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Antología de literatura y artes de la revista LAK-BERNA edición especial

ANTOLOGÍA

LAK-BERNA

Edición Especial

2016-2017


Este es el primer tomo de la Antología realizada en el año 2016 que pude

concretar en el año 2017 en que participaron autores y artistas

que han colaborado y lo siguen haciendo en revista

LAK-BERNA https://lak-berna.blogspot.com.ar/

desde hace mucho tiempo y con el que fui construyendo como directora

un camino de intercambio infinito que se va fortaleciendo cada vez mas,

en esto tanto tienen que ver tanto los colaboradores como quienes han

ayudado que se difunda y los lectores porque van dejando un valioso

testimonio que no debe quedar oculto, ni echarse al olvido, porque ese

es el rol que han cumplido las revistas literarias logrando llevar adelante

un pensamiento y una acción que movilizan hasta ahondar en lo mas

profundo de la cultura

!!!Un agradecimiento enorme a todos !!! Especialmente a los que han

dejado sus palabras sus ideas sobre la revista en el prologario .

Gladys Cepeda

Editora


La revista de literatura virtual llamado LAK-BERNA informativa y gratuita, venimos

difundiendo artistas nacionales e internacionales que no tienen espacio para mostrar su obra,Y

que pueden participar enviando material a la misma .Sabemos que no es sencillo para los artistas

poder encontrar los espacios y cuando se le facilita abre una puerta siempre una piedra menos en

el camino para lograr la plenitud sabemos que también

están, RELATOS A 2 MINUTOS (relatos, cuentos -poemas, etc)ENSAYONSON (ensayos) REPOAGA

( entrevistas) FIDEOS CALIENTES (videos) LA BROCHA POETICA(poemas ilustrados)

TOCATIMBRES (contactos) dentro de los derechos del hombre poder expresar su arte,

además como un camino solidario, de comunicación y amistad que tanto se necesita. Entre todos

los seres humanos .

Esta hecha a pulmón bimensual, sin fines de lucro, el lector va a hallar numerosas

secciones con nombres totalmente originales como un artista demostrara sus creaciones: poesía,

cuento, videos, dibujos, plástica , un movimiento de arte de otro planeta llamado Someegha en

donde transmite el lenguaje de las nuevas tecnologías o futurista que pueden imaginar que aun no

se ha inventado,

personajes de una familia que nos van llevando por este viaje literario que se ve en la pantalla ,

contando en cada uno de los numero una historia, biografías de artistas inventados y

desconocidos, cartas de lectores, link de otras revistas, blog, muros y las novedades de la cultura

que rondan por las ciudades de Buenos Aires., ensayos de diversa temática dentro de la literatura

con relación hacia otras expresiones artísticas como :pinturas ,dibujos, (que se utilizan como

ilustraciones en los textos), videos, novedades en el espectáculo cultural, movimientos


alternativos, informaciones sobre autores injustamente olvidados con prestigio a nivel mundial,

historias de personajes poco comunes,tratando de abarcar el amplio camino de toda la creación,

en todas sus formas...

LAK-BERNA intenta generar una

revolución en el concepto de la escritura y su mundo, en la unión del arte y los artistas,que hoy

lamentablemente por diversas razones se ha olvidado, como siempre buscaban las

publicaciones .,baste recordar la historia . Nuestro objetivo es respetar su esencia para que artista

construya su propio espacio, través de consignas y desafíos proponemos la desestructuración

,experimentación, llegar profundamente hacia sus conocimientos ,buscando en los internautas

esos lectores ,curiosos que deseen participar en una aventura llamada revista LAK-BERNA.

Hemos ido creciendo y esto nos llevo a tener numerosas participaciones y presentaciones

como Feria Int. del libro del autor al lector Sala ALFONSINA STORNI, Org. A.P.O.A, GRUPO

A.L.E.G.R.I.A. en Museo de Antropología C.A.B.A , Ciclo ANTONIO ALIBERTI grupo GENERACION

ABIERTA - CAFÉ MONSERRAT, Legislatura Porteña - Asoc. De Poetas Argentinos A.P.O.A. , teatro

Gral. San Martín “ Encuentro en movimiento “ SALA ALBERDI, donamos libros -” Fest. Int. De

música reggae “ para escuelas carenciadas -Avellaneda .

Realizamos otras actividades para potenciarnos y seguir creciendo números especiales de

papel, un festival en F.M .LA TRIBU en el cual participaron artistas del Conurbano, Capital Federal,

Rosario, Perú y Ecuador ,con lecturas, cortos, teatro, entrega de diplomas con libros a distintos

medios de comunicación y

personalidades , entre los videos que fueron exhibidos se encuentra fragmentos de “BAJARLIA “que

fue exhibida en el festival de Bogotá Colombia entre otros espacios ,como parte del homenaje que

se realizo a dicho escritor .Tuvimos dos invitaciones especiales, en mayo “V Festival Int. de Poesía

por la Paz” organizado por numerosas instituciones alrededor del mundo (P.C. SUR), en junio nos

invitaron al encuentro de Sociedad de Escritores y Artistas de Honduras en Comayagua

(Honduras) y el Sindicato de Mujeres Aladas de Chile . Estamos mencionados en el libro de la

autora Cristina Osimani “Baldosas en Blanco y negro”, en Revista “Cactus Cultural” de Chile -se

reprodujo la entrevista a Pablo Poblète. y hay un reconocimiento en el Spanish Study Center de

India a través del poeta, artista plástico Mainak Adak .

Medios como SALAMANCA AL DÍA -Alfredo Pérez Alencart-EL SOL DE PERÚ , DIARIO

POPULAR- Hernan Rizzone, DIARIO CLARIN ZONAL-Juan Carlos Diez ,Revista Ñ, Radios

CULTURA-Generación Abierta Luis Calvo y Nora Nardo , RADIO DE LA COSTA, 10 A.M. el conductor

Carlos Monti -Nota a María Raquel Denis Lepiane periodista Int. de España, DEL PLATA


-CORRIENTES,VICTORICA -LA PAMPA- DECADAS -REP.DOMINICANA, HURLINGHAN -”Toda la

tarde “, EL SOL DE ROLDAN Romina Vidal -SANTA FE, F.M. QUILMES , RADIO ARINFO -AL BORDE

DE LA PALABRA- Liliana Varela, AQUI LATINOS -Rev. Int. (Suiza) , MIXTURA -Mixtura (Perú) El

vuelo del Dragón -Marcelo Rebot- F.M.Brandsen y en numerosos blogs y publicaciones que se

pueden encontrar en Google la historia continua...

Actualmente LAK-BERNA continua generando un espacio participativo y alternativo para

que todos puedan expresarse y mostrar sus textos, pinturas-dibujos,videos y todo lo que la

imaginación nos vaya llevando en los caminos del arte.

Fue hermoso saber que todos los amigos que nos acompañaron durante tanto tiempo, sintieron la

misma alegría ante el regreso ,claro con algunos cambios como el formato,pero la cual sigue

manteniendo la esencia muchas cosas nuevas y otras que iremos recordando para que se recupere

todo lo que represento LAK-BERNA .En esta oportunidad Diego LAK-BERNA sigue

acompañándonos pero no en su rol de Co-director de la revista, si no a través de su obra .

Agradezco a todos por sus hermosas palabras, de bienvenida y saben que LAK-BERNA los

espera para seguir creando este libre ejercicio de la expresión a los amigos que ya nos conocen y a

los nuevos que se vayan sumando Entre ellos Salamanca Al día de España ,revista Paloma,

Programa de radio Arte y Parte y numerosos grupos de Facebook


Poesía

NARRATIVA


Argentina

El Doctor CLOC K

45, treina y 3

Bar transforx, conecto mi cabeza a un estabilizador, bebiendo los electricosantes con

gas Mientras chequeo, los números que recibo de humamail. vi la más aeromodernisma

belleza que estallaba este contador de tierra. Ella Camina por los alrededores haciendo

ronronear a mis bestias y su mirada eran flechas que hacían cortocircuitos, las ruedas de

goma. Se sienta enfrente, su cuerpo una lámpara de mares que repara mi sangre 100%

fuego, los senos un adaptador de botones F2 suprimía la memoria al oler las respiración

de sus latidos. Rodé hacia donde estaba gire mi rostro -¿cuál es tu código? – le

pregunte, ella sonrió con sus dientes multiplicando la antimateria – Muertirzz- dijo y nada

mas. Charlamos milésimas de segundos, hasta que puso su himon con los míos; las

chispas revolvían mis plaquetas por los paneles del tiempo, sus cables, oxidaban las

garras de metal y los cabellos de alambres eran devorados por extensiones que jamás

registre. Al soltarme, pague la cuenta con disquete

- ¿quieres venir, a un archivo conmigo? – invitándola, tímido como un lavarropa –

afirmativo – contesto, nos levantamos y salimos, sin pensar lo extraño de ella, al

observar que su talón era de carne


LA CERRADURA DE LOS MUERTOS

r

t o

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s n oj z

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l

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catacumbas hecho niebla sobre ventiscas rasgados


Edgardo Gugliermetti

Conozco un paredón inclinado sobre un ojo

flechas que anidaron en el pecho

más allá el deseo la destrucción

del otro lado retazos

un tugurio encapuchado

tambor con piel de iguana para pasear al amor

santuario ofrendas marinas

un pie que duele pisoteando espíritus

ya casi ebrio de albergar silencios

el miedo se me sube por el sexo

conozco un rostro que se divide en dos

un bozal y una cadena bailando con palmeras

un bebedero de adioses alimentado por la casa

y el eco callejero

pero al mirar todo detenidamente

no conozco nada.


BIENAVENTURADOS

El jugo de tu carne

danza

interminable

por la plaza de los bienaventurados.

Ellos,

los que llevaban mirto

y dulces rapsodias

para liberar al cuerpo


Liliana Varela

EL VACÍO DE LA MUERTE

En cuanto la vi la reconocí. Era ella. Estaba sentada en un rincón

del viejo vagón del ferrocarril en el que yo viajaba. Parecía distraída, absorta en

sus propios pensamientos, ausente del mundo mismo.

De pronto y por fracciones de segundos, su mirada se cruzó con la mía la cuál

esquivó rápidamente. Supe en ese instante que sabía que yo la había reconocido.

Dudé unos minutos antes de actuar; me incorporé y avancé hacia ella; estaba

dispuesto a enfrentarla finalmente. Ella pareció darse cuenta de mis acciones pero

no se inmutó; podría decirse que parecía resignada a su suerte.

Me paré frente a ella y la observé atentamente; era una bella mujer; de rasgos

suaves y clásicos; de unos 30 años; su figura emanaba pulcritud, elegancia y

clase. Giró su cabeza hacia mí y fijó sus ojos en los míos; por momentos debo

confesar, que sentí escalofríos.

--Eres tú finalmente --exclamé sorprendido de mi propia voz--.

Su mirada fue gélida pero creo que a la vez triste.

--¿estás seguro de no equivocarte de persona? –preguntó segura de sí misma-

--hace mucho tiempo que te busco...no puedo equivocarme.

Ella bajó su mirada y me señaló el asiento frente a ella

--púes si estás tan seguro, siéntate.

Tomé asiento sin poder aún dejar de mirarla fijamente; ella parecía no prestar

mucho interés al encuentro; muy por el contrario su rostro denotaba hastío,

cansancio y obviamente fastidio por ello.

--¿cómo me ves físicamente ?—preguntó con su mirada clavada en mí—

--eres una bella mujer y...

---ah. –me cortó haciendo un mohín de fastidio y resignación—supuse que eras

uno de esos que me desean.

Me quede callado; no supe que decir.

Pasaron minutos de silencio que fueron interminables, hasta que por fin ella

retomó la conversación.

--y supongo que le dirás a todos que me has encontrado –exclamó molesta.


--si tú no lo deseas no lo haré...pero –me atreví a decir osadamente— yo te

necesito.

--si, si…–repitió cansada— todos me necesitan pero "cuándo quieren"

--no te entiendo –la interrumpí-- ¿acaso no es ese tu trabajo?

Por primera vez noté una mirada distinta de las anteriores: era más que tristeza,

era una amalgama de sentimientos rebosantes de frustración, desdicha, soledad.

--sí –respondió cansada-- es mi trabajo: soy la muerte.

Luego calló por unos segundos. Yo la miré sin poder entender aún que le sucedía.

La buscaba desde hacía años, cuando me detectaron una enfermedad neurológica

que me iría destruyendo paulatinamente los centros nerviosos, comenzando por la

periferia y terminando por el cerebro en cuestión de años, aunque no sabían

cuántos. No tenía cura, ni remedios que calmaran totalmente el dolor –que iría en

progresivo aumento. Era cuestión de esperar a morir en la peor de las agonías; por

eso había querido suicidarme; pero cuando lo intenté, no pude. Intenté matarme de

todas las formas posibles pero ninguna era efectiva: las balas perforaban pero las

heridas cicatrizaban; las píldoras para dormir no tenían efecto; la cuerda de la cual

colgaba para matarme, no apretaba lo suficiente para asfixiarme; en fin, nada

servía.

Hasta que me enteré de lo que sucedía: la muerte había desaparecido.

Nadie sabía donde estaba. Había algunos que cantaban alegres porque no

morirían, otros agradecían a Dios esta desaparición, otros podían dormir

tranquilos; pero había un grupo –entre los que me incluía—que deseábamos morir,

ya que si bien no existía muerte, el sufrimiento seguía actuando pero sin llegar a

matarnos, ¿de qué servía sufrir eternamente?

Entonces nos organizamos; aquellos que deseábamos encontrarla, nos

propusimos realizar una búsqueda sistemática y planificada; aquel que la

encontrase debía avisar a los demás fuese donde fuese.

Obviamente tuvimos trabas increíbles de aquellos que no deseaban que ella fuese

encontrada: nos insultaron, nos tildaron de egoístas; nos echaron a la cara que

por algo nos habíamos merecido padecer esas enfermedades terminales; nos

recordaron que debíamos buscar el bien de la mayoría y no el de la minoría, como

en toda sociedad democrática; en fin, el único consuelo fue que no podían

matarnos, pero sí apresarnos eternamente. Por eso el grupo que habíamos

formado hubo de aislarse de los demás y organizar todo metódicamente.


Y heme aquí...habiéndola finalmente encontrado.

La muerte me habló sacándome de mi profunda reflexión.

--bien --dijo--¿qué pretendes ahora que me encontraste?

--bueno --no sabia que decir ni cómo hacerlo— no sé, supongo que volverás

trabajo habitual ¿no?

Sonrió amargamente.

--dame una razón por la cual deba hacerlo –me dijo

--no te entiendo—dudé--¿es que no existe nadie que mande sobre ti? ¿no tienes

reemplazantes que cumplan tu misión si tú no quieres hacerla? ¿No te manda Dios

y tú obedeces?

--bueno, bueno –sonrió aún mas—de pronto has hablado demasiado.

Callé. Debo decir que aunque la desease y fuese su figura la de una bella mujer,

aún así le tenía miedo, no respeto real, sino el respeto que genera el miedo.

--Dios ó como quieras llamarle tu, es quien me manda, es verdad. Pero también es

verdad que tengo albedrío, aunque debo reconocer que no mucho, sino debería

tener reemplazante – burlándose de si misma—pero ya ves, puedo rebelarme;

puedo decidir no acatar órdenes, puedo decidir "vivir" aunque suene irónico.

--¿vivir? ¿cómo puede la muerte vivir?

--oh mortal, insignificante mortal –se mofó molestándome bastante eso—los

términos Vida y Muerte sólo existen para ti y los tuyos; yo no tengo tiempo, ni

espacio, no tengo edad, ni lugar, no fui y seré; yo soy ahora. ¿Entiendes?, soy

eterna, mi trabajo es eterno...y he decidido dejar de hacerlo.

--pero, ¿por qué? Si tú no tienes vida...no puedes aburrirte, ni sentir nada...

--es verdad; pero te equivocas en algo...

Me miró sin pedantería ni soberbia.

--te contaré ¿qué puedo perder desahogándome con un mortal que tanto me ha

buscado, verdad?

Inclinó su mirada y pareció entrar en una especie de trance profundo; como si se

esforzase en demasía comenzó su relato.

--no recuerdo haber tenido un comienzo en este trabajo, como te dije, no tengo

principio ni fin; pero bien, recuerdo que en antiguos tiempos realizaba mi trabajo

sin incomodidad alguna, pero luego cada vez que debía llevar a alguien, éste se

horrorizaba al verme, gritaba, sufría por tener que venir conmigo...sólo muy pero

muy pocos me recibían con alegría, porque aún hasta los que como tú decían

desearme –me miró por unos segundos y sentí escalofríos--se arrepentían a último

momento e imploraban que los deje quedarse con agonía y todo.


Cada vez que sentía el rechazo, el horror, el desagrado a mi persona, me

preguntaba el por qué, ya que no entendía porque los mortales no aceptaban algo

que era lógico en sus vidas y que al fin de cuentas era el sino que tenían desde su

nacimiento; llegué a preguntarme tanto esto que hubo un instante en que no me

hacía mella alguna escuchar ruegos o gritos de horror; hacía mi trabajo y ya. Hasta

que —su voz pareció entrecortarse—no pude precisar si los humanos me habían

contagiado este sentimiento o no, pero debo reconocer que llegue a sentir un

vacío en mi, algo que crecía, una nada que me absorbía todo y que no podía

detener; entonces decidí dejar de hacer lo que hacía; no podía vivir ni morir, por lo

tanto me dediqué a contemplar; observar el aquí y el ahora y—diciendo con voz

entrecortada-- a escapar eternamente de los que como tú me buscaban, puesto

que los que están felices por mi abandono no me reconocen porque me han

sacado de sus vidas, pero lamentablemente los que son como tú se dan cuenta de

quien soy en cuanto me ven…

Callé una fracción de segundo y pregunté

--¿te han encontrado otros entonces?

--sí, muchos más de los que tú piensas--aseveró—

--pero, no puede ser, nadie ha informado de...

--¡que tontos son los mortales! –me interrumpió--¿es qué no conoces tu propia

esencia humana? aquellos que me reconocieron, me vieron apenas unos

segundos como me viste tú, una bella y atractiva dama ó una dulce anciana ó un

niño feliz, de acuerdo obviamente a la edad del humano en cuestión; pero a los

pocos segundos se dieron cuenta que no querían morir, que preferían el dolor y el

sufrimiento y el seguir aferrados a lo único conocido por ellos, aferrados a esa

dolorosa vida; todo, todo antes que ir a un lugar desconocido del que no se puede

volver jamás; todo antes que el miedo a la muerte; todo antes que el miedo a mí.

Por lo cual instantáneamente la bella mujer, la amable anciana y el niño feliz,

desaparecieron, quedando en su lugar el cadáver putrefacto con su capa negra y

su guadaña, el monstruo de los cuentos de terror, el fantasma del ser más

diabólico y hasta el mismo Lucifer.

Como ves, el arrepentido jamás revelará su descubrimiento porque ello le podría

significar el tener que enfrentarse a algo de lo cual ya ha huido en su previo

encuentro. ¿Entiendes ahora por qué nadie supo de mí en tanto tiempo?

--sí, creo que sí entiendo...


--¿cómo me sigues viendo tú?

La miré atentamente, luego de aquel relato debía ver con claridad y precisión en lo

que me estaba adentrando.

--sigues siendo la misma bella mujer de antes –aseguré—

--eso implica que debes sufrir mucho con tu pesada vida

--así es ¿y qué pasará entonces conmigo Muerte? Llévame, haz un último trabajo,

nadie lo sabrá, enviaré cartas a los demás diciendo que abandono la búsqueda y

me voy a un lugar remoto del mundo para estar solo.

--¡que egoísta eres, piensas sólo en ti y no en los que están como tú!

--¿acaso tu no eres egoísta también? sólo piensas en tu fastidio, tu rechazo y en tu

pesado trabajo.

Luego que dije esto, callé; tuve miedo de su reacción. Ella me miró podría decirse

que comprensivamente

--tienes razón, creo que los humanos me han contagiado muchos sentimientos,

entre ellos el egoísmo; además debo reconocer que también estoy cansada de

escapar y cansada de contemplar cosas que no me llenan; en cierta forma creo

que sigo sintiendo ese antiguo vacío dentro de mí. Quizás mi sino sea este: el de

liberar las almas de los verdaderos atormentados por la agonía física, sin fijarme

en el rechazo de los que se niegan a cumplir su ciclo; puede ser que mi vacío se

llene con la alegría de los que me reciben como tú y no con el dolor de los que se

niegan a venir...

Nos callamos los dos. Ella de repente se incorporó y me tendió su mano:

--¿deseas seguir viéndome como una bella mujer? aún puedes arrepentirte si lo

deseas.

La miré y sonreí, por toda respuesta le tomé la mano.

--vamos --dijo—hay mucho trabajo que hacer.

Y diciendo esto, nos alejamos juntos, tomados de la mano como dos enamorados.

(de Cuentos Varios-2006)


SISIFO

"Con un espejo en frente de su cara, se puede cual Basilisco,

terminar los suplicios del verdugo"

Saúl Sánchez Toro

Ya soy piedra excavada en la montaña

que mi pecho anida.

Arrastro los días cuesta arriba

con la esperanza de que no caigan

-pero el descenso es tan rápido

y el peso es tanto-

Ser basilisco ¡¡quién lo pudiera!!

petrificar el ahora eternamente

sin movimiento, una durmiente,

que no necesitara el despertar.

Ciega soy, ese es mi karma,

cual Sísifo a algún Dios he molestado.

Sólo cargo con la cruz de las horas...

¡Aún queda tanto tiempo por ascender!


Carlos N. Carbone

VOLVER ( A WIN WENDERS)

Quisiera volver a ser niño pero esta vez saber que lo soy.

Quisiera volver al cielo de barriletes de la mano de mi padre.

Quisiera volver a montar mi rayo naranja y sin que se entere mi madre

ir hasta la avenida.

Quisiera volver a domar el viento aferrado a la libertad de un caballo.

Quisiera volver al camarín del Teatro San Martín y afiliarme nuevamente

a la utopía.

Quisiera volver a quemar las naves sin tener prudencia ni temores.

Quisiera volver a la primera canción, al primer verso a sentir la inmensidad

del asombro.

Quisiera volver a ese momento donde solo alcanzaba una mirada para vivir


MUNDO DE NIÑA

Llegó hasta mi cama en medio de la noche

con miedos

buscando protección

me habló de caballos

y de su mundo campesino.

Aquella noche

temblaba con su pelo blanco

mi niña madre.

Pan para dar batallas

infinitas.


Cynthia Rascovsky

CRÓNICAS SISTEMÁTICAS

I

Ardieron sin saber que la lluvia

lamería sus cenizas.

II

Amarrados al destino abrillantado de sus sombras

aniquilaron los cerezos

y fueron lluvias de sangre

y en el suspiro sepultar de sus arrogancias

la muerte yació en sus mesas.

III

Épocas estivales

derrumbadas

por la incontinencia universal

calcinaron la utopía


paralela del grado cero.

IV

Las gaviotas escupieron

irónicas

la capilla celestial “Sálvame María”.

V

Sus alas heridas de amor

flagelaron

la espalda de la cruz.

VI

El alma testigo del acto seguido

recordó su libertad

cuerpo carbón

comida para buitres.


VII

El río perdía su caudal

y los barquitos de papel

naufragaron

reciclados en hojas muertas.


Luis Raúl Calvo

LA CAIDA

Uno retiene las cosas

para llamarlas por su nombre

pero no es el nombre

lo que predispone al vacío.

Uno precipita con sus ojos

la caída del mundo

para inventar otras regiones

que nos devuelvan lo perdido.

Pero ¿Quién se esfuma

por las blancas colmenas

como una mujer perturbada

por los comensales en ruinas?

La memoria en llamas

invade otros tiempos.


VII

No era cuestión de perder el tiempo

en erróneas conjeturas.

La soledad de la infancia

nunca admitió liviandades.

De ese furor por desentrañar

los nudos de la vida

una madeja siempre caía

al pozo ciego más insospechado


Sergio Albarracin

EL OCASO

Palabras y muertes ajenas

se desgarran / gimen en la ceniza

que parió el olvido

los pájaros rebeldes

vistieron de luto este paciente

veneno / no hubo nada de lo que

supimos desear


LA CÚPULA

Muda en el vació ha quedado

su impaciencia juega en los

tejados de la incertidumbre

cabalgando a la tempestad de los

frescos de algún Spilimbergo

en donde una sonrisa maquiavélica

se esconde bajo la concha acústica

de aquellos ángeles en soledad y

Florida la calle de ajenas

mutaciones se pierde en el

silencio

a la distancia los destellos incineran

a la extraña imagen del suplicio

inquieta sin inmutarse espera ser

demolida bajo el polvo húmedo

de Buenos Aires


Lautaro Arauco

LA HISTORIA DE LIZA

Un señor mayor, muy acongojado pone un antiguo vinilo en la soledad de su

sótano. Suena una vieja canción, con una pequeña introducción de wha wha, que

lo hace volar a aquella época tan contradictoria, entre feliz y peligrosa, tan lejana

que si cierra los ojos por instantes y se sitúa en el momento, puede sentir aquella

despedida que se convirtió en angustia, por la incertidumbre de la ausencia, que

hasta el día de hoy sigue calando hondo en sus huesos, y estremece de dolor su

alma. Es la pérdida, la impotencia de no poder detener el curso de la historia y

revivirla cada instante.

El vinilo gira y mágicamente surge esta canción, “Liza de los ojos azules” de

Nicola Di Bari. A la par se va dibujando una silueta joven que flota en el espacio, de

claroscuros y madera, en ése sótano donde funciona el taller del anciano

enamorado. La silueta gélida y transparente lo mira encantando sus ojos grises ya

cansados.

¿Quién imaginaría que una canción, se ligaría a su torturada alma hasta éste

presente de supuesta tranquilidad económica, prosperidad y democracia? Lo tiene

todo: una familia, hijos, nietos, también el recuerdo de una esposa y un perro, pero

Liza y el anhelo de una vida juntos toman el poder en la casa.

