En mis zapatos. Relatos y testimonios desde la cárcel de Coronel.

delarchivo

En mis zapatos reúne el testimonio de un grupo de internos de la cárcel de Coronel, que participaron de un taller de lectoescritura y edición colaborativa junto a estudiantes del Liceo A-34 “Andalién” de Concepción. Es, desde esta base, un texto urdido entre muchas manos, un esfuerzo de autoría comunitaria que se sostiene gracias al continuo encuentro con la voz del otro que propone su lectura.

En mis zapatos

Relatos y testimonios desde

la cárcel de Coronel


En mis zapatos

Relatos y testimonios desde la cárcel de coronel

VV.AA.

© Ediciones del Archivo, 2017

ISBN: 978-956-9898-01-3

Edición

Ilustración de portada

Ilustraciones interior

Diagramación

Diseño de portada

Eduardo Aguayo Rodríguez

Francisca Pinto Inzunza

Cristofer Muñoz

Matías Ormeño

Vicente Hernández

Franco Milanese Pizarro

Paula Riveros Madariaga

Ediciones del Archivo Ltda

Freire 1839 #3, Concepción

edicion@delarchivo.cl

www.delarchivo.cl

Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons

Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

PROHIBIDA SU VENTA


En mis zapatos

Relatos y testimonios desde

la cárcel de Coronel

Eduardo Aguayo – Francisca Pinto

(Editores)

delarchivo


ÍNDICE

Prefacio

Edgardo González

Abel Araya

José Troncoso

***

Juan Ramírez

Segundo Ferreira

José Villagrán

Ademir Verdugo

Héctor Palma

Fabián Pérez

Andrés Beltrán

Nota

VII

15

19

21

23

27

31

39

43

47

49

51

63


Prefacio

Este texto pone en circulación voces de actores sociales que

podríamos considerar, en principio, minoritarios: por una parte,

reúne el testimonio de distintos reclusos que cumplen condena

en el Centro de Cumplimiento Penitenciario de Coronel; por

otra, incluye los comentarios de jóvenes estudiantes que dialogan,

desde las aulas del liceo A-34 “Andalién” de Concepción,

con estas historias lejanas pero cercanas a la vez. El lector participará

como testigo de este encuentro singular y heterogéneo,

donde relatos insólitos y hasta fantásticos –como fugarse de una

cárcel para terminar compartiendo, al otro lado del Atlántico,

con el vocalista de Mano Negra– comparten el espacio de la palabra

con los testimonios de quienes se han visto “marcados”

desde pequeños –incluso físicamente, por una cicatriz– al desprecio,

el olvido y la (auto)negación; también, con la voz reflexiva

y por momentos impresionista de los jóvenes lectores que

comentan e introducen cada historia.

El ejercicio del cual surge este texto resultó enriquecedor

para todos los participantes, por distintos motivos. Para quienes

trabajamos en el aula, la posibilidad hacer participar a los

estudiantes en un trabajo de edición colaborativa permitió desplazar

el sentido de lo que entendemos por lecto-escritura hacia

un área que nos parece contingente y, por lo mismo, plenamente

significativa. Más que simples componentes de una competencia,

lectura y escritura funcionaron acá para dar nombre a

una realidad terrible y al mismo tiempo muda: la vida de la cárcel.

En este sentido, aprendizajes más, aprendizajes menos, nos

vii


En mis zapatos...

parece muy relevante el conocimiento que los jóvenes construyeron

acerca de una realidad compleja, siempre eludida por el

poder del relato normalizador, a la cual fue posible asediar a partir

del (anti)ejemplo, pero también desde la empatía.

Por otra parte, la ocasión de escribir y escribirse abrió posibilidades

de elección y compromiso entre quienes, por definición,

se encuentran privados de libertad: elección, en la medida

en que los participantes tuvieron plena libertad para escoger el

contenido y la forma de su mensaje, así como para participar

o restarse de este proyecto; compromiso, por la clara conciencia

que tuvieron en relación a su trabajo y el impacto que este

tendría entre la comunidad de lectores. Esto sin duda puede hacerse

extensivo a los comentarios de los estudiantes, animados

siempre por una intención personal y creativa.

En este sentido, y pensando en Ricoeur, el desarrollo de competencias

estrictamente lingüísticas o textuales implicado en

este ejercicio de edición colaborativa no significa nada si no viene

a configurar una identidad al interior del libro, una no dada

previamente, sino que construida a través de un proceso fundamentalmente

dialógico, por lo que resulta móvil y dinámica.

De lo anterior se entiende que cometeríamos un grave error si

intentáramos juzgar estos relatos por su veracidad o su valor estético,

pues su verdadera potencia radicaría en la diversidad de

voces que confluyen y en el diálogo que se genera entre ellas.

Creemos que En mis zapatos evidencia una identidad que es

histórica y discursiva, y que se plantea, por ello, como un espacio

de conflicto y lucha, en tanto despliega una tensión constante

entre una cierta forma de identidad comunitaria, local y personal

de los emisores de estos discursos y una fuerza hegemónica

o global que va erosionando los precarios lugares de enunciaviii


Prefacio

ción desde donde se alzan estas (inter)subjetividades, logrando

que los hablantes –tanto reclusos como estudiantes– converjan

en la ilusión de un encuentro que se sostiene, paradójicamente,

en esa intensa sensación de desposesión por momentos compartida.

Tal vez por eso, uno de los efectos más potentes que provoca

la lectura de estos textos se relaciona con la posibilidad de darnos

cuenta de la tenue –probablemente inexistente– distancia

que nos separa de la deshumanizadora violencia que habita en

estos relatos. En efecto, la realidad referida en estas historias

continúa desarrollándose y latiendo, acá y ahora, en Lota, en

Santiago, en América, en todos los lugares y a cada momento.

Está ocurriendo con ese joven que abandona su casa a los catorce

años para nunca más volver ni ser buscado, actualizándose

en esa mujer, víctima de femicidio, en manos de un hombre incapaz

de sostener su humanidad frente a una existencia que lo

supera. Es por ello que este libro apunta, en último término, a

promover la toma de conciencia de nuestras realidades a partir

de una mirada crítica, que desvele el ordenamiento social para

conocerlo, conjurarlo y finalmente liberarlo de los mitos que

mantienen la estructura de dominación vigente.

No ocultamos la ambición de que el lector participe del diálogo

desestabilizador nacido de una lectura crítica sobre los textos

y las realidades que los gestan, contribuyendo de esta forma

a la transformación de los diversos espacios normados por el

prejuicio, la clase, la religión, etc. Pensamos que la lectura, ojalá

mayoritaria, de textos como el que presentamos podrá propiciar

un sano ejercicio de escrutinio, discusión y debate sobre

la vida, las decisiones en el camino, los giros cruentos de las experiencias

individuales, todos ellos relatos ejemplares que nos

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En mis zapatos...

invitan a reflexionar, como lo hicieron los estudiantes secundarios

que tuvieron el primer contacto con este material narrativo.

El testimonio de todo ello, la huella material, es la escritura, que

nos conecta con los primeros textos y con la realidad, develando

necesidades, gustos, fracasos, desaciertos e inquietudes que se

inscriben en un continuum que busca forjar comunidad, resistir

el olvido y conjurar los prejuicios.

Quisieramos subrayar, a modo de cierre, que el recorrido por

la creación y evolución de estas identidades en movimiento se

ha hecho a través de imágenes de vidas, de relatos fragmentarios,

de confesiones y testimonios que fueron revelando el deseo

y la necesidad de encontrar una propia y compartida identidad,

a través del diálogo entendido como espacio de encuentro auténtico

entre los sujetos. El mismo proceso de creación de este

libro nos invita a continuar con esta labor y propiciar este tipo

de instancias, pues En mis zapatos es una urdimbre, un trabajo

lleno de utopías y de sueños para la transformación, que busca

des-cubrir las identidades de los sujetos protagónicos para que

ellos también se encuentren a sí mismos.

Los editores

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En mis zapatos...

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Prefacio

13


Edgardo González

———–

A pesar de tener una buena educación y una buena relación

con tu padre en un principio, tuviste que soportar la

triste infancia que muchos niños viven actualmente. Me

pareció mal el hecho de haberte dejado influenciar por

tus supuestos “AMIGOS” ya que le hiciste mucho daño a

tu madre y tuviste que caer en la prisión para darte cuenta

de todo lo que habías hecho ¿Qué pasa si no hubieses

hecho eso? ¿No te hubieses dado cuenta y le seguirías haciendo

daño?

Crishna Baeza y Jeison Cariaga.

———–

Primero que nada yo cuando era niño era una persona muy

tímida, pero a pesar de eso siempre fui excelente alumno en el

colegio, era responsable en todo, no me gustaba faltar nunca a

clases. A pesar de los problemas familiares, siempre luché por

lo que quería.

