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Jesús Edifica la Iglesia, <strong>No</strong>sotros Solo Seguimos Órdenes<br />
¿Qué es la oración? En una forma sencilla podemos<br />
definirla como el hablar con Dios. Y sin dejar de ser cierta<br />
esta definición, permítanme hablarles de mi experiencia que<br />
de alguna manera quizás pueda ayudar. Creo que no solo para<br />
mí sino para muchos, la oración no tiene nada que ver con<br />
un servicio en la iglesia o con establecer tiempo para hacerlo.<br />
Con esto no estoy diciendo que el culto o servicio de oración<br />
en la iglesia no sea importante; todo lo contrario, debe ser<br />
el más asistido y si pudiéramos entender eso muchas cosas<br />
cambiarían. Considero que el establecer tiempo para estar<br />
a solas con Dios es vital para nosotros y creo firmemente<br />
en el consejo dado por el mismo Señor en Mateo 6:6, que<br />
dice: “Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la<br />
puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en<br />
lo secreto te recompensará en público”. Es ahí en lo secreto,<br />
como dice Juan Bunyan (autor del famoso libro El progreso<br />
del peregrino), que “abrimos el corazón o el alma a Dios en<br />
una forma sincera, sensible y afectuosa”.<br />
Es mi experiencia que en ese tiempo de oración en lo<br />
secreto, Dios me ha descubierto sus planes para mi vida,<br />
familia y ministerio. Aunque también le he visto obrar en<br />
público en respuesta a mi clamor.<br />
¿Por qué esa insistencia en una vida de oración y el<br />
consejo dado por la misma Palabra de Dios: “Orad sin cesar”<br />
en 1 Tesalonicenses 5:17? El versículo en sí no se refiere al<br />
hecho de que tenemos que pasar orando todo el día y noche<br />
sin hacer nada más que orar, sino al hecho de mantener un<br />
hábito real de oración.<br />
Ese mismo versículo en la Nueva Traducción Viviente de<br />
la Biblia dice: “Nunca dejen de orar”. La oración es parte vital<br />
de la experiencia de todo cristiano.<br />
Si ponemos en acción nuestra vida de oración,<br />
experimentaremos la gracia y el poder de Dios en cada<br />
aspecto de la vida. Hay que cultivar una vida diaria de<br />
oración. La oración es fuente de victoria porque mediante<br />
esta podemos fortalecer la relación personal con nuestro<br />
Señor, y con ello nos hacemos más fuertes para poder resistir<br />
las asechanzas del diablo, las de nuestra propia naturaleza<br />
humana y ganar las batallas espirituales.<br />
La oración, más que métodos y fórmulas, es una actitud<br />
delante de Dios, un diálogo amoroso que nos pone en<br />
contacto con el Señor. Más que técnicas, la oración tiene que<br />
ver con nuestro corazón. Es por eso que el salmista se ponía<br />
delante de Dios en sus oraciones y le decía: “Examíname, oh<br />
Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos;<br />
Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino<br />
eterno” (Salmos 139:23, 24). Esto nos descubre que Dios<br />
no necesita de nuestras oraciones; nosotros necesitamos orar.<br />
Pero volvamos los ojos a Jesucristo, quien es nuestro<br />
modelo... el espejo en el que debemos mirarnos. Él nunca<br />
hizo nada sin oración. Inició su ministerio orando, antes<br />
de llamar a sus discípulos oró y ayunó por cuarenta días y<br />
cuarenta noches, y murió orando, colgado sobre el madero<br />
hablando con su Padre. Ejemplos de esto los vemos en los<br />
Evangelios como Mateo 1:35, donde dice: “Levantándose<br />
muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un<br />
lugar desierto, y allí oraba”. También en Lucas 22:39-41,<br />
donde dice: “Y saliendo, se fue, como solía, al monte de los<br />
10 <strong>SOMOS</strong> AGO/OCT 2017