El señor mayor, acongojado por las añoranzas, va al living, busca una botella

de whisky, regresa al sótano y coloca el disco de pasta nuevamente.

En el silencio del lugar se desarrolla la canción de Liza, con ese sonido de

estática que solo los antiguos discos producen. Como un genio que sale de la

lámpara mágica, surge la figura del fantasma de Liza, aquella joven novia que

nunca más volvió a ver. Los familiares de las victimas le dijeron que sus gritos se

acallaron en una comisaria de La Plata.


Él sonríe y habla con ella asegurándole que ya falta poco para el reencuentro,

que cada minuto menos en su vida, es un minuto más para bailar como en aquella

época. El fantasma, con una mirada tierna se acercó y lo besó lentamente. Octavio,

su nieto, escondido detrás de un estante con herramientas los mira asombrado.


Hay números y números

gráficos,

y colores que significan

Hay notas y notas

algunas amables,

endulzan oídos

movilizan el cuerpo

otras

masas ciegas

que se justifican ante el fracaso

de sus decisiones

Y sueltan en sus cuartos

la lágrima prima que resume

pobreza y error

que ocultan por vergüenza

cuando das la espalda

Hay números y "números"

notas y "notas"

que cuando camino y miro los diarios

(depositados estratégicamente a mi alrededor)

se conjugan

en un apretón de puño

en un trago amargo de saliva

Se conjugan

en un país que duele

Los humanos y los lemmings

siempre caminan al abismo...


Rolando Revagliatti

“VERGUENZAS QUE AFRONTAR”

Durante el primer tiempo se las arregló sin trabajar, adaptándose, recién

llegada de un pueblo del Paraguay donde sus familiares, en condición de

propietarios, se dedicaban a tareas de campo, la ganadería, los naranjales. Al

nacer había pesado cuatro kilos, y lloraba mucho, lloraba por nada. La operaron,

siendo beba, de una hernia de ovario, y ella sí que no se privó de padecer todas

las enfermedades comunes de la infancia. Hermanas y hermanos, mayores y

menores, la escudaban. La madre, recia y distante, poco se había ocupado de su

crianza. El padre, estrecho.

Olga Griffith tuvo su menarca a los nueve años. Por entonces contrajo esa

disposición irracional: aterrarse ante gusanos y víboras aun en dibujos o

fotografías. La pronunciación de las formas de Olguita venían anticipándola

exuberante. Hermanas suyas la proveían de prendas para robustas informes. Ella,

alumna mediocre, tenía una compañera que era, además, su amiga. Y la enuresis

fue su condena en la pubertad. No tuvo novio pero tuvo luto, largo, insentido, por

su madre. Tuvo simpatías, mozos de a caballo a los que temía. No iba a los bailes,

iba a los festivales artísticos y a las quermeses. Maestra rural, enseñaba las

primeras letras y manualidades.

Y a la ciudad de Buenos Aires llegó ávida, y sin embargo cauta y piadosa.

Hasta que un hombre, en el Jardín Botánico, se le había acercado y hablado,

tosco, sincero. Y ella se dejó conquistar y besar y aferrar por esas manos

enormes. A pocas semanas de que comenzara a ocuparse de la facturación de la

Compañía Sureña Sociedad de Hecho, la Venus rebosante, la marfilina, se

encamaba con él. Los siguientes encuentros culminaron con Olguita abonando las

tarifas de los hoteles por hora.


Apareció otro ñato: mejor. Empilchaba en Olazábal, trataba con gente,

fumaba cigarrillos ingleses. Mejor por la pinta, por los modales. Curraba, sí,

curraba, y vendía terrenos cuando todos vendían terrenos. Un paso adelante, Olga.

Con éste ibas al cine. Inclusive al teatro. Gervasio te pedía préstamos; y vos

prestabas y él te hacía regalos: biyuterí. Le llegaste a prestar... ¿una vaquita?... La

temporada que estuvo haciendo sus negocios en Uruguay se hizo extensa.

Demasiado. Sólo por eso te acostaste con un croto al que también (y la historia

seguiría reiterándose) le solventaste los gastos, y del que te fue complicado

deshacerte. A vos, una treintañera de lujo, caída del cielo, bocado regional,

zapatos de tacos altos y polleras tubo. Te morís de sueño bien temprano y tus

galanes, generalmente reventados dentro de la gama de los fornidos, te dejan a las

ocho de la mañana en la esquina de la oficina. Oficina en la que Amanda colige

desde tus ojeras, la noche de un estilo de jolgorio del que ella se permitió con el

novio que tuvo (Jaime) antes de casarse con Rosendo. Lo hace mientras vos

sonreís, al principio arrebatada; después, como promocionando las liberalidades

que de todos modos no explicitás. Las confidencias más jugosas se las formulás a

Amanda, quien te aconseja mesura, soslayando la envidia; Amanda, quien nos

cuenta a Mercedes y a mí tus andanzas, y vos sabés que nada quedará entre

Amanda y vos, somos tus parientes en la Legión Extranjera. Convivimos de lunes

a viernes y hasta las seis de la tarde en cuatro ambientes: uno, un jolcito; continúa

otro, amplio, dividido por un tabique. En la habitación más oscura apenas caben

las muestras de las arcillas, la bentonita, el feldespato, el caolín, cubículo del

geólogo. En la más interna están el gerente co-propietario en su escritorio y vos al

lado de la ventanita tecleando veinte toneladas de carbonato a Zapala a tanto la

tonelada, la cifra final en letras y números, subrayado. ¡Ah, con el detalle de la

carta de porte! Sin apuro, sorbiendo el té. Para el señor Klimosky sos como

algunos de nosotros, un personaje, una entidad conspicua; aun con tu atroz falta

de creatividad o empeño o imaginación. Se nota cuando faltás. Yo te sustituyo: en

ciento ochenta minutos facturando y pasando a las fichas, consigo lo que te

demandaría la jornada completa. Cuando no venís tu almohadoncito te extraña, tus

carbónicos sufridos, traspasados, una cinta, horquillas que no te ponés, en tus

cajones, una mariposa violeta de cerámica. En el ambiente dividido nos

arreglamos los demás: la contadora, Mercedes, Josesito, Amanda y yo.


Quince años tenía cuando empecé en la oficina: atendía a los clientes,

archivaba, iba a los bancos, despachaba la correspondencia urgente en el vagón

correo del Ferrocarril Roca, comía el superlativo chipá con el que nos convidabas

y hablaba por teléfono con las sirvientitas que ya empezaban a fijarse en mí. Y vos

me llamaste a algunas, por si atendían patronas restrictivas. Supe que cuando

cumplí diecisiete me evaluaste delante de Mercedes, luego de enterarte de que yo

estaba saliendo con una casada. Sé que para vos, yo, a contramano, siempre

existí, aunque no correspondiese a tu tipología favorita.

Trajiste la expresión “hacerse unos tiritos”, aludiendo al haber fifado más de

una vez en una misma noche o hasta por haber dejado babeando a algún

perdulario por la recova del barrio del Once. Te envanecés de sólo pensar en tu

éxito caminando por esa recova o el que podrías tener si aceptaras proposiciones

de prostitución. “Tiritos”, “tirarse unos tiritos”, “parece que hubo tiroteo” te

espetan Amanda o Mercedes y a vos se te forman hoyuelos... Falsa, burlona,

declarás que es agradable lo que en verdad te horripila: por ejemplo, aquel traje de

saco cruzado, a cuadros, marrón con líneas rojas, que me compré entusiasmado

hasta que advertí que me amariconaba. Oírte apoyar a los militares en pleno golpe

del sesenta y seis me apuran las ganas de estrangularte. Pero es de otras ganas de

las que me demoro en hablar. Ganas cuantiosas de oprimir esos fabulosos

melones agresivos. Cuántas veces estuvimos solos al mediodía, comiendo yo mi

huevo duro en la cocina o mi barra de chocolate de taza en el jolcito mientras leía a

Henry Miller que me instigaba desde sus trópicos a arremeter contra esa

jactanciosa estantería. ¿Qué podía pasar?... Estuve cerca, me ponía detrás tuyo,

vos sentada. Y ahítas mis manos, acechando tu escote. ¿Cómo invitarte a que nos

encontráramos en la calle? Y ver, darnos una chance de crear onda fuera de allí.

Hubiera podido escribirte un acróstico erótico con todas las letras de Olga Petrona

Griffith, no como el estúpido que te hice con Olguita, que me salió defectuoso

aunque divertido. Puesto que a la instancia de sorprenderte con mi manual ataque

no me atrevía, llegó el día en que me traje tres lombrices en una pequeña caja de

cartón. Ya Amanda te había mostrado ilustraciones de serpientes en una edición

de “Anaconda y otros cuentos” y vos habías reaccionado atravesada por el pánico

y reclamaste llorando que yo o Mercedes o el pergeño de Josesito, que también

estaba, le decomisáramos el libro a Amanda. ¡Inextricable Olga sojuzgada por unas

figuras en un libro de Horacio Quiroga! Cuánto más por aquellas lombrices con las

que transpirando amenacé. Peor que puñales, ellas, una en mi palma, las tuve que


ocultar porque tu espanto no daba lugar a la audición de mi solicitud. Vos con tus

cursos, yo con las pibas nos encamábamos. Pero vos y yo, ¿eh?, ¿qué te

costaba?: unos tiritos conmigo te remozarían, y no lo habría de bocinar, mientras

avanzaba hacia vos, arrinconada como Isabel Sarli en sus películas, a quien dicho

sea de paso, habías asegurado, holgadamente, Olga, superabas. Me fui afirmando

mientras vos, entrecortada, suplicabas que dejara por allí, mejor, que arrojara por

el inodoro a esos bichos infames, vianda de pez, y comunicabas que “tocar lo

dejo”, “tocar lo dejo” autorizabas, invitabas “tocar lo dejo”. Me dí a entender pero

temblaba. Me puse amoroso. Estrábico. Se oiría cuando tragaba, como se oía el

silencio, como se oía cuando te desabrochaste y desencorpiñaste y levantaste el

pulóver y aparecieron. “Siga”, pensé que ordené. Seguiste, ladina, estuporoso me

quedé, humillado, un fuego me subió, hasta que así como estabas de estupenda

me los incrustaste en los intercostales, y me desmoroné, fusilado.

Volví en mí en la guardia del hospital Ramos Mejía: tuve espasmos cuando

lograron reanimarme. Me había golpeado fuerte la cabeza contra la Olivetti. Hay

vergüenzas que afrontar. Regresaré a la oficina la semana que viene.


MIS CASAS

En Tolerancia vivo

en esta casa

Acá resido desde antes

de mi nacimiento

Mi mamá ya era Tolerancia

Y yo, niñita

modosa

tolerante

toleraré.


Nerina Thomas

Nro. 5

LAS BURBUJAS

Brindo..

y brindo ¡por amar!

Amaya Martín

Se mueven, se disgregan

Se aquietan

Luego saltan

Sin decir nada

Sin brazos ni piernas

Redondas

De mil formas.

Mudas

Van de un extremo al otro

Nos marean

Con solo mirarlas

Danzan,

Se ponen nerviosas

Existan

Nadan todas

Como grandes campeonas.


Nro. 6

MIS MANOS

Ayer hablaron las manos

Lo hicieron por vez primera

Laura Beatriz Chiesa - Besos de agua -

Traviesas, siempre tibias

Energía permanente

Las enciende.

Son las que se unen

En la oración

Las que enhebran la ronda

Se estremecen

En el abrazo

En la catarsis de un cuento

Cuando acerco un plato

A la mesa

En el desayuno preparado

En la sorpresa que da una arruga

Frente al espejo.

Mis manos

Son silencios

Recogimiento

Las alas de la palabra

Como viento.


Elisabet Cincotta

ANUNCIADO

Esa noche llegó a su casa con olor a victoria, ni bien puso la llave en la cerradura

sonó el teléfono. Había apagado su celular. Con un tarareo apuró la maniobra y

atendió la llamada. Dejó la sonrisa tras el hola.

No podría conducir, sus manos temblaban, su corazón parecía una máquina

infernal que aceleraba su ritmo. Llamó un remise. Nunca supo como bajó del

automóvil. Sus ojos estaban rojos y ardidos de tanto refregarlos para ocultar las

gotas saladas que escapaban desobedientes. Tampoco recordó como llegó hasta

la sala de terapia intensiva, sólo recordó a la mensajera de blanco que no le

permitió la entrada y que con voz uniforme le dio la noticia. Al rato, piadosamente,

un médico trasladó su cuerpo vencido hasta la cama.

Allí estaba ella, envuelta en el sopor anunciante. Se acercó, la saludó con ese

saludo de despedida que tenían pactado de años, de siempre:

-Portate bien mamá.

En un murmullo casi indescifrable ella le contestó:

-Vos también.

Luego el silencio, ella se durmió como se duermen los niños, con una sonrisa.

Y quedó la nada.

En blanca ceremonia recorrió la niñez, la juventud, su adultez... su madre siempre

adivinaba, nunca había podido mentirle ni en el último momento.

Ya la extrañaba.

Del libro “De las cosas y los cuentos”


NO ES FÁCIL

no es fácil

liberar la palabra / sentimiento

tras la historia que nos cubre /

sofocar el aire con alientos /

abrir la soledad / superar resquemores /

compartir el llanto que entumece el cuerpo

no es fácil

besar otra mirada/

caminar Lavalle acompañada /

olvidar aquello que otrora fue mentira

y la pausa del que implora

nada es fácil


Eve V. Gauna Piragine

LETRAS ALTERNAS

Las bellas letras

las no tan bellas

las que duelen

las que a veces

en mitad de la tormenta

iluminan

como un relámpago

fugaz pero iluminan.

Esta tarde imaginaria

o no tanto

donde llega la hora exacta

-siempre llegaen

que llueven golondrinas

que oscurecen

y así muere la luz

su muerte lenta.

Ahora que es apenas noche

noche de penas

los labios del aire

son oleajes de ejércitos

(memoria en movimiento)

que desde el pasado

balbucean.


PÁJAROS

No era mío, descansaba en mí,

como un niño agotado

entre mis brazos.

Fuimos una pausa, un remanso,

un movimiento dormido

y el sueño aletargado,

una gota suspendida

y ese suspenso

antes de la caída.

Y, al cerrar los ojos

y abrir las manos

para que volara,

sin quererlo, también

mis manos volaron.

Entonces comprendí

que el mundo todo

está hecho de pájaros.


Nora P. Nardo

MEZQUINDAD

En ese refugio los pájaros

anidan fantasías,

las voces cosquillean

luceros fugaces,

las palabras remiendan pesares.

Los sonidos acompañan

la orfandad del viento,

la brisa embriaga

el pretexto de la oscuridad.

En el paraíso de los colores

las miserias humanas

aparecen

cuando alguien

se atreve a brillar…

Del libro “Pretextos de la oscuridad” año 2012


RESBALÓN

Ella sigue allí

como si nada de lo vivido

hubiese calado su esencia.

Husmean las chusmas

detrás de la puerta.

Ella sigue allí

renuncia a los atardeceres

se acurruca en su memoria

y caen los relatos.

Del libro “Pretextos de la oscuridad” año 2012


Mario Cesar Lamique

LOS ROBADORES

La primera vez que entraron en casa nos asustamos mucho. Mi papá no se

movió de su lugar en ningún momento, parecía que no respiraba; mi mamá

gritaba cosas que nadie de los presentes se tomó

el trabajo de entender, mientras nos abrazaba —muy fuerte— a mi

hermana y a mí, como si nos fuera a asfixiar.

Ellos hacían todos sus movimientos de forma maquinal, como siguiendo

paso a paso una coreografía; mi papá no salía de su insoportable quietud,

y mi mamá, en un intento desesperado por escapar,

corrió hacia la puerta, pero le fue imposible abrirla: ya no era la nuestra.

La segunda vez que entraron se hizo de noche en ese instante. Saltaron la

verja, se metieron por la puerta, que estaba mal cerrada y volvieron a

hacer sus movimientos maquinales, manipulando las

armas; una bolsa vacía y otra llena. Robaron el televisor a color y

pusieron otro falso en su lugar, hicieron lo mismo con el equipo de

música, el microondas y los cuadros de paisajes que tapaban

manchas de humedad en la pared; cuando ellos se fueron la noche

siguió.

La tercera vez que entraron nos habíamos mudado de casa pero nos

encontraron igual. Estábamos solos, mi mamá ya se había ido y mi papá

tardaba en llegar; ellos entraron sin esfuerzo y con sus

dos bolsas robaron cada uno de los artefactos del hogar y los muebles, y

pusieron otros falsos en su lugar, sin mirarnos. Siguieron robando, un

florero, expresiones de fotos familiares y hasta

pósters de la habitación de mi hermana, que abría la boca como si

estuviera por decir algo y se balanceaba de atrás para adelante como

presagiando una caída.


La cuarta vez que entraron los maté.

Mi mamá viene a verme seguido y me cuenta mentiras sobre su vida,

continúa diciendo frases incomprensibles aunque ya no me puede

abrazar —muy fuerte— como si me fuera a proteger.

Mi padre está tranquilo en casa, a salvo de sobresaltos, ya sin nada

verdadero que le puedan robar. Mi hermana a veces emite algún sonido,

pero de su boca nunca sale palabra, mientras balancea el

cuerpo de atrás para adelante, estando siempre, a punto de caer.


EL MONSTRUO

El monstruo irrumpió en su casa, ella asustada quiso escapar , la perseguía por

escaleras de escalones desparejos, estuvo apunto de atraparla en paisajes

infantiles, se aferró a su pié derecho cuando huyó en dirección a sus mejores

recuerdos, luego de forcejear, logró liberarse, pero las escaleras tienen un final

;nunca llegan a trascenderse; ella se quedó sin escalones ni salida, parada en la

terraza mirando hacia todos lugares a los que no podría recurrir a pedir ayuda, el

monstruo logró alcanzarla y con el tiempo se hicieron amigos, comenzaron a

conocerse, luego, juntos ya relajados, ya sin perseguir ni ser perseguidos, la

convivencia, se volvió de terror.


Sarah Petrone

TE ACORDÁS DE MARIA?

La orquesta sinfónica dirigida por la batuta del director, ejecutaba su mejor

repertorio como apertura en la gran noche de gala. En el respetuoso silencio de la

sala colmada, la música sublime de la selección de temas de Wagner, Stravinsky y

Mozart interpretadas con una solemnidad contagiosa, resonaba imponente en

cada rincón del acústico recinto del Teatro Roma.

Las alegorías renacentistas de la cúpula del pequeño Colón de Avellaneda,

representadas en los símbolos de Eros, La Vanidad y Baco parecían cobrar vida

con cada nota.

-Seguramente Epífani estará orgulloso de su obra.- Oí murmurar cerca mio.

-Shss…

Alguien más se había percatado del trabajo del plástico autor.

-Shss…

Desde las aberturas perimetrales, Verdi… Pirandello… Benavente, incluso

Gardel parecían pedir silencio en las pinturas de la cornisa.

Me acomodé mejor en mi butaca de terciopelo rojo, hasta casi hundirme en el

asiento y por un momento cerré los ojos para oir mejor y calmar mi ansiedad.

Conmovida hasta las lágrimas releí una y otra vez su nombre en el programa que

promocionaba la velada y su gira por el interior del país.

El piano, el violonchelo, la flauta…el violín. Ningún instrumento musical se resistía

entre sus dedos, regalándole sus mejores notas.

María Neisse, la eximia concertista, llegaba después de recorrer una Europa que

acrecentaba su fama prestigiosamente merecida e insuperada por el virtuosismo

de su arte.

Se acordaría de mí aún, después de tanto tiempo como yo de ella?

Cuando se abrió el telón y salió al escenario, una lluvia de flores arrojadas desde

los asientos vecinos, resbalaron por el largo vestido blanco que descubría apenas

la punta de sus pies.

Menuda y rubia, con el cabello suavemente ondulado cayéndole sobre los

hombros y la espalda; y los ojos tan celestes que parecían transparentes. Ya

madura pero íntegra, vital; tal y como la recordé a través de éstos largos años,

igual a cuando yo era su única alumna y aprendía solfeo en su casa, allá, en

nuestro antiguo barrio de Almagro.

-Rosetta, incomincia da capo.- Me reprendía en mi lengua natal ante mis

equivocaciones. Firme pero gentil como sólo los grandes saben serlo.

Mi mente me retrajo a esos días de mi infancia de inmigrantes italianos en la

casona de inquilinato.


Recuerdo a doña Berta, su madre, con sus ropas largas y oscuras, su delantal

gris y la cabeza cubierta siempre por un pañuelo negro anudado a su cuello.Y a

Sonia, su hermana menor, con sus trenzas rubias, largas y enroscadas en su nuca

a modo de rodete.

Las tres mujeres eran refugiadas de Polonia, llegadas a la Argentina en un

momento crucial del país, convulsionado por revoluciones internas y quebradas

por la muerte de Eva Perón.

Atrás quedaron el pueblo natal, la familia dispersa y esa tristeza arraigada en la

mirada huidiza, permanentemente húmeda en unas lágrimas ausentes, resignadas

a no caer por las mejillas pálidas de Berta.

Casi como por un juego es que me había involucrado en sus clases de música,

seducida por la armonía y la calidad de esos largos ensayos suyos; todo tan

desconocido para mí, que inundaban con melodías el pasillo y la escalera que

conducían a su departamento y a los que a hurtadillas accedíamos con Sonia para

escuchar mejor.

Aprendí a amar la belleza de la música, por ella y así era más agradable la vida en

el conventillo.

Todas las tardes al regresar del colegio, María nos permitía presenciar sus

estudios. Entonces, nos sentábamos en el suelo de su habitación repleta de

instrumentos que afinaba mientras mirábamos en silencio; esa era la condición.

En esa admiración absoluta por parecerme a ella, todos los días dibujaba en mi

cuaderno de solfeo, las claves de sol, las blancas, las fusas, las corcheas…Todas

esas notas que atesoraban mi única ilusión.

-Aún te falta aprender mejor las notas.

Yo, sólo quería sentarme y ejecutar, como ella, algunas melodías.

-Tal vez el mes que viene. –Y sonreía.

Entonces, torpemente me conformaba con acariciar las teclas del piano y tocar tan

sólo el “cucú, cucú, cantaba la rana. Cucú, cucú, debajo del agua.”

Nunca completé mis estudios. Mis clases de piano con la joven María tuvieron que

interrumpirse.

Una noche, Sonia muy excitada vino a buscarme. Un hombre muy querido para

ellas había llegado a su casa. Alto, barbudo, muy demacrado y delgado. Había

lágrimas en sus ojos y se abrazaban con cariño.

La habitación estaba a oscuras. Sobre la mesa, una pequeña torta casera con una

vela encendida.

Tomados de las manos, también yo lloré al cantarle en voz baja el feliz cumpleaños

al recién llegado, contagiada por su emoción aunque no entendía nada.

Entonces me explicaron que su padre, un profesor de física, después de años de

campos de concentración y torturas, finalizando su exilio regresaba libre con los

suyos.

Al poco tiempo, no sé por cuales arreglos políticos, sorpresivamente se

despidieron de unos pocos y regresaron a Polonia.


Nunca olvidé el dolor y el miedo reflejados en sus rostros. En el aire quedó

flotando el adiós que enmudeció al conventillo.

El golpeteo de la batuta sobre el atril me devolvió a la realidad. Desde el foso, al

frente de su orquesta, el maestro le marcó el tiempo. María Neisse se paró firme

frente al público, acomodó el violín sobre su hombro, recostó su barbilla en la caja

de madera, acarició con los dedos el mástil, apoyó el arco sobre el diapasón…y

tocó como nunca, dominando la técnica de su instrumento.

La armonía de los colores resonó en el Roma y en mis oídos, inundando de magia

cada rincón mientras ejecutaba las composiciones musicales con una maestría y

una seguridad inigualables.

Al finalizar, tras los aplausos interminables saludó y se despidió.

Quise gritar -¡Aquí estoy!- Pero no pude. El telón la ocultó detrás de sus pliegues;

las luces se fueron apagando y el público empezó a salir.

Me quedé sentada, inmóvil. Toda la tensión acumulada en mi interior liberaba en

lágrimas silenciosas mi emoción.

Escribí en un papel mi nombre y mi teléfono. Después, caminé hacia la calle. La

esperé a la salida abriéndome paso entre el bullicio de la gente que se apretujaba

en la puerta para verla. Y la alcancé.

Sin mirarme siquiera, me firmó un autógrafo apurado y subió al auto que la

esperaba. Apreté entre mis manos el mensaje que no me animé a darle y me quedé

mirando cómo se alejaba.

El viento jugó con algunos programas pisoteados, entonces sonreí débilmente.

- Tal vez, otro día…en otro lugar. ¿Quién sabe?


JUVENTUD

Velo tu sueño sin tiempo y sin distancia,

busco tu estrella efímera y secreta

desde la edad perpetua de tu espacio,

porque ahora estás distante… y tan presente.

Guardo el recuerdo impreso en la nostalgia

y te dejo correr como el agua entre los dedos,

no puedo atarte al paso de mis pasos

porque siempre corriste más ligero.

Y aquí me quedo sin prisa y sin retardo,

disfrutando mi tiempo y mis esperas,

tú, corre juventud, no me hagas caso,

yo me quedo con tus ansias en mi pecho.


Eduardo Espósito

DESCUIDO

Hay veces que la vida

descansa planchadita

en un cajón

y en el apuro

-en la confusiónno

te la ponés

y salís a la calle

en mangas de camisa

y llega la noche

y refresca todo

a tu alrededor

y andás por ahí

sin saberlo

Muerto.