Con el tiempo fui creciendo y seguían los problemas en mi

casa, nunca se acababan. Mi padre era un buen papá conmigo,

nunca me pegó, siempre trabajaba por nosotros, no tomaba, no

fumaba, no tenía ningún vicio, me quería mucho como yo a él.

15


En mis zapatos...

Él daba todo por su familia, por mí y por mi madre, pero

fueron tantas las peleas entre ellos que yo ya no aguantaba más.

No sabía qué hacer para que las cosas se arreglaran.

Nunca fui una persona de diálogo, nunca conversaba mis cosas

con nadie, siempre me guardaba todo, a lo mejor tuve que

conversar las cosas que estaban ocurriendo, a lo mejor pude salvar

una vida, o sea la de mi padre, pero él no aguantó más la

situación. Era muy celoso, A lo mejor mis padres no se daban

cuenta del daño que se hacían ellos y el daño que me hacían a

mí, todos sus problemas me afectaban.

Mi padre se mató y lo pillé muerto en mi casa, fue muy fuerte

para mí, hasta el día de hoy no puedo superar que él no esté

conmigo. Hace 15 años ya que llevo una vida diferente. Con mi

madre todo cambió, mi madre tuvo que hacer el rol de mamá

y papá. Ella se sacó la mugre por mí. Yo no quise estudiar más,

estuve con depresión por mucho tiempo, después de unos años

retomé mis estudios pero no fue por mucho, los dejé al tiempo.

Después fui conociendo otro mundo, un mundo de felicidad,

siempre pensé que iba a ser así toda la vida, otras amistades de

niñez. Fui conociendo más amistades, que me hacían pelear con

mi madre, pero no me importaba nada ni nadie, era yo y mis

nuevos amigos.

A pesar de todo lo malo que hacía, me daba cuenta lo que

sufría mi madre por mí. La hice sufrir mucho, le mentí muchas

veces, nunca hice caso a sus consejos. Fue tanto el sufrimiento

que le hacía a mi madre que no sabía qué hacer. Hacía lo que

se me viniera a la cabeza, tomaba alcohol y sentía que todos los

problemas se acababan, pero era peor, más daño hacía.

Un día salí del trabajo con dinero en la tarde a carretear con

mis amigos, que solo estaban cuando tenía plata. Me daba cuen-

16


Edgardo González

ta de todo eso pero no me importaba nada, lo único que quería

era olvidame de los problemas. Tomé mucho, salí a la calle, cometí

un delito que nunca pensé hacer porque yo no era delincuente,

bueno a pesar de todo estoy en este lugar y el amor de

mi madre me ha hecho madurar mucho acá. Mi madre me viene

a ver a este lugar a pesar de todo el daño que le causé. Espero y

creo que seré otra persona por mí y por mi madre. Recuperaré

todo el daño que le hice a mi familia con demostrarle que puedo

ser una nueva persona feliz con mi familia.

17


Abel Araya

———–

Me conmovieron las últimas palabras de esta historia, que

hablan de tratar de generar un cambio tanto personal como

un bien para tus hijos. Está bien tratar de cambiar de

forma permanente a pesar de tu dolorosa infancia y sobre

todo por el mal causado.

Quizá esta es solo una historia de miles que se escribieron

y generosamente me llegó a mí. Si fuera por mí, confiaría

en el cambio que intentas realizar.

Camila Quijada y Vicente Cantillana

———–

Bueno, me presento: soy Abel Fernando Araya Moncada, nacido

el 14/03/1986 en la Ciudad de Lota. Todo empieza así

Desde el día que nací mis padres, pensando en mi bienestar

familiar, tomaron rumbo con dirección a Santiago a un campamento

llamado “Juan Silva Henríquez”. Mi madre dueña de casa

y mi padre un jardinero sin oficio y bueno para tomar. Fui

creciendo, comencé a darme cuenta de muchas cosas que sucedían

en casa. Yo era el tercero de mis hermanos, el más pequeño.

Empecé a crecer en un ambiente de mucha pobreza, había

hambre, se pasaba mucho frío, pero mi madre siempre enseñándonos

buenas cosas, tratando de darnos estudios. Empezamos a

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En mis zapatos...

crecer viendo que en casa faltaba y con lo que traía mi madre no

alcanzaba, ya que mi madre sobrevivía con $2000 a $3000 pesos

diarios que traía.

Papá empezó a pedir en las poblaciones de clase alta para

poder comer, mis hermanos y yo comenzamos a robar en los supermercados

cosas para comer y otras formas para conseguir

comida para mamá. Mi madre embarazada de mi hermana menor,

pasando necesidades, por mi padre alcohólico irresponsable.

Luchamos para que no nos faltara para comer. A la edad de

14 años me fui de la casa y nunca más volví, empecé a hacer mi

vida acá en el sur, sólo haciendo cosas ilícitas para sobrevivir,

así hice las primeras condenas que tuve. Conocí a la madre de

mis hijos mayores que son dos, Matías y Dylan.

Por ser como aprendí a vivir la vida me he encontrado con

amigos de infancia dentro de las cárceles y hemos recordado lo

que tuvimos que vivir de niños para que no nos faltara de comer.

Así ha pasado el tiempo y he perdido muchos años de mi vida en

la cárcel, pero ya tengo 4 hijos y con 2 mujeres distintas, tengo

que “chantarme”.

Ahora me encuentro en Coronel, haciendo una condena de 4

años y medio, esta vez se ha notado cada vez más la ansiedad de

libertad ya que tengo una familia que espera. Mis hijos son pequeños

aun, por eso ya tengo que hacerme respetar y que no me

vean más en lo malo, para que ellos puedan ser unas personas

diferentes a su papá, que soy yo.

Espero que esta historia pueda hacer entender alguien que

si tiene la oportunidad de estudiar, que se esfuerce para ser una

persona de bien y que pueda ser diferente.

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José Troncoso

———–

La vida de José fue difícil, ya que la que lo crió fue su abuela

y murió cuando él sólo tenía 10 años, pero lo que relata

demuestra que está arrepentido por los errores que cometió.

A nuestro parecer le sirvió en cierta manera caer detenido,

porque ahora ha tratado de cambiar su vida.

Me gustaría que en la calle siguiera con la mente que tiene

ahora con la buena relación con su familia y que ya no

volviera a cometer errores. que encontrara un buen trabajo

y pudiera surgir.

Isaac Cortés y Samir Romero

———–

Bueno, mi nacimiento fue sano y mi abuela me crió. Yo tenía

10 años cuando ella murió. Me gustaba ir a la casa de mi abuela

por que ella me daba cariño... tenía 84 años y su nombre era

Delia.

Después me llevaron de donde estaba estudiando y me cambié

a un colegio que se llamaba San Marcos. La directora se llamaba

Mariela y ella me apoyaba mucho para salir adelante. En

ese colegio pasé de curso de 6 ◦ a 7 ◦ .

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En mis zapatos...

Luego cometí un error en el cual me descubrieron y no seguí

estudiando más. Después de cumplir los 12 años me fui de donde

vivía y mi padre me llevó con él. Él trabajaba, pero tenía un problema

con el alcohol, lo cual me llevó a robar para comprarme

mis cosas.

Después de todo eso me internaron en el hogar “Chillancito”

y seguía haciéndolo mal. Estando en ese lugar conocí a mi madre.

Luego me escapé y me fui con ella. Ella me daba consejos

para cambiar, lo intenté pero no pude.

A los 18 años caí preso 1 año. Después me fui para la calle.

Y ahora tengo 22 años y me llamo José y me encuentro privado

de mi libertad, cumpliendo una condena de 5 años, pero

aquí estoy, cambiando mi vida.

Y le sirvo a Dios y tengo una buena comunicación con mi

familia y mi madre, que se llama María, y estoy muy feliz.

Y pude darme cuenta que antes estaba muy mal.

22


***

———–

Esta historia nos pareció muy emotiva y muy romántica,

porque salió adelante sin su madre, no de la mejor forma

pero salió, y también porque encontró el amor y se enamoró,

porque después de salir de la cárcel la buscó. Se notó

amor verdadero...

Estar en prisión le enseñó a razonar para no perder al

amor de su vida por segunda vez. Y no cometer los mismos

errores que cometió en el pasado.

Benjamín Solis y Sebastián Valenzuela

———–

El día 4 de octubre de 1989, el día de mi nacimiento, mi madre

me contó que fue como una fiesta ya que mi tío Claudio y

Jorge terminaron tomando alcohol con las enfermeras. Eso fue

en el hospital El Salvador de Providencia. Poco recuerdo de mi

infancia. Vivía en una casa bien amplia ubicada en la comuna de

Lo Espejo, una población llamada la José María Caro, algo loca la

población pero con gente muy esforzada. Ahi vivía con mi madre

llamada Alejandra, mi tío Claudio y el tío Jorge. El tío Jorge,

un alcohólico a morir y el tío Claudio un buen hombre. Recuerdo

mi primer accidente, iba corriendo dentro de la casa y me caí

23


En mis zapatos...

con una taza de loza. Me quedó una marca de por vida, una gran

cicatriz en mi muñeca.

