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2017-12-01 Muy Interesante Extra Historia

MUY ESPECIAL II GUERRA

MUY ESPECIAL II GUERRA MUNDIAL: EPISODIOS OSCUROS Había una torta muy suculenta por repartir y era, pues, preciso estar en la posición adecuada. El colaboracionismo era, por consiguiente, una estrategia de supervivencia para prosperar en la economía de guerra. Alemania estaba cambiando de cara, superando la depresión crónica del periodo de entreguerras y realizando grandes inversiones, a través de un ambicioso programa de obras públicas que incluía la modernización y ampliación del sistema ferroviario o la construcción de autopistas y una nueva red de presas hidroeléctricas y, por supuesto, la militarización del país a marchas forzadas. Obreras de la industria pesada nazi. Las factorías armamentísticas del Tercer Reich trabajaron a destajo empleando a mujeres (arriba, una fábrica alemana de municiones en 1940). Acusado de colaboracionista. El industrial francés Louis Renault (1877-1944) siguió las órdenes alemanas, impuestas en el armisticio de 1940, y mantuvo vínculos estrechos con el régimen de Vichy. Tras la liberación de París fue encarcelado, en una época de depuración que fue violenta con los colaboradores (o sospechosos de haberlo sido) de los nazis. Así, debido a los malos tratos recibidos, falleció a las pocas semanas de su detención. Vía de escape para el éxito industrial Para un país en vías de colapso, como la Alemania de los años 30, con la renta nacional cayendo en picada e índices de desempleo catastróficos, superiores al 40%, los gigantes de la industria, en una posición extremadamente vulnerable, vieron en la ósmosis con el partido de Hitler una vía de escape y un movimiento táctico esencial para garantizar su supervivencia. Esa aproximación al poder político era, además, la única carta de los grandes empresarios alemanes para eludir la nacionalización masiva que se dibujaba en el horizonte con la llegada de los nazis al poder. La inversión pública creció en la década de los 30 hasta un 800 %. Aprovechar la inercia de esa ola era la absoluta prioridad de los grandes magnates de la industria alemana. Complicidad ideológica Naturalmente, las adjudicaciones de los contratos para hacerse cargo de todos estos proyectos no eran simulaciones. Eran las empresas bien posicionadas políticamente, aquellas que abiertamente habían mantenido una actitud de complicidad ideológica y política con los postulados del NS- DAP, las que obtenían los preciados contratos. En la Alemania nazi no había alternativa para estar en la cúspide del modelo empresarial/industrial. O eras amigo de los nazis o eras invisible. Fue en ese preciso contexto cuando emergió esta nueva oligarquía industrial-empresarial al calor de los favores del régimen, como recompensa por los servicios prestados al partido. Muchos de esos nuevos magnates “de partido” lo eran por principio, por afinidad con el ideario nazi, pero otros se limitaban a seguir la corriente, a hacer lo necesario para sobrevivir en un tiempo en el que hacer dinero y postrarse ante Hitler y sus ideas eran una misma cosa. La industria automovilística fue especialmente activa en este frente. A finales de los años 30, el continuo descenso de la tasa de desempleo y las políticas destinadas a reactivar el consumo permitieron a la vapuleada clase media recuperar buena parte del poder adquisitivo perdido. Tener un auto se convirtió en una prioridad para el alemán promedio y la industria floreció, con la consolidación de marcas como Porsche, Opel o BMW, entre otras, que hicieron de Alemania una superpotencia en el sector. Pero el mercado para estas compañías no se limitaba, en absoluto, a los germanos de clase media. Durante la segunda mitad de los años 30, y mucho más aún tras el estallido de la guerra, el Estado se convirtió en el principal cliente, y prácticamente el único, de las grandes firmas del automóvil alemán. La política de rearme y los ambiciosos planes bélicos del Führer, que se tradujeron en un aumento del gasto en armamento del 2.300%, fueron un auténtico salto para los grandes magnates del vehículo que supieron adaptarse a las necesidades de esa nueva economía de guerra. Especialmente significativo es el caso de Ferdinand Porsche, uno de los gigantes del sector, a quien los nazis habían confiado la producción de un modelo utilitario al alcance del bolsillo del alemán de clase media, un auto del pueblo: el Volkswagen, bueno, bonito y barato. El propio FOTOS: GETTY IMAGES; EFE/ ZUMA PRESS 22 muyinteresante.com.mx

