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COMPRUEBA - Revista SOMOS Vol. 1 No. 2

Revista SOMOS Vol. 1 No. 2

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Administradores<br />

Todo le pertenece a Dios,<br />

solo somos administradores<br />

En medio de un tiempo de<br />

extrema gratitud, David eleva<br />

una alabanza al Señor, como<br />

lo hacía en tantas otras ocasiones, por su<br />

grandeza, su poder, su gloria, su victoria<br />

y su majestad. Y en esa presencia<br />

gratificante con el Dios Todopoderoso<br />

levanta una gran interrogante: “Pero<br />

¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para<br />

que podamos darte algo a ti? ¡Todo lo<br />

que tenemos ha venido de ti, y te damos<br />

solo lo que tú primero nos diste!” (1 Cr<br />

29:14). De esta gran verdad bíblica nace<br />

uno de nuestros valores que destacamos<br />

con la letra A (administradores) en<br />

nuestro acrónimo <strong>COMPRUEBA</strong>.<br />

Todo le pertenece a Dios, solo somos<br />

administradores.<br />

La administración, como casi<br />

todas las ciencias y disciplinas, nos<br />

puede enseñar. La realidad es que<br />

todos los días podemos aprender<br />

de una manera práctica a ser un<br />

verdadero administrador. En el deber<br />

y compromiso de llevar adelante la<br />

obra que el Señor ha puesto a nuestro<br />

cuidado, descubrimos la inevitable<br />

necesidad de realizar una magnífica<br />

administración, con el objetivo de<br />

que el mensaje de fe tenga respaldo y<br />

apoyo, especialmente en este tiempo y<br />

en nuestro país, donde las virtudes que<br />

debe exhibir el administrador están en<br />

pleno deterioro.<br />

La Iglesia, como grupo de<br />

creyentes en Jesucristo cuyo desarrollo<br />

doctrinal y práctico depende de las<br />

Sagradas Escrituras y del poder del<br />

Espíritu Santo, está fundada sobre<br />

bases administrativas. Nuestro Señor<br />

Jesucristo, el administrador por<br />

excelencia, sentó las bases de una<br />

verdadera mayordomía para su Iglesia<br />

cuando multiplicó los panes y los peces<br />

y no desperdició lo que quedó. En<br />

una ocasión quedaron siete canastas y<br />

en otra doce cestas (Jn 6:12). En cada<br />

oportunidad que se presentaba adiestró<br />

a sus discípulos a administrar.<br />

En su carta a los corintios el apóstol<br />

Pablo resalta que el siervo de Dios debe<br />

ser un buen administrador: “Así que, a<br />

Apolos y a mí, considérennos como simples<br />

siervos de Cristo, a quienes se nos encargó<br />

la tarea de explicar los misterios de Dios.<br />

Ahora bien, alguien que recibe el cargo de<br />

administrador debe ser fiel” (1 Co 4:1-<br />

2). Aquí se establecen tres principios<br />

fundamentales. Primero, que para ser<br />

administrador de los misterios de Dios<br />

es necesario iniciarse como servidor<br />

de Cristo. Segundo, que los misterios<br />

de Dios, es decir, la Iglesia con todos<br />

sus factores divinos y humanos, es un<br />

cuerpo administrable. Tercero, que el<br />

requisito por excelencia para participar<br />

en tal administración es la fidelidad.<br />

Etimológicamente, la palabra<br />

administrar viene del latín ad +<br />

ministrare (servir), de modo que<br />

el que administra es un servidor.<br />

El mayordomo es responsable de<br />

administrar lo que le ha sido confiado;<br />

no puede hacer lo que quiere, sino que<br />

deberá ser fiel. El ejemplo de José sobre<br />

la casa de Potifar es significativo (Gn<br />

39:4-6).<br />

La Biblia, que es fuente inagotable de<br />

toda sabiduría, abunda en información<br />

y ejemplos sobre la organización y el<br />

orden en materia administrativa. En la<br />

creación, por ejemplo, Dios muestra su<br />

capacidad administrativa planificando,<br />

ejecutando, organizando y evaluando<br />

cada etapa creativa realizada. Nadie y<br />

nada escapa de su control divino, y para<br />

la ejecución de su soberana voluntad<br />

utiliza poderes, leyes, elementos y<br />

factores que lo representan y obedecen.<br />

La evaluación de su obra se halla en las<br />

siguientes palabras: “Y vio Dios que todo<br />

era bueno en gran manera...” (Gn 2:31).<br />

Ahora bien, en cuanto a la<br />

administración de los fondos de la<br />

Iglesia, aunque resulte obvio, es bueno<br />

señalar que la autoridad final reside en<br />

el Señor, quien es la cabeza de la Iglesia.<br />

Los hermanos ofrendan y diezman a<br />

Dios. El dinero de las iglesias es de Él.<br />

Por supuesto, todo es suyo, pero los<br />

diezmos y las ofrendas son dedicados<br />

específicamente a Dios y deberán<br />

administrarse conforme a<br />

los propósitos<br />

señalados por<br />

Él. Ninguna<br />

organización,<br />

grupo jerárquico<br />

o individuo debe<br />

creerse dueño del<br />

dinero de la Iglesia ni administrar dichos<br />

fondos con arbitrariedad, parcialidad,<br />

individualismo o desorden. Quienes<br />

administran deben hacerlo con la clara<br />

conciencia de que son mayordomos<br />

y no dueños, y proceder siempre con<br />

integridad, honradez, imparcialidad<br />

y orden. La Iglesia es una verdadera<br />

institución administrable.<br />

La administración sana, desde la<br />

perspectiva del creyente, no solo incluye<br />

aspectos financieros, sino que también<br />

incorpora otras variantes como la<br />

mayordomía del cuerpo, del tiempo y<br />

de la familia.<br />

La Biblia es muy descriptiva en<br />

cuanto al abuso del cuerpo (Santiago<br />

3:6-8; 2 Pedro 2:14). Las personas que<br />

no reconocen a Dios como el dueño<br />

de sus vidas se maltratan físicamente.<br />

<strong>No</strong> obstante, el creyente reconoce<br />

a Dios como el dueño de su físico.<br />

28 <strong>SOMOS</strong> AGO/OCT 2017

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