Todo era muy tranquilo, una vida de harto esfuerzo. Mi madre

era comerciante junto a mis tíos, a veces la acompañaba

cuando ella hacía sus viajes a Viña del Mar, Rancagua, Chillán,

etc. Yo era una persona no muy sociable, no era de tener muchos

amigos, me gustaba pasar el mayor tiempo posible junto a

mi madre. Mi primera separación fue en mi primer día de jardín

infantil, lloré como nunca lo he hecho en mi vida, no pude estar

un día lejos de mi madre, por lo cual ese mismo día me retiraron

del jardín. Más adelante tocó mi primer día de clases, una

angustia, pero se me quitó a las horas. Fue en el Colegio Adventista

N ◦ 58 en la comuna de Lo Espejo. Buenos profesores, y me

hice buenos amigos.

Pasaron los años y cumplí 12. Viví lo peor que puedes vivir

en tu vida: mi madre muere de peritonitis. Qué terrible pérdida,

ni yo creía cómo no lloré, quedé en shock. Ahí mi vida da un

gran giro... se fue la mitad de mi vida.

En la casa el que no trabajaba no comía y yo a mis 12 años

tenía que hacer algo. Ahí fue donde cometí mis primeros actos

delictivos, tenía que seguir viviendo, aun recuerdo aquellas micros

amarillas que salían de mi población hacia un barrio de nivel

económico superior. Demoraba 2 horas en llegar a Las Condes

donde fueron mis primeros delitos, no fueron millonarios

pero servían para sobrevivir. Pasó el tiempo y conocí el amor,

llamada Ángela, mi primer amor. Volví a vivir, en ese instante

mi vida toma sentido, eso sí ella nunca supo de mis delitos. Nos

fuimos a vivir juntos a una casita bien linda de segundo piso en

la villa Vista Alegre.

24


***

Recuerdo que compré mi primer perro de raza bulterrier, lo

llamé Tor. Teníamos todo lo que una familia necesitaba para vivir,

pero un día en el centro de Santiago me toman el primer

control de identidad, en el cual yo portaba un arma de fuego.

Fui detenido de forma inmediata. No fue una experiencia muy

agradable. Al otro día me fui del juzgado. Ahí estaba Ángela apoyándome.

Continuamos la vida normal, y tomé la decisión de irme al

norte de Chile, a La Serena, por unos días. Me fue demasiado mal,

ya que al momento de cometer un nuevo delito, fui detenido y

condenado a 5 años y un día. Fue algo traumante, no me hallaba

en la cárcel, conocí mucha gente, probé muchas drogas. Ángela

me acompañó 3 años de aquella condena y los otros 2 años se

aburrió... me costó mucho convencerla para que me perdonara

cuando teníamos visitas.

No hay fecha que no se cumpla, así que me tocó mi momento

de libertad, nunca fui capaz de olvidar a Ángela así que lo primero

que hice fue buscarla... volvimos a estar juntos y hasta el día

de hoy no nos separamos...

25


Juan Ramírez

———–

Fue una historia de vida bastante interesante de poder

leer y a la vez ayuda a reflexionar sobre un mundo de

delincuencia el cual es completamente desconocido por

ciertas personas, pero siento que no todo fue culpa del

protagonista de la historia, sino también del sistema educacional

que pone un estándar y quiere que todos rindan

prácticamente al mismo nivel de inteligencia y al individuo

que no esté a ese nivel lo hacen repetir y no le dan un

espacio digno en el sistema laboral.

Como podemos analizar en el texto, la prisión no sirvió de

nada solo empeoró su comportamiento debido a las malas

influencias que él se encontró en ese lugar. Si ocupamos

la lógica podemos comprender claramente que hoy

en día la supuesta justicia y la corrección (el motivo por el

que envían a las personas a prisión) no funciona debido a

que solamente los dejan ahí sin preocuparse de qué harán

después de que salgan de este lugar. Pero por otra parte

tampoco se justifica todo lo que hizo, debido a que simplemente

los malos actos no tienen justificación, ni menos

teniendo conciencia de que está mal.

27


En mis zapatos...

Igual me pareció interesante la vida de este hombre, debido

a que algunas veces he pasado por fuera de la cárcel

de Coronel, pero nunca me he preguntado cómo será la vida

de las personas que viven ahí o por qué cosas habrán

pasado.

———–

Neftalí Muñoz

Nací el 11 de diciembre en el hospital Higueras, de Talcahuano.

Viví en el cerro Las Torres hasta los 6 años. Ahí viví con mis primos,

con tías, en general con casi toda mi familia, hasta que un

día mis padres decidieron irse para Chiguayante. La verdad me

fue un poco complejo adaptarme, todo era distinto. Estudiaba

en la escuela Bélgica, la verdad nunca fui bueno para los estudios.

Luego de vivir allá casi por 3 años a mi madre se le ocurrió

venir a vivir a Coronel por peleas con mi padre. Nuevamente

cambió todo radicalmente. Vivimos en Coronel por 6 meses, era

muy complicado todo, la escuela, la convivencia con mis abuelos,

así que nos devolvimos para Chiguayante.

Luego de eso todo fue bien hasta que repetí varios cursos.

Me vivían criticando. Después comenzó mi rebeldía, ya no iba

a clases, no hacía caso en nada, en pocas palabras, hacía lo que

se me antojaba. No tengo nada que decir contra mi madre, ella

siempre me corregía y usó todos los métodos: fue una buena

mamá, yo era el mal hijo rebelde.

En una de esas andanzas de rebeldía andaba junto a dos amigos

en el río Biobío, en Hualqui, pasándola bien, hasta que nos

volvimos y vi un auto estacionado en medio de la nada y a mí

se me ocurre la magnífica idea de asaltar al dueño y quitarle el

28


Juan Ramírez

auto con una cortapluma de mi amigo. Logré hacerlo, pero en

la entrada de Leonera fui detenido por la policía. Para mí todo

esto era nuevo. Actué como líder y mandé a mis amigos para su

casa, echándome la culpa yo mismo de todo. En el juzgado me

mandaron 3 largos días a internación provisoria al C.I.P. de Coronel.

En ese lugar se me abrieron más los ojos. Me fui en libertad,

pasaron como dos meses y agarré malas juntas en Coronel. Ahí

comenzó mi carrera delictual.

Salía a robar casi todos los días. Mi afán era comprame lo

mejor. En ese entonces en casa la pobreza abrigaba a mi familia.

Mi madre jamás me aceptó dinero robado, pero aun así vestía

a mi hermano y ayudaba en lo que podía, hasta que un día saliendo

de un Bar nuevamente caí preso al C.I.P. de Coronel. Ahí

estuve 3 meses. Me dieron la libertad, luego de eso salí, pero mi

mala conducta contagió a mi hermano. Salimos a robar los dos,

hicimos muchas cosas en ese entonces, mi vida era pura delincuencia.

Todo era un mundo malo, yo giraba en lo malo junto a

mi hermano, hasta que caímos presos los dos por un robo con

violencia. Esa fue la primera vez que razoné. La primera vez que

escuchaba años en prisión. Estaba muy afligido, pero gracias a

Dios me fui absuelto, nuevamente en libertad.

Ya con mi mayoría de edad cumplida me calmé unos meses.

Tuve mi primer amor. Mi pareja quería sacarme de lo malo. Luego

de esa etapa de vida que pasé me fui a vivir con mis papás a

Coronel. Ahí ya era todo distinto, era más delincuente que nunca.

A los 10 meses mis padres estaban separados por temas de

drogas. Ahí me fui para Chiguayante otra vez, donde hice varias

cosas hasta el día que volví a caer preso y me encuentro aquí

haciendo una pena de 5 años y 1 día.

29


Segundo Ferreira

———–

Este hombre se dejó llevar por un impulso o arrebato y sin

pensarlo se cegó por completo. A esto se le llama “crimen

pasional”. Él terminó con la vida de la persona que más

amaba, y sólo luego de cometerlo reflexionó sobre lo que

había hecho, dejando solos a sus hijos que eran su más

grande regalo, sin madre, todo por los celos enfermizos

que lo llevaron a eso.

Por otro lado leo y creo en su arrepentimiento y en su

consciencia del por qué está hoy privado de libertad, pero

eso ya de nada sirve. Somos humanos y razonamos, no

podemos dejarnos llevar por el odio, los celos, ni menos

asesinar a alguien.

Nadie podrá perdonarlo, sólo Dios, tal vez si su arrepentimiento

es sincero y de corazón. Nadie tiene el derecho de

quitarle la vida a alguna persona.

