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5 months ago

EL SER POETICO

Esta obra incluye propuestas innovadoras sobre la concepción del arte en general y del poema en particular. Los nuevos conceptos están formalizados en varias definiciones y postulados. También nos proporciona valiosos indicadores que nos permiten diferenciar el Verso Vulgar y las gradaciones que lo llevan al Verso Puro. Por otra parte, propone la solución a la extraña paradoja que los críticos tradicionales han fabricado con la supuesta dicotomía entre “Poesía” y “Prosa”, mientras que la noción del Momento Vital se convierte en un indicador muy importante para la comprensión de lo que es una novela, un relato o un poema en verso. La Visión y la Transfiguración del poema visionario, tal como lo define Carlos Bousoño, cobran nuevos matices.

ción a sus demandas

ción a sus demandas laborales acudiendo a la página de quejas de algún periódico nacional o a la remisión de las mismas al Ministro de Trabajo de su país, con papel sellado y timbre de ley Ya es hora que pongamos fin a la nefasta costumbre de poner nuestras frustraciones en lo que creemos entender por verso; no es cuestión de darles uno que otro ritmo o rima, dividirlos en estrofas y declarar, sin ningún sonrojo, que hemos hecho un “poema”. Ya es hora de que desmistifiquemos a los supuestos desmistificadores y dejemos de ser ovejas de un rebaño en busca de un pastor, cuya única cualidad es hacer versos que denuncian las injusticias que una fracción de la especie humana realiza en perjuicio de otra. Ya es hora de terminar con la estúpida costumbre de llamar “poema” a cualquier barbaridad que se escriba, si esta barbaridad está avalada por una supuesta intención de mostrar “las angustias del alma” de algún gran decepcionado. En fin, ya es hora de que dejemos de llamar “poema” al folletín y “poesía” al contenido del panfleto. La caída del Muro de Berlín fue un anuncio de que el fusil no podrá contra la computadora; de que el Socialismo como sistema no va, si el Ser Genérico no ha alcanzado un grado aceptable de evolución histórica y biológica. Pero también ha demostrado que el Poema no podrá ser usado como tambor o himno de batalla de unos cuántos en contra de otros cuántos. Dejemos la denuncia del Ente concreto contra el ente concreto a los partidos políticos, a los sindicatos. Dejemos que el informante denuncie al complotador concreto; dejemos que el traidor concreto denuncie a sus compañeros concretos; pero no hagamos del Poema un alcahuete al servicio de ninguno de ellos, porque cuando el poema denuncia, no lo hace identificando a una fracción de la especie contra cualquier otra. No. Cuando el 168

Poema denuncia, pone en el banco del acusado a la Humanidad entera y lo denuncia ante la Humanidad entera. La denuncia del Poema es la del Ser ante el Ser. La denuncia del Poema no es la del Ente concreto contra uno o varios Entes Concretos, puesto que esta clase de denuncia es utilitaria para quien la lanza. La denuncia poética, la del Ser ante el Ser tiene intención de expresar la tristeza del Ser ante lo incipiene de su evolución. Ahora volvamos la atención a lo que considero Versos vacíos, inocuos y desabridos por que no son ni estética ni éticamente amigables con el alma y parecen haber sido fabricados más como un motivo de ornamentación que como una ocasión de mostrar algún Estado Puro del Ser o de conmover el alma. Para esto escogemos uno de los versos de Darío: “Os saludo desde el campo lleno de hojas y de luces cuya verde maravilla cruzan potros y avestruces, o la enorme vaca roja, o el rebaño gris, que a un tiempo luz y hoja busca y muerde en el mágico ondular que simula el fresco y verde trebolar” (“Desde la Pampa”) Estos versos no podrían ser calificados de vulgares, porque no lastiman la sensibilidad, pero tampoco podrían ser puestos como ejemplo de lo que es un Poema. Es que son inocuos, vacíos dentro de una estética puramente ornamental que parece abundarse dentro de sí misma, sin ninguna esperanza de servir de complemento a nada, excepto tal vez, al momento de embriaguez psicológica del Poeta. Otro manojo de versos insustanciales, de los infinitos que existen, podemos tomarlos, por ejemplo, de Juan Melendez Valdés (España 1754-1817) 169