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2017-12-01 Muy Interesante Extra Historia

MUY ESPECIAL II GUERRA

MUY ESPECIAL II GUERRA MUNDIAL: EPISODIOS OSCUROS De izquierda a derecha, Anthony Blunt en 1979, tras ser “destapado”, y sus compañeros Donald Maclean, Guy Burgess y Kim Philby. A la derecha, el quinto hombre del Círculo de Cambridge, John Cairncross, el último en ser descubierto (lo delató un exmiembro del KGB). Los Cinco de Cambridge El 15 de noviembre de 1975 saltó el gran escándalo. La primera ministra británica Margaret Thatcher reveló que Sir Anthony Blunt, prestigioso historiador del arte, caballero desde 1956, era en realidad un agente doble al servicio de Moscú. Aquel hombre exquisito, experto en arte francés y pariente lejano de la reina, era el cuarto hombre del denominado Círculo de Cambridge, un grupo de espías británicos reclutados en la década de 1930 por el NKVD (agencia de inteligencia soviética precursora del KGB). Todos ellos se infiltraron en distintos organismos públicos, como el Ministerio de Exteriores o los servicios de inteligencia del Reino Unido, de donde extrajeron un auténtico caudal de información que pasaron a los rusos durante décadas. Sus miembros fueron Kim Philby, Donald Maclean, Guy Burgess, el propio Bluntyunquinto“desconocido”.Durante mucho tiempo se acusó al filósofo Ludwig Wittgenstein de ser ese integrante del grupoenlasombra,perofinalmentese averiguó que era John Cairncross. En la Segunda Guerra Mundial, los también llamados Cinco de Cambridge proporcionaron a Stalin valiosa información sobre los planes angloamericanos. Su labor de espionaje inspiró muchas películas y novelas, como Un espía perfecto, de John le Carré, o El tercer hombre, deGraham Greene, amigo de Philby. Aristócratas resentidos En su biografía sobre Blunt, Miranda Carter revela la compleja personalidad de este británico aristocrático que vendió su alma al Kremlin, y las de sus cuatro compañeros de viaje. “Los cinco agentes dobles pensaban que el avance del fascismo y el nazismo, la actitud pusilánime de las democracias europeas y el impacto de la Guerra Civil española situaban a la Unión Soviética como única esperanza de contención contra el empuje fascista”, subraya Carter. El historiador británico Max Hastings opina que los Cinco de Cambridge eran unos simples traidores que compartían un cierto odio hacia sus respectivas familias o hacia las comunidades donde vivían. Hastings recuerda que Philby realizaba ácidas caricaturas de las clases dominantes británicas y mostraba un gran resentimiento hacia su padre. “Tenían cualidades intelectuales y un cierto encanto personal que los hacían irresistibles en algunos círculos, pero a mí no me parecen nada atractivos”, afirma Hastings. Burgess se infiltró en el servicio de inteligencia británico MI5 y transmitió a los soviéticos secretos militares occidentales. Maclean escapó junto a Burgess a la Unión Soviética, donde la KGB lo condecoró. El más importante de los Cinco fue Philby, que utilizó su trabajo como corresponsal en la Guerra Civil española para espiar a favor de los soviéticos. Aunque sus reportajes fueron los más favorables para los militares franquistas de todos los escritos por los enviados extranjeros que cubrieron aquella contienda, un documento secreto desclasificado hace pocos años mostró que Moscú le había encomendado la misión de asesinar a Franco, un atentado que Philby no pudo llevar a cabo. ¿Traidores o idealistas? La entrada de la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial elevó el ánimo de los Cinco de Cambridge: pensaron que Gran Bretaña y Estados Unidos luchaban contra el mismo enemigo fascista. Pasar información a los soviéticos, pues, no constituía traición, sino un medio para colaborar en la causa común contra los nazis. Por esa razón, no tuvieron ningún reparo en proporcionar a los soviéticos datos sobre la postura que iban a adoptar Churchill y Roosevelt en las cumbres que se celebraron durante la guerra, de tal modo que Stalin sabía de antemano lo que pensaban los líderes aliados. “Churchill y Roosevelt no pudieron jugar una partida de póquer con Rusia, porque Stalin les había visto las cartas”, asegura Max Hastings. Cuando finalizó la guerra, Philby facilitó a Moscú amplia información sobre operaciones secretas del Reino Unido en el Este, lo que causó muchas víctimas. “Él fue responsable de la muerte de agentes de la inteligencia británica en el Báltico y en otros lugares de Europa Oriental”, sentencia Hastings. 42 muyinteresante.com.mx Winston Churchill y Stalin reunidos en el Kremlin en agosto de 1942. FOTOS: IMPERIAL WAR MUSEUM LONDON; THE GUARDIAN ARCHIVE; GETTY IMAGES