Vicente Hernández y Oliver Alegría

———–

Mi nombre es Segundo, tengo 52 años. Estoy recluido en la

cárcel de Coronel, en el lugar que nunca pensé estar. Pero por

lo que hice yo merezco estar aquí. Y estoy muy arrepentido.

31


En mis zapatos...

Siendo un hombre común y corriente de la comuna de Lota,

tuve amigos en la adolescencia y pocos en la edad adulta.

Terminé mi enseñanza básica apenas, y en la enseñanza media

llegué a 2 ◦ Medio. Me retiré del liceo. Busqué trabajo por

intermedio de la municipalidad de Lota, en la fábrica de solera

y como auxiliar de escuela.

Mi mamá llamada María, madre soltera, posteriormente busca

pareja. Con mi padrastro Francisco, tuvo a mi hermano y hermana

llamados, Víctor y Sandra. Uno falleció. Éramos felices. Salíamos

al campo del padre de mi padrastro.

Vivíamos en la casa de mis abuelos, juntos con mis tíos y

primos. Ellos vivían en la misma calle, pero todos almorzaban

en la casa de mi abuela.

En enero de1986 María Loreto llegó a Lota, con su tía, esposa

de mi tío Ricardo. Con sus 17 años, la matricularon en el Liceo

Comercial de Lota, pero dejó sus estudios en la enseñanza media,

por razones que no puedo contar. Ella era huérfana, por eso

queda con su tíos que viven en la comuna de Hualpén, pero se

vino, con mi tía a Lota. Ella tenía tres hermanos, pero vivían con

otros tíos que ya son mayores de edad. Mi tío Ricardo se fue de

la población, a arrendar cerca de allí.

Cuando vi a Loreto, me gustó y empecé a ir a visitar a mi tía

constantemente y a ella le llevaba galletas o chocolates. Y así

entrè en confianza con ella. La invitaba a ir al cine de Coronel,

al parque de Lota, hasta que le pedí pololeo y unos meses más

adelante quedó embaraza.

Para mí ella era todo. Dejé de salir a compartir con mis compañeros.

En realidad dejé todo. Sólo me dediqué a trabajar y

comprarle todo a mi Loreto.

En mayo 16 de 1987 nace mi hijo Francisco. Yo estaba traba-

32


Segundo Ferreira

jando en la empresa Enacar. En ese entonces fue el regalón de

mi mamá.

El 21 de diciembre de 1992 nace mi hija Génesis, mi princesa,

ella también regalona de mi mamá.

El 02 de octubre de 2002 nace mi princesa Noemí, linda, preciosa,

igual que su hermana regalona.

En realidad yo quería que a mi familia no le faltara nada, empecé

a trabajar corrido, sin descansar, ni siquiera los días domingos.

Hacía sobretiempo todo el mes, hasta que compré mi casa.

También fuimos adquiriendo varias tarjetas de crédito.

Así era como me ganaba mi dinero en mi trabajo, y así fue

como nos encalillamos en todas las tiendas. Mi señora también

le sacaba cosas de la tiendas a sus hermanas. Al final perdimos

todos los créditos de las tiendas, ya que mis cuñadas nunca pagaban

sus letras. Y así a veces discutíamos con mi esposa.

Reconozco mi error de no haberle dicho antes que dejara de

sacarle créditos a su familia.

En 1997 se cierran las minas de Lota. Todos los trabajadores

quedamos sin trabajo. Pero el gobierno nos mantuvo con trabajo

esporádico con contratistas, trabajando en la construcción,

en faenas, en el bosque, en los caminos, etc., mientras buscaban

otras alternativas para los trabajadores de la mina de Lota.

Posteriormente nos ubicaron en distintas empresas. Yo elegí la

empresa de seguridad, donde hice el curso de guardia. Pagaban

poco, pero empecé a trabajar sobretiempo, días festivos, fines

de año. No descansaba, trabajaba de corrido todo el año. También

hacía servicio especial en los bancos, lo más lejos que fui a

hacer servicio fue la comuna de Cañete. También fui a trabajar

en los Mall. Ahí me pagaban bien.

Tuve errores con mis hijos, no les hablé como padre para

33


En mis zapatos...

aconsejarlos. Ellos vivían su vida, se encerraban en su dormitorio

todo el día, a veces, conectados a Internet. Yo les tenía a

todos celulares con WiFi. Pero no estaba con ellos, porque a veces

no llegaba a la casa por mi trabajo. Mi señora me decía que

hablara, sobre todo con mi hijo, ya que no se comportaban bien,

salía y llegaba con olor a copete, y yo la ignoraba. Por ese motivo,

a veces peleábamos con palabras groseras.

Después del terremoto del 2010, mi relación con mi esposa

ya no iba bien, porque estábamos alojando en mi casa casi derrumbada,

el piso, todo el living estaba con grietas. Mi esposa

estaba con tratamiento de diabetes, sufría de dolores de espalda,

empezó a fumar, adelgazó, estaba irritable, regañaba siempre,

así que cuando yo estaba en la casa al llegar del trabajo la

ignoraba. Quizás porque ya estaba cansado de tanta queja por

cualquier cosa, ya sea del colegio de mi hija menor y de Francisco.

Quiero señalar que amaba mucho a mi mujer, sus enojos eran

sólo por un momento, pero después nos reconciliábamos. Reconozco

que la hostigaba siempre, la llamaba muy seguido, pero

también preguntando por los hijos. Yo trabajaba 12 horas diarias

y a veces no llegaba a la casa, por culpa de mis compañeros,

ya que de repente no hacían bien sus trabajos y yo tenía que

ayudarlos.

Año 2013. Recibo una llamada de mi hijo mayor comunicándome

que mi esposa me engañaba. Me dijo que el facebook lo

había dejado abierto, y que había visto toda la conversación que

hablaban con la prima de mi esposa. Le contaba a su prima de

Santiago que ella tenía una relación con otra persona. Se me fue

el alma al piso, me desesperé. La llamé inmediatamente pidiéndole

explicaciones, pero ella me gritaba, diciendo que me deja-

34


Segundo Ferreira

ría solo. Yo le dije que me esperara en la casa para hablar sobre

la situación. Cuando llegué, hablamos y ella me dijo que lo conoció,

pero estuvo viéndolo por una semana. Yo quería saber quién

era, saber el nombre de dicha persona, no quiso decírmelo. Me

dijo que la perdonara.

La perdoné, conversé con mis hijos, pero el mayor me dijo

que la dejara. Lo juro por Dios, que yo la amaba tanto.

Así pasó el tiempo, pero yo no era el mismo; sí, reconozco

que la acosaba y la llamaba, dónde estaba y con quién estaba, la

fui acosando sicológicamente. Ya no podía dormir, no comía, los

celos me estaban matando.

Nuevamente me llama mi hijo, que encontró a su mamá en

un vehículo que iba a Playa Blanca, pero él en su vehículo los

cruzó y los enfrentó y le pegó.

Me encuentro con mi hijo, que me estaba esperando y salimos

a buscar al tipo. Lo encontramos y yo lo enfrenté con insultos

y groserías, pero el cobarde negó todo delante de mi hijo.

Dijo que sólo iba a dejarla a la playa, ya que él era taxista.

Quedé mal, al final mi señora me demandó por daño psicológico,

no tenía que pernoctar en la casa, pero igual dormía con

ella y algunas veces dormía en la casa de mi mamá. Salíamos

juntos a comprar a la feria, al Mall, a Concepción.

Día sábado, 09 de mayo de 2014.

Mi señora estaba trabajando desde hace un mes.

En la mañana bajó al centro de Lota con mi hija Noemí para

comprarle su regalo del día de la madre. Pasamos donde ella y

nos vinimos a la casa. En la tarde la fuimos a buscar con mi hijo

y fuimos a comprar al líder de Coronel. Compramos varias cosas,

como carnes, que tuvimos que dejar en el refrigerador de mi madre

y otros trozos donde una vecina. Me acuerdo, también, que

35


En mis zapatos...

le compré una pelota de básquetbol a mi hija Noemí. Salimos ya

de noche a una mini cancha de otra población cerca.

Llegamos a la casa con mi hija, y mi señora me empezó a

alegar y a tratar con groserías, por una copucha que mi madre

estaba hablando, y que le contó a la presidenta de la Junta de

Vecinos. Me echó de la casa y me dijo que no volviera más.

Llamé a mi madre y le conté todo lo que pasó, y ella llamó a

la presidenta y le dijo lo que le conté. Hablaron en la calle, mi

madre y la presidenta vecinal. Posteriormente siguió una discusión

entre Loreto y mi madre, por el jardín de la casa. Yo estaba

hecho pedazos.

Mi señora le hablaba a mi madre con groserías, y al final le

pegó con una varilla en las piernas.

Yo perdí el control por completo y le pegué a mi señora y por

mucho enojo, la apuñalé. Reaccioné al tiro por la maldad que hice

y mi cuñada y un primo, se me tiraron encima para pegarme.