PAREADOS

Él sembraba vientos

Ella cosechaba tempestades

Él vestía de seda

Ella quedaba momísima

A Él le regalaban caballos

Ella nunca les miraba los dientes

Él acostumbraba madrugar

Dios siempre la ayudaba a Ella

Él esgrimía su hambre

Ella rallaba pan duro

Él ladraba sus enojos

Ella jamás lo mordía

Él las hacía

Ella las pagaba

Él iba siempre a los hechos

Ella ofrendaba sus pechos

Él era un hombre prevenido

Ella resultó ser Él.


Ana Claudia Diaz

Estación lluviosa. Ahí vos, bajo el diluvio abatido y la lógica. Interoceánico, todo,

todo celeste. Y eso, y yo lo prefería incluso, cuando era lo del puesto de diarios a

la madrugada. Mejor, si se parecía al color de la esmeralda. O al verde botella, que

es como si fuera seda de vitró. Para poder camuflarme en el esperantismo

absoluto. O en el festejo de la vendimia. O capaz, al naranja. Pero vino así, con el

rostro lleno de mucha redondez, negando en vaivén, mareado. Y yo no pude decir

nada. No pude decir yo quiero hacer eso, quiero titilar de colores por la alfombra,

parpadeando y continuarme continuada en una curva, como un arco acristalado

hecho solo con la intuición de los pies. Batallas con ocas, tierra. Y eso me pasa, de

mucho querer poner lejos: la abreviatura. Tanto raro, tanto emparchado. Trato. O lo

que da igual. Intento, poder disolver una voz en una torta de manzana invertida.

Son otras. Las tristes murmuraciones de una silla. Claro, hay una puerta a cada

lado de la interpretación. Y mientras sea así, yo puedo mezclar todo. Puedo

mezclar: la alfombra, el macramé, lo rojo, lo editado, la pulpa, el fervor, lo voraz, la

almohada, lo feroz. Todo en una bocanada.


Todo ese tiempo. La senda por la que quise caminar. La tierra hollada. La

importunidad de ser. La verdad que persigue a quien va huyendo con la

frecuencia de la emisora más antigua. Padecer procurando. Un suceder de

repetidas veces. De voces diligentes. Una cinta de seda, que ahora, transcurre

frente a mí y me muestra.


Mario Capasso

CORRIENDO EN GRIS

Otra vez sale de su casa, se detiene bajo el umbral y enseguida le viene a la

memoria aquel primer lunes, porque descubre el mismo cielo nublado de ese día, y

también porque por unos instantes su cuerpo le parece nuevamente enorme, y

entonces otra vez lo recorre la misma obstinación, una mezcla de entusiasmo y

bronca que lo impulsa a no claudicar, a no dejarse acobardar por una simple

amenaza de tormenta y a decirse una vez más: dale, salí, salí y corré. Y entonces

sale, vuelve a cruzar la calle como siempre en la esquina de su casa y encara

derecho hacia el parque, cinco cuadras al trotecito, como para ir entrando en calor,

como para que el cuerpo se vaya adaptando a lo que luego él le va a exigir, porque

ahora que han pasado muchos lunes puede exigirlo y ése es su mayor orgullo,

piensa. Y mientras recorre el comienzo de esas cinco cuadras al trotecito, como

para ir entrando en calor, se dice que el primer lunes la cosa había sido bien

distinta, que la determinación sí era la misma, pero las cinco cuadras las había


ecorrido caminando despacio, muy despacio, arrastrando el pesado cuerpo de

aquel día que ahora, en el recuerdo, se le figura muy lejano. Cinco cuadras

caminando, recuerda mientras trota, arriba el repetido cielo nublado y la amenaza

de lluvia, y él transpirando ya desde el principio dentro de su jogging gris, sí, gris,

lo había comprado el sábado anterior a esa primera salida de aquel lunes,

apenas lo vio en la vidriera se dijo que quería ése, por suerte encontró el ultimo

que quedaba de su talla, como si lo hubiera estado esperando, si hasta el

vendedor le dijo que hacía mucho tiempo que lo guardaban allí, y se lo probó y le

quedó perfecto, le queda perfecto, le dijo el vendedor, y él sonrió. Pero ahora no

sonríe, ahora trota y se acuerda muy bien de aquel primer lunes cuando su cuerpo

lo desbordaba y lo marginaba de todo. Nada que ver con el presente, ahora todo es

distinto se dice aunque una mueca de duda se dibuja en su cara al tiempo que

ingresa ya a la tercer cuadra. Siempre le había gustado imaginarse en esa

situación, que todos le hicieran comentarios del tipo che, pero qué bien estás, cuál

es el secreto, cómo lo lograste. Le encantaba imaginarse así. Pero le costó, mucho

le costó, y por momentos duda de haberlo conseguido por completo, pero no se

deja vencer por las vacilaciones y continúa aunque le sigue costando. Porque en

verdad hay que tener esa constancia, hay que persistir en la dieta y salir a correr

todos los días, sin dejarse vencer por el desánimo ni la persistente amenaza de

lluvia. Y él sigue y sigue y ya recorre el último tramo de esas primeras cinco

cuadras. Y cuando llega al parque comienza a trotar más rápido, con saltos ágiles,


lástima que no hay nadie allí, pero ya está acostumbrado, nunca hay nadie al

comienzo, solamente aquel primer lunes en que tanta gente iba y venía, y a partir

de esa jornada nunca vio a nadie más, como si la ciudad se hubiera puesto de

acuerdo en dejarlo a él solo, para que corra casi solitario y libre. Los únicos que

interrumpen su soledad son cada día los mismos, que ya van a aparecer, falta

poco, muy poco, apenas dé la vuelta, lo sabe. Lo sabe, entonces corre hacia su

destino. Y mientras tanto su cabeza repite las imágenes. Aquel lunes. Fue la única

vez que se cruzó de entrada nomás con gente corriendo o caminando, eso

recuerda o al menos tiene esa sensación y no la del actual parque desierto,

desierto hasta que se le aparecen ellos, los que ya conoce tanto, los que apenas

dé la vuelta se le van a cruzar en el parque siempre envuelto en brumas, en el que

el verde es distinto al verde, en el que cada mañana corre y corre para mantenerse

así, tan en línea, eso es lo que más disfruta de su nuevo cuerpo logrado tras tanto

sacrificio, aunque a veces duda, pero valía la pena el esfuerzo, porque claro que le

gustaba imaginarse en reuniones donde se lo hicieran notar, sí, que todos

admiraran su figura, sobre todo las mujeres, y sobre todo las mujeres de los otros,

porque los otros eran todos los que lo marginaban inclusive de las charlas, como

si su gordura fuera contagiosa, o signo de estupidez o ineptitud, por eso creía

disfrutar a más no poder de ese presente a partir de ese primer lunes cuando al

salir de su casa se detuvo bajo el umbral y vio el cielo nublado y amenazante,

recuerda, pero no le importó e igual salió a correr determinado a cambiar su silueta


y su destino. Y aquel lunes se cruzó al igual que ahora con el mismo pibe, y el

mismo pibe le vuelve a decir lo mismo al hombre que lo acompaña, mirá ese señor

gordo, dice, y enseguida ocurren las risas alejándose, tal vez el hombre sea el

padre del chico que le dijo eso, supone que sí, y el recuerdo del pibe lo sigue

acompañando mientras corre y corre por el parque desierto bajo el cielo nublado,

con su jogging gris y sus dudas a cuestas y así continúa corriendo sin

dificultad, y poco después de la aparición del chico, apenas termine de atravesar el

puente, se va a cruzar con las jovencitas, cuatro o cinco, nunca logra contarlas, y

eso que allí vienen otra vez, el puente ya casi quedó atrás y se va a cruzar con

ellas que lo van a mirar de reojo, y otra vez se van a alejar murmurando algunas

palabras entre risitas entrecortadas, y una va a decir callate, boluda, a ver si te

escucha, y lo dice, y luego él no va a escuchar más nada ni verá a nadie más. Pero

ya nada de eso le importa, si cada día es lo mismo, pero fue aquel primer lunes en

que a partir de esas palabras del chico y las risas de las jóvenes su ánimo se

encrespó y lo que hasta ese momento había sido un trotecito leve se fue

convirtiendo en una carrera contra su cuerpo, ya van a ver, y al diablo los consejos

del médico, y no le importó que era el primer día, ya van a ver, un lunes con el cielo

nublado, al igual que ahora que corre pensando en todas estas cosas, y recuerda

aquella vez, cuando comenzó a transpirar más y más, cuando el corazón pareció

salírsele del pecho, cuando un sudor frío comenzó a recorrerlo y él se obstinó y no

se detuvo, ya van a ver, nunca se iba a detener, y eso que por un momento creyó


que se moría, tanta era la bronca causada por esos dos encuentros, pero ese lunes

se las vio mal, muy mal, ya van a ver, creyó que se moría, recuerda ahora mientras

sigue atravesando el tramo final del parque ya de nuevo totalmente desierto y

mira el cielo más negro que al principio, igual que ese día, muy mal la pasó, el

corazón, casi no lo puede creer ahora que lo recuerda y corre, así, así, con su

jogging gris bajo el cielo amenazante, y ese lunes no paró y no paró, ya van a ver,

ya nadie más lo iba a menospreciar, a denostar por su gordura, ya basta, nadie

más, nunca más, se dijo confusamente aquella vez, o cree ahora que se dijo, ahora

que corre y ya sale del parque y siente otra vez la esperanza de que alguna

mañana cuando se cruce con el pibe, el pibe lo va a observar con admiración, y de

que esas cuatro o cinco jovencitas lo van a mirar de frente y con una sonrisa

cómplice y a lo mejor alguna se va a detener a conversar con él, aunque eso será

otro día porque ahora ya está regresando y entonces cruza la avenida porque justo

el semáforo está en verde, siempre está en verde, cada mañana es igual, ni un auto

a la vista, y cada mañana piensa en esta parte del trayecto que si hubiera alguien

que lo viera cruzar así la avenida, reventaría de envidia, con estas palabras lo

piensa siempre, reventaría de envidia si supiera lo que ha logrado a partir de su

determinación del primer lunes cuando al salir de su casa vio el cielo nublado y no

le importó, y luego corrió y corrió impulsado por las palabras de ese chico y los

murmullos de las cuatro o cinco jovencitas bien metidos en la cabeza, ya van a ver,

y corrió y corrió y no se detuvo, no se detuvo nunca, nunca, como tampoco se va a

detener ahora que ya está por llegar a la esquina de su casa, y de nuevo dobla la


esquina, y ya la ve, y en el umbral de su casa ya está listo el hombre ¿gordo? que

mira el cielo nublado y se dice que no importa, que él no se va a dejar acobardar

por una simple amenaza de tormenta, y entonces arranca y comienza a recorrer al

trote, como para ir entrando en calor, las cinco cuadras que lo separan del parque.

Ext de ” La ciudad despues del humo “


Osvaldo Veron

SUBTE

Haz de luz tenue

la boca del subte aloja a Tanguito cantando la primera canción

la mejor acústica para el fueye de la combinación Lima silbando

¨Mi buenos Aires querido¨ o un tiempo triste de Gobbi.

El espejo oval de Tribunales refleja un estuche con monedas

y la vieja balanza pesa el paso del tiempo

Se prende y se apaga la línea E,el café con leche,la esperanza

y Emilio Mitre pujante vamos pa´ el parque !!

el trencito solo; niños orientales y sus gorros

el glamour de tus claritos,señora de Olleros

yo soy el alma de Bs.As.que viaja infinitamente en subte !!

que cálido que es en invierno!!

¡¡ Todavia hay niños que duermen en tu regazo!!

(Extracto de ¨La Muyanga¨)


MONOLOGO

Hoy casi se pagaría una cerveza. Era un boxeador loser.

¨El que ataca primero, paga dos veces¨ - decia -

Bueno - para ser claro - se metió con esa guacha que lo escurrió.Te curre. La

predestinación obscura del destino tanguero lo llevó a Europa de farabute y la niña

- te repito - de buen bute lo estrolo.Y es en el medio del amanecer ácido deambular,

las lajas de ladrillo tomaban color y la piedra disminuía y el laberinto de un hotel

se perdia en el espejo.

Cantaba milonga - como siempre - en un aparte de Montparnasse y le decia...

- Miguelito larga, dale Miguelito - y me leia estas cartas que llevó aca - espera

que te las leo –

¨ Entre la obscuridad y la razón, se olvidaron de contarnos sobre la sombra, el

aparente reflejo del gato es la única presencia real, pues por una cábala hermética,

la reflexión de estos animales produce una imagen virtual, que se evanece en

cautiverio tomando almas con culpa...

La mirada perspectiva y felina del animal anula cualquier posibilidad de dominio

hacia él, pues toma cualquier decisión de sus dueños¨

La otra carta - amarillenta y arrugada - hablaba de Tango...

¨ Creía en todo,estaba informado, era una pátina bastante poco consistente la que

tenia, resultaba estar bien rodeado, digamos.Él tambien era un intuitivo, un

buscador a su manera, pero mientras que buscaba, perdía.

Habia que tener mucho coraje para ser como él, para bancarse lo que se banco

él.


En ese momento en Argentina nadie era más importante, ni mas escondido. En

Estados Unidos a esa gente que era mas loca que una cabra, se le daba todo el

apoyo como para que sea mucho mas notorio y mucho más notable, su sacrificio

¨

EPÍLOGO Una vez - al término de este relato - lo encontramos en una habitación

llena de espejos, tratandose de comer mil ojos que lo observaban.

EPÍLOGO 1 Una dama elegante encontró una cartera de piel de iguana que

contenia estas cartas en forma aural, no criptográfica y las guardo en su alma, aún

a pesar de haber chocado mortalmente en Junín y Cordoba y escapar hacia la luz


Norma Padra

PUERTA

La puerta sintió el dolor

de los adioses.

Inicio de una nueva travesía;

dos pasos hacia delante

una existencia muda

se hace posible.

Para fugar con la memoria,

desde el silencio lila,

el corazón va rumiando

la infancia

donde el cielo

destila cantos.


HOJAS DE FUEGO

Busco desenfrenadamente

el instante

que iluminó el fresno

mostrando

sus púrpuras hojas.

Mezcla de cielo oro y fuego

en las ramas.

-Lo recuerdouna

tarde a la vera del río

alondras cantaban

despidiendo al día.


Juan Eugenio Rodriguez

La noche que marcha sobre la noche

La noche que marcha sobre la noche

que huye de sí pero marcha,

renuente

lo que no se puede evitar

el borde manchado del cielo.


EL MIRADOR DE LAS ROCAS

El mirador de las rocas

en el fondo de la botella

al fondo

una floración de gelatina de montaña

dando vueltas

¿a dónde vamos desde aquí?

Viene el frío

en el valle azul

por la mañana un recuerdo en ciernes

estupefacto en la frontera

el hombre de las medallas

el hombre del pisco azul

Jacqueline Moonlight desenfrenada

bajo la luz de la luna

quédese el tiempo que quiera

todos los días

noche y día

en el bosque estropeado

Soy una marioneta

que en una cuerda vacía

se desliza

hacia la condenación del escritorio

mientras siento el asedio silencioso

alrededor de una historia

de sacerdotes y monjas

una lucha antigua contra la tentación del inventario


Y en las cartas de amor

los monstruos del templo

como el gusano conejito

nacen…

1960, Buenos Aires


Cristina Osimani

LA FUGA DEL AMOR

Nuestro amor fue un amor de shopping. De encuentros y desencuentros, de

noches vacías perdidas entre borbotones de palabras sin sentido. Hoy que he

desandado los caminos de la vida, miro hacia atrás y creo que aquellas mesas

que recogieron nuestras caricias y discusiones están como plasmadas en

distintos bares de Buenos Aires, pero no son reales; son efímeras o parecieran

pertenecer a algún cuadro de Renoir de colores pasteles y alocadas juergas. Pero

nosotros no fuimos esas siluetas que soñó el artista, ni estábamos perdidos en

algún suburbio de París. Nuestro amor nació como nacen esos amores de barrio.

Miradas furtivas y risas ahogadas, roces de manos sobresaltando el corazón y la

sensación imperecedera del amor cuando sólo se tienen dieciocho años.

Allí en Floresta cerca de la plaza Vélez Sarsfield nos reuníamos en la esquina de

Bogotá y Bahía Blanca y a pesar de las veleidades de la edad componíamos un

grupo de amigos inseparables; una cofradía o coalición que permanecía como una

alianza. Sobrevivíamos a las discusiones sin sentido; nacidas de la inexperiencia y

los empecinamientos propios de la terquedad juvenil.

La ciudad en ese entonces tenía la antología que Buenos Aires aún conserva, el

ruido del tren, el aire enrarecido por el polen que se desprende de los árboles

añosos, sin ellos la ciudad sería otra, la gente volviendo de sus trabajos con el

apuro por saborear el mate caliente, la familia y la hegemonía de un paisaje

singular y ciudadano.

Recuerdo los bailes de los 60’ y aquel club que habíamos formado con un nombre

improvisado por el apuro, apuro que no es ajeno a la juventud, sino que es un

apéndice de ella. Se llamaba Carioca club.


Hoy me rebelo ante la idea de pensar que estábamos rindiendo culto a nuestros

adversarios más acérrimos. Los mundiales me lo confirman y yo me pregunto en

que divagues cifrábamos nuestra energía de aquellos tiempos.

Parezco joven pero no lo soy. La plaza Vélez Sarsfield y la esquina de Bogotá

tampoco lo son. Algunos muchachos con perros pasan a mi lado, los sigo con la

vista y con una fruición que me deleita. Yo tenía un perro al que amaba con

extraño sentimiento. Por ésta calle él me corría, cuando le quitaba su pelota

preferida, era un saltimbanqui que usaba los atajos más inverosímiles para

esquivarme. Sus ojos color canela permanecen en mi recuerdo, pero la muerte no

respeta ni a los perros.

Desde mi evocación es difícil no pensar en Clara. Era tan clara como su

nombre y movediza como la brisa que se levanta de pronto llevando hojas

muertas sin paradero fijo. En un baile de primavera de 1962, mientras Roberto

Carlos cantaba ‘Cóncavo y Convexo’ desde un disco de pasta, nuestros cuerpos

se ajustaban como queriendo encapsularse. Estábamos enamorados. Éramos una

pareja más de aquellas que se formaron en el barrio de Floresta. Julio y Estela,

Alejandro y Celia, Celia que se derretía de tan sólo escuchar a Leo Dan,

nombrándola en sus canciones y otras tantas parejas que dejé de ver.

Dejar de ver. Eso les pasa a los ciegos y yo quizá sin quererlo me volví ciego;

tan ciego, que los años me apartaron de ese mundo feliz para caer en la desdicha

del desperdicio. El desperdicio de mi propia vida.

Hoy me pregunto porqué discutíamos tanto, nos citábamos para ir al cine y luego

de ver una película, un bar recogía nuestros malditos desencuentros. Un día en la

universidad cayó en mis manos un libro de psicología. A mí nunca me había

interesado esa materia; pero los conflictos en las relaciones humanas son tan

complicados que abarcan textos enteros. Ahí, en un capítulo leí algo que me

impresionó ya que nos pintaba de cuerpo entero. Hay relaciones de amor decía,

en que dos que dicen amarse profundamente nunca podrán vivir juntos,

fracasarán aunque traten de impedirlo. El tiempo nos demostró que esas

conclusiones académicas tenían un valor teórico del cual no se puede escapar.


¿Es que no podíamos parecernos a María Soledad y a Ariel, otra pareja de la

barra?. Ellos estaban tan enamorados como nosotros, recuerdo que se casaron un

tres de Enero del 68’ . Que lindo nos pareció comenzar el año festejando una boda,

música, descorche de botellas, augurios, amor y más amor.

Hoy el barrio me parece silencioso, esquivo, casi petulante. Mi casa está

frente a mí, sin embargo perdió sus galas de rejas antiguas y un dúplex altivo me

rechaza. Tal vez en un idioma que no conozco me grita que soy un forastero.

Siento pena por eso, hace mucho tiempo fue mi propio espacio, mi guarida, mi

escuela, el confesionario donde mi amigo intimo guardó para si los secretos más

inviolables. Pero ésta necesidad imperiosa de volver donde se ha sido tan feliz

me absorbió hacia una nebulosa, como si una conmoción me devolviera al

pasado en un solo instante. Escucho como entonces, un rumor de voces

palpitando la gloria de un gol que el viento trae desde la cancha de All Boys.

Los veo a Julio, Alejandro y Ariel venir con la bandera y los gorros

exhibiendo los queridos colores. –¡ Lo que te perdiste viejo, le ganamos dos a

cero, eran unos muertos!- Se alejaron saltando y llevándome por delante como si

fuera un fantasma. El ¡dale campeón! se perdió confundiéndose con el silbato del

tren y algunas bocinas que se oían desde Gaona. Los quise llamar pero como en

un sueño mi boca se abría sin emitir sonido alguno. Por la espalda la mano de

Clara me acarició la nuca y yo se la retuve como lo hacía siempre, su perfume, su

ingenuidad y su simpleza guardaban entre sus manos la carpeta donde anotaba

sus clases de Corte y Confección. Me encontré nuevamente con sus ojos de uva

madura, mirándome como cuando le dije que iba a ir a la universidad.

- No te parece que con el secundario podes encontrar un buen trabajo, repetía

preocupada- Como le podía hacer entender que yo tenía otras aspiraciones,

necesidades imperiosas por conquistar otros espacios. Ellos, los muchachos de

la barra eran simples y como ella cabían en los sueños y las expectativas. Yo en

cambio sabía que podía encontrarme con un mundo diferente y para ello

necesitaba trascender el paisaje que me rodeaba.

La abracé fuerte, no era de mi propiedad como creía cuando tenía dieciocho

años, pero el contacto me estremeció. Escuchaba mi propia voz- diciéndole- estás

en contra de todo lo que tenga que ver con mis estudios, los celos te impiden

comprender mi vocación--. Y otra vez las discusiones de antaños, las lágrimas y

recriminaciones sin sentido...


El viento se llevó mis palabras y me pregunté volviendo a la realidad. - ¿Qué

motivo me había traído hasta Floresta?. Hacía diez años Julio y yo nos

encontramos por casualidad en las puertas de los tribunales-. Tomamos un café y

hablamos de tantas cosas, sin embargo me sentía incómodo; mientras lo miraba

pensaba que el tiempo transcurrido hace añicos la amistad. Él fue quien me dijo

que Clara se había casado y tenía dos hijos, vivía en Villa Devoto y su marido era

dueño de una pequeña carpintería.

Mientras caminaba hacia el coche que dejé estacionado sobre Bogotá, no

podía desprenderme de sentimientos que últimamente solían acometerme. Celos,

rabia, reproche por aquella arrogancia de juventud, que hoy me cuestionaba,

haciéndome regresar al pasado. Es verdad que había logrado una posición

inmejorable, era un buen arquitecto y gozaba de cierto prestigio. El medio social

donde desarrollaba mis actividades no conocía de intimidades barriales, ni de

sueños juveniles. Ahí, en ese mundo no hay lugar para soñar, la realidad es

tangible. Miré el reloj. Ya eran las seis de la tarde. El sol se había fugado como el

amor para esconderse detrás de cada una de las cosas que un día fueron mías.

Apreté con fuerza el acelerador. Florencia me esperaba en la puerta del

Instituto de belleza de la calle Pueyrredón. No éramos felices ni infelices, tampoco

nos amábamos, pero al menos podíamos vivir juntos... Sobre eso no recuerdo

muy bien que explicaba ese compendio de psicología.


EN EL JARDIN DEL TIEMPO

Encontré una niña de cabellos rojos

que parecen fuego.

Señalando al cielo como si quisiera,

que algo distante, se acercara a ella.

Vestido de seda y faja rasada.

Hombros blancos con destellos áureos.

Qué mira esa niña de cabellos rojos?

Qué sintió el artista que la retratara?

El jardín, acaso donde está sentada?

¡Eso que ha creado está impreso en el oleo!

Caminen despacio, no alcen las voces.

No quiebren sus juegos, déjenla que sueñe.

He visto otras niñas de ojitos de uva

Cabellos al viento entre los rosales.

Jugar a la mancha y acunar muñecas.

Porque los jardines… son todos iguales.


Antonio González

EL GRAN RÍO

Se asomó a la pequeña ventana de su taller. El escultor había dejado por un

momento la argamasa con la que pretendía elaborar una figura vigorosa que

representara la furia, el desconcierto y la rabia del hombre, pero se había detenido

cuando sonó el primer trueno que anunciaba la tormenta. Debajo de él pasaban las

aceitosas aguas del Riachuelo, lentas, pesadas, oscuras. Durante muchos años,

todos los días, veía esas aguas que viajaban sin apuro hacia el Río de la Plata. Don

Julio vivía allí, sobre la estructura rígida y herrumbrada del viejo puente que

cruzaba el Riachuelo en dirección a Avellaneda. Resonaron varios truenos y un

rápido destello iluminó el cielo gris que cubría las casas y galpones de la orilla

opuesta. Fue un estallido que de pronto estalló en sus ojos cansados sobre los

vidrios de la ventana. Garrón se acurrucó junto a sus pies y su cuerpo gris se hizo

un ovillo buscando calor. Puso su hocico debajo de una de sus patas y gruñó

levemente como un gemido. El escultor se inclinó y comprendió el temor que

sacudía a quien acompañaba sus días. Era el mismo temblor que él estaba

sintiendo, no sabe bien si era por la tormenta que se anunciaba o el insistente

dolor en el vientre que no le dejaba estar mucho tiempo de pie. Justo a él que

acostumbraba a treparse a los andamios, a las escaleras, para romper la piedra,

modelar la arcilla o simplemente descubrir las formas que escondía la madera.

Volvió a sentarse en el sillón con almohadones que hacía las veces de cama,

escritorio, mesa de trabajo, donde su cuerpo reposaba y encontraba la posición

justa para aquietar el paso incesante del agua bajo el puente de hierro.