Richard Sorge FOTOS: GETTY IMAGES; Fue uno de los mejores agentes dobles a las órdenes de Moscú. De padre alemán y madre rusa, Richard Sorge estudió en Alemania, donde abrazó el marxismo.En1924,setrasladóaMoscú ycomenzósucarreradeespía.“Ika”,taly como lo apodaban, era un hombre atractivo que despertaba la atención de las mujeres, una ventaja que utilizó a su favor en su carrera profesional. Tras una estancia en China, los servicios de inteligencia militar soviéticos (GRU) lo destinaron a Japón. Antes de partir, Sorge viajó a Berlín y se afilió al Partido Nazi en 1933. En la capital alemana conoció a Karl Haushofer, fundador de la revista Zeitschrift für Geopolitik,que lo recomendó al teniente coronel Eugen Ott, un oficial destinado en Tokio que iba a servirle de enlace para enviar a los alemanes unos informes cargados de medias verdades. Con 38 años, Sorge estaba a punto de comenzar una de las mayores carreras del espionaje mundial. Informes descartados por Stalin Una vez que se situó enTokio, el agente doble averiguó que los japoneses no tenían intención de declarar la guerra a la Unión Soviética, ya que preferían centrar sus esfuerzos en China. También alertó a Moscú del ataque japonés a Pearl Harbor y del inicio del ataque de la Wehrmacht a Rusia (la Operación Barbarrroja) el 22 de junio de 1941. Se sabe que Stalin rechazó sus advertencias y que lo ridiculizó en público afirmando que no iba a creer a un pervertido que malgastaba su vida en burdeles japoneses. El dictador soviético también desoyó a otros agentes de inteligencia soviéticos ubicados en Berlín que advertían del inminente ataque de los alemanes a Rusia. La prepotencia y desconfianza enfermiza de Stalin puso en serios aprietos a la Unión Soviética en los primeros meses de la guerra. Los datos que había proporcionado Sorge sobre las intenciones de Japón de no atacar a la Unión Soviética dieron un respiro a Stalin, que ante la evidencia de la invasión nazi ordenó el traslado de la mitad de las tropas que defendían la frontera con Manchuria para tratar de frenar el empuje de los ejércitos alemanes en Moscú. Descubierto y ahorcado Cuando Sorge fue descubierto y detenido por los japoneses, sus informaciones ya habían llegado a la URSS. El embajador alemán no creyó las acusaciones contra su amigo e intercedió por él, aunque no sirvió de nada. Ott no podía imaginar que Sorge era un doble agente soviético y que había proporcionado a Tokio información sensible que los alemanes ocultaban a sus aliados. Evidentemente, “Ika” también engañó a los japoneses, transmitiendo a Berlín los secretos que Tokio quería ocultar a los alemanes. Su red de agentes en Japón incluía a un artista llamado Yotoku Miyagi, al corresponsal de la agencia francesa Havas Branko Vukelic, a su operador de radio Max Clausen y a Hotsumi Ozaki, un periodista japonés de ideas marxistas. Tras ser desenmascarado por los servicios secretos japoneses, Sorge fue ahorcado el 7 de septiembre de 1944 en compañía de Ozaki. Según consta en las actas de la ejecución, el espía soviético murió dando vivas a la Revolución de Octubre. Un seductor en Tokio En la capital japonesa, Richard Sorge utilizó el restaurante Alt-Heidelberg como centro de operaciones. En aquel local de estilo alemán y dudosa reputación, servido por camareras japonesas vestidas con blusas escotadísimas y faldas cortas, Sorge escribía los informes que distribuía a alemanes y soviéticos. Una vez redactados, el agente salía del local y se dirigía a un bosque cercano, donde encendía un cigarrillo. Si alguien en la oscuridad encendía otro, Sorge sabía que no había moros en la costa. También utilizó las recepciones de la embajada alemana en Tokio para entregar su informe periódico a Eugen Ott, que había sido ascendido a general y nombrado embajador en Japón. En esas recepciones, Sorge se Richard Sorge (1895-1944) fue militar, periodista y agente doble al servicio de la URSS. Vista aérea de Tokio a finales de 1944, cuando Sorge fue descubierto como agente de Moscú y ejecutado. Murió gritando: “¡Viva la Revolución!”. mostraba como un voluble seductor al que solo le interesaba coquetear con las damas de la alta sociedad. Sorge también aprovechaba esas recepciones para proporcionar información a su amante, una periodista sueca que era la encargada de hacer llegar los mensajes a Moscú. Entre los tesoros que este agente doble proporcionó a Rusia se encontraban las claves secretas de la Marina alemana. muyinteresante@televisa.cl 43

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