sociales y los empleos.

En una ocasión, fui a pagar mis ordinarios al

colegio y escuché que una madre de familia le

Ya sé que van a decir: la vida siempre ha sido

difícil. No lo dudo, nuestra generación no pasó

por la reconstrucción de un país después de

una guerra mundial, el miedo a los divorcios,

el sida, o una ola de héroes suicidas. ¿Pero las

expectativas siempre fueron igual de

incompatibles con la realidad?

Mito: Son engreídos: Esperan

gratificaciones y ascensos sólo por

presentarse.

Otro testimonio del libro dice: “Es importante

que muchos millennials han sido criados por la

Generación X y por Baby Boomers que han

intervenido en cada paso difícil del camino,

contaba a la secretaria que durante seis meses

ahorró dinero para comprarle a su hija el nuevo

Iphone 4. Y del color que ella quería era

imposible encontrarlo, pero finalmente lo

consiguió. Antes de que pudiera criticar

mentalmente a la pobre mujer, la secretaria le

contó una historia parecida sobre su hijo. Y lo

decían con tanta pesadumbre, como si no

tuvieran de otra.

Estos datos pueden ser duros porque muchos

de los que se quejan de esta generación

contribuyeron a crear el monstruo. Para ser

justos diré que mis padres me educaron

haciéndome ver que lo que yo hiciera me

concernía sólo a mí – siempre y cuando

4 En esta misma edición publicamos un artículo titulado Bajo sus pies, sobre sus hombros de Ial Utsil Balam–Bacab que profundiza sobre este tema.

5 Learnability es como cuando tienes la habilidad de aprender rápido y adaptar tus conocimientos en un área para volverlo algo redituable. Tipo ser experto en Facebook y

aprender a usarlo al cien por ciento para trabajar como Community Manager.

31


32

respetara los “valores familiares” – y no había

cabida a premios o felicitaciones muy efusivos

salvo en contadas ocasiones. Tal como un

cassette de Paco Stanley yo tenía a “los padres

más malos del mundo” porque no me

consentían como a mis compañeros de la

escuela y me ruborizo sólo de imaginármelos

como “mis amigos”. Aún así llegué a sentir

que lo merecía todo y que lo quería ahora, no

en 30 años. Entonces, no creo que el síndrome

nosotros. Tenemos que entender que hay cosas

que requieren tiempo y esfuerzo, fracasos y

disculpas.

¿Qué queremos?

1.-Hacer algo diferente

2.- Transformar la manera en que funcionan las

empresas, la política, las campañas...

3.-Emprender una idea propia

de niño engreído se reduzca solo a la

educación en casa.

No hay cosa en el mundo que sea inalcanzable

para un millennial. Tenemos la información y

las herramientas a la mano para comunicarnos

y hacer casi cualquier cosa de forma casera.

Por ejemplo, ¿qué hice hoy? Vi a un niño en la

estación de autobuses en Oslo, tiritando de

frío; me encontré a un amigo posando con seis

mujeres en Vista Chinesa, Brasil; escuché la

reseña completa de una obra de teatro en la

Ciudad de México a la que probablemente

nunca voy a asistir porque vivo en Yucatán;

aprendí a tocar la canción de Picky en flauta

dulce, promocioné involuntariamente una

cafetería cuando me tomé una foto y la

compartí en redes; y leí sobre las cien vidas de

la muxhe, Amaranta Gómez Regalado.

Lo malo es que las cosas que valen la pena

toman tiempo. Y el perfeccionamiento es un

sustantivo largo y aburrido para muchos de

4.-No invertir tanto tiempo

5.-Un trabajo con impacto social o ambiental

de acuerdo con nuestros valores

6.-Estar contentos en el trabajo

7.-Ser parte de un equipo calificado y con

buenas relaciones

8.- Retroalimentación y crítica

9.-Freelancear

10.-Que nuestra presencia sea importante

(reconocimiento social)

Tan sólo una de estas cosas precisa una vida y

mucha paciencia para lograrse. El hecho de

que sepamos que se puede conseguir un mejor

país con –no sé – políticas de cuidado animal

como Holanda, o que entendamos que la

pavimentación excesiva de los parques nos

afecta, no quiere decir que seamos expertos en

cuidado ambiental, que sepamos qué cosas –

más allá de plantar árboles o hacer marchas–


33

se necesitan para que el cambio sea visible.