Pensó un instante en este mediodía, no tenía apetito, pero Garrón otra vez se

acurrucaba a sus pies y le disipó la idea sobre el alimento. Ahora su mirada se

volvió hacia la mesa donde estaba la masa sin forma de donde debía surgir aquella

figura que imaginaba con un gesto de rebeldía, el brazo con un puño apuntando

hacia el cielo, sus piernas abiertas firmes sobre el suelo y un rostro aindiado, rudo,

increpando… ¿A qué? ¿A quién? ¿Por qué…? Tantas cosas…

Tantas razones había para el grito desgarrado de la furia…

En ese momento la tormenta se descargaba sobre el viejo puente, el río y su

pequeña vivienda que, en forma de torre, perteneció alguna vez al encargado de


subir y bajar el puente ante el paso de las embarcaciones que, hace mucho tiempo,

traían y llevaban bultos al frigorífico La Negra y otras industrias que estaban a las

orillas del curso de agua.

Él sabía mucho sobre esa historia. Habría trabajado en el frigorífico en su

juventud, con sus ilusiones libertarias. Recordó en ese instante aquellos días del

‘40 cuando pararon las tareas durante varios días…

Garrón se levantó asustado, rápidamente bajó la escalera de madera y comenzó a

ladrar en la puerta de entrada. La lluvia descargaba su golpeteo incesante sobre

los techos y los vidrios de la casa. El agua bajaba con sus rezongos por las

oxidadas cañerías, mientras el viento sacudía toda la estructura con un temblor

leve, casi imperceptible para Don Julio, pero no para la sensibilidad canina. El

escultor se puso de pie apoyándose en los brazos del sillón.

- Garrón... – llamó sin fuerza ni convicción. Se asomó sobre la baranda y miró al

perro que se mantenía alerta ante la imaginaria amenaza que estaba más allá de la

puerta de entrada. No atendió el llamado. Siguió con sus orejas atentas, su hocico

hacia el espacio exterior, toda su estructura perceptiva atenta a las acechanzas

que el animal intuía a través de las paredes.

- Garrón, vení… ¡Garrón! – gritó con esfuerzo, al mismo tiempo que se volvió hacia

el sillón. Se dejó caer lentamente sobre los mullidos almohadones y buscó la

mejor posición para un cuerpo lastimado, dolorido, cansado… Vio la masa inerte

de la arcilla, las herramientas que esperaban su mano ágil, firme y segura

buscando los relieves, las hendiduras y los significados. Pensó en aquella figura…

levantándose pese a todo… gritando con fuerza su furia…

Garrón buscó el refugio de sus pies. Ahora atento a los sonidos de la tormenta, a

las acechanzas más allá de este espacio apenas iluminado por la tenue lamparita

que oscila sobre ellos. Sus ojos no podían alejarse de la puerta que estaba abajo,

la lluvia que golpeaba el paisaje gris del suburbio, tal vez el mismo Riachuelo que

ahora aceleraba su paso… Don Julio pasó su mano por la cabeza nerviosa del

perro. Sus dedos se metieron en su pelaje negro, pero Garrón no apartó su

vigilancia de aquella presencia que sólo él intuía.

Don Julio sumó sus fuerzas, fue hasta la mesa de trabajo, se acomodó los

anteojos y sus manos amasaron esa materia tan familiar. Los dedos aún tenían el

vigor y la ductilidad de siempre. Pronto apareció una figura que plantó firmemente

en la base. Poco a poco surgía el cuerpo desnudo de ese hombre, erguido sobre

sus piernas… el rostro ya insinuaba el gesto hacia arriba con la boca abierta en un


grito… y el escultor enseguida amasó

sus brazos musculosos, tensos…

El animal bajó por los escalones de madera y se colocó en posición de guardia

ante la puerta de entrada y la tormenta… El martilleo de la fuerte lluvia llegaba allí a

través de los ventanales, un hilo de agua se escurría por debajo de la puerta… Los

ladridos de Garrón eran desesperantes, insistentes… sin abandonar su posición

rígida y la mirada más allá de la puerta.

Las manos de Don Julio se aquietaron… rígidas, frías y ausentes, mientras las

aguas corrían en busca del gran río y Garrón subía rápidamente por la escalera....


LOCA VIDA

Desde afuera el ausentismo hiere

fecha inmune

dardo justo

o sabio en la noche fría

¿Qué pasará mañana

cuando amanezca con hielo en la piel

y llamaradas sutiles en los dedos?

Nadie conoce el futuro

salvo los pájaros despiertos

a la madrugada

desde los oscuros laberintos

de las techos.

Anota los ausentes y los invisibles

en las páginas blancas del invierno.

Cruza con un grueso trazo negro

los nombres de los olvidados

los enamorados

los desesperados

porque ellos saben por qué

la luna sigue viva y luminosa

sin que advierta esta noche

que faltan los desaparecidos

las dolientes víctimas

de la sin razón

y la loca vida.


Roberto Romeo Di Vita

Capítulo 54

LA CONJURA DE LOS LIBREROS

(Anteúltimo capítulo)

El viejo José librero de alma y Pilar Frontera se encontraron con Pablo y Silvina en

la ciudad de la Plata. Por el momento atrás había quedado la bomba puesta en la

librería del viejo José, por los agentes de las multinacionales que querían

apoderarse de toda la industria editorial y silenciar para siempre a los que resistían

estos atropellos.

Los cuatro repasaron el terrible día de la explosión; todas las

trapisondas de los esbirros de Sket y la Cía , contra los libreros de alma; la

trabajosa unión de estos últimos en todo el territorio; como fueron desapareciendo

las librerías nacionales, la persecución a los libros y a los escritores de alma.

Las cartas amenazantes, el recuerdo de algunos libreros

históricos, como se conocieron Pablo y Silvina; el barrio de Villa Crespo; el

Primero de Mayo nacimiento del tricolor; la historia de Amadito ultimado por el tira

Meneses en los bosques de Palermo; los secretos de los libros incunables que

guardaba el viejo José; las lecturas y los ídolos de Silvina y de Pablo; los sueños

con libros y autores del viejo en su librería; Gardel cantando junto a Pavarotti en el

barrio para todos los vecinos; la historia de la bicicleta perdida; las cartas desde

Madrid de Pilar Frontera; la incursión de los libreros de alma y toda la resistencia a

la guarida de los Sket y la Cía ; los terribles secretos que guardaba el archivo de la

computadora de los criminales; las andanzas de algunos libreros y libreras garkas;

como se habían quebrado las principales librerías del país.

La carpa de la cultura; la primera noche de amor de Pablo y Silvina; el asalto al


poder de los milicos y la quema de libros; las discusiones entre el Nelson y el viejo

José; la gran inundación; las terribles operaciones cóndores y águilas contra

todos los patriotas americanos de la resistencia; la toma de conciencia del pueblo,

las treinta mil estrellas desaparecidas, las búsquedas de las madres; cuando los

tímidos se afirmaron y el pueblo ganó las calles; los juicios a los criminales en

serie de uniformes, trajes y sotanas; los nuevos acontecimientos esos que van a

revelar el secreto de… ( Continuará en el último capítulo). Derechos Reservados.

* Novela del autor.


EL RÍO MÁS CORTO DEL MUNDO

Semblanza

Las aguas de sol y viento

del Lago Correntoso, espumas, corrientes, olas.

Llevan por un sendero de suspiros.

Sendero de azules y verdes transparentes,

a un camino de sueños y de aguas

con su fondo de piedras milenarias.

Piedras blancas, grises, verdes, arco iris,

de las profundidades encantadas,

toda ella desemboca, luego de un corto trecho,

al Nahuel Huapi , sereno y majestuoso.


De ese paisaje alucinado de Angostura.

A lo angosto, a lo pequeño, a lo chico,

De un río azul, verde, ambarino, celeste,

amarillo, rojo, rosa, gris y blanco.

Es el más pequeño de trayecto rápido.

Unión del Lago Correntoso y del Huapi.

Río de sueños y de postales.

Río pequeño, llamado Correntoso.


Gladys Cepeda

EL LIBRO DE TAPAS VERDES

Sentir el latir desbocado del corazón, como si fuera a estallar-

Quede asombrada, su descripción exacta, en estos momentos

-perdón, le puedo decir algo, sabe creo que lo conozco?-esbozo una leve sonrisa,

muy leve

-pero no recuerdo su nombre-

-mira, eso no importa, solo voy a decir mi seudónimo, o no, mejor llámame por mis

primeras letras JLB-JLB, JLB… -

sonaba como un interminable sobre mi memoria, Igual seguía sin saber quien era

aunque su rostro se me hacia cada vez mas fácil .Camine aquellas cuadras

extensas mientras la noche ya me alcanzaba sobre los hombros, tenía el libro de

tapas verdes bajo mi brazo, lo había elegido rápidamente, -por casualidad o tal vez

me estaba esperando, como muchas veces sucede, cuando parada frente a la

biblioteca, se me aparece o cae frente a mis pies, por casualidad o tal vez, el me

estaba esperando… La ciudad con sus primeras luces artificiales y el aire fresco,

me rozaba las mejillas llegue hasta la avenida.

Sentí una mano grande sobre mi espalda, vi. aquel anciano, de rostro pomuloso y

ojos sin vida .Por un momento quede helada como si fuese la muerte quien se

plantaba frente a mi .Entonces llega su voz como un estallido sobre la oscuridad.

-perdón que te moleste, me ayudarías a cruzar-

-si claro-

Sentí su brazo huesudo bajo la tela gruesa del saco, lo observaba con su cabeza

casi calva, llegamos, me agradeció y se despidió, lo veo irse con bastón negro y

lustrado hacia la izquierda como una sombra blanca.

.Llegue hacia plaza con un cansancio desconocido, que me impulsaba hacia allí.


Era enorme y estaba casi desierta con alguna pareja y un grupo de chicos con su

bicicleta, patinetas y su pelota de fútbol . Encontré un banco bastante alejado

,cerré los ojos y el aire ceso, mi mente se puso en blanco, abro los ojos, comenze

a disfrutar sus tapas ,no dejaban ,de llamar mi atención ,al mirar las primeras

páginas ,repleta con extraños diseños bastante complejos ,entonces veo las

siguientes palabras” airotsih de sol seres socitnatnaf “,me restregué la vista ,creí

que me había equivocado ,en la elección ,pero no ,evidentemente ,era en un

idioma completamente desconocido, observe una extraña figura ,a unos metros

,un hombre con capucha ,salían destellos azulados ,y fosforescentes, que llevaba

una cadena dorada, pero lo mas impactante era ver su perro grande y negro, que

tenia 3 cabezas,,era realmente bestial,que se arrastraba y dejando la sensación de

deshacer el mundo,quede atónita ,casi con sofocación, quede bloqueada, por un

momento noto mi presencia ,,pero continuo ya que no era lo que estaba buscando,

de sus ojos parecían salir brazas candentes, que quemaban ,no quise moverme ya

que temí por mi .

Entonces trate de seguir sumergida en mi libro, pero curiosamente sentí esa voz

inquietante

-¿te gusta?-

Mire a mi lado, y vi. otra vez el anciano mientras mi respiración se me acelero .

-si no te asustes, ¿te pregunto, si te agradan?

-como sabe que estoy leyendo el libro, si Ud, perdón que se lo diga no puede ver-

-si, respondió, todos preguntan lo mismo, pero yo todo lo percibo por la

respiración, por el aroma que despiden del cuerpo, hasta puedo miliar.

-perdón, algo que no me contestaste ¿te gusta?-

Tome el libro otra vez, pero seguía en enfrentada ante ese caos lingüístico

-le puedo confesar algo –

-si no me digas nada, ya se-

mientras no dejaba de sonreír con su cuerpo levemente erguido y su

bastón,seguía moviéndose al compás de una música silenciosa, con leves golpes

en el piso.

-vos sabes, que el tiempo puede ser una imagen reflejada en el espacio y tal vez


efractaria de otra que puede generar consecuencias ,por ello ,muchas veces los

actos no generan consecuencias directas, solo hechos repetidos,pero con

distintas características ,puede detenerse ,avanzar ,traspasarlo todo o estallar y

reiniciarlo todo ,bueno ,para poder leerlo, debes retener fijamente esa idea. si

comprendiste eso, entonces ya estas lista, mi amiga, hacia allí vassentí

un empujón, pero no caí y vi. como miles de sombras venias desde todas

partes, junto a nombres, historias, que me hacían girar hasta hacerme perder la

razón, entonces sentí que saltaban sobre mi, me arrastraban, hacia lugares

horribles, cuevas lóbregas y frías, tras mis pupilas, transcurrían como en una

película interminable ,diminutos seres con miles de ojos, y extremidades deformes

y huecas, animales con colmillos y pelajes duros como alambres que

electrificaban al sentirlos , otros enormes y alados que lanzaban fuegos por sus

fauces y pretendían alzarme por los aires, milenarios esperpentos temibles que

no permitían salir de mi, entre gritos, insultos, diminutos seres también alados

,con ojos malignos, me picaban …los tormentos no cesaban ,el dolor y el horror

,era una sensación nacida desde el mismo infinito, en mis orejas podía sentir la

voz del hombre diciendo uroboros, Banshees ,gato de Cheshire, Morlocs,

Swenderborg, como si estuviera emitiendo, una plegaria, entonces se detuvo, una

alfombra me envolvió y me tiro sobre la cúpula de una extraña ciudad, blanca, creo

que era Bagdad, a mis pies apareció una botella ,y salio de un ser gigantesco con

un rostro curtido por

extraños poderes, por mis conocimientos identifique a un Djin Sacó un alfanje

,lanzando una horrible risotada, me puso en su mano donde me sentí

insignificante, como un grano de arena, lanzando carcajadas que retumbaban por

todas partes, comenzó a apuntar mi cabeza, sentencio :

-ibas a ser, mi ama JAJAJAJA, pero como nunca pediste deseos ahora serás mi

esclava, pero como esclava no me servís ni un ápice, entonces te destruiré-

-no, no, no conteste con pánico, si hay algo que deseo es absolutamente, volver al

principio como antes, antes de todo esto-

-ANTES!!!!!!!!!grito en forma bestial antes que eso, no hay nada de eso acá –sentí

con más fuerza la punta de su arma sobre la cabeza-


-entonces que puedo hacer?-dije temblando

Por un momento, el genio me miro sorprendido y a la vez con ira,

-bueno, bueno, yo solo puedo, conceder deseos, desatar venganzas, solo

certezas, ideas firmes, pero no puedo soportar las dudas, entonces ha

desaparecido el hechizo, entonces desperté como si volviera de un sueño.

Abrí los ojos, estaba otra vez en el banco de la plaza, pero yo no era yo, me toque

el rostro, era un hombre, tenia Bombin, y barba, llevaba una navaja, del anciano no

había rastros, pero si vi. A mi lado una mujer, mayor con bastón caído en el piso,

iba vestida de ramera de siglos anteriores, al mirar los alrededores, descubrí que

estaba en la arcaica ciudad victoriana.

El libro tampoco estaba, saque un reloj del bolsillo apenas habían pasado unos

minutos, del extraño encuentro, con el anciano, entonces recordé su frase, se

había producido, pero ahora debía irme, pues Scotland Yard, debía andar tras el

asesino.


AD-HOC

Subjetivamente se asoma un algo

el espacio se abre y expande (un ruido seco)

el ojo se detiene

caída

estalla en mil pedazos

las formas se disuelven

lluvia ácida del acoso

el instante es una capsula abierta al vacío

la eternidad se fagocita

de la voz invisible

en la causa -efecto

la otredad

siempre golpeando en nuestros espejos

dejarnos sin reflejo

y cubrirla con sombras

cadenas sutiles

amarrando cuerpos

que intentan abrirse con cuchillos

para tajear la piel que no es propia

y intenta girar

desplazarse

la rareza se manifiesta y diversifica la transferencia

que dan los planos agónicos

imprecisas y contradictorias

trampas toman las geometrías de las alas

que salen de los sexos

ensambladas y voraces


las paredes

intentan una destrucción

en las siembras de los sentidos

los objetos impersonales

son las perdidas frente a lo inalcanzable

negado por los propias perspectivas

se combinan

da temor ser el objeto de un deseo

habitando los huecos de un feroz

espectáculo

materia infértil y silenciada

la propia naturaleza

desata el lenguaje de las invisibilidades


Alba E. Gutiérrez

no se toca la muerte

piel de mortaja ausente

no se toca la muerte

hueso de espejo enamorado

no se toca la muerte

la canjeamos por un abrazo cierto

no se toca la muerte

perdona su indigencia

no se toca la muerte

ordenamos siempre su desorden

no se toca la muerte

sólo se la olvida a veces


el dolor clava

y la espalda se aquieta

el silencio despeja la memoria

y caen los besos

como huérfanos quietos

porque el dolor clava

y no hay respuesta

la insolencia perpetua

es un débil espejo

que rastrea un nombre

una palabra

un gesto

porque el dolor clava

y dios en silencio


Marta Pizzo

ACOSADA

-¡No quiero verte más!

Sus palabras cortantes parecieron romper la barrera del sonido, pero igual él

permaneció inmutable, como si nada.

Era de esperar, ya que habían sido tantas las ocasiones en que se repetía la misma

escena: ella ofuscada, aturdida. Arremetiendo contra él, tratando de zafar de su

influencia inútilmente... al final siempre caía rendida a sus pies.

Por él, abandonó el cuidado de su jardín, sus plantas tan amadas. Canceló una y

mil veces citas con su mejor amiga, con la que solía compartir tardes de charla y

confidencias y hasta tuvo que interrumpir la lectura de las noches, perturbada por

su tentadora presencia.

Casi siempre se comportaba así; directo, violento, imponiéndole su personalidad

multifacética que la hacía pasar en un “tris” de la risa al llanto o viceversa.

Estaba harta. Dispuesta a cortar de una vez por todas la conexión que los unía.

Salió a la calle a respirar aire puro. Recostada sobre el umbral de su puerta, se

puso a meditar acerca de la situación.

Era cierto. Si bien él la acosaba, en el fondo era ella la que lo manejaba a su antojo

y producía los acercamientos. Inspiró profundamente y su cerebro comenzó a

analizar la forma de librarse de tan terrible dependencia. Miró hacia arriba

pareciendo descubrir la existencia del cielo. Acarició en su mente algunas

palabras: pájaros, naturaleza, sueños, libros, amor, libertad...


Pasó un rato así, emocionada, reflexionando.

De pronto, miró su reloj y se quiso morir... ¡Se estaba perdiendo el culebrón de las

cinco!

Entró como un huracán, tomó el control remoto y se acomodó en su sillón frente a

él, prometiendo que ésta sí sería la última vez.

Por supuesto, no cumplió su promesa.


AMIGOS DE LA INFANCIA

Estábamos ahí...

Jugueteando curiosos

por entre las raíces

de los sueños dormidos.

Estábamos ahí...

Repletos de inocencia,

sedientos de aventura,

con las facciones suaves

derrochando la risa,

desbordando dulzura.

Cordones desatados

y un andar de vereda

que nos llevaba en andas

a un mundo de quimeras.

Con el pelo revuelto

y la vida pequeña;

volar de mariposas,

poblados los bolsillos

con dos, o tres monedas.

Las tardes por el barrio...

Las tardes eran nuestras

y pintaban los ojos

de naranja las flores,

de ilusión nuestras huellas.

Hoy,


plateado ese tiempo de tizas y rayuela,

de tu mano en mi mano,

de andar la misma senda,

te recuerdo, mi amigo,

y ésa imagen que llega

me perfuma de tilos

renovando las fuerzas.

Estuvimos allí...

Y todo ese bagaje

de calle que me queda,

alimenta el coraje vital

de mi existencia.


Uruguay

Héctor D’Alessandro

LA NOCHE DE FÍN DE SIGLO

Se acercaba la medianoche del fin de siglo y Solvia no sabía cómo desaparecer,

cómo alejarse de su entorno y no tener que hacer frente a lo que sabía ya

inevitable. Llevaba dos años y un mes soñando que al llegar aquella noche, al

cruzar el umbral de los siglos, en medio de su sala, con la presencia de toda su

familia, se convertiría en un mandril en cuyo cerebro se descargaría de inmediato

la memoria completa de un atormentado paciente psicoanalítico con severos

daños emocionales. Se había preparado concienzudamente para ello, había

tomado todas las previsiones propias del caso. Regaló a tiempo sus colecciones

de casitas de muñecas de la lejana infancia a sus primas, ordenó asimismo que la

totalidad de su dinero fuera a parar a una fundación de ayuda a los mandriles y

otros simios traumatizados por el traslado forzoso a zonas civilizadas del planeta.

Pensó escribir una suerte de testamento, pero con el casi obsceno conocimiento

del futuro que poseía, conocimiento basado exclusivamente en la experiencia

pasada, pudo discernir de inmediato su inutilidad absoluta. Para qué escribir para

unas personas que nada más desaparecer ella del ámbito inmediato, se

entregarían a sus obsesiones y manías con la misma o redoblada eficacia

compulsiva y la olvidarían sin lamentación alguna. ¿Cómo sería, se preguntaba a

diario, el universo cuando uno se convierte en un mandril traumado en medio de la

sala y puede observar el deambular errático de la propia familia? La única gracia

que le encontraba a la situación, era que siendo los monos como son, tan

enfáticamente sexuales,podría incluso realizar actos obscenos en medio de la sala

del hogar sin esperar ningún tipo de acto de incomprensión, como un castigo, por

ejemplo.

El caso es que, llegada la noche del cambio de siglo, Solvia bebió su champagne y

acto seguido, mientras la familia intercambiaba besitos y abrazos por aquí y por

allá, deseándose lo mejor para el año entrante, ella comenzó a sentir las primeras

contracción retractiles de su reversión inevitable a mono. Su cuerpo comenzó a

crujir escandalosamente, sus brazos se retrajeron, su espalda se curvó, sus ojos

retrocedieron de la línea nasal, algunos centímetros hacia atrás y su nariz

repentinamente expandida y su mandíbula avanzaron como un balcón o como la

proa de un barco. Todo su cráneo sintió un tirón masivo del cuero cabelludo hacia

atrás, en busca de las cervicales y de pronto vio el suelo muy próximo y sus


manitas envueltas en vello color beige. Entonces sintió un miedo atroz,

miedo a que su padre le pisara una patita, a que su madre la levantara de un brazo

y la encadenara, a que su hermano le pinchara el culo con una aguja, un mundo de

temores se desató en su conciencia y ocupó todo el campo de sus posibles

pensamientos. Escuchó que le llamaban “Solvia” y pudo comprender que la familia

se sentía orgullosa de ella y que le alentaban a realizar actos de tipo simiesco pero

con marcada similitud humana y notó que eran especialmente festejados algunos

gestos o actitudes o tics si los circunstantes comprendían que aquello se parecía a

un gesto, actitud o tic propio de la familia en cuestión.

Solvia, entonces, venció todos sus temores y subiéndose a una mesa comenzó a

ejecutar una zarabanda de actos y bailoteos que hicieron las delicias familiares en

la noche de fin de siglo.

A la mañana siguiente, pasados los momentos iniciales del euforizante cambio, se

sintió deprimida y su mente de mono no pudo comprender por qué, simplemente

se limitó a tumbarse sin mayor interés en las figuras de colores que colgaban del

techo en torno a una lámpara y sin interesarse tampoco por el brillante

empapelado de una pared bastante psicodélica que había en su habitación de

mona triste. Cuando sintió la primera punzada de hambre se agitó por la

habitación, dio dos o tres vueltas sobre sí misma, hizo la mímica

atrabiliaria y genéticamente memorizada de despiojarse, luego chilló un poco,

como solicitando la llegada de alguien, luego empezó a hacer movimientos

rítmicos con la cintura y a aplaudir con sus velludas manitas. Sus ojos de mona

loca miraban a un lado y otro, inquietos ante la aparición posible de algún

habitante de la casa. Pronto comenzó a ponerse histérica y en ese momento fue

cuando la memoria de atormentado paciente psicoanalítico comenzó a dibujarse

en los diversos surcos de su pequeño cerebro. Se mordió las uñas, sus ojos se

volvieron sombrío y su mirada ojerosa y llena de ansiedad, aplaudió un poco

más,salto otro tanto, ahora con un sombrío carácter maniaco. Cogió un objeto,

vaya a saberse qué era, y lo arrojó al suelo. Alguien apareció. Solvia temió un

castigo, se pegó a la pared, de memoria se cubrió los ojos con los bracitos, de

memoria miró angustiada a un lado y otro. Se dió la vuelta y ofreció el culito, como

un premio compensación que brindara al eventual atacante. Chilló y al hacerlo se

sintió totalmente un simio. Su transformación ahora era completa, pero ella no lo

sabía, porque ahora no tenía pasado. Sólo presente, y en ese presente era la mona

Solvia que vivía en una familia que amaba las mascotas y las cuidaba. A veces, a

pesar de los cuidados que le brindaban, ella se cubría el rostro igualmente, como

si fuera a recibir un castigo y no una caricia. Y este gesto, a la familia parecía

enternecerlos, pero esto Solvia no podía verlo.

En los días sucesivos, la familia fue haciendo cambios en la habitación donde se

encontraba la monita. Comenzó a quitar los muebles y los objetos de una chica

que al parecer había vivido allí y de quien no hablaban. Ellos iban quitando

objetos, desmontando muebles y dando paso a una suerte de trastero y al mismo

tiempo gran sala de juegos y dormitorio para la monita. Cuando no hacían nada en


aquella sala, se los podía ver abajo, en la gran sala mirando la televisión o en la

cocina comiendo.

Aparte de eso, a veces se subían a una balanza para averiguar su peso y le tiraban

un besito a Solvia. Cuando lo hacían, ella se protegía, pensando que le iban a

arrojar algún objeto que le causaría un gran daño. Luego se tranquilizaba al ver

que nada de eso pasaba, pero no podía evitar estos movimientos arcaicos

grabados en su cerebro.

No podía evitarlos de ninguna manera, ni siquiera cuando pasaban delante de ella

y con gran cariño le preguntaban “¿Qué es lo que quiere mi monita preciosa?”