Yo me escapé y fui al hospital de Lota para pedir ayuda, por un

accidente en mi casa, porque había apuñalado a mi esposa. Ellos

no me creyeron. Al lado de afuera estaba estacionado un furgón

de carabineros. Les comuniqué lo sucedido, y les pedí que enviaran

una ambulancia a la población Bellavista. Se demoraron un

rato hasta que les llegó la información. Me llevaron en el furgón

en la parte de atrás del chofer, pero les pedí que me ubicaran

atrás para que mis hijos no me vieran. Llegaron al domicilio y

escuché que mi señora había fallecido a las 10:02 P.M.

Pasé la noche en la comisaría de Lota Alto. Allí llegaron mis

hermanos, me trajeron algo para comer. No comí. En la mañana

pasé a control de detención y me llevaron a la cárcel de Coronel.

Me pasaron una frazada. Pasé a un patio de aislados. Me acuerdo

que un funcionario me trajo almuerzo, pero no tenía apetito.

36


Segundo Ferreira

En la tarde, me llevaron al piso de aislamiento, y a la otra

mañana me pasaron con la población penal, al dormitorio 1 (Primerizo).

Una carreta de puros jóvenes quienes me recibieron

con amabilidad. Me pasaron la litera 3. Ellos me dijeron que estuviera

tranquilo, que a cualquiera le puede pasar. Me hacían

preguntas, pero yo estaba bloqueado. No pude dormir.

En octubre mi compañero de carreta me llevó a la escuela,

porque faltaba un jardinero, así que fui y el Cabo a cargo me

dijo lo que tenía que hacer. Me dediqué a hermosear el jardín

y así, posteriormente me hice ambiente y empecé a limpiar la

oficina del Director y fui escalando.

Llegó mi juicio, me sentenciaron a 15 años. Al martillazo quedé

sentenciado a 10 años con todos los beneficios, por no haber

estado nunca preso. Aquí en la escuela saqué mis estudios y me

licencié de Enseñanza Media.

Ahora medito y recuerdo todo sobre mi pasado y la manera

en la que vivía. Todos los días pienso, cuando estoy en mi litera,

llorando, por qué asesiné a la única mujer que amaba con todo

mi corazón. Teníamos una que otra discusión, pero nos reconciliábamos.

Pero llegó el día que se fue el amor y llegó la infidelidad

de mi esposa. Yo también tuve un poco de culpa, por no

saber educar bien a mis hijos ni cómo llevar mi matrimonio. Fui

muy callado en tomar decisiones con mis hijos y esposa. Merezco

estar aquí donde estoy y soy responsable de esta desgracia

familiar. También reconozco que cualquier persona puede caer,

porque somos personas que estamos más inclinados a la maldad

que al bien.

Extraño a mi Loreto. Pienso en ella todas las noches, todos

los días felices que pasé con ella. Me asusta que mis hijos estén

solos, porque el mundo en que vivimos está lleno de celos, odio,

37


En mis zapatos...

ira, y engaño. A veces pensé en el suicidio, pero pensé que van

a quedar sin sustento mis hijas. Ellas estudian, la Génesis en la

universidad y Noemí en la enseñanza media. Necesitan mi pensión

y con eso pueden subsistir hasta ahora, que son $300.000.

38


José Villagrán

———–

El protagonista de esta historia debería haber valorado

más a sus familiares por todas las facilidades que le dieron

para salir adelante. Tenías estudios y decidiste farreártela

siendo delincuente y terminar cayendo preso por un

simple robo de autos, más tu prontuario de delitos anteriores.

En Chile deberían haber lugares de rehabilitación para

que las personas no pasen de cometer simples delitos como

robo de almacenes a seguir los pasos de la delincuencia,

así podrían insertarse en la sociedad.

Jimmy Conejeros y Brandon Chávez

———–

Yo nací en la Octava región, en Higueras. Fui criado en mi

casa por mi abuela, ya que mi madre se dedicaba a su trabajo.

Fue una mujer esforzada. Antes de que yo naciera, mi familia

vivía en un sector bueno y tranquilo, la población “Las Higueras”

en Talcahuano, pero cuando nací, por motivos que desconozco,

toda la familia vendió la casa y nos fuimos a vivir a la población

“18 de septiembre” de Hualpén.

Con el paso del tiempo fui creciendo y criándome en una población

marginal, como le dice la gente. A los 4 años ya me había

39


En mis zapatos...

hecho muy amigo de dos hermanos que vivían con su abuelita

en la casa de la esquina, en el mismo pasaje. Uno de ellos era Álvaro,

que tenía 6 años, el otro era Fabián, que tenía 5 años. Nos

hicimos muy amigos, íbamos a un club los fines de semana, el

cual se llamaba “El Moany”, un club para los jóvenes de la población

donde nos regalaban cosas. Un día me quedé afuera del

club jugando con un perro, mi madre estaba cerca, pero en cosa

de segundos, le tiré la cola al perro y me mordió la cara, su

colmillo me rozó el cuello, estuvo cerca de la vena aorta, no fue

nada grave, aunque quedé con una pequeña cicatriz en la cara.

A mí me gustaba salir a jugar aparte con mi tía Sandra. Salíamos,

jugábamos a la pelota con todos los hermanos. Un día

fuimos a jugar a una plaza, me subo en un columpio de metal,

me caí y me pegué en una de las cejas (me pusieron 8 puntos).

Hasta el día de hoy tengo la cicatriz. Recién tenía 5 años, o sea,

pura mala suerte.

Luego de eso, entré a estudiar al colegio “Manuel Rojas” de

Hualpén, fui creciendo y conociendo más gente. Ya me había

adaptado a la población, se me hizo costumbre ver a mi tío borracho,

faltándole el respeto a los demás, haciendo pasar rabias

a mi abuela. Un día falleció mi abuelo en la casa, producto de

una enfermedad, me sentí muy mal, pero cuando me sentí peor

fue cuando falleció mi abuela, ya que ella era como mi segunda

mamá, fue quien me crió y me cuidó siempre, pero la vida sigue,

así que no hay nada que hacer.

Pasaron los años, yo ya estaba grande, en Primero medio con

13 años en el Industrial de Higueras. En ese liceo estuve solo 4

meses. Ese año caí por primera vez preso, por hurto y agresiones

en un Minimarket cerca del sector. El mismo año entré al liceo

Comercial, donde iba a puro hacer desorden y no a estudiar (en

40


José Villagrán

el liceo anterior ya había probado marihuana y “copete”, menos

la pasta base). Duré poco en el Comercial, me expulsaron. Esperé

el otro año y nos fuimos a vivir a Salinas mi madre, su pololo

en esos tiempos y yo. Nace mi hermana y fue un momento agradable,

me sentía bien por mi madre, me alegró mucho, ella es

mi vida.

El 2011 entro al Simón Bolívar de Hualpén, con 15 años. Ahí

conozco a una mujer de piel blanquita, ojos verdes, pelo claro,

hermosa la muchacha, así que me gustó. Nos pusimos a conversar

y todo. Un día yo estaba con mi amigo Álvaro y me dice: “Nacho,

acompáñame donde mi tía...”. Yo le digo: “Sí, vamos”. Cuando

llegamos al departamento en Lan B, en Hualpén, a la primera

persona que veo, es a la muchacha de ojos verdes del liceo (era

la prima), así que todo bien. Nos fuimos conociendo, hasta que

un día decidimos estar juntos, todo bien hasta ahí, yo seguía estudiando,

pero tenía algo malo, es que iba al liceo, pero me gustaba

andar robando en los negocios, farmacias, de todo. El tema

es que no pasé, seguí haciendo el mismo año y me expulsaron.

Nos fuimos para Hualpén de nuevo y entré a mi último liceo,

que fue el dos por uno de Hualpén, donde nuevamente pasó lo

mismo, me fui del liceo.

Después de unos meses, caí preso por el robo de un auto, quedé

condenado en la calle a tres años y reclusión total por tres

meses. A los pocos meses después, vuelvo a caer preso por otro

delito de robo y llego a la cárcel “El Manzano”, donde llevo tres

años de cuatro, con mis estudios ya casi terminados.

Así que eso, nadie nos puede juzgar por el hecho de haber

estado presos alguna vez, a seguir con los estudios y a seguir

adelante.

41


Ademir Verdugo

———–

Si te dan otra oportunidad tienes que aprovecharla. Cuida

a tu familia, amála, y protégela, porque vas a la Iglesia y

tienes una familia que te ama mucho, así que hay que

estar tranquilo y seguir para adelante, porque en la vida

hay muchas oportunidades.

———–

Samuel Lefiqueo

Había una vez un hombre llamado Ademir. Él vivía con su familia

humilde en el pueblo de Lota, cual se numeraba de 4 personas:

la madre, el padre, hijo e hija. Dentro de eso estaba yo.

