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11 months ago

2017-12-01 Muy Interesante Extra Historia

MUY ESPECIAL II GUERRA

MUY ESPECIAL II GUERRA MUNDIAL: EPISODIOS OSCUROS El aparato industrial filonazi Empresas afines al Tercer Reich Autos, electrodomésticos, medicinas, productos tecnológicos e incluso prendas de ropa son actualmente fabricados por marcas alemanas que, de 1933 a 1945, estuvieron muy cerca del régimen hitleriano. Por Roberto Piorno 20 muyinteresante.com.mx

Afinales de octubre de 1944 Louis Renault, fundador de la célebre compañía automovilística, falleció en una clínica parisina tras meses de presuntos malos tratos en una prisión de Fresnes, donde estaba recluido acusado de colaborar con los nazis. Las circunstancias de la detención y muerte del empresario francés nunca han llegado a aclararse por completo, pero no hay duda de que Renault pagó un alto precio por su participación, más o menos entusiasta, en el monumental esfuerzo bélico alemán durante la Segunda Guerra Mundial. El fabricante galo había suministrado tanques y camiones a la Wehrmacht y, tras la liberación de Francia, no hubo perdón ni piedad para los ‘amigos’ de los nazis. Por ese motivo, De Gaulle decidió nacionalizar la compañía, arrebatándosela así a los herederos de Renault quienes, con todo, no se rindieron y durante años se afanaron en tratar de limpiar el nombre del fundador de la empresa, finalmente reprivatizada en 1996 por Jacques Chirac. Muchos consideran a Renault un traidor y un aliado de los nazis; su familia siempre defendió que, en una Francia sometida al yugo alemán, el patriarca del clan no tuvo alternativa ni elección y hubo de servir a la causa de Hitler por la fuerza. Pero el nombre de Renault, con mayor o menor justicia, quedó irremediablemente marcado por la sombra del colaboracionismo, un estigma moral que arrastran muchas otras grandes compañías europeas y estadounidenses, cuya decisiva aportación a la causa alemana durante el conflicto está más que probada. Sin embargo, Renault es una excepción porque muy pocos empresarios corrieron la misma suerte. La mayoría, por el contrario, salieron completamente ilesos y sus pecados y asociaciones con los nazis quedaron impunes. En la posguerra imperó el realismo económico y, en el ámbito de la empresa, los vencedores decidieron mostrar indiferencia ante los delitos, flagrantes en algunos casos, de los vencidos. De esa permisividad estratégica dependía, en buena medida, que Alemania pudiera salir del hoyo en el que se encontraba el día después del armisticio. FOTOS: GETTY IMAGES Socios peligrosos. Durante la guerra, el estudio de Ferdinand Porsche (aquí, a la izquierda de Hitler) se ocupó del diseño de material bélico para el gobierno nazi. Tras el fin de la contienda, fue encarcelado por haber utilizado mano de obra esclava en su fábrica. Economía de supervivencia No siempre resulta sencillo distinguir la posición de aquellas compañías que abrazaron con entusiasmo el ideario nazi de aquellas otras que, sin albergar simpatía alguna por el régimen, se vieron empujadas a trabajar para el diablo movidas exclusivamente por el espíritu de supervivencia. Un espíritu que había ido forjándose durante los años inmediatamente posteriores al fin de la Primera Guerra Mundial en el contexto de un país completamente golpeado, ahogado por la hiperinflación, que apenas había comenzado a levantar cabeza cuando el Crac del 29 terminó por hundir la economía en un pozo aparentemente sin fondo. Tras su llegada al poder, Hitler supeditó por completo la economía a los intereses del Estado y a la monumental maquinaria bélica que estaba construyendo. En esa tesitura, los grandes magnates y empresarios alemanes no tenían más alternativa que aproximarse todo lo posible a la alta jerarquía nazi, entrar en sus círculos clientelares y abrazar la causa del NSDAP como propia en aras de conseguir un trato favorable por parte del régimen. Hitler se esmeró en robustecer especialmente aquellas industrias estratégicas que le permitían llevar a cabo sus megalómanos proyectos expansionistas, muy especialmente la industria pesada, la industria química y la del automóvil. El Plan Cuatrienal de 1936 diseñado por Hermann Göring tenía como objetivo primordial militarizar la economía alemana, persiguiendo un modelo autárquico que evitara a toda costa depender de las importaciones en una política que, consecuentemente, otorgaba una posición de privilegio a los grandes magnates de la industria nacional, quienes no dudaron en dejarse seducir por el régimen para multiplicar sus beneficios y posicionarse frente a los nuevos tiempos.Así, los lazos de unión entre la clase dirigente nazi y los grandes empresarios germanos fue estrechándose de manera progresiva en los años anteriores al estallido de la guerra. Poco a poco el partido nacionalsocialista y los poderes económicos fueron transformándose en dos caras de un mismo proceso, dos pilares de un sistema que había encontrado su razón de ser en la economía de guerra. muyinteresante@televisa.cl 21

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