Nada podía arrancarla de su circuito mental férreamente establecido, ni siquiera el

sabor del champagne que un día volvió a probar debido a que el dueño de casa

dejó una copa volcada en una mesa de la cocina. Últimamente bebía mucho aquel

señor y tenía pensamientos obsesivos y repetía frases oídas en sueños que le

anunciaban un gran cambio para el año siguiente, pero todas sus palabras y

gestos dejaban igual a Solvia porque con su mente de mona no alcanzaba a

comprender estas cosas complejas de los miembros de aquella familia.

De El Cucaracho y otros relatos


Colombia

Ana Lucía Montoya Rendón

ENSUEÑO II

De nuevo estaba parada al lado de la ventana de mi cuarto. La cabeza recostada en

el marco. No estaba el pequeño colibrí chupando flores de heliconias. Desde allí

divisaba el muro del patio trasero de mi casa y los techos del vecindario. A lo lejos,

por encima de esas tapias veía las copas de las ceibas veteranas, hospederas de

gavilanes citadinos que anunciaban la hora de su desayuno. Como respuesta se

oyó un coloquio de cucaracheros, gorriones y azulejos, que sufrían con los

anuncios del peligroso vecino.

De pronto se apagaron los colores y los sonidos. Desaparecieron el muro gris, los

viejos tejados vecinos y las copas color de esperanza de las ceibas. Todo se

convirtió en espacio infinito. Empecé a escuchar una música que estaba dentro y

fuera de mí. Ella, la música, desde algún lugar no determinado, halaba los colores

primarios hasta un centro que lo abarcaba todo. En ese instante era música y

color, era espacio y tiempo. Los colores comenzaron a danzar coreografías

parecidas a líneas curvas, quebradas y rectas; danzaron figuras geométricas y

figuras de flores de bellos colores, se entrelazaban y copulaban, se amaban y, en

este cortejo, se gestó y nació un arco tricolor.

El recién nacido también danzó y cantó. Como bandera ondeaba hacia los lados

que el viento a capricho lo moviera. De algún lado se oyó una voz que dijo: —

¡Ahora!— y todo se estremeció. En medio de

ese escenario apareció una boca-ojo, que parpadeaba y jadeaba con ritmo de

parto. Del lacrimal lentamente fue saliendo un hermoso cuerpo de hombre

desnudo. Quedó tendido por un momento, la música y el canto se metieron en él y

también fue uno con ellos. Se desperezó graciosamente, miró a su alrededor y


sonrió con ternura. Como si una fuerza lo impulsara, se irguió hambriento y se

dirigió hacia mí, me enlazó y buscó mis ojos y mi boca. Se apartaba y volvía a mí.

Sus manos, como viajeros errantes, recorrieron todo mi cuerpo. Se desencajó.

Pensé que moriría ahí mismo, a mis pies. Quería morir con él. Acababa de nacer y

no soportaría su muerte. Quiso sentir de una vez todo, era como apurando un

último sorbo. Todo lo quiso probar en un solo instante. No había rienda que lo

gobernara. Ah, pero cuando recuperó algo de sus fuerzas, empezó a cantar como

los dioses y en su canto dijo:

"... Volaré contigo hasta una roca de Nayarit y allí en la cumbre con el mar como

testigo, posaré mi boca en tu boca y mi lengua succionará tus palabras y

degustará tu voz. Hurgaré en tu interior, saborearé tus ideas, recuerdos e

inspiración…"


SINFONÍA LÍQUIDA

Beoda de dicha,

insaciable,

trastabilla entre columnas;

rojo el tono de la seda,

suave el tono de su voz.

¿Dónde la fórmula que permita a las espaldas

dejarse acariciar sin recato hasta sus límites?

Oh, tierra, la recibes en tus brazos mientras gime.

Rebaño de nubes va por su grito sobre el río.

Ablandada piedra a fuerza de galopes,

grupa de acordes líquidos,

allegros convexos sobre pétalos,

relatan gestas sus sinfónicos dedos.

Agua,

amorosa la arrullas

mientras yace perdida entre velos

esperando que alguna bandera ondee libertad.


E.E.U.U

Jorge E. Rueda

EL UNIVERSITARIO

El diagnóstico del médico forense, homicidio, múltiples heridas de bala le

causaron la muerte. Estupor causó la noticia, confrontadas sus huellas

dactiloscópicas, el cadáver correspondía a un hombre de nombre Miguel, uno de

los mejores estudiantes universitarios del país, becado por una de las más

prestigiosas universidades, en próximos meses recibiría su grado como

profesional en medicina. Su cuerpo fue encontrado sin vida por agricultores en

una pequeña parcela con siembra de tomates, localizada en la villa de San

Fernando, distante a dos horas del centro de la ciudad donde él residía.

Miguel era el segundo de 5 hermanos, tres hombres y dos mujeres. Hogar humilde,

su padre, campesino, trabajador de la tierra. El mayor de los hermanos, antes que

el estudio, prefirió seguir labrando su mediana parcela, el tercero continúa su

instrucción académica de bachillerato en la escuela pública del pueblo, las

hermanas, internas con las hermanas capuchinas.

Su compañero de habitación en el campus de la universidad de nombre Eduardo,

le observaba muy extraño por las últimas tres semanas, callado, con cara de

preocupado, hasta lo notó más delgado; se irritaba fácilmente, sobre todo en horas

de la noche después que recibía una llamada telefónica, la cual, pensaba Eduardo

sería de alguna mujer sin nombre, Miguel siempre fue muy reservado con su vida

privada, nunca se le vió o mencionó tener una relación femenina. Mientras el

detective hacía las últimas preguntas, la propiedad de Miguel era colocada en unas

grandes cajas blancas rotuladas en grandes letras negras en las que se leía dos

palabras: Policía – Homicidios.

A su corta edad, 26 anos, relativo éxito, es lo que pudieron observar los detectives

que se encargaron del caso.

Médico en residencia, carro de marca Alemana último modelo, costoso reloj,

anillos y cadenas en oro pesado de 18 quilates, la ropa que vestía, de marcas


importadas; su ordenador y celulares (dos), de última tecnología y de marcas

famosas, costosas.

En la comisaría, en una de las cajas de cartón con las pertenencias de Miguel,

encontraron una de metal cuadrada y pesada, de seguridad, la cual para abrirla

hubo que violentarla; la sorpresa fue mayúscula, dos relojes Rolex de oro, 95000

dólares en efectivo, dos kilos de cocaína y un cuaderno de notas con nombres de

personas, números telefónicos y cifras de uno y dos dígitos al frente de cada

nombre, dos columnas, con subtítulos de CANTIDAD y DEBE, parecía

corresponder a lo que imaginaban los detectives eran de las últimas entregas que

habría hecho por esos días; también encontraron títulos de una hacienda que

Miguel había comprado tres semanas antes de su muerte a un conocido

empresario.

El jefe de detectives, completó la nota del médico forense para su inmediato

superior:

Homicidio agravado

Posible motivo: Narcotráfico, Ajuste de cuentas.


AUSENCIA

Tu iglesia ya no es mi lugar,

Lucifer es testigo de mi agonía, de mí mirar,

de mi irremediable muerte en tu pensar,

como tú, se burla de mí,

de mi candidez y humildad.

He muerto para ti,

con camándulas y avemarías de hipocresía,

otros rezan en tu altar.

incinerarás mi alma,

Y un día llorarás mi ausencia…


Honduras

Elvin Munguia

Capítulo IV

La chica que se cambió de nombre

Voy a causar una devastación tal, que habrán preferido matarme, sacarme las

entrañas, jugar con ellas, devorarlas, hacerse una fogata. Debieron haberme

asesinado, debieron haberlo hecho de la forma más sádica jamás imaginada.

¡Tontos! Mi venganza será a una escala, que los ríos se tornarán caudales de

fuego y los lagos remansos de llamas infernales.- Lo demás fue ininteligible. Tal

vez maldijo un par de veces, luego lanzó un grito que no salió más allá de la

cajuela del TOYOTA Corola año 2000, enterrado en una fosa la cual, no por

casualidad, había sido cavada con varios metros de profundidad; como para dejar

bien en claro la intención, como para que el desaparecimiento fuese total y dejar

por demostrado que no se quería huella alguna, para dejar en nítida conjetura que

ni siquiera el vehículo debía existir.

La chica atada por la espalda se movió un poco, se retorció más.

La sangre ya no le llegaba a los brazos y el oxigeno se le volvía escaso; se le

estaba transformando el oxigeno en algo más parecido a la muerte que a la vida.

Aunque ella sabía, que no existe una explicación definida para eso de: si respiro

estoy viva, cuando es igual a estar muerta. Quizá no bien muerta, pero en este

caso, si bien enterrada.

Recordó la plática que sostuvo con el joven a quien por cariño, no quiso volver a

ver después de tantas, riquísimas noches; noches en las que, le bajó las estrellas

una por una y muy despacio. ¡Cómo extrañaba ahorita!, en sus pies, esos labios

que le masajeaban y le liberaban del estrés que le ocasionaban sandalias y

zapatos.

No quería que ese chico fuera lastimado, no quería que por su causa tuviera que


atravesar riesgos extremos, momentos desagradables.

Lo consideró demasiado especial, su alma gemela, su chaman, su guía espiritual,

lo único bueno, su pequeño dios, su Rergo.

Ella deseó que la hubiesen asesinado de manera realmente cruel, al menos sería

una forma decente de morir.

Deliró un poco, desvarió más. Pensó que morir así no tenía nada de épico. No era

una venganza honorable, tampoco una tortura digna. ¡Qué bueno que no era

claustrofóbica, de lo contrario, sería un tormento!

¡Qué humillación! hubiese sido mejor, sentir las repetidas estocadas de uno o

varios puñales; el avasallamiento de cuantiosas esquirlas en la fragilidad de su

carne. El veneno de una inyección letal. La violencia de un vehículo desplazándose

a tantos kilómetros como para no dejar órgano formado, como para no dejar hueso

entero, como para desintegrarle, como para enviarle al polvo, hecha polvo.

Morir así, de esta forma en la cual se encontraba, limitaba el heroísmo y se dejaba

a la muerte en una posición desagradable, en una aburrida y penosa situación de

espera.

Nunca ha esperado la muerte por un cadáver. Por lo general vienen espontáneos a

buscar el lugar que les corresponde. Vienen presurosos, impacientes,

irasciblemente impacientes los cadáveres.

Por ahora, no le quedaba más a la muerte, que sentarse al lado del camino a

esperar el hermoso cadáver, que ahora forcejeaba, sudoroso, obsesivo, y

maldiciendo impotente todo y a todos.

Una bala hubiese bastado, pero quien quiere una bala para matar el alma, para

desintegrar, para someter, quebrantar el espíritu.

Lo menos que sentía María Danissa, era terror. Aunque esa era la pretensión de

quien se tomaba tantas molestias, indudablemente, eso era lo que el tipo o tipa

esperaba que ella sintiera en su muerte; en esa muerte no mal pensada, sino muy

bien pensada. Alguien quería causarle varios grados de horror, provocarle tanto,

tanto horror, que el séptimo infierno, le pareciera un paseo, un alegre picnic, un

apacible lugar de descanso.

Pero es igual, quién quiere alocarse con un arma, quién quiere el aburrimiento de

andar disparando desaforadamente, quién necesita del público, para disfrutar del


delicioso placer que produce el homicidio, la tortura o la venganza.

No hay estimulante. No hay nada parecido a la brutalidad de un plan bien

diseñado para desaparecer aquello que no debió existir jamás, que no debió

aparecerse nunca, que no debió ser testigo casual, que no debió estar en el

momento, en ningún momento, que no tenía porque abusar de la suerte, del azar.

Pero siempre es así, todo lugar y todo momento siempre son los equivocados, los

que: ¡Qué rayos, no debí estar aquí!

Gritó nuevamente la chica, pero, como la otra vez, fue sólo una leve vibración. Fue

sólo un susurro atrapado. “Esta no es que digamos, una buena posición”, caviló,

María Danissa, al mismo tiempo, sonrío: Rergo, se le escapó de los labios. Parecía

estarse quedando sin aire, sin vida. Volvió a divagar, a retorcerse, a gemir, a

patalear, a maldecir aquel lugar que habían elegido, para que ella tuviese su último

sueño, si es que lo que realmente querían era su muerte. Tenía quizá: dos días, dos

noches de estar allí, a duras penas se filtraba por una lumbrera, una insignificante

lucecilla. La cajuela era realmente incomoda. Cuando llegó inconsciente, no supo,

cómo ni quién la llevó allí. Despertó justo cuando la metían en el porta equipaje.

Luego, alguien ordenaba: “Pongan bien las tablas y traten de regar bien la tierra.

Raúl, cubre bien todo, que no se vea nada” Una diminuta hendidura quedaba.

Quien fuera, quien haya hecho esto, iba a sufrir de tal modo que pedirá de

inmediato la extremaunción.

Antes de siquiera pensar en una venganza, pensó primero en una herramienta más

útil para ese estólido momento.

Comenzó pensando en un martillo, luego una sierra; una escopeta le pareció

suficiente, desde muy niña comenzó a usarlas y podía destrozar lo que fuera, a

regular distancia.

La idea de un cigarrillo, también le vino. Sonrió como si una de las ideas más

geniales le explosionara en la cabeza, pero no había cerilla, y de haber tenido una,

no hubiese sido distinto. “Bueno, -farfulló- es mejor no adelantarse, apaciguar las

ganas, calmarse toda.”

-Espere un poco- gritó Rergo, pero ella no le escuchó, y se dio a cantar una

canción que no tenía que ver con el ambiente. Pero en ese momento para ella, era

la mejor canción, La más hermosa del mundo.

Pensó en Australia, pero no fue tanta la algarabía y siguió con su canción

rítmicamente anesteciante. Comenzó a bajar escalón aquí, escalón allá, hasta que

sus pies tocaron el andén, al instante, se desplazó parsimoniosa y distraída, cruzó


la calle hasta quedar casualmente en la entrada del callejón del conventual menor

de las magdalas.

A cualquiera podía, a un al mas valiente, causarle un poco de aversión; terribles

dudas sobre andar por allí, en tremenda oscuridad y a esas horas, no es que fuese

peligroso, sin embargo últimamente decían los noticieros, una pandilla merodeaba

esa zona, que varios cuerpos sin vida se habían encontrado y todos eran de

mujeres.

Salir de un lugar seguro para exponerse de esa forma ingenuidad o tontería. Ella

no se daba cuenta o era ridículamente valiente, o exageradamente confiada.

Todo se volvió confuso, una explosión sonó en la lejanía del atardecer.

Pensó también María Danissa en las chicas que estaban en la cafetería.

No parecían parientes o amigas, parecían más bien un par de novias,

obsesionadas una con la otra.

Desde que llegaron, se dedicaron a fotografiarse. Danissa las idealizó muy guapas.

Se asombró un poco de sí misma. Temió estar teniendo preferencias lésbicas,

cosa, que era de duda. Pero las chicas le parecían tan alegres, tan urbanas, tan

llenas de una saludable felicidad.

Se recostaba una sobre la otra grácil y espontanea. Se miraban a los ojos,

sonreían, se acariciaban los brazos, se tomaban de las manos y cuchicheaban

entre ellas.

Esto las hacía inquietantemente sensuales. Allí fue cuando comenzó a cantar la

lírica de: “Don't cha”, de las Pussycat dolls.

Trataba Rergo de entenderla, pero ella era única. Un ser fuera de toda lógica

humana, y de toda concepción celestial. “Es igual -pensó Rergo- a aquella vez,

cuando sin vacilar se detuvo en frente del portal de Coffe and Kake, en la esquina

donde los vientos se cruzan, y su pelo se remolineara, para después, entrar con

todo su elegancia al lugar, y pedirse dos enormes donas de doble chocolate,

acompañadas de café con leche. Tal vez si, si haya cambiado un poco, ahora es

más hermosa, más divina”. Rergo no se fijó en las chicas; ella sí.

Maria Danissa las observó muy bien. Una de las chicas traía el cabello peinado con

partido en medio, suelto y sobre las clavículas. Vestía pantalón de mezclilla azul

eléctrico, a la cadera, marca FascinoPerverso de Liny Landony. Lo combinaba con

zapatos de tacón Ladiola y blusa de algodón blanco, con rayas horizontales tipo


cebra Hot Tropic, poseía admirable sonrisa, largas pestañas y mirada asiática.

La otra, era un poco más alta, con el pelo lacio y de flequillo. Con una generosa y

deslumbrante sonrisa. Vestía unos pequeñísimos pantaloncillos rosa de Antonio

Francinho, los cuales, le permitían presumir sus hermosas piernas; jóvenes,

esbeltas y bien formadas. Combinaba todo su atuendo con sandalias altas

Antonio Francinho, de igual color al que trían los cortos. Una camisa beige

abotonada a la altura de los pechos y una blusa amarilla por dentro en forma de

top de Gina Melissa. Un fajón le rodeaba la cintura, provocando así dos efectos:

por un lado pronunciarle el trasero, y por otro, hacerle ver más favorecido el busto.

Pero aún, con toda su feminidad inclinaban sus cabezas, sonreían y una nueva

foto se hacía descubrir, con cada destello del flash que emitía la cámara digital de

12 mega píxeles, Sony S200 de Cyber shot. Eran toda una sensación, suma infinita

de alegorías, un verdadero acrecimiento de emociones. Tomaron licuado de

papaya en vaso grande, y siguieron divirtiéndose.

Cualquiera podría juzgar que ningún pensamiento es tan exageradamente atrevido

o tan impúdico como este de: “Me encantaría estar con ellas y avivarme un poco

en esa contagiosa felicidad.” Quizá, eso le hizo salir del restaurante cantando a

viva voz: “Dont cha wish your girlfriend was hot like me, Dont cha wish your

girlfriend was a freak like me …” Rergo, continuaba sin poner atención en las

chicas. Aunque ellas se reían y le dirigían miradas coquetas, flirteantes.

En la cajuela del TOYOTA Corola año 2000, la chica seguía esperando lo que fuera

para salir de allí, un milagro, un patético milagro que le sacara como nunca, un

milagro que fuera algo así, como quien dice: Hágase la luz, y la luz de pronto se

proyectara, alumbrara tal, o más que un gran bombillo de muchos watt al cual

ningún ojo acostumbrado a la oscuridad o a la noche, dejara siquiera de

maravillarse por tanta brillantez, o le provocara aunque fuese temporal, una

segura, una inevitable ceguera.

Después que María Danissa, bajara escalón por escalón, despaciosa, cantando y

sin lograr escuchar lo que Rergo gritaba. Caminó balanceándose sobre sus

tacones, hipnotizada hacia donde los truenos se multiplicaban.

Era para este momento algo natural que truenos y estallidos de artificios, se


dejaran escuchar por todas partes. Fecha de celebración y regocijo, destellos de

luces multicromas en el cielo. Era la costumbre de la ciudadela, costumbre

heredada del pasado, de tantos años y años celebrando cada día de santo o

virgen, y de puro recuerdo, hacer suspirar a las chicas de antaño en las aceras, o

en los balcones.

Cuando Danissa era sólo una niña, los arrabales eran cosa de diversión. Hombres

y mujeres se amontonaban en los bares. Se conjugaban en un baile de sensualidad

y violencia. Cuando esto era cierto, la libertad estaba más allá de la siniestra idea

de ser libres, porque aunque presos todos de aquellos lugares, eran tan libres

como un quijote, eran tan locos como un sancho. Se debe estar más loco que el

otro, para creerse de promesas, de promesas provenientes de chifladuras

sometidas a estrictas utopías.

En aquellos días, cuando cualquier canción era un sueño, pero también una

vivencia. Cuando la vida era un trozo de pino convertida en una banca a la orilla

del camino, y en las paradas del autobús, o en las estaciones de tren, los hombres

y mujeres esperaban sentados, con un sombrero entre las manos, o una canción

que bajo la lluvia se convertía en la tonada de un Raindrops keep falling on mi

head. Se sentía viva y liberada cualquier alma.

En esos días, los hombres, respetuosos se paraban, cedían los asientos;

caballerosos y orgullosos esbozaban una sonrisa y de nuevo, allí de pie, volvían a

la maduración de sus pensamientos. Evitaban, o disimulaban muy bien, verle el

trasero a las jovencitas que bajaban con sus cortas, con sus diminutas faldas de

colegio, porque eso era falta de respeto y el morbo, no era parte del ocio sino algo

desconocido e infructuoso. Pero eso era un mundo de moral, un mundo de

patriotas, que llamaban a la vida por su nombre, y la muerte, no llegaba más que

en el tren de las cinco, para llevarse a una abuela que nunca era encontrada; una

abuela que por pasársela de aquí para allá y de allá para cualquier lado, envejecía

en los huertos, y mantenían sus pasos, el palpito alegre del camino.

La ocupación era algo que se entendían vital, y no había tiempo para morirse, no

había tiempo para dar ofertas a la muerte. Sólo había tiempo para cantar al sueño,

para alabar la vida.

Esa era otra época más comunista, menos aborazada. Después, mucho después,

fue cuando todos vinieron con sus posturas infernales, y gritaron que era mejor

buscar la muerte. Enviarle lo necesario para consumar un buen negocio. Porque el

asesinato siempre ha sido un negocio bueno, y prospero.

Por eso es que ahora, en estos convulsos tiempos, en estos capitalistas,

modernos y democráticos tiempos, es más fácil conseguir una AK-47, barata y con


muchas municiones, que uvas para un buen vino.

Nunca hubo suficiente amor en aquella época donde las mañanas olían a

mañanas, en donde las noches eran por la luna y las estrellas. La constelación del

cisne siempre estaba al sur, porque ese era su lugar; no como ahora, siempre tan

oscuro y lleno de callejones en donde la muerte se fuma un cigarro, y se cansa de

cargarse a tantos.

Cuando Danissa Alvahes, sólo tenía doce, el sonido era apacible, era el canto

amotinado de pájaros que eferveceaban por los rincones de verdes parques.

Las personas no cantaban canciones tontas de amor, pero el amor flotaba por

todos lados como esporas, como chilindrinas esporas llenas de corazones

cubiertos de chocolate.

Era un bello retrato familiar obedeciendo ese mandato. Cada persona lo repetía

como una promesa, como una verde promesa mezclada con la vida grandiosa, con

la imperfecta vida que rara vez se ponía furibunda y gruñona, pocas blasfemias se

dejaban escuchar en público.

Danissa entonó nuevamente su canción y en un: “No me di cuenta” Estaba frente a

un grupo de tipos que se regocijaban con el intempestivo bacanal de la muerte.

Instintivamente el Puertorriqueño se enteró de de su presencia, le vio. Los otros

seguían como chacales, como llenas hambrientas, buitres alimentándose de

carroña.

Nadie pudo ver cuando se le vino al Puertoriqueño, en racimos la siniestra

posibilidad de una nueva orgía, de un nuevo seductor momento de sadismo. Todo

fue un estallido de ascuas, de: ¿A qué horas comenzamos? Pero luego, es siempre

tarde.

Danissa recordó que sólo hace unos años, ninguna mirada era siniestra, ninguna

mirada tenía ese halo de tenebrosidad, recordó que los rostros eran suaves y a

veces temerosos, no contenían el poder de la bestialidad, ni era todo un ensayo

del infierno.

El hades abrió sus puertas, puso en oferta todo un repertorio de simbolismos, todo

un fardo de ofrecimientos, los cuales, sin restricción, implicaban y concluían en

homicidio, en crimen, en el deguste de dulzosa sangre femenil.

El tipo se acercó, traía en sus manos algo que relucía, algo que con el menor

contacto de la penosa luz que lograba infiltraba, en la hosca calleja, resplandecía.


Los grandes ojos oscuros de Danissa se llenaron de la forma del objeto; no se

asustó, es más, indubitable, parecía que esto es lo que ella buscaba, parecía que

esto era lo que desde algunos meses perseguía. Había estado soñando con

personas muertas. Había soñado con chinito. Muerto a manos de su sobrino.

Chinito había cuidado del chico y hoy, este le arrebataba la vida en su cama.

Danissa estuvo soñando con chinito, pero en ese sueño estaba tan bien, estaba

tan vivo que podían hablar y decir: “¿Ajá amigo qué haciendo?” Mientras chinito

serio, sentado en el asiento de al lado, no dijera más que: Estoy en esto o de plano

en aquello.

Australia, le vino al mismo tiempo, le vino a la mente como un bum. Quiso estar en

Sídney, pero la realidad de la media luz y los destellos de la hoja definitivamente le

devolvieron al ahora a: “Tu muerte está cerca; por venir; no te desesperes ahora

llega”.

Se dio por enterada que no debía ponerse en ninguna resistencia, que era mejor

someterse a lo que fuera, había corrido, había huido antes de la muerte, pero

siempre había estado atada a ella. Desde ese primer pulso que la vida le diera,

había estado en plena sintonía, a veces se puso frenética, buscando un poco de:

“Lo intento y no me sale”. Por eso, desde hacía tanto, se dedicó por entero a

practicar lo más extremo. Arriesgó desde muy niña el bienestar, era una especie de

princesa del caos. Una variedad particular de rebeldía con mucha causa. Nada era

tan extremo como ella. Pero también, era eso de lo que los hombres se

enamoraban: glamurosa, risueña, con una particular inteligencia, con una siniestra

y picara actitud urbana. Igual, era ángel y diablo. Su pose de inocencia se

conjugaba con su actitud desalmada, de chica ultra poderosa, de chica fatal.