Emprender cualquier idea es un proceso largo,

cansado, decepcionante en algunas ocasiones y

si no estamos dispuestos a asumir eso,

entonces tampoco estamos listos para

conseguirlo. A veces las cosas que creemos

“no sirven para nada” son parte de algo más

grande. No hay que demeritar un trabajo sólo

porque no salve heridos de guerra o descubra

la próxima vacuna contra el cáncer.

Y antes, mucho antes, de preguntarnos si un

trabajo nos merece, hay que estar seguros de

que podemos hacerlo bien.


34

Xavier Dolan,

l’enfant terrible

Una increíble fuerza creativa para el cine y

los espectadores del nuevo milenio.

Por Carlos Xool.

Xavier Dolan es una brillante ola de

emociones y sentimientos propios de

un adolescente enojado o de un alma

joven que no para de seguir buscando

su lugar en este mundo. Una fresca

mirada para el mundo del cine tal y

como esa que se pasea desafiante en

el rostro de un galán de revista para

adolescentes. Pero no se trata de un

actor con porte y talante de estrella,

aunque sí haya trabajado como tal. El

joven Dolan es un cineasta, un

monstruo con una fuerza absoluta

(escribe, produce, dirige, actúa) en el

séptimo arte del que muchos medios

especializados no paran de hablar.

Y el mérito no ha sido gratuito, desde

el año 2009 se ha postrado enfrente

del panorama cinematográfico como

una estrella radiante o un auténtico

enfant terrible con energía imparable

para el arte de contar historias llenas

de caóticas emociones, relaciones

familiares fracturadas, sentimientos

de

rechazo,

incomprensión, rencor,

necesidad de amor y

sentimientos de odio;

pero también nos ofrece

los sueños propios de

juventud, sus amores

imposibles y aventuras

ocasionales.


35

Virtuoso y caprichoso, Xavier Dolan Tadros fue

niño actor desde los 6 años cuando se paseaba

en los estudios de grabación impulsado por los

deseos su padre —quien fue cantante y también

actor—, mismos años que ayudaron a forjar su

carácter de niño vanidoso, arrogante y

narcisista. Pero también ese enorme talento a la

hora de montar el retrato cinematográfico de

una puesta en escena sobre sus dramas

familiares.

Fruto del amor entre una mujer canadiense y un

hombre de origen egipcio, el niño Dolan nace en

la provincia canadiense de Quebec en el año de

1989. Revisando la psicología y el

temperamento predominante en la mayoría de

los filmes de Dolan, habría que decir que el

amor de sus padres no fue un pródigo amor filial

sino más bien uno del tipo repulsivo y castrante.

Tal y como el pequeño Antoine Doneil de la

inolvidable cinta Los 400 Golpes que Francois

Truffaut filmará en el año de 1959, Xavier

Dolan no atravesó una relación muy bonita y

afectiva con sus padres. En múltiples

entrevistas el talentoso director de cine ha

confesado que aquellos días de crecimiento en

el hogar familiar fueron de ásperas discusiones

y lamentables desencuentros.

Y como el joven Doneil de la película referida,

también fue enviado a un internado del que

consiguió escapar para entregarnos películas

dotadas de una energía rabiosa y voraz propias

de un alma que ha conseguido soportar esos

virajes. Su ópera prima titulada llamada J’ai tué

ma mère 2009 (Maté a mi madre), logró alzarse

con todas la ovaciones del prestigioso festival

de Cannes del año 2009. En la cinta hiriente,

ácida y cómica, el resentido Xavier Dolan le

manifestaba un odio visceral a su madre. Claro

que no era Dolan el que estaba en personaje,

pero como si lo fuera; ya que además de que

dirigía la película interpretaba al personaje

principal. Con tan solo 19 años había logrado

triunfar en Cannes y colocar su película para

representar a su país en el certamen de mejor

película extranjera en los premios Oscar del año

2010. Tiempo después el niño terrible de

Quebec confesaría que filmó esa película para

castigar a su madre.

No sabemos muy a bien cómo pudo haber sido

la pobre protagonista de sus sentimientos más

corrosivos y exacerbados, pero Xavier Dolan

debe agradecer que la responsable de haberlo

traído a este mundo le haya dotado de tanta

inspiración.