Estudiábamos en un colegio municipal llamado Esc. Baldomero

Lillo Figueroa N ◦ 638 apodada y más conocida como la escuela 8.

Ahí estuve estudiando hasta cuarto básico junto a mi hermana

que nos llevamos por un curso de diferencia. Ella iba en un tercero

básico. A todo esto ella nació en Santiago en 1992 y yo nací

en Concepción en 1990.

La convivencia que había con ella no era muy buena, la mayoría

del tiempo peleábamos y las cosas en mi casa no eran muy

buenas económicamente. Mis padres, hijos de mineros, eran muy

estrictos y llevados a las enseñanzas que ellos habían vivido. A

mi padre le gustaba el trago y mi madre era la dueña de casa.

43


En mis zapatos...

Cuando mi padre llegaba a la casa todos nos íbamos a las piezas

por un tema de respeto porque él iba a comer y necesitaba

silencio. Era muy estricto y mañoso y mi madre al igual que él

se dejaba solo llevar y muchas veces callaba, porque mi papá no

aceptaba reprensiones.

Así estuvimos hasta que un día ya se había acabado el trabajo

y no se ganaba mucho. Él era chofer de microbuses de Lota

a Concepción o Arauco. Entonces dijo que ordenáramos todas

nuestras cosas, ropa y todo, porque nos íbamos a Santiago por

tema de trabajo. Así viajamos para donde tenía pensado y se puso

arrendar una casa en San Pablo, en Las Rejas N ◦ 743. Comenzó

a buscar trabajo y encontró en la locomoción de buses y se

desempeñó así por un largo tiempo.

Cuando llega la noticia que íbamos a tener un hermano, el

3ro de nosotros, igual nos pusimos contentos por la noticia, porque

era un hermanito. Después, cuando yo ya estaba más grande,

en el colegio, empecé a tener amigos más de otro tipo de vida,

pensaban todos diferentes y eran todos llevados a sus ideas

y yo ya estaba aburrido de todo lo que pasaba en mi casa. Empecé

a fumar, a llegar tarde, cada día más, y después no iba a

la escuela, iba al centro. Me escapaba con mis compañeros, fumando

y caminando por el centro, después ya era de todos los

días, no respetaba nada, salía, robaba para hacer lo que quería,

nos íbamos con mujeres de nuestra edad, hacíamos fiestas de

día, tomábamos y ya no había restricciones para nada porque

yo me mandaba solo. Hacía lo que quería, fumaba marihuana,

alcohol, cigarro, ya había estado con mujeres y todo, robaba para

vestirme y comer, era como un grande pero con la edad de 12

años ya había dejado mi casa y el colegio, solo era robo, drogas

y mujeres, creyéndome igual que un adulto.

44


Ademir Verdugo

Luego pasó el tiempo, ya mi hermana y hermano estaban un

poco más grandes, mi hermano el recién nacido tenía 3 años y

me encuentro con mi padre en la calle, andaba manejando un taxi

cuando lo escucho y me dice súbete necesito hablar contigo y

yo fui y me subí y fuimos a la casa, esto fue el 6-10-90, y cuando

llegué estaban todos esperándome para celebrar mi cumpleaños

de los 15. Ahí mi madre me dice que iba a ser madre otra

vez de un hombre. Yo con el cargo de conciencia de todo lo que

había hecho fui donde vivía y tomé mi ropa solamente y dejé todo

botado y me volví para Lota solo, porque ya no quería nada

con eso, estaba sobresaturado de todo, tanto alcohol, robo, droga,

la ropa más cara con harta plata, pero mi familia no la tenía,

así que mejor me vine a Lota y ellos al tiempo se vinieron igual.

Después vivimos juntos otra vez y todo ya estaba bien hasta

que mi padre un día se puso a tomar y se acordó de todo y empezó

a decir que todo era mi culpa y yo intentaba calmarlo para

que mi madre y mis hermanos no se pusieran mal. Cada vez era

más seguido y de continuo, cuando un día me sacó de todo límite

y le respondí y quedó el desorden, nos gritamos y él se hizo el

desmayado y todo y yo nuevamente me fui y otra vez robando

para todo lo que yo quería, la comodidad, todo lo mejor, hasta

que empecé a caer preso cada vez más seguido. Luego cumplí 18

y me desaparecí de la calle, quedé condenado a 4 años en cárcel.

Luego hice conducta, estuve en Coronel, Arauco y Concepción.

De ahí salí con la condicional, duré 2 meses y caí otra vez y me

revocaron los cuatros más 5 que quedé, eran 9. Así hice 2 años

más y estaba ya en el CET de Cañete. Me fugué por unos problemas

que tuve ahí, anduve haciendo lo malo, casi me morí, estuve

al borde de la muerte muchas veces y duré una semana y estoy

aquí otra vez con 9 años, revocado y esperando una nueva con-

45


En mis zapatos...

dena por mi rebeldía y por cosas que me afectaron en mi vida.

Ahora camino en el Señor, voy a la Iglesia y espero cumplir todo

esto y pronto ya no volver a este lugar y cambiar el futuro que

ya lo que pasó está, pero tengo que ser fuerte para vencer y salir

adelante.

Eso es solo una parte resumida de mi vida, pero aún faltan

muchas más anécdotas y recuerdos que están en mí.

46


Héctor Palma

———–

Héctor hizo mal en no haber cambiado cuando su mujer

le decía. Él tenía que haber luchado por sus hijas. Ahora

está en un lugar en donde no puede estar con su familia,

donde no las puede ver cuando él quiera, en donde está

solo.

Espero que cuando salga ya no sea el mismo y piense en

su familia primero y que cambie, ya que volver a lo mismo

no tiene que ser nada bonito.

Ninoska Cabrera, Bastián Soto y

———–

Katherine Toledo

Nací el día 07 de agosto de 1992 en Talcahuano y me crié

en una población bastante mala, en donde reina la maldad, la

delincuencia, la droga. De pequeño estuve rodeado en lo malo.

Tenía amigos delincuentes que traficaban droga, en donde yo

igual estuve involucrado y empecé a robar, a consumir todo tipo

droga y a caer preso.

Mi madre en ese tiempo y hasta ahora ha sido una mujer correcta

y de fe. Siempre me decía que cambiara mi vida y buscara

un camino diferente, otro rumbo, o si no mi fin iba a ser años

47


En mis zapatos...

de cárcel, pero nunca quise escuchar. Me inscribió en muchos

colegios para que aprendiera pero yo no quería nada.

Mi primer colegio fue el Simons, mi comportamiento no fue

muy bueno, solo estudié hasta 5 ◦ básico. Mi madre me cambió

de colegio, no me acuerdo el nombre, y ahí también no me porté

muy bien, solo estuve 1 año, luego estuve en otro y también duré

1 año, hasta que dede estudiar.

Luego empecé a hacer otro tipo de cosas en mi vida, mi situación

económica no era muy buena. Ahí es donde empecé a

cometer delitos.

Cuando empecé a caer preso mis papeles se mancharon y no

lograba trabajar. Recuerdo que me acerqué a la Iglesia porque

me sentía mal. Ahí conocí a mi mujer, ella me hizo poner los pies

en la tierra. Empecé a ser diferente, mi forma de ser fue distinta.

Nacieron mis hijas. Todo iba bien hasta que volví a deinquir. Ella

me decía que no lo hiciera pero no le hacía caso.

Cometí unos delitos graves, a una persona la golpeé con un

cuchillo y a otra le quité todo su dinero, había una cámara cerca

que me grabó, me buscaron por tres días hasta que me hallaron,

me mandaron al juzgado y me condenaron a 4 años. Dentro de

este lugar llevo esperando 2 años a un beneficio carcelario.

Le doy gracias a Dios que a pesar de todo sigo vivo y con mi

mujer al lado mío, pero también con tristeza por querer estar

con mis hijas.

Sinceramente me arrepiento de lo que he hecho. Tengo 24

años de edad, los cuales nunca tuve una vida buena.

Y ahora espero salir y ser diferente.

48


Fabián Pérez

———–

Lo que usted vivió me parece muy triste... y lo que más

quiero es que pueda cambiar de actitud... y que aproveche

a su hija y que Dios lo bendiga

Adiós señor.

———–

Matías Ormeño

Mi historia comienza en la comuna de Coronel, donde nací...

Viví en una población llamada Villa Alegre, cerca del Cementerio

Municipal de Coronel y de la caleta Los Rojas... viví desde

muy pequeño en Villa Alegre, jugaba en la series infantiles de

ese lugar, toda mi infancia la viví allí y aprendí muchas cosas

lindas. Fueron momentos muy buenos.