Para no estar en desventaja, recordó inevitablemente lo que su padre le dijo aquel

día: “Hija, usted es como su padre y como su tía. Es fuerte y poderosa, tenga

presente que nosotros jamás, por nada del mundo o del cielo nos doblegamos,

jamás nadie nos dice nada, nosotros somos Alvahes Rotheiro, tenga siempre en

cuenta eso…”

Alguna vez, o repetidas veces se preguntó, sobre la cantidad de armas que debía

de existir para hacer al mundo un lugar de paz y mejor, o por lo menos, un

inmenso jardín de descanso eterno. Concluyó que muy pocas. Pero igual, sería

injusto dejar de fomentar la creatividad humana. Que la destrucción masiva de la

humanidad era una forma de vida; una actitud, aún más humana. No se debía

limitar la capacidad imaginativa del hombre para la auto destrucción del planeta y

del universo. Aunque disentía en que la mujer fuese parte esto, y que haya sido


demasiado inútil la mujer para romper el ciclo de la naturaleza, de esa natural

virulencia que poseen los humanos, que debía ser un derecho inalienable de la

mujer, acabar con la tendencia destructiva del hombre.

Las repercusiones se incrementan cuando las acciones se calculan por más de

una.

El puñal nuevamente brilló en las pupilas absortas de Danissa. Morir es sólo un

paso más. En principio, es allí donde el proceso comienza, es en ese memento

donde se da la verdadera concepción, es en ese instante en el cual, el

espermatozoide se dispara y nada lo detiene, nada, sólo la membrana ovular que

no deja más, que una nimia oportunidad para que viva. Pero todo es así, como es.

Qué diferencia hay entre un cadáver que respira y entre uno que no lo hace; todo

es mera posición, todo se supedita al punto de vista del espectador; motivos

diferentes; reacciones distintas; el fin, es el mismo. Una estrella fugaz distrajo a

Danissa, pero no pidió deseo. Cuántas estrellas fugaces habían recibido solicitud

de deseos, solicitudes que no fueron parte de la conspiración universal para

ocurrir en polo opuesto a la negativa de la adversidad.

Danissa siempre supo que la realidad, es una obscena burla que se estrella a

velocidades luz, en la ingenua cara de la esperanza. Es un barbarismo de: ¡oh dios

no es cierto!

Danissa se sintió augusta, no sintió miedo, la muerte le había huido toda su vida,

se sintió liviana, se sintió en calma, nada había en sus entrañas, hoy no estaban

hechas un nudo, como cuando esperaba la hora de una cita, o la llamada de Rergo.

Hoy, el abdomen estaba tranquilo, plácido, laxo, en total relax; tampoco se

amontonaban las vísceras en el esófago o la garganta. Además, había conocido a

Rergo, había platicado con un ser más allá de sus ideas, había sentido lo que se

siente cuando alguien escucha, cuando alguien te entiende, había experimentado

la alegría y la felicidad. Sonrió para Rergo y susurró: “Te amo”. Volvió a pensar en

su padre, volvió a verlo en su pensamiento y sintió ese beso de despedida, ese

beso que no volvería. Odiaba las armas y odiaba los negocios de su padre. Esos

se lo habían quitado, esos nunca se lo devolvieron, aunque la tía insistiera en que

ella debía tomar ahora las riendas de todo, dirigir las empresas. Había escapado,

había preferido irse lejos, ocultarse de todo, retirarse a su casa en la playa.

El tipo de uno ochenta, se acercó al uno sesenta de la esbelta Danissa y la miró

como quien ve una chuleta, como quien ve la primera comida en tres días. Danissa

no era la cena, Danissa era el postre, el café y la manzana, era la gula.


- Eres linda chica, no creo que este sea un buen momento para

conocerte, amor, debiste haber doblado en la esquina equivocada. - Danissa

sonrió con una ingenuidad extrema, naturaleza suya.-

- No. -dijo-, no me he equivocado, ves la camioneta que esta allá, -Señaló

el TOYOTA LANDCRUISER 2005 negro, para más descripción; había sido el

favorito de su padre-, es mío, vengo a sacar algo de allí.

- Tienes un carro muy bonito, corre chica, corre. Diviértenos un poco. El

último festín no ha sido nada inspirador y tú pareces todo un banquete.

Danissa entre abrió los labios, fascinada por el reluciente puñal, por la destellante

hoja, sintió la tentación, sintió una absurda gana de tocar un poco el filo,

acariciarlo, jugar con él. El tipo se detuvo, no podía percibir en ella ni una remota

partícula de miedo, no existía en ella lo que llaman instinto de supervivencia, no

había temor, sólo una sobreexcitada mirada, sólo unos ojos absortos y unas

manos que se extendían tímidas hacia la hoja del puñal. La muerte la llamaba

desde los intestinos. Sin embargo, Danissa jamás había tenido la oportunidad,

nunca la muerte había dicho, “aquí estoy, me buscabas”, ahora bastaba con un

simple acercamiento, con quedarse allí, pero algo le explotó, algo detonó su

imaginación. Se vio con el metal en su abdomen una y otra vez, una y dos veces

más, una y sesenta veces, una y toda su sangre escurriéndose por el sucio y

oscuro callejón, desplazándose lenta hacia el drenaje. Tan listo todo. Una sonrisa

nada más, un: ¡Qué bueno, ya se nos hacía tarde!

- Te gusta mi arma nena? la quieres, quieres morir un poco, prometo que

no sufrirás, sólo lo suficiente. Quieres corre ahora.

Danissa, permaneció como estaba, inalterable, inmutable como el aroma de las

flores, ingrávida como el pensamiento azul de los jueves, como dientes de león

flotantes.

El único tipo que le había visto de los once que se deleitaban y eufóricos se

carcajeaban con los trozos de un cuerpo inerte, fresco aun, continuaba

acercándose como en acecho, el rostro del tipo no se distinguía lo único que

Danissa podía ver era el reluciente cuchillo, la calva del tipo le atrajo también,

fulguraba, apenas, una pelirroja y escasa barba, un mohín siniestro, una simple


mueca de: “lo voy a disfrutar”. Qué tan malo podía ser, ciertamente, Danissa no se

iba a entretener en aburridos detalles. Le dijo con la autoridad que tienen las

personas familiarizadas con la seguridad de la muerte:

— Voy a mi coche, sigue en lo que estás, y no te vas a meter en problemas.

-El tipo se carcajeó, el Puertorriqueño, hizo unos gestos y en tono agresivo-.

— ¡¿En serio?! te burlas…

— No. Jamás, -Respondió Danissa con notoria sorna, mientras sin

esfuerzo inhalaba el oxigeno que se dejaba atrapar dócil, manso, y con toda

la calma de la sensual dureza de su voz agregara - Es tu vida y la de tus

amigos la que corre peligro, no la mía.

El tipo se enfureció y justo cuando se acercaba a Danissa, un carro encendió las

luces, casi de inmediato, las puertas se abrieron violentamente, en segundos

estaban allí cuatro tipos con fulgurantes Kalashnikovas, los chicos que estaban

buscando en los pantalones del cadáver, fueron acribillados, perforados por las

esquirlas del alto calibre, cada parte de sus cuerpos se desprendía, saltaban

trozos de carne, aspergía la sangre sin dirección alguna, María Danissa Alvahes

Rotheiro, la niña, la hija de papi, la deseosa de morir, la que algún día sólo por

capricho comprara todo un concurso de belleza tan sólo para decir irónica - paz

mundial -, ella, ella era la muerte.

El tipo soltó el cuchillo, palideció, calló débil al piso, suplicándole que lo dejara

vivir, Danissa siguió mirando el cuchillo. “No dejes que me maten, chica, yo quiero

pedirte que me perdones”. Ella no dijo nada, se quedó quieta. Una nueva descarga

explosionó en el callejón, el viento curvado por las balas, movía las faldas de

manta blanca decorada estilo indú que esa noche lucía para sorprender a Rergo.

Porque a él, a Rergo le gustaba verla vestida así, “Me encanta verte con tu Falda

de Poeta” le decía dulce al oído y ella se sentía la chica más admirada del mundo y

del universo. El estruendo, las chispas, la sobrecarga de adrenalina, el regocijante

sonido de los casquillos cayendo, el plomo traspasando la carne del

Puertorriqueño. El tipo más malo, el tipo más buscado por Interpol y otros buros,

aniquilado frente a la bella Danissa. Se desanimó un poco, pudo evitarlo, ¿Acaso

era compasión este sentimiento?, pero eso estaba hecho, eso ya había concluido.

Los tipos buscaron como buenos guardianes, a Danissa con sus caras robustas y

sus miradas impávidas, esperando por lo menos una señal, una nueva indicación,

un silbido, cualquier signo de aprobación, pero ella estaba distraída, una finísima

gota de sangre había caído sobre la correa que ataba su sandalia celeste.

Se reanimó, y levantó el puñal que había caído a sus pies. La patrulla 3-0011 legó


casi de inmediato. Observaron la cantidad de casquillos y los tipos de las

metralletas, parecían estatuas de cera. No se movían, ni pestañaban siquiera.

Pusieron un nuevo cargador. Si la jefa ordenaba quebrarse unos policías, había

que hacerlo. López, el Clase I se bajó de la patrulla con revolver en mano, los

otros cinco policías prepararon sus armas y se protegieron detrás de la patrulla.

Los guardaespaldas de Danissa no se movían. Ella gritó su nombre, el clase

López casi se excreta en los pantalones. Es la protegida del Ministro, bajen sus

armas ayúdenla, los guardaespaldas volvieron al auto y desaparecieron.

Danissa entonó el estribillo nuevamente, abrió con mucha calma la portezuela del

vehículo. Pero antes de eso, el Clase López, le había limpiado con exagerado

servilismo, la gotita sanguinolenta de la correa del zapato. La daga del tipo,

Danissa la guardó en la guantera, la guardó bien. Encendió el carro, manejó un

poco, lo estacionó en la acera de enfrente a Cactus Bite, se maquilló, tomó un

libro, y entró nuevamente al restaurante coreando la misma canción que cantaba

cuando salió.

Se sentó junto a Rergo, habían pasado quince minutos más o menos.

*Fragmento de la novela La Absolución del Circulo de los Cuatro Jinetes de Elvin

Munguía publicada bajo el sello de Goblin Editores en 2010 y reimpresa en febrero

de 2011


España

Antonio Medina Guevara

Historias de un pueblo andaluz

Algunas páginas:

A Luisa le empezaron a crecer las caderas y su rostro resplandecía como los rayos

del sol.

Se convirtió de la noche a la mañana —o mejor dicho, del verano pasado a la

salida del invierno—, en una guapísima mujer.

Todos vieron extrañados como el volumen de su vientre crecía, y como su

amargura era regada con ríos de

lágrimas que salían sin cesar de sus jóvenes ojos. Escuché en conversación de

lavanderas, que la llevaron a

casa de la Rancia a que le sacara al diablo que le crecía en la barriga.

La Canija , después de exorcizar su vientre y de rociarlo con agua bendita que

robó de la pila de la iglesia,

dicen que encendió una vela y mandó a rezar a todos durante casi una hora.

Después de las muchas y muchas oraciones e imploraciones correspondientes,

les vaticinó que, aunque el diablo había salido por pies a otros sitios, lo que quedó

dentro saldría a los nueve meses, que fueran pensando en un nombre.

Y salió la familia de la casa, preguntándose como habría entrado aquello allí,

dentro del vientre de su hija.

María, la del cortijo de la Fuente Grande , que era mujer muy lúcida a pesar de

estar apartada de la sapiencia de la villa, recomendó a todos que lo vieran como un


milagro, y que recordaran al casi oficialmente santo de don Atanasio, que pasó a la

historia local como milagrero en reproducción humana.

Y es que, nuestra villa, aparte de muchos y variados intelectos, siempre ha sido

cuna de verdaderos religiosos; tanto en hombres, como en mujeres…, y también

en híbridos; como es el caso de sor Fernanda Fernández que

—después de más de dos siglos—, aún no sabemos a qué sexo pertenecía…

Ya, en mediados del siglo XVI, cuentan que aportamos varios de ellos a la

impagable misión de expandir la fe católica allende las Américas. Todos fueron

buenos predicadores a la vez magníficos artífices en gestas que, no solo

alimentaron las almas descarriadas de aquellos indios, sino que también fueron

partícipes muy activos en el desarrollo humano de tan noble misión. Uno de estos

personajes —que a pesar de su entrega y en injusticia, no pasaría a la historia—,

fue don Atanasio Hortal de Medina.

Don Atanasio, hombre de fe convencida y convincente, partió a la Nueva Granada

en un día de Mayo a la misión de San Jonás Mártir, en donde pronto se hizo querer

por los nativos, tanto por mostrar el camino cristiano a todos, como por ayudar a

los demás con sus conocimientos médicos.

Pero he allí, que sucedió un hecho, que después todos calificarían de divino:

En la medicatura de San Jonás Mártir, se formó el zaperoco del año un lunes:

cuando nació el primer hijo de Filomena Govea de Gonzáles, esposa india del

cacique local y de innegable belleza oscura; y sucedió algo, que cuando menos,

era muy extraño en aquel alumbramiento.

Y llegó el momento del parto…

En un pueblo, donde la negrura abunda como las piedras del río, y los ojos negros

son lo primero que se le ve a un muchacho recién nacido, el vástago de Filomena,

llegó al mundo blanco como la leche y con los ojos azul del cielo…

Título original: Historias de un pueblo andaluz

Editorial:

Pelícano (Miami - USA)

ISBN: 978-1-937482-19-0


1.(Fragmento de la obra )

NO MATÉIS AL GORRION

Otro día vino Marina. Con mi madre.

Me alegré mucho al verla. Ella es la mejor de mis .

Le agradecí mucho su visita, que venía de lejos; se lo dije, pero creo que no me

oyó.

Se quedó un buen rato llorando después de dejar un ramo de flores raras y

preciosas.

No dijo ni palabra.

Tenía la mirada de una mujer enamorada; le brillaban los ojos como dos luceros…,

y pensé nuevamente en el hombre que esté a su lado… ¡No sabe la suerte que

tiene…!

Se fue como había venido: Llorando.

¡Que bonita que es Marina…!

¡¿Y mi madre…?!

Mi madre tiene su cara igual a la de la madre de Isabel:

blanca y transparente.

¡Que pena de mi madre…!

Con su rostro que es el espejo del rostro de algunas madres.

Tiene la mirada húmeda de niebla, llena de lamentos…,

con una melancólica hermosura que es un retrato de sus pensamientos.

Sus cabellos siguen siendo negros y sedosos; unas canas,

blancas, como hebras de mármol y plata, ya empiezan a tintarlos.

Al verla, pienso que la tristeza es siempre de color blanco y que a ella ya le sale


por sus cabellos.

Su piel es pálida como el alabastro de las tumbas, pero rabiosamente bonita, como

si por los poros de su piel se filtrara todo lo que lleva dentro.

Ya perdió sus primaveras, pero aún le brillan los ojos…,

¡como dos estrellas!

Esos ojos tan llenos de sol; tan llenos de antes y de noche, con lágrimas de cera y

cristal…, ¡como a una dolorosa…!

¡Que pena de mi madre…!

Sus días están enterrados en la misma tierra de mis noches:

…¡donde se pudren los huesos!


Yolanda Castillo

EN UN RENAULT CLIO

El Clío no para de botar. Paloma está sentada en el asiento del copiloto notando

como se va calentando por momentos. El hermano del conductor se ha pasado

delante y le propone imitar a los dos de atrás. Paloma se niega, no le gusta, lo ve

demasiado niño y muy rubio, le gustan morenos, pero su excitación va en

aumento. Oye y siente lo bien que se lo están montando en el asiento trasero, su

amiga y el conductor, follando como locos. Los gemidos se suceden y las

sacudidas cada vez son más fuertes. ¡Van a echar el coche abajo!

A Paloma le había gustado Tony, el conductor, pero él prefirió a su amiga. Se

habían conocido unas horas antes, sobre las diez de la noche, ellas estaban

tomándose unas cervezas en la calle y fumando unos petardos. Ellos andaban por

allí, y se les acercaron para preguntarles si sabían dónde podían pillar costo.

Paloma se había fijado en Tony hacía un buen rato, así que les dijo que ya los

invitaban ellas. A su amiga no le gustaba ninguno de los dos, pero siempre estaba

dispuesta a una juerga. Pasaron un buen rato con ellos, bebiendo y fumando

porros en una placita del pueblo, luego en la playa y por último fueron a dar un

paseo en el coche de Tony para ver amanecer al borde de un acantilado. Paloma

tenía ganas de enrollarse con él y se había sentado delante. Pero sin saber cómo,

una vez parado el coche, Tony se pasó detrás y ahí estaban, dándole que te pego.

No lo puede evitar y se empieza a masturbar por debajo de su minifalda, sin

importarle las miradas del hermano; éste, ni corto ni perezoso, empieza a hacer lo

mismo, se saca la polla del pantalón, una polla bien grande y gorda, muy blanca

que destaca en la oscuridad del coche. Paloma lo ve. A pesar de sus reticencias,

una mano se le va para allá, atraída por la dureza y el tamaño de semejante

miembro viril. Atrás se suceden los gemidos. El hermano de Tony aprovecha su

oportunidad, le mete las manos entre las piernas, rápidamente llega a su chocho

bien mojado ya, chorreando, y le introduce directamente dos dedos dentro. Están

deseando imitar a los de atrás, tal es el grado de excitación que han alcanzado.

Paloma se sienta encima de él, nota como él se la mete, hasta el fondo.

¡Qué polla más buena, qué gustazo le da!

Desde esa situación ve perfectamente cómo Tony se está follando a su amiga que


está en pompa con todo el culo y el coño ofrecidos, igual que una perra en celo.

Nunca se había sentido tan excitada, no puede aguantar el placer que aumenta

vertiginosamente.

¡Estos dos hermanos están muy bien dotados! La visión de la polla enorme de

Tony, taladrando el coño de su amiga, la lleva directamente al orgasmo, mientras

un chorro de leche caliente la inunda por dentro. No puede evitar pegar un grito

que rasga el silencio de la noche.

Durante unos segundos el Clío se zarandea al ritmo de los espasmos de sus

ocupantes.


HACE MAS DE 20 AÑOS

Una amiga de mi madre nos ha contado una aventura que le sucedió cuando aún

se viajaba en coche-cama y se podía fumar en los trenes.

Era cerca de las cuatro de la madrugada, no podía dormir. Salió al pasillo a

fumarse un cigarro, bajó la ventanilla y se apoyó en el borde, sintiendo el aire

fresco de la noche, mientras llenaba sus pulmones de humo, disfrutando de ese

instante.

Oyó unos pasos que se acercaban. No se giró. Estaba sumida en sus sensaciones.

Los pasos llegaron a su lado. Se pararon. Notó un leve roce en su trasero. Ella

siguió fumando tranquilamente, sin dejar de mirar el espectáculo que le brindaba

la velocidad del tren.

El roce se hizo más insistente. Le gustó y esperó los acontecimientos. Mientras,

una leve excitación se abría paso entre sus piernas.

Algo muy duro se apoyó en su culo. Unas manos le recorrieron las caderas. Sintió

una gran humedad en sus braguitas.

Era verano. Llevaba una camisa ceñida negra, una falda de tubo, negra, y unas

sandalias de tacón de aguja, negras también.

Las manos le subieron la falda hasta la cintura. Ella se encendió otro cigarro,

inhalando el humo con placer renovado.

Una mano abierta le acarició su sexo húmedo, a través de su ropa interior, ya

chorreando. ¡Qué gusto más indescriptible!

Le bajaron las bragas, ella seguía en la misma posición. Alzó un pie y luego el

otro, ayudando a esas manos extrañas a liberarla de obstáculos.

Volvió a sentir algo duro apoyado en su culo, ahora desnudo. Unos dedos

hurgaban su sexo.

Pegó una larga calada al cigarro, echando el humo con un suspiro de placer.

Arqueó su cintura, ofreciéndose al desconocido. Algo muy gordo y duro la

penetraba poco a poco hasta pararse. Se sentía empalada. Ninguno de los dos se

movió. Volvió a dar una calada al cigarro. El placer la embargaba.


De nuevo esas manos desconocidas le recorrieron el cuerpo, hasta llegar a sus

pechos, agarrándolos con fuerza. En ese momento empezaron las primeras

embestidas, rítmicas y profundas.

Otra calada. Fumar y follar.

Los movimientos se hicieron más rápidos. Oía un leve jadeo en la espalda. La

estaban abriendo en canal. Los pezones le ardían por los pellizcos que le estaban

dando. Echó la cabeza hacia atrás. No podía soportar el gusto que iba en aumento.

Notaba cercano el orgasmo pero quería detenerlo, saborear cada segundo de ese

encuentro.

Otra calada. Una explosión de semen le invade su cuerpo, que se estremece de

placer en ese momento preciso. Las rodillas se le doblan. El desconocido la sujeta,

la apoya contra el borde de la ventanilla.

Su coño es desalojado. La leche caliente le chorrea por las piernas.

Los pasos se alejan.

Se acaba el cigarro y vuelve al coche-cama.

Nunca supo quién fue, pero el que fuera, se quedó con sus bragas.


Valeriano Fauve

POR FAVOR QUIERO DESCANSAR

tector de pantalla. Tengo un protector que te hipnotiza. Me lo paso un

amigo, que le gusta todo el tema del mantra y, esos temas espirituales. En fin que

estando un Son las cuatro de la mañana, aquí estoy despierto como los búhos.

Llevo dos noches sin escribir e intentando descansar, pero no puedo.

Después de tantos años trabajando y escribiendo de noche, y tengo algún día de

descanso, no logro conciliar el sueño.

Doy una vuelta para un lado, no duro ni cinco minutos, ahora giro hacia el otro

lado.

Así me paso horas y horas. Toda la noche. Pienso... miro no sé el que, puesto que

está todo a oscuras. Tan solo el maullido del gato de los vecinos es el que me

alumbra el oído.

Me levanto y abro el frigorífico, cojo una botella y bebo de ella. Salgo al balcón,

observo el cielo que está en calma. Qué envidia parece que hasta el duerme. Las

estrellas allí a lo lejos. Sin ánimos de molestar alumbran lo preciso. La sombra de

la montaña que se prolonga hasta el infinito, en una absoluta quietud, esperando al

día. Miro los edificios, apenas unas luces encendidas. Flashes de luz de una

televisión. El resto de edificios, hasta donde alcanza mi vista, están las luces

apagadas. De nuevo entro en el apartamento. __ ¡Qué agobio!, busco el paquete de

cigarrillos, cojo un cigarro, lo enciendo pienso... vaya escribir me apetece, me

quedo un rato más vagueando. Una calada más. Tengo la garganta seca, busco de

nuevo la botella de agua. Me rasco la cabeza, la barriga, intento pasarme la mano

por la espalda pero no llego.

__Me gustaría tanto pasarme la mano por toda la espalda.

Al pensarlo ahora me pica más.


Tomo asiento en un sillón, el cual estoy arrepentido desde el segundo día que lo

compre. ¡El cabrón es incomodo!, ¡torturador!

Parece que lo fabricaron para crear dolores de espalda, de cervicales.

Es enfermizo. No pasa más de quince minutos, cuando empieza a subir un dolor

desde el coxis, hasta la cervical. Un día de estos me compro un sillón, ¡y este va a

la puta calle, lo aseguro!

Continua picándome el cuerpo, pienso que todo es psíquico. El sistema nervioso

lo tengo alterado. Porque está acostumbrado a la vida noctambula, y de repente le

doy un cambio brusco. Aspiro aire fresco que entra desde el balcón. Me levanto

cojo el portátil, lo coloco en una pequeña mesa que tengo pegada al balcón. ¡Por

fin vaya escribir!, enciendo un cigarrillo. Mientras que se enciende, y hace todos

los prolegómenos el puñetero aparato, me fumo el cigarro, mirando a la oscura

noche.

Creo escuchar algo... no sé, puede ser una radio, o una televisión, no lo tengo

claro, proviene del apartamento que tengo contiguo al mío. Hago silencio, afino el

oído.

Ahora no oigo nada. Bien, ya está la pantalla preparada para escribir y ahora

que...como siempre, me quedo mirando la página en blanco. Hasta que sale el pro

día en su casa me lo coloco. Empieza con un sonido, suave que se te va

introduciendo en la mente, es como un taladro pero con silenciador. Y la imagen

que le acompaña, fiases de luz muy suaves. Entre una cosa y la otra te absorbe.

Como no reacciones te quedas pillado. Decido proseguir con un relato que tengo

pendiente de finalizar.

Tomo la determinación de ponerme la botella de agua a mí lado. No sé lo que me

pasa últimamente, pero tengo mucha sed, llego a tomar más de dos litros de agua.

Tengo que tener un estanque en mi barriga. Miro el reloj, las cinco y media. Me

visita un mosquito, para darme el coñazo. Que si se posa en la pantalla del


portátil,en mi brazo, en la oreja, en la mano, así hasta que pierdo la cuenta. Y todo

para un picotazo. Podría darlo de entrada y ya está. La de vueltas que da. Me pica

el hombro, me pica..., ya no sé lo que me pica es una desesperación.

Le doy otro tiento a la botella de agua. Enciendo un cigarrillo. ¡Pero no!, decido

que no.

Pienso en todo el mal que me hace, bueno a estas horas las pajas mentales

funcionan mejor, la mente está más relajada. Lo malo es que termino acojonado.

Porque de un tema me lleva a otro y así hasta que me veo fiambre, ¡joder que

chungo! Miro la pantalla. Empiezo a teclear lentamente, y cuando llevo dos

renglones de nada, noto un terremoto en lo más profundo de mis entrañas. Salgo

disparado al váter. Pero cuando llego al final del pasillo, recuerdo que me

dejo el libro que suelo leer. Vuelvo busco entre unos cuadernos, lo cojo y salgo

pitando. Leo, hasta que las piernas no las siento. Joder siempre me pasa lo mismo.

Luego me tiro un buen rato que parezco un robot. Hasta que de nuevo la sangre

empieza a circular. Me dirijo hasta donde está el portátil. Dejo el libro de marras.

Y... he cambiado de parecer, pienso en meterme de nuevo en la cama. Ya no me

pica nada. Creo que todo lo que tenía, era un tapón de varios días. Mañana será

otro día.

Buenas noches. Amén.


ALTARES DE BAR

Me enjuago la vida en altares de bares,

que los bendice un camarero.