Su aclamada película titulada Mommy 2014

también fue dedicada a su madre, en este caso el

motivo de su inspiración había sido para

vengarse de su insigne progenitora. La cinta nos

presenta una relación problemática entre una

madre e hijo que no se soportan, que explotan,

casi hasta llegar al límite de odiarse con sus

arranques violentos pero cuyos lazos filiales

jamás suelen cortarse.

Pero la película con mayor magnetismo y con

una mayor ansia salvaje es Tom à la ferme 2014

(Tom en la granja). La cuarta película en la

filmografía del canadiense nos expone ante una


36

historia enigmática en donde Tom

—interpretado por el Dolan— quien recién

acaba de perder a su novio en un accidente se

muda para apoyar emocionalmente a la familia

del difunto. Una vez instalado en la granja

comenzará a ser devorado por una atmósfera

hostil que progresivamente se tornará violenta

con su principal enemigo encarnado en la figura

de Francis, el hermano de su novio quien quiere

borrar cualquier rastro de la relación

homosexual que éste mantuvo con el indefenso

y muy herido protagonista de la película.

Claustrofóbica, aterradora, con una psicología

profunda de los personajes y con una mejor

historia a diferencia de las anteriores películas

de Dolan. Una genialidad en forma de thriller, a

mi juicio la mejor película de su llamativa

filmografía.

¿Hasta cuándo se acabará esa fuerza revulsiva e

imparable que escribe, rueda, produce, actúa,

que revisa a la música y el vestuario de cada una

de sus películas? ¿Hasta cuánto tiempo un filme

continuará el legado de este joven y brillante

cineasta?

Xavier Dolan tiene mucha energía, demasiada

rabia que seguirnos ofreciendo y esa mirada

fresca y radiante que lo han colocado como uno

de los referentes del cine moderno. Esperemos

que la creatividad no se le acabe porque si algo

tiene este pródigo artista es una enorme

capacidad de expresión misma que ha

deslumbrado a la pantalla, así como a sus

espectadores.


Ilustración por Luis Cruces

37


38

El 10 de enero de 2016 fue uno de esos días en los

que resulta más heroico no salir de la cama. No sabía

qué horas eran, las luces estaban bajas. Insensato y

testarudo no logré apoyarme en la radio. En cambio,

me levanté, fui a la cocina e hice un café cargado, dos

cucharadas copeteadas de azúcar (prueba irrefutable

de que la etiqueta de insensato, no es un atributo

imaginario). Después del segundo sorbo, me enteré

de cómo desde entonces no habría un “Starman” que

nos pudiera salvar. No es nada lindo intuir

que todo está perdido, los grandes

himnos ya estaban caducos, si no es

que muertos, y yo con ellos. Bastó

con merodear por las redes y leer

las funestas frases de mi sobrina

de 19 años:

“Porke tanto desmadrito en

el feis porke se murio un tal

bowie?? Ke pedo con sus

vidas!!!”.

No pude evitar aplicar la de

tirar un inbox a las de en

chinga:

—Enana, ¿no sabes quién era

David Bowie?

—ke onda? no (inserte aquí cualquier

emoticon que le resulte cool).

—Pues, ¿qué música escuchas?

—Pues a Maluma esta bien chido

—…

Conversación terminada.

Mi duda no era mera paranoia, tenía la confirmación

ante mis ojos: el holocausto auditivo era una realidad.

Dos días deprimido. El neoliberalismo no alcanza

para más. Tenía que buscar un plan, una estrategia, un

artilugio, algo; debía engañar al mundo para seguir…

Hurgué en el pasado:

Mi abuela decía que era un niño con corazón de

pollo, porque me gustaba escuchar sus

interpretaciones de Toña La Negra que se rifaba

mientras barría el garage. Mi madre, como toda una

dancing queen, aceptaba cual si fueran joyas, todas

las flores silvestres que yo recolectaba. Mi padre,

después de recorrer accidentados caminos con su

troca, acompañado por Los Relámpagos del

norte, llegaba a casa y me cargaba a

papuchi; entonces, yo sonreía sin

pensar en el futuro. Cuando podía

escaparme de los adultos después

de la lluvia, perseguía con toda la

fuerza contenida en un cuerpo de

metro y fracción, al arcoíris;

trataba de encontrar el origen de

todos los colores. Así creció un

niño, mientras “La mano de

Dios” les partía la madre a los

ingleses, entonces “Take on

me” sonaba en mi corazón. Era

ese tiempo de pequeño donde el

soundtrack lo ponen otros.