Estudié en la Escuela Javiera Carrera en Villa Mora donde

saqué mi octavo básico en el año 2000. Después, en el año 2001,

me fui a estudiar al Liceo Industrial Metodista, donde estudié

hasta 1 ◦ medio. Después quedé detenido por un asalto en el 2002

en la cárcel del Sereco, donde hice una condena de 3 años y 10

meses.

Obtuve mi libertad el año 2006 y luego formé una familia

y me dediqué a trabajar para llevar el sustento a mi casa. Con

49


En mis zapatos...

esfuerzo compré maquinarias de billar (son máquinas de destreza)

y empecé a comprar madera para vender despuntes. En

ese transcurso de los años nació mi hija Alison en el año 2008

en agosto. Seguí haciendo mis negocios normalmente, pero en

el año 2009 en noviembre me fui detenido por una condena menor.

Me la revocaron y tuve que ir a cumplirla hasta el año 2011,

cuando salgo de nuevo en libertad y empiezo a seguir trabajando

pero con otras ambiciones, para comprar ropa en Meiggs y

Patronato.

Me fui a vivir a Nacimiento, donde estuve viviendo hasta el

año 2013. Nos estaba yendo súper bien gracias a Dios. Después

volví a Coronel y ese fue el peor error de mi vida. En el año 2014

cometí un error y me fui preso el año 2015 hasta el día de hoy...

Ahora estoy estudiando en la cárcel de Coronel donde los

funcionarios me han dado oportunidades para hacer conducta...

me voy a seguir esforzando para poder salir con algún beneficio

y poder sacar mi cuarto medio y cuando obtenga mi libertad

voy a seguir perseverando. Para un trabajo digno ... si Dios me

ayuda...

50


Andrés Beltrán — Historia de mi vida

———–

Después de leer su historia, creo que la razón de sus viajes

no fue la mejor, pues no pudo disfrutar la vida. Estaba

siempre huyendo de los problemas en vez de enfrentarlos.

Además no pudo hacerse cargo de su primer hijo, lo de

en un orfanato. Debió pedirle a alguien que lo sacara, pero

usted lo dejó y se fue.

Me pareció que la fuga de la prisión fue de película. Tuvo

la suerte de viajar, ya que tenía tantos contactos; pudo

haber hecho algo bonito con su vida, pero se fue por el

mal camino.

Ojalá cambie.

Bastián Gutiérrez y Cristofer Muñoz

———–

Apegándome al título les contaré parte de mi vida, la cual ha

sido bastante ajetreada ya que desde que vine al mundo fui un

chico problema, sobre todo para mi adorada madre, porque al

nacer lo hice antes de tiempo, es decir, prematuro de 8 meses.

Les tengo que contar para que comprendan, sobre todos los

“pelolais”, que en el año que yo vine al mundo no existían los medios

ni los adelantos para que un bebé prematuro sobreviviera,

51


En mis zapatos...

por lo tanto mi madre y yo éramos visitantes con demasiada frecuencia

del hospital, mucha veces hospitalizado en estado grave

ya que todo me hacía mal, hasta la leche materna. Como fue por

tanto tiempo que esto sucedió, el médico le dijo a mamá que

mejor me llevara para la casa para que yo muriera en la casa

de mis padres, los cuales eran pobres ya que eran campesinos y

solo arrendaban. Como la leche materna me hacía mal, fui alimentado

con algo rico en nutrientes: leche de yegua. Y sí que es

buena.

Muchas veces pienso en mis pocos años de colegio. Lo pasé

excelente, pero mi mamá no piensa igual. La comprendo, para

qué los voy a cuentiar, si era entero de malo. Con decirles que

toda la escuela de esos años tuvieron algo que ver con “Doña Justicia”.

Lo que no les he dicho es que estos hechos pasaron en la

escuela N. ◦ 39, en plena Emergencia, Hualpencillo. Todos “patos

malos”, como éramos etiquetados por los barrios vecinos.

Muchas veces los jóvenes cometen atroces errores que marcan

sus vidas como sucedió con mi persona. Digo esto por lo poco

que estudiaba, pero todos me conocían ya que éramos todos

dela emergencia”, del barrio, así pronto nos hicimos muchos

más amigos hasta que cierto día nos orquestamos para salir a delinquir.

Éramos todos chicos, solo que otros más rápidos o “avispados”,

aprendemos a sobrevivir. Les recuerdo que de todos mis

compañeros de colegio, solo yo me la aprendí y continué mi trayectoria

de delincuente.

Mi primera “cana” fue en el año 1979, era solo un adolescente

pero osado y en un lugar como la cárcel, esta cualidad se

requería para que los internos más longevos me permitieran alcanzar

mi madurez como un hombre recto y correcto, porque

en nuestras vidas de hampón, mientras más rápido aprendamos

52


Andrés Beltrán — Historia de mi vida

a comportarnos entre nuestros pares, pueden optar a un mejor

pasar. Si respetas, los “choros” te respetan. En mi caso yo les

contaré que nunca nada con nadie, solo paz y respeto, es lo que

yo me esmero. Estoy consciente que lo más difícil que la vida es

saberse comportar.

En el año 1984 me llaman y me dicen que quedaba en libertad

después de hacer 5 años preso, me dieron la fianza, para que

se hagan una idea, los largos tiempos. Años de proceso, te dicen

que tienes que pagar 5 mil pesos y quedas en libertad. Me fui a

la calle con la pura fe, más grave que un hueón baleado. ¿A qué?

A choriar, a “trabajar” le decimos según nosotros para que los

giles no se escurran. Los giles están más vivos que nosotros y yo

también me avivé. Empecé a viajar por todo Chile, conocí gente

de todas las ciudades más grandes de mi chilito. Pasé por Rancagua,

me enamoré y me quedé. Quise formar un hogar, me casé,

mi esposa dio a luz a un varón llamado por mí como Francisco

Andrés.

Al estacionarme en Rancagua me hice de amigos y después

compañeros de fechorías. Planificamos un robo, pero no a cualquier

lugar, sería la Omega, esa joyería nos vamos a servir. Vale,

me dijeron mis compinches. Y así fue, la pitiamos y nos pagó.

Pero en nuestras andanzas suceden eventos que marcan tu

vida como a fuego lento. Explico. Yo con mi parte de las joyas

viajé a Santiago, tenía la llegada a la casa de una coterránea la

cual se manejaba en la capital. Esta persona era muy respetada

en el hampa y sentía empatía por mí, al conocer mi niñez. Me

vendió todas las joyas y eran bastantes, pero como tenía un conocimiento

avanzado en esta materia por el hecho que ella ha

viajado muchas veces, me propone que solo el metal, es decir,

el oro me compraba y si yo le regalaba las piedras y así lo hice.

53


En mis zapatos...

Error, ¿verdad?, ya que en las piedras estaba la plata, pero “bolas

triste” las regaló. Este delito me costó muy caro, ya que me

fui en cana por el robo de la joyería.

Llevando 4 meses preso fallece mi esposa y mi hijo recién

nacido solo de pocos meses es mandado a un hogar. De la noche

a la mañana me es arrebatado todo, mi libertad, mi esposa,

mi hijo. Yo quedé completamente solo, preso y con una terrible

depresión. Solo pensaba en quitarme la vida. Mis amigos más

cercanos jugaron un rol muy importante ya que siempre tuve el

apoyo espiritual, emocional y económico. Todos ellos velaron

por mí. Así, solo y sin familia, decidí fugarme de la cárcel.

Siempre he sido inteligente, soy un hombre con muchos amigos,

los cuales me proporcionaron todo los implementos para

que la fuga fuera exitosa. A mí me correspondió afinar todos los

detalles. Conversé con un gran amigo, el “flaco Daniel” de Rancagua

para que midiera de muro a muro, ya que sólo él tenía

acceso a la línea de fuego y yo descubrí que en el baño estaba

anclada una reja donde todos tendían ropa. Esta reja hacía bastantes

años que estaba puesta en ese lugar y esto alcanzaba a la

perfección con las medidas que me había dado mi amigo. Solo

tuve que pedir dos hojas de sierra para poder cortar los barrotes.

Así lo hicimos. En total fuimos 7 presos los que escalamos el

muro. Les diré que esta cantidad no se da siempre y que siempre

por muro sólo lo logran uno o dos, no más. Bueno, solo tuvimos

suerte ya que esa noche llovió como nunca en Rancagua y el

gendarme se dio cuenta y disparó, pero no hirió a nadie, todos

libramos esa noche.

Después de dos días de fuga llegaron dos amigos a la casa en

donde estaba oculto, me llevaron ropa, alimento, dinero, con el

compromiso que ese mismo día al oscurecer me sacarían de esa

54


Andrés Beltrán — Historia de mi vida

casa y de la ciudad de Rancagua. Así lo hicimos y salió todo bonito.

Llegué a Concepción, yo soy de acá, por lo tanto tengo las

manos para todo. Pronto tenía que producir dinero, ¿y cómo hacerlo?