Una bebida con sabor a orgullo nacional Entre las varias compañías estadounidenses que jugaron a dos bandas durante la guerra destaca Coca-Cola, que aun siendo la bebida estadounidense por antonomasia no renunció a su privilegiada posición en Alemania cuando se desataron las hostilidades entre los dos países. La universal bebida vendía unos cinco millones de botellas al año en el país teutón, donde existían hasta 43 fábricas, y gozaba de una popularidad extraordinaria, hasta el punto de que muchos alemanes pensaban que se trataba de una bebida local. Max Keith era el hombre a cargo de Coca-Cola GmbH, la filial germana de la empresa, cuando a finales de 1941 se interrumpió el suministro desde Estados Unidos del jarabe con el que se elaboraba el refresco. Sin posibilidad de seguir elaborando Coca-Cola, Keith decidió inventar un nuevo producto. A base de excedentes e ingredientes de baja calidad, nació la bebida Fanta, abreviatura de la palabra Fantasie (“fantasía” en alemán). La nueva bebida triunfó. Nadie pensaba que pudiera emular el éxito de su predecesora pero, al ser comercializada por Coca-Cola, el lanzamiento superó todas las expectativas, con tres millones de botellas vendidas en 1943, su primer año de vida. En plena guerra nació Fanta, la nueva bebida que se produjo en las fábricas alemanas de Coca-Cola. FOTOS: DEUTSCHES BUNDESARCHIV; GETTY IMAGES Hitler llegó a estrenar el suyo propio antes de que el estallido de la guerra reorientara las prioridades del esfuerzo industrial. Hitler se esmeró en robustecer aquellas industrias estratégicas que le permitían llevar a cabo sus megalómanos proyectos. Pasado oscuro en el mundo del motor Porsche estaba, para entonces, magníficamente posicionado para convertirse en uno de los proveedores predilectos del Estado. En efecto, el proyecto Volkswagen se canceló, pero las fábricas de Porsche siguieron echando humo en los años sucesivos afanadas en la producción masiva de Kübelwagen, también conocido como Volkswagen Tipo 82, un todoterreno militar del que se llegaron a fabricar hasta 50.000 unidades, incluyendo una versión anfibia no demasiado exitosa. Porsche contribuyó al esfuerzo bélico con el diseño y producción de vehículos militares como el Panzer VI o el Panzer VIII o el Elephant, diseñado para neutralizar vehículos armados enemigos. Ferdinand Porsche, como tantos otros empresarios germanos durante este periodo, no dudó en utilizar mano de obra esclava en sus plantas de producción con el propósito de reducir costos al máximo. Al acabar la guerra pasó dos años en prisión pero, a diferencia del fundador de Renault, él sí obtuvo clemencia y pudo,a continuación, convertir su compañía en una de las más grandes y prestigiosas del sector. Suerte parecida corrió Günther Quandt, propietario de BMW, quien hizo fortuna durante la Primera Guerra Mundial con el suministro de uniformes para el ejército alemán, dinero que invirtió en BMW y Daimler-Benz, a cargo de las cuales se convirtió en uno de los nombres de referencia de la industria automovilística alemana desde mediados de los años 20. En 1933, se afilió al partido, y no tardó en convertirse en uno de los magnates predilectos del régimen; tanto así, que en 1937 fue nombrado Wehrwirtschaftsführer (Líder de Economía de Defensa). Quandt era un nazi convencido y entusiasta y no es de extrañar que se convirtiera en uno de los principales proveedoresdelrégimen,paraelqueprodujo los motores de los aviones de la Luftwaffe o protomisiles V-2, entre otras piezas. En agradecimiento por los impagables servicios prestados, Quandt conseguía mano de obra esclava en forma de prisioneros de guerra, o procedente de los campos de concentración. Las relaciones de los Quandt con la alta jerarquía nazi eran, de hecho, más que fluidas. Magda Behrend Rietschel, quien fuera esposa de Günther y madre de Harald, su hijo mayor, se convertiría, tras su divorcio de Quandt, en esposa del mismísimo Joseph Goebbels. Al terminar la guerra, los hijos del polémico empresario heredaron el imperio BMW y la vida siguió como si nada hubiera pasado. Quandt no tuvo, de hecho, que rendir cuentas por sus más que cuestionables actividades antes y De crear autos a producir bombarderos En octubre de 1940, una directiva del régimen nazi paralizó la producción de autos de pasajeros (abajo, el modelo Opel Olympia, en 1937). Las compañías automovilísticas se dedicaron en los años de contienda a elaborar material militar y aéreo: equipos de aterrizaje, cabinas y depósitos para aviones, etc. muyinteresante@televisa.cl 23

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