Llegó la adolescencia y con ella la

rebeldía, el punk como un arponazo

inundó mis venas. No FX, Bad Religion,

dos minutos, los Sex Pistols marcaron una

ruptura. Fue ese el inicio de una búsqueda personal,

más allá de un click. Escudriñar era una tarea

excitante, tratando de escapar del mercado. Luego

llegó Blink 182 y todo se fue al carajo. En ese

entonces, ser un poser tenía sentido peyorativo, ahora

no… Hoy es cool cualquier cosa, hasta que deja de

serlo; no hay escape en el escape, incluso lo marginal

es un estilo de vida.


39

Alguna vez existió un sonido representante de una

generación, pero evolucionamos, al grado de saber

“tolerar” al otro; ser un weirdo ya no es personal,

solamente un error de target.

No podía ocultar el sol con un dedo y volví a ese día.

Regresé al dolor de saber que Bowie se fue:

Antes del salto ortopédico y meramente tecnológico

de vivir en una era digital, rebobinar un tape no era

nada extraño, mucho menos capturar una rola que te

gustaba en la radio, esperando que no hablará

el presentador. Grabar sin interrupciones

era ganarle una batalla a la guerra de

los formatos. Hacerte el simpático

con alguien que tuviera MTV, para

ver las pendejadas más básicas de

Beavis and Butthead, o de Daria

la chica rara de tus sueños, era

más airado que 300 locos por un

imperio. Ese espacio en la TV,

donde sonaba el grunge hasta

matar a sus exponentes, era un

deporte extremo. Todavía

extraño a Kurt Cobain y también

el disco más sincero Marylin

Manson, entre persianas

americanas, atiborradas when i come

around, donde uno no sabía en qué

confiar, pero sobraba la fe, sin necesidad

de leer en una cartografía perdida entre

hormonas y ruido, volábamos con el walkman

puesto. En esa época no sabíamos que el

neoliberalismo iba a encontrar un sentido comercial a

pesar de todos, al grado de matar una “Mosca en la

pared”.

Lo que intento decir es que antes batallamos para

escuchar lo que escuchábamos… Nos costaba

tiempo, orgullo, a veces hasta putazos, escuchar un

buen disco. En el presente flotamos entre pantallas

personales, víctimas de lo inmediato, un buen

reggaetón o un pop que no dura más de dos meses,

para así volver a la misma fórmula hasta el infinito.

Sublime en mis oídos era ver pasar los pantalones de

pana levitar sobre una tabla que soñaba con los X

games, otrora, la mota era una cuestión anti sistema y

no la portada de una revista en el estante de una

Barber shop. Alucinábamos con murales callejeros

sobrepasando la calle y su trajín. Construimos el

mundo, llegaban a nuestras manos los flyers de las

tocadas, como parte de un ritual donde

participaban pocos, porque la neta no entraba

cualquiera: sólo quien le chingaba,

escuchando, explorando, y a veces

aceptando que nuestra banda favorita

era una mierda, pero una mierda muy

nuestra, una estrella brillando más

allá del televisor. Corolario

incuestionable de que vivimos una

época donde los medios no eran un

fin.

Aunque no soy un hombre de fe,

últimamente le rezo a Xochipilli,

también a Tersipcore, o a cualquier

otra melodiosa deidad, esperando un

milagro. Me encuentro en mi cuarto de

quinto piso. Abro la ventana, enciendo

un delicado y fumo. “Where is my mind”

de los Pixies inunda la habitación, mientras

observo, tranquilo, cómo se colapsa el mundo.

Porque los tristes miembros de la Generación X no

nos trepamos al tren del mame; nacimos en él...

¿Qué se puede esperar de alguien que creció viendo

animaciones sobre un niño de la calle que huye

constantemente de un padre alcohólico, y busca

desesperadamente a su madre?

La solución: cámbiale al canal. Pues bien, el que

sigue:

Ahora, una abeja-niño que busca obsesivamente a su

madre, mientras una horda de insectos trata de

aniquilarlo.