Solo robando es súper complicado, ya que sabes que toda

la policía está tras tus pasos. Eso te hace hacer tus cosas rápido

y así lo hice. Junté dinero y me hicieron un documento. En esos

años no era tan complicado como ahora y gracias a los pocos

controles policiacos pude viajar. Me encontré con dos amigos,

los cuales en esos momentos se dirigían a la PDI a pedir el salvoconducto

que sólo extranjería de la Policia de Investigaciones

lo otorgaba, y yo debía pasarles los documento. Ellos volvieron

con la autorización para poder viajar. En un cerrar de ojos ya estaba

en un bus camino a Argentina, pasé sin ningún problema,

todo liso como el óleo.

El primer pueblo que conocí fue Neuquén, sólo estuve un

par de días, ya que no me gustó, lo encontré un pueblito muy

chico. Decidí conocer Buenos Aires, este sí que me gustó, súper

grande, para mi trabajo, el lugar ideal. Pernocté allá ocho meses.

Después viajé al norte de Argentina: El Chaco, Corrientes,

Formosa, Resistencia, Misiones, sólo pueblos fronterizos. ¿Por

qué sólo pueblos fronterizos? Por que los comerciantes van a

comprar a estos pueblos y como decimos los lanzas “una pura

lanzá y pa la casa”. Todos pagan y platas grandes.

Acá en el Chaco tuve un Ñeri (compañero como le dicen los

chaqueños), él me dio un dato de una gran cantidad de dinero

que estaba en un lugar y era en dólares y yo ni flojo ni perezoso

acepté ir a ver el lugar. Les diré que estaba tirado. Esperé que

llegara la noche para convertirme en delincuente. Fue más fácil

que la tabla del 1. A ese lugar les bolé la hermosa cantidad de 20

mil dólares.

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En mis zapatos...

Feliz llegué de madrugada a la casa de mi amigo a contarle

que todo me había salido bien y le llevaba su parte de dinero,

pero ante mi sorpresa, mi amigo me dijo que él no quería nada

de ese dinero y que yo lo ocupara en seguir viajando, ya que yo

muchas veces a él y a su familia les había conversado mis deseos

de conocer Europa. Mis sueños siempre fueron ser un “choro

internacional”.

Un día, caminando por las callecitas de Buenos Aires, me encontré

con un viejo amigo que ya vivía en Europa, en Génova,

Italia. Me preguntó si ya tenía todo para viajar, la respuesta fue

sí, tengo el pasaporte y el dinero, solo tengo que comprar el pasaje,

con tu ayuda ya tengo dónde llegar. Juntos sacamos los pasajes

hasta Alemania a Fráncfort, de Fráncfort vía tren a Munich.

En Munich tomamos un tren internacional que pasaba por Checoslovaquia.

Antes de salir de Argentina fui al centro y me compré

un hermoso buzo deportivo, una prenda de verano, pero las

cosas luego se aprenden. Así yo aprendí que cuando es verano

en Sudamérica, en Europa es invierno. Desperté en ese tren de

madrugada por el frío. Miré hacia afuera y me percato que en

la República Checa está nevando con todo. Este mi primer viaje

fue muy largo ya que después el tren pasó por Austria, Udines

para aparecer en el norte de Italia llegando a Milano, después a

Génova como a los tres después, cansado y cagado del frío, pero

en Europa. Así empezó mi otra vida.

Mi compañero tenía su esposa, su casa, así fue todo más fácil.

Él me pasó ropa de invierno y todo lo que necesitaba. A los

dos días después ya andábamos haciendo nuestras fechorías. A

la semana ya teníamos nuestro automóvil y al mes ya tenía un

departamento en arriendo. Todo se fue dando a medida que me

fui ambientando. Lo principal era aprender el idioma. Después,

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Andrés Beltrán — Historia de mi vida

con mi casa, mi auto y el poco italiano que conversaba y que entendía

llegaron las pololas, las amantes y las amigas. Me quedé

en Génova por 12 años, me volví a comprometer con una hermosa

mujer, la cual hasta el día de hoy es mi esposa. Me dio un

lindo y cariñoso hijo con el cual nos amamos y nos respetamos

mutuamente. A mi hijo lo amo con el alma ya que a él como a

ningún otro hijo lo he criado y solo cuando se cría, se ama, pero

yo en esos años de juventud no podía amar a nadie, sólo quería

vivir mi libertad y el libertinaje que se vivía en el viejo mundo.

Figúrense que cuando llegué a Roma, me dije a mí mismo “un

indio suelto en Roma”.

Me quedé 3 años en la capital de Italia. Vivía en Lido di Ostia,

Roma antigua. Conocí el Vaticano, el Coliseo, el Circo Máximo,

las Catacumbas. Les diré que conocí bien Roma, pero la Europa

no termina ahí. Mi próximo destino: España, Madrid. Siempre

mis movimientos de un país a otro son con algún amigo o compañero.

Con esta persona llegamos a Madrid a la plaza Vásquez

de Mella donde se juntan los chilenos a la “olla”, como se le dice

a todos los que llegan a esta plaza o a la plaza La Luna. Así

funcionan las cosas para nosotros los chiliscotes como nos dicen

todos los demás emigrantes como peruchos a los peruanos,

bolitas a los bolivianos, ledesmas a los argentinos, los caliches

o colombianos, los monos a los ecuatorianos, como pueden ver

todos tenemos seudónimos.

En Madrid algo se hizo, luego me dirigí a Barcelona, acá llegamos

cerca de la Rampla, “la plaza del tripi”. Esta plaza se llama

así por unas pastillas que toman los catalanos para volarse. Acá

conocí al cantante español Manu Chao, nos hicimos muy amigos,

él me llevó a la casa de una señora que arrendaba piezas,

la Encarna. Todos los chilenos llegan a Barcelona donde la En-

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En mis zapatos...

carna. Pero a mí España no me trató bien. Todos los trucos me

salieron mal. Me fui como 5 veces preso hasta que me hastié, ya

que en este país no quedas preso, sólo 72 horas en la comisaría

para luego pasar a tribunales en donde quedas en libertad no

sin antes hacerte entrega del papel de una multa de 400 a 500

euros. Si no pagas esta multa tienes problemas y para no tener

más problemas de los que ya tenía decidí dejar España.

Me fui a Francia, París. Acá viví por 3 años, me hice de grandes

amigos con los cuales hasta el día de hoy tengo contacto. París

me sirvió, porque está más al centro y tienes más países cerca,

viajaba siempre a Bélgica, Suiza, Londres, Holanda. Se puede

decir que conozco casi todos los países europeos, pero al decir

todo esto he de decir que a mí en lo personal me sirvió de mucho

el haber llegado al viejo mundo, ya que allá me civilicé. Ahora no

pienso igual, siento más respeto por mis padres, aprendí lo que

es la humildad, el respetar mi propia vida, la cual no respeté el

día que me fugué. Ahora he vuelto a mi chilito, ya con todos esos

problemas judiciales resueltos, pero ya no soy el mismo, estoy

un poco más viejo, más cauto, mucho más reposado, con más

estudio y más cultura, hasta sabio. Eso te hace la vida, te forja a

fuego lento y solo, y terminas con tus hazañas y vivencias.

Tantas veces me digo a mí mismo que me hubiese gustado

haber sido un hombre de bien como un profesor o un doctor,

poder entregar esa sabiduría que existe en mí, formar hombres

para el mañana, pero como les dije al empezar, los errores más

atroces los cometemos cuando no sabemos pensar, muy jóvenes,

para tomar decisiones complicadas, mírenme a mí yo elegí una

de las profesiones más viejas del mundo la cual es penada en

todos lados.

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Andrés Beltrán — Historia de mi vida

Amigos míos, de verdad les digo que mejor no se embarquen

en estas travesías, ya que es todo lindo hasta que te echan el

guante, ahí llorarás gotas de sangre por tu preciada libertad.

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En mis zapatos...

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Andrés Beltrán — Historia de mi vida

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NOTA: Los textos que componen esta selección se basan en una

serie de relatos de vida surgidos de un taller de escritura desarrollado

con los internos del Centro de Cumplimiento Penitenciario de Coronel

entre abril y mayo de 2017, a cargo del profesor Eduardo Garcés.

Los relatos originales fueron editados inicialmente por l@s estudiantes

del Liceo A-34 “Andalién”, de Concepción, quienes, junto con

transcribir el material disponible y proponer correciones a nivel de registro

y ortografía, colaboraron ilustrando los relatos y escribiendo un

breve comentario de su lectura. Ambas versiones fueron finalmente cotejadas

por los editores de este texto, con la esperanza de minimizar las

distorsiones culturales que, inevitablemente, surgieron en el proceso de

transcripción y corrección.

Hemos titulado cada texto con el nombre de su autor, salvo en los

casos que han solicitado permanecer en el anonimato, remplazándolo

por el asterismo ***.

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