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7 months ago

TRAUMAS EMOCIONALES

Creció con la imagen de

Creció con la imagen de una patata, pensando que era fea, deformada, algo que se esconde bajo el suelo. Shirley y yo empezamos a ver que la imagen de la patata había afectado toda su vida, se había hecho tan sensible como una herida abierta. Tomaba a mal todo lo que le decían sus amigas, su jefe, sus compañeros de trabajo, sus vecinos y su esposo, que la amaba. Y, naturalmente, su Dios. ¿Cómo podía creer que Dios la amaba, si la había hecho como una patata? No era muy amable que Dios hubiera hecho esto. Tampoco podía aceptar el amor de su marido. Las patatas nos gustan para comer, pero su aspecto deja mucho que desear. Las heridas que sufría Shirley eran muy profundas. Tuvimos que seguir muchos recuerdos penosos con nuestro Señor, exponiéndoselos para que Él los sanara. Durante todo el período en que vino a mi despacho para ser aconsejada, raramente usaba yo el nombre de Shirley. Con frecuencia la llamaba «Melocotón de Dios» o mi «Melocotón». Hice todo lo que pude para volver a programar la imagen que ella tenía de sí misma. Y ella respondió a la gracia de Dios de una manera maravillosa. Cuando descubrió que era hija de Dios, dejó que el amor y la gracia entraran a raudales en ella y se llevaron los sentimientos e imagen de patata. Fue una de las transformaciones más notables que he visto. Incluso su mismo aspecto cambió. Cuando Shirley empezó a cuidarse, su aspecto se hizo más atractivo. Mejor aún, se volvió una persona atractiva y comenzó a relacionarse mejor con los demás. Se volvió una persona con un sentido de valor cristiano apropiado. Algunos años más tarde cuando fui a hablar a otro Estado, Shirley vino a verme después del servicio, llevando en los brazos un precioso bebé, una hermosura. Miré a la niña y le dije: -Shirley, esta niña no la ha producido ninguna patata. Ella me miró con una sonrisa traviesa y, riendo, contestó: -Un pequeño melocotoncito, ¿no? En la experiencia humana es raro que un hombre dé su vida por otro, incluso si éste es un buen hombre' aunque hay muy pocos que hayan tenido el valor d~ hacerlo. Con todo, la prueba del asombroso amor de Dios. :s ésta: que cuando aún éramos pecadores, Cristo muna por nosotros. Además, si El hizo esto cuando aún éramos pecadores, ahora que somos justificados por el derramamiento de su sangre, ¿qué razón tenemos para temer la ira de Dios? ..~i mien~ras érar!IOs sus enemigos Cristo nos reconczlIO con DIOS munendo por nosotros, sin duda ahora que ~stamos reconciliados podemos estar perfectamente cl.ertos de nuestra salvación por el hecho de que Él Vlve en nosotros. Es más, estoy seguro de que éste no es un asunto de la mera salvación: podemos llevar la cabeza alta a la luz del amor de Dios a causa de la reconciliación que Cristo ha hecho. Romanos 5:7-11 (trad. de Phillips) Jesús le dijo: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, y con toda tu mente.» Éste es ~l primero y gran mandamiento. y el segundo es semejante: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas. Mateo 22: 37-40 82

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