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7 months ago

Vida y Paisaje

24 Caminata al cráter

24 Caminata al cráter del volcán Ilamatepec, departamento de Santa Ana.

Desde la noche de los tiempos, millares de pasos han recorrido nuestro terruño de norte a sur y de este a oeste; no hay en El Salvador horizonte que esté demasiado lejano. Todo está ahí, “detrás de aquellos cerros”, hasta el mar esconde su secreto tras una fila de montañas azules. Vinieron caminando desde el norte lejano, donde una profecía les ordenó buscar una tierra de tesoros. Aquellos cazadores se aposentaron junto al fuego, y en el amanecer de una nueva jornada, iniciaron la siembra. Así, los errabundos nómadas se convertieron en agricultores. Sus manos laboriosas acariciaron el barro, tejieron redes, alzaron piedras para el culto divino y, consagraron con su trabajo y su fervor, la tierra para sustento de los suyos. Y después, nuevos hombres cruzaron el mar, y vestidos de hierro, conquistaron esta comarca, mezclando su sangre con la de los antiguos ancestros. Una nueva estirpe surgió de aquel choque violento, y sus hijos levantaron ciudades y torres con campanas que cantaban en una lengua nueva. Llegó después la hora de inaugurar la libertad. Y nuevos símbolos se alzaron para dibujar la faz de la nación. Así entramos a un nuevo mundo, donde la antigua paz del sembrador por momentos se olvida. Pero la tierra siente, tan próxima a los pasos que cruzan, incesantes, por todos los senderos, y sigue, como antes, brindándonos el fruto de su entraña. Esta tierra que a todos nos cobija y que, desde el abismo del tiempo, custodia para nosotros una herencia preciosa. Since the dawn of times, millions of steps have travelled our land from North to South and East to West; there is no horizon in El Salvador too far away. Everything is there, “behind those hills”, even the sea hides its secret behind a chain of blue mountains. They came walking from the distant north, where a prophecy commanded to seek a land of treasures. Those hunters settled next to the fire, and at the dawn of a new working day, started to plant. That is how the wandering nomads became farmers. Their laborious hands caressed the clay, weaved nets, raised stones for the divine worship, and sanctify; with their work and their passion, the land for the livelihood of their own. Moreover, new men crossed the ocean, and covered up with iron, conquered this region, mixing their blood with the one of the old ancestors. A new race emerged from this violent clash, and their children raised buildings and towers with bells which would sing in a new language. Time to open up to liberty came. New symbols arose to draw the face of the nation. This is how we became into a new world, where the antique peace of the sower is forgotten from time to time. But the land feels, so close to the steps that get crossed, ceaseless, through all the paths, and continues, like before, providing the fruit of her womb. This land which warms us up and that, since the abyss of time, guards a precious inheritance for all of us. 25