Donde corre el alcohol, donde las gentes

dicen, que cuentan todos sus pecados capitales


India

Mainak Adak

ESTROFA

Como siempre, los niños pobres están trabajando y haciendo ruidos en el túmulo de

desechos. La mayoría de ellos tiene entre ocho a diez años. Sabemos la razón porque

ellos se juntan aquí. Pero, ese hombre de jeans y camiseta blanca se queda mal

competido en el equipo de estos pobrecitos. Su pelo está desarreglado, aun su pantalón

esta sucio. Para satisfacer mi curiosidad, voy al túmulo y le pido:

“¿Qué buscas?”

# “¡Dónde se ha perdido, no sé! Desde muchos días, sigo buscándolo.”

“¿Qué es eso? ¿Qué estas buscando?”

Él no me da respuesta y se me mueve.

# “¡Ah! ¡El poeta, usted mismo! Tengo todos de sus libros.”

“Aun no he tocado la pluma hace mucho tiempo.”

# “Aunque usted es poeta. ¿Qué está buscando allí?”

“Las estrofas de esa poesía que aun no he puesto escribir.”


PAZ

Aquí te sentaste un dia---Hace mucho tiempo que te olvidé -----

un dia viniste aquí---- eso fue borrado de mi vida---- me bajo

en el arroz como un saltamontes.

Entendí la vida: Amé--- pero esos amores no llevan tristeza----

sólo viniste como un dolor y nunca más volví hacia este lado---

como un gorrión a la invitación de yerba, hojas y paja.

Me fui. Esta vida estará como yerba del campo ---bajo el cielo azul

de una madrugada del otoño llegué a la paz.

Por la mañana nebulosa del invierno, esta vida se pondrá martín pescador

de chaqueta.

Un dia---- vino la tristeza todo el dia del otoño---- llevaste a mi alma en ese otoño---

la noche profunda ---- muchos días más tus palabras ---- labios, color,

ojos, pelo ---- para aliviar esos dolores.

Se pasaron los momentos--- pues---- vino la paz por fin a mi alma cuando

las mariposas azules y los escarabajos verdes vinieron al campo, al bosque...

POESÍA

POESÍA


Chile -Francia

Pablo Poblète.

LA SALIVA

la saliva cae y se desliza y hace pequeñas burbujas

burbujas burbujas burbujas

Pequeñas burbujas que se van

y yo yo me voy siempre como las pequeñitas burbujas

no escribo nunca el porqué ni los por quién

?Quién quemo tus Pinturas ?

¿Adónde partieron las ideas después de los tanques?

Clavos de olor ¿ amor que regresa?

-----------------------------------------------------------------------------------------------

Nuestra suerte a cambiado en cada hoja de pólvora que explota en cada

Instrumento de escritura como un armamento sofisticado que invade el

pensamiento

Hasta perforar el muro de silencio y la neurosis con todos los antídotos

de humor del humor blanco negro rosa


para disfrazar la única válvula virgen del amor entre jóvenes

Perdidos en las esquinas de callejuelas sucias y fétidas.;-;;;;;;;;;….;;:::::::

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Nuestra suerte a cambiado en cada hoja de pólvora que explota en cada

Instrumento de escritura como un armamento sofisticado que invade el

pensamiento

Hasta perforar el muro de silencio y la neurosis con todos los antídotos

de humor del humor blanco negro rosa

para disfrazar la única válvula virgen del amor entre jóvenes

Perdidos en las esquinas de callejuelas sucias y fétidas.;-;;;;;;;;;….;;:::::::

¡Es el aire que es un Sí que es un soplido que es el vacio- ellos!

¡Ahí se esconden! Shhhhhhhhhhhiiiiiiiiiiiiiiiiiit- te buscan en una foto

!Shhhhhhhhhhhhhhhhhiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiit-ellos dicen que estás loco- !

! ! !Encarcélenlo !!!! ¡!!Muerto o vivo ! ! !

En los subterráneos hace mucho muuuuchhoo friiiooo- HOOOOOOOoooooooooooo !!!

¡

Tengo tu maldita música en las orejas- no hay luz- no hay agua-no hay gente

!!!!!HOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOooooooooo !!!!!

¿Y por qué? ¿Por quien? ¿Por quién? ¿Por quién? Estoy sordomonologo--------------------------

HOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO ! ! !

La saliva cae se desliza a través mis labios hacia mis dedos y mis dedos golpean

los dedos

Y se acarician sensiblemente-la tierra nunca ha mentido- ¿FIN??

¿Donde están tus Laureles?


! ! ! ! ! El sol recalienta ¿un enamorado? Sufrimiento ¡!!!!!Terroso!!!!!!!!!

plaste plaste plaste plaste plaste plaste plaste plaste plaste plaste plaste plaste

plaste

BOOOOOOUUUUUUUUUMMMMMMMMMMMMMMM ! ! ! ! ! !

¿Yo te encontré?

Mira mira digo rostro digo diente digo calle digo hijo digo luz digo abril

árbol rivera muerte canción bandera flor

balas balas balas balas balas balas balas balas balas balas balas balas balas

Chilo Chilix ? Chilux Chiiiiiiiiiiiiiiiilliiiiiiipsssssssssss

------------------------------------------------------------------------------------------------

cuando tú te fuiste mis labios de esposa comenzaron a errar a través los países

secándose poco a poco - hiriéndose la piel suave a traves los aplausos

de la multitud esperando esperando esperando esperando esperando esperando

esperando esperando esperando esperando esperando esperando

Esperando esperando esperando esperando esperando

HOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO !!!

HUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU !!!

-me enterré……………a soñar -

la saliva cae y se desliza y hace pequeñitas burbujas que se van y que se van y que

se van

¿Me escuchaste? Shhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiitt.

(livre inédit Psychopoemas Santiago 1977)


España-Perú

Alfredo Pérez Alencart

DESPIDIENDO A WESTPHALEN

Lo hermoso es salir hacia la ingravidez del Principio,

San Juan por ahí, en soplo de dulzuras consagrando

suburbios de más arriba, Verbo como antorcha

capaz de traspasar lo remoto; o también, Teresita mujersanta

pisando peldaños de su Castillo interior, Moradas

apareciendo y desapareciendo

por un tupido haz de estremecidos candiles para el retiro

nocturno de Emilio, todo remolino en su lento

vuelo mientras se desenreda de los olorosos cabellos

de Juliana.

¿Friolento yo? Es agosto pero mi conmoción centella

escombros y pasiones de Von Westphalen,

frondas nemorosas donde su voz baja prevalece a la noche

de perros tramada por los afrentosos

para que unas bocas prefieran lodos y purulencias

antes que libar vinos alados humedeciendo hasta el límite.

¿Eres tú, Emilio Adolfo? ¿Por qué retienes mis pasos

a la orilla de esta playa portuguesa? ¿Acaso

saliste de Barranco hasta dar conmigo,

o es que sólo volviste para ojear huellas ardientes


al trasluz de tu sangre y tus errancias?

¡No quiero sordear terrestremente tu viento

de otra dimensión! ¡No quiero milagrear hoy que no es

octubre! ¡Espera, espera… que vienen Eguren

y Vallejo para que nos apretujemos confianzudamente!

¡Espera, que Javiercito viene mojado desde el río

de la serpiente, viene baleado con sus huesos absolutos,

viene con el termómetro roto del 63!

¿La muerte o la vida? Realquilaré tu nicho

porque sé que estás de vuelo por el cielo ungido

de mi savia, brisándome sin ayes

cucufatos, muerto hecho hombre hasta aquí asmeando

silencios o callando secretos, encalorecido

ayer por los papagayos ruidosos; sonriendo ahora

mientras te acuno y entreduermes

para siemprevivir en esta orilla del Atlántico

o en aquel Pacífico donde mucho mojaste

tus dedos.


REDOBLE DEL QUE ESPERA

Cielo tan grande donde pernoctan las voces;

tierra tan sorda donde quedan rastros todavía.

¿Cuál la rendija por donde ir al abrazo de Dios?

¿Cuál el giro que va de la muerte a la vida?

El alma haciendo sonar las sirenas del arca;

el cuerpo desembarcando sin ningún retraso.

¿Qué noche de San Juan traerá otro Diluvio?

¿Qué encantamiento nos instalará en la Nada?

Existo como un ángel que nació sin alas

en el otro hemisferio verde del mundo.

Antigua transparencia del gozo que no asusta;

dintel por el cual pasar al hondo del milagro.

¿Cuándo lograremos habituarnos al sosiego?

¿Cuándo se despertará el fruto dormido?

Ojos inviolables para la obediente desnudez

que se inclina al asombro y va enseñándonos

los distintos compartimentos de la esperanza.

Existo como un ángel que nació sin alas

en el otro hemisferio verde del mundo.

No olvida el corazón despojado de atavíos

pero palpitante hasta que rebrote el enigma

que no muerden los caníbales calendarios.


Desde la Nada surge Dios, o estamos perdidos.

Nada, y después el caudal de lo no se acaba.

Nada, y ayer la rotunda vibración del cosmos.

Nada, y hoy de nuevo un grande cielo amarillo.

Existo como un ángel que nació sin alas

en el otro hemisferio verde del mundo.

Diálogo con Juan de la Cruz (Homenaje en Ávila, 2009)

cartografía de las revelaciones

Editorial Verbum


México

Alixia Mexa

Mukíra Nakarópari

Ella era casi como nakarópari:

con alas azules embalsamadas al viento

era como casi todas las blue morpho

pero tenía algo distinto: retaba los abismos con sus cristales halógenos

y de las cicatrices succionaba el almíbar que brillaba en sus obras

era su corazón como brasa de témpano doliente

pincel desbordando su piel y su pensamiento

alas floreciendo entre las tormentas

ángel cruzando el adverso camino de la frágil y cara libertad

Ella era...

de ese tono indudable de azules pulcros, de esos puntos rotos en el cielo

que caen como cometas privilegio para pocos ojos

flor de magnetita encendida en Atotonilco

tu nombre se repite lento y constante

como la lluvia fina que lava las sombras del desierto


LOS VIENTOS DE LA MEMORIA

Todos los días llovían vientos en su memoria

y las lilas y diademas que la contemplaban

hablaban

su corazón era una piedra rosa

como su nombre

su corazón luminoso y lejano parpadeaba entre tejidos grises

Los recuerdos nítidos revoloteaban en ecos

y todos los del pueblo la conocíamos

y no todos los del pueblo la soportaban

porque su alma era de infante

Ella solo necesitaba decir algo a alguien

a quien fuera le pedía un trozo de su tiempo

Siempre era de encontrarnos en cualquier parte de la calle

y era conmovedora su inocente presencia

Un día ella se puso sus zapatos rojos y su moño blanco

para tomar el camino irreversible

debía de dar el último sorbo al cigarrillo

debía de ir al encuentro de su universo

antes ya, había labrado en los corazones que la recuerdan, un poco de su

asombroso y ausente tiempo; un blando poema, una flamita de sus oscuros ojos


Jesús Gregorio

JAVA.

¿Quién podría amarme

Menos? si no tú,

Oh! Mujer-serpiente,

Oh! Mujer fatal,

¿En que otras edades

Volverás a perderme?

¿En qué otras edades

Nos volveremos a encontrar?


OTRAS POCAS COSAS.

Años de mis años, lentos,

Nunca se detuvo el cielo

Al ver el tiempo volar,

Años de mis años, tristes,

El tiempo nunca pasó,

Años de mis años,

Ecos de otros ecos

Que buscaban el silencio,

Mórbido silencio

Que solo la muerte encontró,

Años de mis años,

Sombras que descansan

En la pétrea obscuridad,

Tiempo sin tiempo

Inútil vida siempre te vas.


Rambal

Venir del mundo es no venir

Venir del mundo es no venir,

venir de las calles

es quizá ser solo sombra.

En las avenidas,

en las rutas solitarias de estos días,

no hay nada,

nada;

excepto lo que pierdes,

lo que vas dejando a tu paso;

los ojos tristes,

tu respiración fatigosa;

y tú profunda soledad.

Venir del mundo es no venir;

pero nos viene bien

sonreírle a la muerte

de vez en cuando;

soltar el cuerpo,

morir en paz cotidianamente,

porque del mundo no se viene,

ni se vino, ni se vendrá.


Disfruto incluso

Disfruto incluso del silencio,

disfruto de mi soledad

y de la luz crepuscular

que baña la cuidad.

Disfruto del osco gesto

de las horas,

y de las penas

que florecen

en mis manos

Disfruto incluso

de mi presencia inadvertida,

y de la gentes

que voltean, y me ven;

y no me miran…


Chile

Eduardo Dolores Servando

EL AVE Y SU TERRITORIO

Su nido junto al Coiquén.

En la cúspide del cerro,

bajo sus faldas, la meseta.

Tierra de los Vientos,

un lugar de zorros.

sovare de Vegas Verdes

cruzando el riachuelo

remontando el empinado.

…Quirihue….

Donde converge el encuentro

de un pueblo con visajes antiguos

gentío laborioso y tradicional,

afanado en sus quehaceres,

cultivando, amando la vida

entre cerros y bosques,

próximo al mar, que tranquilo le baña.

En su lar terso el ave volita cada día

los cuatro puntos que colindan con su nido,

en vuelo rasante por los campos,

bajo el sol, sus alas van arando la tierra

detienen el viento para proteger la espiga,

mueve las nubes para regar los sembrados

y cuida en noches de tormentas

cuando el cerro sombrea.

Y al norte

Llohue, Los Remates y San Juan,

lindas tradiciones y leyendas


cantos a lo humano y lo divino

devoción, ritos paganos y

hermosas mujeres de atuendos sensuales,

alucinan con ojos de arcoiris

a incrédulos afuerinos

en la celebración de San Sebastián..

Planeando por El Guanaco,

en el cordón cordillerano

orillando el pacífico del sur.

como hongos y pastizales

brotan bosques de pinos

que cada año laboriosas

cuadrillas talan y talan

y vuelven a brotar.

Entre caminos sinuosos

por extensas quebradas

un largo andar hasta El Porotal

la vieja estancia familiar

donde frondosos árboles

se multiplican cargados de manzanas,

el campesino paciente cosecha.

Prepara el caldo de chicha,

que un parroquiano sediento

beberá hasta su sed saciar.

Y en Manzanares

la niña junto al río

lava con afán sus pies cansados

de tanto caminar,

le espera un largo trecho

antes de llegar al hogar,

donde aguardan sus hermanos

con pan de rescoldo, chicharrones

un mate y mucho que conversar.

Por San Juan, entre cuelchas y

sombreros de paja

el ave escudriña imponente

la casona patronal


de San Agustín de Puñual,

donde nació el héroe que defendió

su patria en un combate naval.

Va el ave cada día a su madrigal

al sueño profundo de un amor encontrar,

extiende sus alas, erguido su pecho

con la mirada al infinito, muy lejos,

donde otra avecilla arrulla entre sueños

el embeleso que el ave quiere acariciar.

DeL Libro Vuelo del Ave


LA CHICA DEL CALQUIN

Novela- 1987

(Resumen de obra no publicada)

El estado de emergencia, sumido en una aparente guerra, donde el derecho a

expresarse tenía un costo muy alto, la vida era un vaivén incierto, el miedo era

presa de familias disidentes a un sistema autoritario. Los diferentes medios de

información sujetos a censuras, y las noticias eran minuciosamente editados.

Entre murmullos se conocían los acontecimientos del día anterior.

Las turbulencias de las bolsas mundiales repercutían en la escuálida economía

nacional que arrastraba un desorbitado índice de precios (IPC), superando el

300%, con la estabilidad forzada del dólar, donde nuestra moneda tenía un valor

muy bajo, siendo muy pocos los que podía acuñar y ahorrar. Más bien era la época

de los PEM Y POJ, el tiempo que las mujeres y hombres cesantes, que eran

muchos por aquel tiempo, salieron a las calles para barrer, limpiar veredas por una

limosna más que por un sueldo. En aquella época y con un dólar estable a $37,00

los bancos acuñaron oro donados por aquellos que podían donar sus anillos,

gargantillas y especies de valor, con el fin de mejorar el peso de nuestra alicaída

moneda.

Vivían en incertidumbre los funcionarios fiscales que quedaron en la

administración pública tras el despido masivo para disminuir la carga salarial del

estado, los paseos por las oficinas de personas ajenas a las reparticiones, eran

asiduas.

Así encontré un día sobre mi escritorio una llamativa tarjeta personalizada, que

invitaba a una exclusiva fiesta de personas selectas en un barrio acomodado de

Ñuñoa, en Santiago, época del toque de queda. Incluía por un módico precio;

“derecho a un menú ejecutivo, barra abierta toda la noche con baile de amanecida

y la mejor compañía durante el toque de queda”. Así anunciaba la tarjetita de

invitación. Acordamos los colegas que recibimos la nota, asistir. Tentadora

propuesta en tiempos de depresión e incertidumbre colectiva.

Viernes por la tarde, después de la jornada laboral, nos reunimos en secreto para

acordar donde nos encontraríamos y el tiempo disponible para llegar al lugar

donde fuimos invitados. Nos sentíamos sencillamente privilegiados. A las diez,

toque de queda en todo el territorio nacional. El lugar donde nos recogería el

colega, San Francisco, a un costado de la iglesia.

La dirección de una gran casona, típica del barrio Ñuñoíno, dos casas más al

oriente del cuartel Ollahüe, (Recinto de la Dina), donde, con estacionamientos muy

discretos para vehículos y entrar no era fácil, había que presentar la mentada


tarjeta de invitación personalizada. Tras la llegada e ingreso al recinto, nos

acogieron en un amplio salón de visitas, música ambiental, señoritas atractivas

muy amigables que daban confianza, una de ellas se acercó para explicarme algo

muy secreto. ¿Usted es militar?- no le respondí / de dónde viene?, – de tal

repartición, contesté / Me acompaña? – qué pasa? - Acompáñeme… Me tomó del

brazo y salimos a un sector alejado de la residencia, conversando y riendo como

si me conociera de tiempo, llegamos casi al fondo de una extensa galería, algo así

como una pista de baile, tras un momento observando que no hubiera persona

cerca escuchando…pregunta nuevamente… ¿Eres partidario del gobierno? – me

sorprendió y repliqué; ¿Por qué me pregunta eso?, ¿Hay militares en tu grupo de

amigos? – Noo…no, respondí / Cuídense de hablar de política o contra el

gobierno, aquí está lleno de camuflados. (Pensé….¿Cómo le digo esto al resto de

mis amigos?). Tras eso regresamos a la sala de visitas integrándonos a la tertulia

general, y ella, siguió a mi lado ofreciéndome algo de beber, se generó allí una

larga conversación que duró hasta el amanecer. Surgió entre ambos simpatía

(Filling, como dicen ahora), y en las miradas, ese deseo de una historia por contar.

De este primer encuentro, nació una amistad que se cultivó a lo largo del tiempo y

perdura hasta hoy Así y allí conocí a Astrid con su conmovedor testimonio:

Una Chica hermosa con evidentes rasgos del sur....Desde Carahue y proveniente

de familia vulnerable llego arrancando hasta Santiago una vez terminada su

enseñanza media. Quería derrotar sus carencias materiales. Y se instaló en la

capital a ejercer el oficio más antiguo mientras con gran esfuerzo estudiaba

medicina en la Universidad Católica. Sus ahorros eran en dólares, (Década del 80),

cuando la moneda americana se disparó, una alza muy brusca que hizo tambalear

a los bancos, muchas de estas instituciones recurrieron a los créditos del estado

con tazas bajísimas a 50 y más años plazo, mientras Astrid, de improviso vio como

crecieron sus ahorros depositados en una cuenta en dólares.

Su necesidad y ambición por cambiar de vida, dejar atrás los tormentos de la

infancia, desenvolverse y vivir en otros status sin importar la forma, la llevó a

tener una clientela muy selecta y exclusiva, que le permitió sin sobresaltos

estudiar y obtener su título de medicina.

Pero quería más y se fue con su título profesional bajo el brazo a EE.UU a ejercer

su profesión de doctora, estaban los medios y bienes materiales, obtenidos con su

peculiar oficio, y seguir perfeccionándose con más títulos y honores.

Hoy una Facultativa con Doctorado, ejerce docencia en la Universidad de

“Carolina del Norte, Chapel Hill”.

Tras muchos años de ausencia, con otra imagen, un status profesional diferente y

de prestigio, viajo por primera vez a Chile, a su tierra de origen, a ver a sus padres


y algunos hermanos en el cementerio.

De regreso desde Carahue a Estados Unidos, pasó por Quirihue, como anfitrión, la

lleve a conocer aquel lugar del cual tantas maravillas le hablé. El río Calquín;

testigo de un reencuentro postergado y esperado por ambos. Quedó feliz,

anonadada del lugar y la extensa conversación llena de recuerdos, entretenida,

amena, con risas y llantos, no hizo otra cosa más que reafirmar nuestro mutuo

afecto.

Y en la amarga despedida, en un perfecto inglés me dijo: "I'm going to return

soon... (Me voy para pronto regresar)... Le respond... "Tenis que volver pa que le

pongai la mosca a la novela".... (You have to return to that you put on the fly to the

novel).

Quirihue

Del libro “ Primera Antología Fomento literario “ Casa de la cultura,Artes y oficios

de Itata “


DRAMATURGIA


Argentina

Antonio González

Las Mellizas

Música francesa de Music Hall años 40. Escena desierta. Entran en fila las tres

Mellizas: Meri, Yoli y Rouse

cantando y tocando sus instrumentos informales al compás. Hacen pases de baile y

terminan la canción.

Aplauso general. Desde la platea se incorpora Madame Souza aplaudiendo entusiasmada.

MADAME SUOZA - ¡Muy bien., chicas! ¡Estupendas! (AL PUBLICO) ¡Vamos, más entusiasmo

con las Trillizas

de Belleville!

(El público sigue aplaudiendo mientras las mellizas agradecen con una inclinación aparatosa)

MADAME (YENDO HACIA EL ESCENARIO) - ¡Muy bien. Muy bien. Chicas! (SUBE Y SE ABRAZA

CON ELLAS, CUANDO SALUDA A LA ULTIMA SE LANZA A LLORAR DESCONSOLADAMENTE

SOBRE EL HOMBRO DE UNA DE ELLAS ) – Ay…..

MERI - ¿Qué le pasa ahora, Madame? ¿No es feliz con su nieto?

MADAME - ¡¡Sí, pero…!! (LANZA UN SOLLOZO GRITANDO)

YOLI (LA ABRAZA) – Bueno, mi querida… Venga siéntese aquí. ¿Qué problema tiene ahora

con el Campeón?

(SEÑALA UN SILLON Y LA LLEVA HACIA ALLIi)

ROUSE - Cuéntenos, Madame…

MADAME (ENTRE SOLLOZOS) – Ay… mi… mi… campeón…

MERI - ¿Le pasó algo malo, Madame?

ROUSE – Ya sé. ¡Lo atropelló un auto…! ¡Esos malditos carros andan a 40 km por hora …¡


MADAME – Nooooo…. LLORA.

YOLI – ¡¡¡Entonces, rompió la bicicleta!!!

MADAME – No… Peor… ¡La tiene archivada…!

LAS TRES (A CORO) - ¡¡¡¿Cómo?!!! ¡¡¡¿ARCHIVADA!!!?

YOLI - Pero si fue su sueño la Gran Carrera Nacional y la ganó! ¿Cómo va dejar la bicicleta

en un armario?

MADAME - ¡¡Se enamoró!!!

LAS TRES - ¿¿¿Se enamoró???

YOLI – ¿Y eso que tiene de malo, madame? Todos nos enamoramos alguna vez… Cuando

yo tenía veinte años…

ROUSE - Eras una marmota…

YOLI - … Pero el gendarme Charles estaba loco por mí…

ROUSE – No te hagas el verso, Yoli… Era un tarambana hasta para ser gendarme. Acordate

cuando quiso que las

trillizas actuaran en el batallón… Estaba loco… nosotras, jovencitas, en medio de los

soldados calientes y enloquecidos…

MERI - Y al final, se metió en una iglesia… Ahora es el Pastor Charles, predicador del cielo

y la salvación humana, sanador y milagrero …

MADAME - Pero… “el Campeón”…. LLORA

MERI (LE DA UNA TAZA) – Tome este te… y cálmese. No es nada grave…

MADAME TOMA UNOS SORBOS Y AHORA MAS TRANQUILA HABLA.

MADAME – ¡¡¡ Es una tragedia¡¡¡

LAS TRES - ¿¿¿Una tragedia???

MADAME – Una gran tragedia… No solamente guardó la bicicleta, sino que… TOMA UN SORBO…

LAS TRES ESPERAN ANSIOSAS.


LAS TRES - ¿¿¿Y qué…???

MADAME - …¡¡Se quiere casar!!!

LAS TRES LANZAN UN SUSPIRO GRANDE AL UNISONO.

(Fragmento )


El doctor CLOCK

El renacimiento

Este es la historia de Carlos González un futuro artista de la radio pero su madre

tendría que pagar la consecuencia del partero de Santa fe

Partero: a crees que vas a poder con nosotros te vamos y va a zafar de la operación

enfermero traiga la

cuchilla.

Enfermero: (vos del jorobado) aquí tiene jefesito .

Enfermera (gritos desesperado) DOCTOR, DOCTOR HAY UNA PASIENTE QUE ESTA

POR PARIR Y SE ESTA MURIENDO

Partero: no vez que estoy en una importante operación bueno, bueno enfermero

continúe con la operación pero el churrasco grande es mío

El partero corrió a la habitación donde estaba la paciente y su marido

Partero: como se siente señora

Paciente (gritando agitada) no ves que me estoy muriendo esta por nacer mi hijo y

me duele mucho

Marido: (desesperado) haga doctor estoy desesperado

Partero: tranquilo o le daré una golpiza valla para afuera enfermera, enfermera

Enfermera: sí doctor

Partero: traiga una escoba

Enfermera: (curiosa) ¿ está sucio el piso?