40

¿Qué otra opción tengo en la caja boba? Hago uso del

zapping:

Resulta que una dulce niña está casi a punto de

encontrar el amor, su mente le recuerda al novio que

nunca fue, ése, el de la muerte trágica y manda todo

al carajo.

¿Qué me ofrece el último canal ?

Una señora amargada con un parche en el ojo que les

hace mierda la vida a todos...

De ahí que a los de mi generación, ese tipo de

productos como Maluma o en el mejor de

los casos Zoe, nos resulten un escupitajo

en el rostro, pero ¿cómo sentir la

música, después de la muerte del

rock?

David Cano (Saltillo, Coahuila, México,1981) Es narrador y a veces poeta. Colabora con la revista

digital Venimos del desierto (Sonora). Actualmente es corrector de estilo de la revista Babel de la

Universidad de Morelia. Ha publicado en revistas como Oficio (Monterrey), Papalotzi (Guadalajara),

La Cataficcia (Zacatecas), Playboy México, Letra Turbia (Granada, España) Revista Quira y Revista

Trinando (Bogotá, Colombia), entre otras. Fue antologado en el libro de microrrelatos Cuentos

alígeros de la Editorial Hipálage (Andalucía, España).Ganador del concurso internacional de cuento

breve de Latin Heritage Foundation 2011 (Washington, NJ).


41

LA TRAMPA DE LA

NEOSTALGIA

Por Maik Civeira


42

Fue el amigo de un amigo de quien escuché

por primera vez esa palabra cuando

hablábamos de las viejas series animadas que

solíamos ver en nuestra infancia (los 80 y la

primera mitad de los 90). Según me explicó,

la palabra describía el sentimiento de

nostalgia que a menudo invadía a los jóvenes

de nuestra generación, un fenómeno extraño

dado que la nostalgia era más común en los

ancianos, para quienes el mundo de su

juventud había desaparecido.

Según el Urban Dictionary, el término

significaría una mezcla entre nostalgia y

novedad, una emoción más positiva que la de

la simple añoranza, ya que involucra un

redescubrimiento y un disfrute renovado de

aquello que formó parte del pasado.

¿Son los Millennials una generación

particularmente nostálgica? Hoy en día la

neostalgia está por todas partes. Hay blogs,

canales de Youtube y sitios de Internet

dedicados específicamente a recordar

productos de la cultura pop que parecen muy

remotos, pero que en realidad tendrán unas

dos décadas de antigüedad. A su vez

Hollywood echa mano de productos

culturales de nuestra infancia para capitalizar

con nuestros recuerdos. Yo mismo he escrito

extensamente sobre “cómo era antes”

hablando de series animadas, cómics, canales

de televisión, computadoras e Internet,

videojuegos, juguetes y más.

Nada nuevo hay bajo el sol, se dice. Siempre

ha habido un afán por “recordar los buenos

tiempos”. Hay en nuestra psique una

tendencia natural, un sesgo cognitivo llamado

“paraíso perdido” que nos lleva a idealizar el

pasado. Después de todo, cuando éramos

niños nuestras vidas eran más sencillas y

teníamos menos problemas, por lo que

asumimos que la vida era mejor, a la vez que

filtramos y excluimos cualquier aspecto

negativo de esa idealizada edad de oro. Cada

generación se rebela contra la anterior e

idealiza no sólo su propia infancia, sino el

pasado que nunca conoció.

Así, la nostalgia Millennial va más allá de la

propia niñez. Podemos verlo en una necesidad

de regresar hacia décadas que ni nos tocaron

vivir. Esto se manifiesta en un descubrimiento

de lo retro y lo vintage, una fascinación hacia

la estética de las cosas de antaño, pero no

precisamente antigüedades valiosas o las

obras de arte, sino aparatos de tecnología

caduca, ornamentos pasados de moda, afiches

publicitarios de productos extintos,

parafernalia de cultura pop olvidada, etcétera.

Sin embargo, creo que hay algunos factores

que hacen de la neostalgia Millennial algo

muy particular. He visto criterios muy poco

consistentes para clasificar a los jóvenes

como Millennials. Algunos los circunscriben

a los nacidos entre 1980 y 2000, algo que me

parece difícil de tragar, porque la experiencia

de vida de dos personas que se llevan 20 años

de diferencia no puede ser igual. Otros dicen

que entre 1985 y 1995, lo cual podría tener

más sentido, pero que nos deja fuera a los

nacidos entre el 80 y el 84, que

definitivamente tampoco somos Generación

X. Además, ni de lejos todos tenemos las

características que el estereotipo nos atribuye.

