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5 months ago

EL SER POETICO

Esta obra incluye propuestas innovadoras sobre la concepción del arte en general y del poema en particular. Los nuevos conceptos están formalizados en varias definiciones y postulados. También nos proporciona valiosos indicadores que nos permiten diferenciar el Verso Vulgar y las gradaciones que lo llevan al Verso Puro. Por otra parte, propone la solución a la extraña paradoja que los críticos tradicionales han fabricado con la supuesta dicotomía entre “Poesía” y “Prosa”, mientras que la noción del Momento Vital se convierte en un indicador muy importante para la comprensión de lo que es una novela, un relato o un poema en verso. La Visión y la Transfiguración del poema visionario, tal como lo define Carlos Bousoño, cobran nuevos matices.

de la América ingenua

de la América ingenua que tiene sangre indígena que aún reza a Jesucristo y aún habla español Eres soberbio y fuerte ejemplar de tu raza eres culto, eres hábil; te opones a Tolstoi. Y domando caballos o asesinando tigres, eres un Alejandro-Nabucodonosor... Me ratifico sin ningún remilgo: en cuestiones de crítica a la oda, nada será más grato que remitirse sin recato a Darío y la suya. La Elegía: El Verso Vulgar de Dolor Programado Hay una sentencia popular que surge de la experiencia repetida siglo tras de siglo, milenio tras de milenio: Los malos nunca mueren. Así es; en la hipocresía institucionalizada del planeta, sólo los buenos lo hacen. Todo muerto es el cuerpo de un ser admirable que no merecía morir; merecía quedarse como arquetipo eterno de lo humano. El ritual de expresar el supuesto dolor solidario, ya con hisopos y discursos y plegarias de ocasión, ya con el estruendo de los cañonazos, es a la conciencia de la civilización lo que las lloronas eran a los indígenas de México: el dolor programado. Las expresiones vulgares del supuesto respeto a los muertos han perdido toda la vergüenza y sólo pueden ser comparadas a los versos vulgares a la mujer; ambos compiten en el doblez; ambos acaparan dosis astrales de impostura; ambos reclaman para sí el monopolio de la afectación. El dolor íntimo poético nunca necesita de estos carnavales que salpican en lo grotesco. El dolor íntimo poético, mientras más dolor, sólo congenia con el silencio. Siente la caída del Ente concreto como la última nota de una canción que se pierde al otro lado del tiempo; como la caída de una mirada. 56

El dolor colectivo poético es un conjunto de tormentas emocionales en una tormenta descomunal, pero nunca es programado, es espontáneo; por eso es poético, mientras que el dolor proclamado en los discursos de mausoleo es la entronización de un baldado a un extraño estado de arrebol. Gertrudis Gómez de Avellaneda (Cuba, 1814- 1873) ha escrito “Después de la muerte de mi marido”, una de las elegías más raras de cuántas puede la imaginación ser responsable. Cito dos estrofas: Permíteme, pues, que al religioso coro hoy se asocie, aunque indigna, la voz mía cubierta de ciprés mi lira de oro, para alabarte aún hallará armonía. De tu justicia el formidable azote en mí se ensangrentó por tiempo largo; más si lo quieres Tú, que el labio agote del cáliz de la vida el dejo amargo.... Ahora, si creen que toda elegía es pucheritos, pañuelos y lloronas contratadas de negro, están equivocados. Para cerciorarse lean las siguientes estrofas. Pertenecen a Emilio Ballagas (Cuba, 1908-1954) y a su dolor con motivo de la “Muerte de María Belén Chacón” ............ Ya no veré mis instintos en los espejos redondos y alegres de tus dos nalgas. Tu constelación de curvas ya no alumbrará jamás el cielo de la sandunga. 57