Partero: no hay un cuervo en el techo (enojado) les dije siempre que sierren la

ventana

Paciente: (suplicando con lagrimas) no aguanto mas me estoy quedando ciega

siento como la muerte recorre

su dolor por mi cuerpo

Partero (golpeándola) cállese carajo o la sigo golpeando

Paciente: ( gritando y llorando) no me golpee mas

Partero: higor eh digo enfermero

Enfermero: que quiere jefe el churrasco lo puse en los frasco de los transplante de

riñones

Partero: silencio idiota y calienta la caldera para preparar la sopa y trae la pinza de

la ultima operación cerebral eh, eh trae lo que te pido

Enfermero: ( contento) aquí lo tiene

Partero bueno señora abra las piernas que meto la mano y mire que esta fría

Paciente: (grito de desesperación) AAAAAAAAAAAAAA

Partero: mm es muy grande la cabeza pendejo salís o salís

Señora preparece que aquí viene la pinza

Paciente: AAAAAAAAAAA no lo aguanto mas este dolor

Podrá salir Carlos de la madre, ella morira, el marido ¿dónde esta? Podrá el partero

hacer su trabajo y comer su churrasco temprano eso nos vamos a enterar en el

próximo capitulo del renacimiento

(Cantar la canción de el guarda espalda)


Rolando Revagliatti

“CHISTE TRISTE”

Personajes: MUJER

ANCIANO

MUJER DE 50 AÑOS QUE SE SOSTIENE LA CABEZA

MUCHACHA

MONJA

HOMBRE QUE HABLA SOLO

HOMBRE 1

HOMBRE 2

ANCIANA

MUJER 2

MUJERIEGO

MUJER QUE NO HABLA

MUJER 1

HIJO

CABALLERO ESPAÑOL

MOZO

ESCENARIO: A foro, el frente de una confitería. Una amplia puerta, al medio. En un

cartel enorme sobre la puerta se lee: “Confitería Grand”. Delante del decorado, una

confitería de balneario. Escalinatas. Y en ellas, simétricamente dispuestas, catorce

mesitas redondas con una silla cada una, todas de frente al espectador. En cada silla

un personaje. Otra mesita, la única desocupada, tiene dos sillas, ambas de frente,

en proscenio y en el medio.

En cada mesita hay lo siguiente:


MUJER: Gran helado.

ANCIANO: Gaseosa.

Mesita Desocupada: Cenicero.

MUJER DE 50 AÑOS QUE SE SOSTIENE LA CABEZA: Té con leche; apartado, como

si ya lo hubiese bebido. Un sánguche de pan pebete comido hasta la mitad.

MUCHACHA: Gran copón de cerveza.

MONJA: Merengue con crema. Leche chocolatada.

HOMBRE QUE HABLA SOLO: Platito con aceitunas. Palillero con escarbadientes. (Y

un micrófono.)

HOMBRE 1: Vermut con ingredientes.

HOMBRE 2: Vermut con ingredientes.

ANCIANA: Ginebra.

MUJER 2: Sidra. Pan dulce.

MUJERIEGO: Whisky con hielo.

MUJER QUE NO HABLA: Agua mineral.

MUJER 1: Sidra.

HIJO: Cognac.

Distribución de izquierda a derecha:

Primera hilera: MUJER — ANCIANO — MUJER DE 50 AÑOS QUE SE SOSTIENE LA

CABEZA — MUCHACHA.

Segunda hilera: MONJA — HOMBRE QUE HABLA SOLO — HOMBRE 1 — HOMBRE 2 —

ANCIANA.

Tercera hilera: MUJER 2 — MUJERIEGO — MUJER QUE NO HABLA — MUJER 1 — HI-

JO.

Características de algunos personajes, detalles de indumentaria y de comportamiento:

HOMBRE QUE HABLA SOLO: Sesenta y cinco años. Pucho en la boca. Habla solo, de

modo ininteligible, durante todo el transcurso de la representación; excepto, por

ejemplo, cuando cree oír a su imaginario interlocutor —tal vez, más de uno—, con el

cual reflexiona y también discute. Una que otra palabra podría ser captada. Hostilidad

y recelo son los matices predominantes en su actitud. Sin embargo, aquí y allá,

aparecen también fugaces rasgos simpáticos y cordiales. Está sentado a la única

mesa en la que en su centro hay inserto (como un elemento natural, propio de ella)

un micrófono; (no conectado —a sala— sino recién en instancia determinada). Desde

luego, este personaje “ignora” ese micrófono, “no lo ve”, para él no existe, “no

habla por él” ni antes ni después de conectado.

MUJER 2: Cuarenta y cinco años. Gordita.

MUJERIEGO: Lee un largo pergamino.

MUJER QUE NO HABLA: Acciones que realiza:


a) Se saca los lentes de contacto. Los guarda en el estuche. Se coloca una gota

de colirio en cada ojo. Se pone anteojos de mucho aumento y con color.

b) Se coloca gotas en la nariz.

c) Consulta el reloj (de hombre). Ingiere una cápsula.

d) Se echa aire con el vaporizador para el asma.

e) Se pone una pastilla en la boca.

f) Seca su transpiración con un pañuelito.

g) Observa detenidamente su rostro en un espejito.

h) Se saca algún anillo con dificultad. Masajea el dedo dolorido. Guarda el anillo

en un monedero. Busca en la cartera. Saca otro anillo. Se lo pone en el mismo dedo.

i) Saca de la cartera un carretel de hilo de coser. Corta una porción de hilo. Guarda

el carretel en la cartera. Pasa el hilo entre un par de dientes. Lo observa. Repite

la operación. Tira el hilo. Recorre con la lengua el sitio en cuestión.

MUJER 1: Cuarenta años. Muy gorda.

HIJO: Siete años. Bien vestidito, pulcro, peinado. Serio.

CABALLERO ESPAÑOL: Sesenta años. Atildado. Apuesto. Elegante. Pero decadente.

Corbata lujosa, algo abuchonada, con alfiler de corbata. Chaleco. Zapatos relucientes.

Se oye al HOMBRE QUE HABLA SOLO.

MUJER 2: ¡Mozo!

HOMBRE 2: ¡Mozo!

MUJERIEGO: “Teresa Clara A., 31, separada, bien. Olga Zulema H., 23, soltera, bien.

Mayo 75: Alicia J., unos cuarenta, dos hijas, muy bien.

Estela P., 34, viuda, doble equis.

Junio 75: Esther Olga, unos treinta, soltera, mal. Adriana M., 49, regular, de pie.”

ANCIANO: Es tan inocente. ¿Cómo se los puedo mostrar? Se peina solo, se alisa. Entro

al baño, lo descubro, y él sigue, está en lo suyo. ¿Les conté lo de los animales?...

¡Ay, le gusta calcar! Calca. Es lo que más le gusta. Le piden dos y hace ocho. ¡Qué

rico!... La maestra, se ve, él me dice, le pide un ave y un mamífero, una vaca. O le

pide un pescado. Y él prepara las cosas, los útiles, tiene varias plumas ya, la tinta,

la... la tinta china; se esmera ¿no?, quiere ser prolijo, y el papel..., con el papel...

Es lo único que le gusta. Es una ceremonia, se ilumina, llena los cuadernos, se aplica,

lo hace con un entusiasmo, que mirá que él no, pero con una aplicación... Es voluntad,

tiene voluntad. Para eso. Los países... Calca países. Ríos, lagunas... Me salió...

Pero mirá, hojas y hojas. Puros felicitados. Ay... cómo... La maestra debe estar

sorprendida. La maestra debe estar sorprendida.

Aparece el CABALLERO ESPAÑOL por la puerta de la Confitería. Observa.

(Fragmento )


Gladys Cepeda

(Fragmento )

A TODOS NOS PERSIGUE LA SOMBRA DE KEITH MOON

E

Escenacto4

La luz se enciende Roberto, esta parado fumando lleva una cadena entre sus

manos.

Roberto: Dale Guido, mea rápido, (algo tira la cadena) este viejo me tiene las

pelotas por el piso. (Una niebla comienza a cubrir el escenario a lo lejos, se ve

una figura de mujer pequeña de cartón, con cabeza humana).

Mujer: ¡Berto, Berto!

Roberto: ¡NO, no puede ser!, ¿VIEJA sos vos?

Mujer: Si, soy yo (con un movimiento mueve la cabeza, ella se va

acercando).

Mujer: Hola hijito, quiero ayudarte, te quiero, siempre voy a estar para

que no te sientas solo, busca entre los cajones de la cómoda de tu padre y ahí

vas a poder encontrar algo, se que te atormentan muchas dudas (por un

instante, Roberto cae al piso, queda en posición fetal, la figura desaparece

junto con la niebla).

Roberto: ¿Mami, donde estas? (se levanta sostiene la cadena, mira para todos

lados) estoy soñando, ¿cual cajones? ¿Dónde estoy? (Todo se oscurece)

!MA…VOLVE!


ARTE VISUAL


Argentina

Adriana Gaspar

Muestra Mandatos Prenupciales.


Collage: Despertar


Mónica Lebedinksky

Serie geometría Acrílico 135 x 65 cm


Técnica mixta 41 x 32 cm


Gladys Cepeda

PIERCING

Obra de 50x50 Tecmica mixta


Beatriz Palmieri

Inteligencia Artificial


Objeto Sugestivo


Juan E. Rodriguez

Serie polinisación 1.

El monje Rojo


Tecno- Soldado


El doctor CLOCK

El abominable Hombre lunar


Mariela Kusner


Antonio González

Paisaje encendido


Sergio Albarracin


Francia -Chile

Pablo Poblète

Pablo de Poblette: 2003, "PSYCHO-PRIÈRE"


Pablo de Poblette; 1981, "LE COUPLE" Paris. H/S/Toile, 2m x 2 20m. Coll. privée.


España

Valeriano Fauve


India

Mainak Adak


Colombia

Ana Lucia Montoya Rendón

Bocacebra


Venezuela

Augusto Acosta Rada

"Madre Pescadora"

Pieza a escala peatonal de la escultura que se encuentra a la entrada

de la ciudad de Robledal Península de Macanao (2013 )


"El Pez de nuestro cada dia"

I Bienal de Arte Urbano. Ciudad puerto de Talcahuano. VIII region -

Chile.(Poliuretano y fibra de vidrio)( 1.994 )


E.E.U.U

Jorge Rueda


PROLOGARIO

Palabras de colaboradores de LAK-BERNA

Un agradecimiento infinito a todos ….


LAK-BERNA, revista virtual, amplía su ámbito cultural a través de esta

maravillosa Antología que agrupa, excelentemente, el quehacer de sus

colaboradores como son los escritores, pintores, músicos, fotógrafos y

tantos otros artistas. Su fundadora y directora, Gladys Cepeda, artista

multidisciplinaria, de forma incansable e incondicional, nos reúne en este

universo —su abrazo sincero—, en el que nos sentimos como en casa. Le

auguro muchos éxitos a esta “opera prima”. Vengan muchas más.

Ana Lucía Montoya Rendón

LAK-BERNA son diversas puertas de dimensión en dimensión, puertas

que del otro lado un ser de las palabras te hace recorrer por el vagón

de la imaginación, creatividad, y conocimiento, cada arte es una

persona y a su vez es el color que representa cada artista y el lector un

papel blanco expuesto a contemplar y recibir los colores del arte

recorriendo las venas de la mente y atravesar la pantalla del monitor y

aterrizar en un universo que vos mismo creaste.

El doctor CLOCK


LAK- BERNA “es una revista en formato digital” dicho así parece algo

simple y sin demasiada importancia pero en realidad esta aseveración

encierra más de lo que parece.

Si bien nació como revista digital LAK-BERNA se fue transformando en

un puente que une letras, pinturas, voces, opiniones, en síntesis: arte

en su más amplia expresión.

Hecha a pulmón, sin ningún afán de lucro, se ha ido puliendo y

abarcando temáticas cada vez más osadas y diversas.

Difundiendo a cientos de artistas que no hubiesen sido conocidos de

otro modo, ha ido creciendo exponencialmente hasta cosechar premios,

reconocimientos, méritos indiscutibles de su gran labor.

De la mano de su directora Gladys Cepeda, esta revista dejó de ser de

dominio particular para ser la “revista de todos”.

El trabajo impecable de los logos realizados por Ana Lucía Montoya

Rendón y Mariela Kusner demuestran que se pueden tejer redes sin

importar la distancia que separe a los artistas.

Internet nos brinda la oportunidad de acceder a tanta maravilla, a

tanta comunicación, así que aprovechemos “LAK-BERNA”

aprovechemos la labor de tan pocas manos que se unen en cientos y

difundamos el gran trabajo realizado por LAK-BERNA

Liliana Varela

Mucho es lo que debe reconocerse al blog-revista LAK-BERNA, que

dirige la poeta Gladys Cepeda. Los tiempos pareciera que cambian,

pero en el fondo (humano) son muy similares. Y esto lo digo porque sé

de las limitaciones de toda índole que tiene que sortear Gladys para

seguir adelante en este proyecto de vida y de literatura. Lo que ella


aporta hacia los otros escritores es inmensamente más que lo que

hacen revistas de renombre y de recursos. Me recuerda a esa historia

bíblica, donde Jesús, viendo a los ricos dar cuantiosas ofrendas y, a la

par, a una viuda ofrecer las únicas dos moneditas que tenía, dijo: ‘De

verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos. Porque

todos éstos han echado como donativo de lo que les sobraba, ésta en

cambio ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto tenía para vivir’.

Pues eso encontramos cuando la Red nos aproxima LAK-BERNA: tiempo

ofrecido en pos de la promoción de otros escritores; pasión por

compartir; entrega de buena poesía, fotografía, textos narrativos… Mía

sea la gratitud por este ejemplo.

Alfredo Pérez Alencart

La revista LAK-BERNA dirigida por la poeta Gladys Cepeda es una

publicación que aúna las diferentes disciplinas artísticas con un

criterio participativo y de búsqueda constante, lo cual la erige en un

espacio sumamente valioso y de gran enriquecimiento para el mundo

artístico-cultural. Felicitaciones

Luis Raúl Calvo


Siempre es una alegría recibir la noticia de la aparición de un nuevo

número de la revista digital LAK- BERNA ya que nos brinda la

posibilidad de encontrarnos con los grandes escritores, artistas

visuales y musicales que han hecho historia y también con lo cotidiano,

con todo lo aquello importante y valioso que sucede en el mundo de la

cultura.

Destaco la dedicación de su editora y recopiladora Gladys Cepeda

por su compromiso con la cultura en estos encuentros virtuales que

promueve a través de la palabra y la imagen, recorriendo latitudes,

uniendo voluntades, invitándonos a difundir nuestra obra e

enriqueciéndonos con las distintas voces y estéticas.

El riguroso trabajo creativo que se realiza en cada una de sus

ediciones digitales la hacen única, acercarse a leerla o escucharla

exige respeto, concentración y dejarse llevar por la emoción.

Felicitaciones Ladys y a tus colaboradoras Ana Lucía Montosa Tendón y

Rielara Gusanera por los logros realizados

Nora P. Nardo


LAK-BERNA, es una revista que compendia un abanico de opciones

lectoras y visuales. Comprometida con el hacer cultural sin exclusiones

de lugares y artífices del arte.

Cada entrega surge suavemente sin presiones, con la misma calma que

transmite Gladys Cepeda cotidianamente. Con el respeto por el

creador, con la armonía del conjunto publicado.

LAK-BERNA es traducción de tiempos actuales en un blog que atrapa

y se espera.

Ha sido un honor ser elegida para participar en esta revista virtual, mi

agradecimiento continuo, ya que su trascendencia marcará a futuro la

tendencia y creatividad de estos tiempos.

Gracias, Gladys Cepeda, gracias LAK-BERNA.

Elisabet Cincotta

Crear, agrupar, convocar, difundir... son todas acciones que el

periodismo y la palabra escrita necesita en la sociedad actual. Tener la

iniciativa, abrir espacios públicos alternativos, cero censura o

selectividad, confiabilidad... son condiciones de instrumentos como la

revista LAK-BERNA y otros similares que la inquieta y abierta iniciativa

de Gladys Cepeda y sus colaboradores crean de la nada, casi como una

aparición de prepo en el conocimiento público. Bienvenidas sean esas

buenas nuevas Antonio González


Tiempos Digitales

No es difícil definir qué significa la publicación de la revista LAK-

BERNA para el mundo literario actual, ya que ese mundo que nos

convoca a los escritores de hoy, que muchas veces resulta angustiante

por la dificultad que impide editar, algo así como estar conminados al

exilio de la palabra, pues se hace cada vez más inalcanzable llegar al

lector, que son en definitiva, los artífices que sostienen nuestra

vocación.

Dijo Neruda… nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos… y,

así es, nos debemos adaptar a los cambios. Si hemos podido y aún

podemos con la página en blanco y más, como publicar haciendo

tremendos sacrificios sólo por el amor al lenguaje en todas sus

expresiones, podremos con todo.

Ahí entonces comienza una nueva etapa que quizá no sea valorada

como merecería y nacen otros faros de luz que nos brindan, éstos más

que interesantes espacios ideados inteligentemente por escritores que

sienten que su vocación es llamada; para crear nuevos senderos de

expansión de las letras. Y así nace esta notable revista LAK-BERNA,

dirigida por una poeta de Avellaneda, Gladys Cepeda, premiada,

reconocida no sólo en el mundo literario de nuestra ciudad de

Avellaneda, su reconocimiento trasciende la frontera de Argentina.

También hemos podido valorar publicaciones buenísimas desde el

extranjero y lugares más recónditos. Cepeda, tras el empeño que pone

para que este espacio subsista, no sólo para brindar conocimientos

literarios sino para que nosotros los escritores, poetas y periodistas

percibamos menos desamparo en este mundo avasallante. Junto a ella,

trabajan colaboradores imprescindibles que apoyan todas esas

iniciativas y que bregan para que los sueños se hagan realidad cada día

y que esta divulgación de LAK-BERNA al zambullirse en ese mundo

digital tan ambicioso se engrandezca.

Dejar sueños sin impresión y olvidados en un rincón sería pecaminoso

en todos los sentidos, puesto que la buena palabra debe ser difundida


ya que termina siendo para la cultura, inefable sabiduría. No sé puede

excluir bajo ningún aspecto estos determinantes, el hombre crece, se

nutre para progresar y ser libre, de lo contrario, perecerá su

entendimiento. Para terminar afirmo.

El mundo imaginario es producto del Parnaso literario y mientras

muchos destruyen, otros construyen a través de la palabra escrita. Me

permito agradecer nuevamente en nombre de todos los que han dejado

un mundo de ficciones, poesías y notas de una envergadura literaria

muy interesante. Ellos lo saben…entonces, adelante siempre con LAK-

BERNA, por brindarnos este rincón creativo y digno para la libre

expresión.

Cristina Osimani

LAK-BERNA no es sólo una revista cultural, mejor dicho, es un

puente cultural. Es una de las raras revistas mundiales que une el largo

mundo por su esfuerzo interminable de publicar varios poetas, autores

y artistas de varios países. Desde años, la directora sigue esta misión

noble y gracias a su búsqueda incansable de dar la luz a la creación de

varios artistas, sea famosos o sea desconocidos, hemos leído pleno de

bellos poemas, micro cuentos, hemos visto numerosas obras de

artistas plásticas en este puente de cultura.

Aún me acuerdo de un correo electrónico de noviembre de 2011. Ella

me invitó a escribir en LAK-BERNA. Fue la primera vez que una revista

extranjera me animó así a llegar al superficie literario del mundo. No

fue fácil para mí de lanzarme de la literatura bengalí al larguísimo

mundo de literatura castellana. Pero, las palabras animadas de la


directora ganaron la lucha contra mi miedo. Pues desde 2012 hasta el

nuevo LAK-BERNA de hoy, casi todos de mis textos vieron la luz de ser

publicado en la revista. Estimados lectores, también han visto aquí

algunas obras de mi pintura y de mi fotografía que ni siquiera he

publicado en mi país. LAK-BERNA, así, llevó un desconocido como yo a

la arena de lectores, críticos y colegas de arte y cultura.

Espero que LAK-BERNA sigue adelantando su misión y llegará un día a

cada esquina del mundo de artistas, autores y lectores.

Mainak Adak

Es entrar por un lugar lleno de misterio, ideas y amor a lo diferente, a

los que pocos conocen y saber escuchar.... Podes también tocar y ver

esas ilusiones llenas de de mensajes. Escuchar , oler, hablar, mirar,

respirar... eso es entrar en

LAK-BERNA

. Agudiza tus sentidos

Mariela kusner


LAK-BERNA, DETRAS DEL VIRTUAL, GLADYS

POETICAMENTE REAL

La revista virtual de Buenos Aires, LAK-BERNA dirimida por la Poeta y

periodista cultural Gladys Cepeda es un aporte al universo-creativopoético-cultural

de una gran riqueza. Esta revista nos permite en

cualquier parte del mundo informarnos sobre la poesía internacional y

por supuesto del movimiento de poesía de Argentina. La diversidad de

sus reportajes

es una clave particular de la identidad artística de LAK-BERNA

siendo una ventana de "haute qualité" que se nos ofrece gratuitamente

sea para leerla e informarnos o para participar con nuestras

creaciones.

Le deseo una larga vida. Gracias Gladys!! de todo corazón y poesía

por las horas de trabajo generoso que nos brindas permanentemente.

Pablo Poblète

La amiga que edita la Revista LAK BERNA, tiene la fina

sensibilidad poética de tender sus paginas virtuales y de las otras, a

todo el mundo que quiera colaborar y quisiera hacerlo, sin ningún tipo

de censura o discriminación.

Es una revista como un faro de luz, para el que navega con

sus poemas y necesita de esa guía que le señale el camino de sus


aspiraciones.

Desde su aparición la revista, cumple con ese requisito que

señalaba don José Lezama Lima, poeta cubano.: “Si un hombre o una

mujer, escribieron alguna vez en su vida, un solo verso de un poema que

pudo quedar en la memoria de un lector o emocionó a otra persona,

ese hombre o esa mujer, tienen esa esencia poética y desde ya son

poetas” LAK BERNA, suele cumplir con este pensamiento.

Gracias Gladys, gracias amigos, de LAK BERNA, por reflejar

con tanta gratitud esa luz, digo esos poemas.

Roberto Romeo Di Vita

La revista, me parece, que está haciendo una gran labor de difusión.

Todo lo que he leído en sus publicaciones, tiene gran calidad. Desde la

primera vez que me propusieron publicar en sus páginas digitales, no

dudé en participar y no he dejado de hacerlo. Es un espacio que se

mantiene con mucho esfuerzo y es un espacio que se debe mantener

abierto. Hay muchas autoras y bastantes autores que colaboran con

LAK-BERNA. Invito a poetas, a narradores, a artistas visuales, a

investigadores que se sumen. Es un espacio que nos permite llevar

nuestras inquietudes artísticas, nuestros aportes artísticos a muchos

lectores. Les invito a colaborar con la revista.

Elvin Munguia


Cada número de LAK-BERNA que sale tiene su propia

arquitectura, la línea editorial en manos de Gladys Cepeda y equipo

elabora otro estilo, es una revista distinta, descubre escritos, dibujos,

pinta contornos que se borran para crear uno nuevo en el siguiente

número y así brindarles a los artistas y escritores oportunidad de

difundir y lucirse .

Beatriz Palmieri,

…Mis afectos especiales a la revista LAK-BERNA y su fundadora Gladys

Cepeda, su altruismo en la publicación de trabajos para con todos los

artistas del mundo, no tiene limite.

Un fuerte abrazo

Jorge E. Rueda


"Una puerta de salida al mundo interesado en las letras en

sus distintas formas y estilos, merece nuestra adhesión y apoyo."

Mario Capasso

LAK BERNA

lugar de refugio necesario

libertad de ser

rostro en el espejo de la palabras y el silencio

voces multiplicadas en el viento

gracias Gladys Cepeda

por ser nuestra Hada de sueños

Alba E. Gutiérrez

Un espacio con luz en su profundidad.

Todo pasa y se queda.

Como un huracán, una brisa, un sol, unas gotas de rocío, una tierna

nevada.

Sin corset, con ganas infinitas, con todos los sentidos alertas.


Así, y de la mano y corazón de Gladys Cepeda, late LAK-BERNA.

Entonces uno se siente atraído por el rumor colectivo, por una alquimia

con perfume a flores y sabor a miel y limón.

Siempre nos encontramos en ella, mientras sigue la búsqueda.

Marta Pizzo

Es un honor escribir estas lineas para la revista LAK -BERNA en su

edición especial, felicitar por su esfuerzo y permanencia activa en esto

que tiene que ver con la valentía de crear. Editar y proyectar lo que se

viene haciendo de forna diversa y alternativa

Augusto Acosta Rada

LAK-BERNA ofrece un espacio gratuito de difusión a la obra de

escritores y artistas plásticos, tanto emergentes como consagrados,

lleva su labor adelante de la mano de Gladys Cepeda con compromiso,

dedicación y seriedad, sin otro objetivo que apoyar e incentivar la

conducta creativa. LAK-BERNA ya forma parte de los aceitados

engranajes que con esfuerzo y trabajo desinteresado mueven la


maquinaria de la incipiente movida cultural que Internet origina.

Eve Violeta Gauna Piragine

LAK-BERNA ...Un mundo donde nos deleitamos y

gozamos de la amplia diversidad artística que es muy difícil

conseguir ,muchas gracias por darnos un espacio para difundir /

ARTE...ARTE...ARTE

Sergio Albarracin


Antología

de revista LAK-BERNA

Poesía, Narrativa y artes visuales

Ilustración de la tapa y separadores Erin-Hanson

Selección y edición Gladys Cepeda

https://lak-berna.blogspot.com.ar/

FB. LAK-BERNA ANTOLOGÍA

https://www.facebook.com/Lak-Berna

https://www.facebook.com/revista lak-berna (grupo)

Ediciones LAK-BERNA -2017

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