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4 months ago

2017-12-01 Muy Interesante Extra Historia

MUY ESPECIAL II GUERRA

MUY ESPECIAL II GUERRA MUNDIAL: EPISODIOS OSCUROS Objetivo conseguido. En 1961, en plena Guerra Fría, el presidente John F. Kennedy se encaminaba hacia la meta de la carrera espacial. Para alzarse con la victoria, contó con la inestimable ayuda del ingeniero aeroespacial alemán Wernher von Braun, colaborador nazi que, tras la guerra, se puso al servicio de las fuerzas aliadas. En la foto, JFK y Von Braun en Cabo Cañaveral.

Científicos nazis en Estados Unidos Operación Paperclip EE.UU. reclutó a 1.600 investigadores alemanes pasando por alto sus servicios a Hitler. Para sacarlos de Alemania, el servicio de inteligencia urdió un plan. Por Jesús Hernández FOTO: NASA La glamurosa actriz Zsa Zsa Gabor afirmaba: “Nunca odié lo suficiente a un hombre como para devolverle sus diamantes”. Al acabar la Segunda Guerra Mundial, los aliados bien pudieron decir, parafraseando a la artista, que nunca odiaron lo suficiente a los nazis como para prescindir de sus científicos... En efecto, la ciencia bajo el Tercer Reich se hallaba, en algunos campos, muy adelantada a la desarrollada por los aliados. Con Alemania derrotada, estadounidenses y soviéticos pugnaron por llevarse lo mejor del plantel de científicos germanos. El que esos hombres de ciencia pudieran tener o no un pasado turbio al servicio de los nazis pasó a ser intrascendente para los vencedores de la contienda. En septiembre de 1943, los estadounidenses ya habían fijado su atención en los avances científicos del enemigo. Para ello lanzaron la Operación Alsos, destinada a obtener información de estos progresos, especialmente de los destinados a conseguir la bomba atómica, y tratar de que no cayeran en manos de los soviéticos al acabar la guerra. En 1944, con los lanzamientos de las bombas volantes V1 y V2, los aliados comprendieron que en ese campo se encontraban muy atrasados respecto a los alemanes, por lo que hacerse con esa tecnología se convirtió en una prioridad. La lista Osenberg En abril de 1945, a los aliados occidentales les cayó por suerte una lista con los nombres de los científicos más destacados que trabajaban para el esfuerzo bélico alemán. Ese papel, que fue descubierto de manera casual por un técnico polaco en un lavabo de la Universidad de Bonn, sería conocido como la Lista Osenberg, por el nombre del ingeniero que había seleccionado a esos científicos. La providencial lista facilitaría el trabajo a los estadounidenses, que ya sabían a quién tenían que buscar, pudiendo adelantarse a los soviéticos. Comenzaba así la Operación Overcast, por la que la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS), la antecesora de la CIA, se encargaría de localizar a los científicos. En un primer momento, el objetivo era solo interrogarlos, pero de inmediato se decidió trasladarlos a Estados Unidos para que siguieran desarrollando allí su trabajo. Así, centenares de científicos de la Alemania nazi comenzaron a ser enviados a Norteamérica con sus familias. Había llegado también el momento de apoderarse de la tecnología empleada en los cohetes V2. Poco antes de que la base de Peenemünde pasara a formar parte de la zona ocupada por los soviéticos, los estadounidenses se llevaron 400 toneladas de material; pero el botín más preciado era el jefe del diseño de los V2, el ingeniero Wernher von Braun, quien se entregó a los norteamericanos junto a medio millar de sus colaboradores. Tanto en el caso de Von Braun como en el de otros científicos germanos, la OSS tuvo que enfrentarse a un espinoso dilema. El presidente estadounidense, Harry Truman, cuando autorizó oficialmente la Operación Overcast en agosto de 1945, ordenó de manera expresa que se prescindiera de los científicos que habían pertenecido al Partido Nazi y apoyado el militarismo alemán. Eso reducía de modo considerable la nómina de científicos que podían ser reclutados. Con conocimiento o no del presidente, la OSS finalmente decidió dejar de lado la ética y apostar por el pragmatismo, procediendo a disipar a los científicos de su pasado nazi limpiando para ello sus expedientes. Por ejemplo, Von Braun era perfecto conocedor de las condiciones de esclavitud de los trabajadores que construían las V2, ya que visitó en varias ocasiones las factorías, en las que murieron 20.000 prisioneros. También realizó una visita a Buchenwald –uno de los más grandes campos de concentración de Alemania– para escoger LIBRO Wernher von Braun: entre el águila y la esvástica Javier Casado, Mesulina, 2009. Este libro se centra en una figura clave en el desarrollo tecnológico del siglo XX, colaborador de los nazis para conseguir la hegemonía en Europa y luego reclutado por EE.UU. muyinteresante@televisa.cl 53

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