Como siempre, los intentos de delimitar

fracasan tratándose de la complejidad de los

asuntos humanos. Pero for argument’s sake,

retomemos la clasificación más amplia y


43

hagamos de cuenta que todos los Millennials

somos hipsters veganos con tatuajes y

tendencias bisexuales.

Parece que hay generaciones que son

vanguardistas y otras que son nostálgicas, y

los Millennials somos como una mezcla rara

de ambas. Por un lado somos la generación

más progresista y liberal de la historia frente a

temas polémicos como la sexualidad, la

diversidad de identidades, las relaciones de

poder y las desigualdades sociales. Por otro,

buscamos en el pasado símbolos y referentes.

Para ninguna generación anterior la cultura

pop había sido tan importante. Los mitos,

íconos, arquetipos, narrativas y referentes

provenientes de ella forman parte de nuestro

imaginario colectivo como nunca fue para

nuestros mayores. Generaciones anteriores

tenían mitología y clásicos literarios.

Nosotros tenemos las caricaturas con las que

crecimos.

Esto tenemos en común con la Generación Z,

la más joven. Pero hay algo fundamental que

nos diferencia: el ritmo al que las cosas han

cambiado para nosotros fue mucho más

vertiginoso. En nuestras tres o menos décadas

de vida vivimos la evolución de los

videojuegos desde el primer Nintendo hasta

las complejas obras de arte que son ahora;

vivimos la transición de los discos de acetato

a los CDs, a los mp3 y a las playlists de

Youtube y Spotify; vimos las redes sociales

crecer desde el mIRC hasta Tinder y

Snapchat; conocimos la experiencia del cine y

los videoclubes, de la tele local, pasamos por

la llegada del cable y ahora estamos viendo

películas y series a través de Internet, ya sea

de forma legal o pirata. No creo que a los Z les

toque ver cambios como pasar la infancia

antes de Internet y la adolescencia durante el

ascenso de Internet.

Por eso experimentamos la nostalgia de

diferente manera. De haberlo querido, alguien

del pasado podría volver a los cuentos de

hadas que leía en su infancia o ver cómo sus

hijos se entretenían más o menos con las

mismas diversiones. Generación tras

generación, muchos crecieron leyendo

Caperucita Roja y jugando a las escondidas.

Pero sólo nosotros crecimos viendo

Patoaventuras y jugando Super Mario Bros.

Cuando estaba en secundaria ya añoraba los

programas de televisión que pasaban cuando

era niño y que para entonces se habían dejado

de transmitir. Me sacó de onda cuando supe

que mis alumnos de secundaria y prepa

también recordaban con nostalgia las

caricaturas que veían de niños. Pero también

para los más jóvenes es diferente. Ellos

podrán sentir tanta nostalgia como nosotros,

pero ya tienen a su alcance toda la biblioteca

universal de Google para volver a ver Clifford

el Gran Perro Rojo, escuchar las canciones

que estaban de moda cuando fueron a su

primer fiesta de XV años, o jugar el

videojuego que les gustaba en la primaria.

Dado que ellos nacieron con la Web 2.0 a su

disposición, y usarla les vino más natural que

leer y escribir, siempre han tenido la

oportunidad de volver a visitar aquellos

productos de la cultura pop con los que

crecieron.

En cambio, durante toda mi adolescencia

–entre la segunda mitad de los 90 y la primera

mitad de los dosmiles- era prácticamente

imposible volver a la cultura pop de mi


44

infancia. Las series de TV se habían dejado de

transmitir, la música ya no estaba en la radio,

los videojuegos y los cómics viejos sólo

sobrevivían en manos de quienes los habían

guardado celosamente desde un principio. Sí,

ahora podemos volver a todo ello, pero

durante una década más o menos lo creímos

perdido. Como se dice, la nostalgia ya no es lo

que era.

