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“¡Estoy tan enojado que voy a destruirlos a todos! ¡<strong>No</strong> trates de detenerme!<br />
Sin embargo, con tus descendientes formaré una gran nación. Moisés trató de<br />
calmar a Dios, y le dijo: —Dios mío, ¡no te enojes con este pueblo! ¡Tú mismo lo<br />
sacaste de Egipto usando tu gran poder! … Recuerda el juramento que le hiciste<br />
a Abraham, a Isaac y a Jacob. Tú les juraste que con sus descendientes formarías<br />
un pueblo tan numeroso como las estrellas del cielo…” (Éxodo 32:10-11, 13 TLA).<br />
En la historia de Éxodo a menudo hablamos de Moisés como el ejemplo<br />
de un individuo llamado. Sabiendo que la cultura oriental es tribal y<br />
comunal, mi interpretación es que Moisés nunca fue llamado como<br />
individuo, sino el pueblo de Israel. Moisés fue llamado en función del<br />
llamado de ese pueblo. El llamado individual de Moisés es inseparable<br />
del que se le hizo grupalmente a Israel en los propósitos de Dios.<br />
Así lo aclara Moisés ante la oferta (¿o prueba?) de Dios contenida<br />
en Éxodo 32:10-11 de salvarlo solo a él. Moisés le “aclara” a Dios de<br />
su juramento y de que Israel es el cumplimiento de este juramento; el<br />
pueblo al que él mismo sacó de Egipto, a quien eligió y llamó. Para mí lo<br />
sorprendente no es si Moisés fue llamado individualmente o como parte<br />
de Israel, sino el aparente tono natural y común de su conversación con<br />
Dios. Es una conversación a un nivel de confianza que yo anhelo tener.<br />
¿De dónde sale esta confianza? Este versículo nos da una idea de su origen:<br />
“Moisés confió en Dios y por eso no le tuvo miedo al rey ni se rindió<br />
nunca. Salió de Egipto, y actuó como si estuviera viendo a Dios, que es<br />
invisible” (Hebreos 11:27 TLA).<br />
Moisés se presenta ante el faraón luego de tener una experiencia en el<br />
desierto en la que estuvo en la presencia de un Dios santo y todopoderoso.<br />
Esa experiencia desértica opaca por mucho cualquiera de sus previas<br />
vivencias en las ostentosas cortes y palacios egipcios. Por esto, basándose<br />
en esta experiencia con el Invisible, no había temor que lo detuviera.<br />
En el desierto “vio” frente a frente al Invisible y fue transformado. Si<br />
Dios Todopoderoso, creador del universo, a quien no podía “ver” con<br />
sus ojos físicos, lo llamó y le confió una tarea libertadora, ¿qué podría<br />
hacer contra él un faraón humano, aun con todo el poder de Egipto?<br />
La confianza de Moisés, como muchas cosas en nuestra vida de creyentes, tiene su origen en<br />
Dios mismo. Dios confió en Moisés, él recibió esa confianza y la internalizó, la hizo parte de<br />
su estilo de vida y el estándar de su relación con Él. Dios merece toda nuestra confianza, pues<br />
Él confió primero en nosotros, así como nos amó primero aunque nosotros no le amáramos.<br />
Dios confió en nosotros aun cuando no habíamos confiado en Él. Cuando confiamos en Dios<br />
reciprocamos su inmensa confianza en nosotros de cumplir su llamado y vivir vidas que le<br />
agraden.<br />
¿Cómo ponemos en práctica una vida de confianza en Dios? Pues como Moisés lo hizo:<br />
actuando “como si estuviera viendo a Dios, que es invisible”. Es una paradoja decir “ver<br />
RIESGOS DE FE<br />
ESTOY VIENDO LO INVISIBLE<br />
16 <strong>SOMOS</strong> AGO/OCT 2017