Pero vámonos con otro factor de esencial

importancia: los Millennials somos la

generación a la que más ha costado hacer la

transición a la vida adulta. A los 25 años mi

padre ya era un adulto capaz de mantenerse a

sí mismo, a su esposa y a su primera hija por

venir. En pocos años más podría comprar una

casa propia y un par de automóviles. Para

nosotros, la situación económica del mundo

ha hecho el prospecto de la independencia

algo intimidante, cuando no del todo

imposible. Los salarios son bajos, los costos

de vida son muy altos. Al igual que muchos de

mi generación tuve una educación académica

que superó por mucho la de mis padres, pero

el mercado laboral es mucho más difícil.

Somos la primera generación en décadas que

no puede aspirar a tener un futuro mejor que

el de sus padres. Irónicamente, a la vez se nos

educó para ser menos conformistas y “seguir

nuestros sueños”.

El ritual de paso a la vida adulta, que podía ser

la graduación universitaria, la boda, o el irse

de la casa paterna, que fuera inequívoco y

contundente para la generación anterior, es

para nosotros motivo de ansiedad y

confusión. Para nuestros mayores el paso a la

adultez podía ser duro, pero estaba claro; la

generación siguiente aun está estudiando y no

ha tenido que enfrentarse a ello. Nosotros en

cambio tenemos el estigma de ser un fracaso

como adultos, en un mundo hostil y ante un

futuro incierto. ¿Cómo no volcarnos hacia la

seguridad del pasado?

La fuerza emotiva de la neostalgia en los

Millennials ha sido notada por los creadores

de contenidos. El meme de Robin Williams en

Jumanji (refrito pronto en cines) gritando

“¿Qué año es éste?” lo manifiesta muy bien

cuando vemos películas como La Bella y la

Bestia y Power Rangers en cartelera. El

reciclaje de la nostalgia se convierte en un

burdo acto masturbatorio que proporciona

entretenimiento perezoso al público y dinero

fácil a los productores. Nos inundamos de

refritos, secuelas y adaptaciones de la cultura

pop de los 80 y 90, y renunciamos a crear o

fomentar la creación de contenidos originales.

Pero la nostalgia no necesariamente implica

decadencia cultural. ¿No era acaso la

nostalgia por el pasado grecolatino una de las

principales fuerzas del Renacimiento? ¿Y no

era la nostalgia por una Edad Media

idealizada uno de los componentes centrales

del Romanticismo? La reinterpretación y

resignificación de la cultura pop nostálgica

puede dar también lugar a productos de alta

calidad, desde cómics como Planetary hasta

series de TV como Stranger Things.

Para mí la consciencia de mi condición de

chico neostálgico inició en la secundaria

cuando me vi con mis primos y amigos

añorando los programas de televisión de mi

infancia, sobre todo las series animadas. No lo

sabía, pero a nosotros nos tocó algo que

después sería llamado Animation

Reinassance, un boom de la animación

occidental tanto en la pantalla grande como en


la chica, que se manifestó en la cantidad y

calidad de sus contenidos. Dicha era dorada

inició a principios de los 80 y terminó a

mediados de los 90, justo cuando pasábamos

a la adolescencia.

Disney se aventaba obras maestras desde La

Sirenita hasta El Rey León, para alcanzar los

altos estándares que Don Bluth, en la década

anterior, había sentado con obras como La

tierra antes del tiempo o Un cuento

americano. En la televisión pudimos ver

cómo Thundercats o Los Verdaderos

Cazafantasmas sentaban las bases de una

gran calidad en contenidos, que alcanzaría su

pináculo con Batman: la Serie Animada. Así

que sí, no es sólo idea nuestra: las series

animadas con las que crecimos eran algo

especial y su calidad no sería alcanzada sino

hasta esta Nueva Edad Dorada de la televisión

que se dice que vivimos.

Esto es sólo un ejemplo del bagaje cultural

pop tan rico y sui generis con el que crecimos

los Millennials. Qué haremos con él es otra

cuestión. Podemos quedarnos regodeándonos

en nuestra incapacidad de superar el pasado,

sentarnos a ver refritos y pastiches de lo

mismo hasta que alguna generación futura

empiece a crear los nuevos mitos pop que

serán parte de “los buenos viejos tiempos” de

alguien más. O podemos tomar ese legado

que tenemos para analizar y construir cosas

nuevas, y entendernos mejor a nosotros

mismos.

45


46


-

47


48

More magazines by this user
Similar magazines