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2017-12-01 Muy Interesante Extra Historia

MUY ESPECIAL II GUERRA

MUY ESPECIAL II GUERRA MUNDIAL: EPISODIOS OSCUROS se –apoyado por tanques– para vencerlos después de 12 horas de combate. En cambio, los trabajadores forzosos soviéticos no participaban de aquel afán por volver a su patria. Temiendo lo que allí pudiera sucederles, estaban dispuestos a hacer lo indecible y a esperar lo que fuera para ser deportados a América o Australia. Ruina física, mental y moral. La ciudad de Dessau, joya de Alemania que fue sede de la Bauhaus, quedó destruida por completo por los bombardeos aliados el 7 de marzo de 1945, dejando imágenes terribles como esta en la que una mujer llora recostada sobre los escombros de su casa. Unos más culpables que otros. Los tribunales de ocupación debieron establecer el grado de implicación en el nazismo de millones de personas. Abajo, Mathilde Ludendorff, la esposa del general Erich Ludendorff, durante su juicio (1949). pulsera de buena calidad y en funcionamiento por dos kilos de mantequilla, una camisa de hombre usada por dos litros de aguardiente y un cerdo por 200 litros de vino. Los engaños estaban a la orden del día: se vendían latas de conservas llenas de serrín, jabones con centro de madera y diamantes hechos con trozos de cristal de Bohemia. La precariedad aguzó el ingenio. Un modelo de calzado que se hizo común consistía en una tablilla recortada con el perfil del pie y sujeta a la planta por medio de vendas, lo cual produjo numerosas amputaciones porque no servía para la nieve. Cuando el frío arreció, mucha gente se instaló bajo las ruinas o cavó un agujero en el suelo o en un terraplén y se trasladó allí con su estufita y cualquier cosa que se pudiera quemar. Los trabajadores forzosos extranjeros, que habían sido trasladados por los nazis a sus ahora arrasadas o desmanteladas fábricas, trataban de salir de Alemania por todos los medios; algunos terminaron organizándose en bandas de salteadores que mataban por un abrigo o por una bicicleta, porque lo único que abundaba eran las armas de fuego. Una de aquellas bandas llegó a ser tan poderosa que hasta se hizo de un territorio propio en la región de Fulda. Tuvo que intervenir el ejército estadouniden- La compleja desnazificación En aquellos años se puso a prueba la tosquedad del juicio humano, que hace tabla rasa de la inmensa variedad entre las personas y las condena por igual sin aceptar que, en todas partes y en todos los tiempos, ha habido personas decentes. El problema de la culpa colectiva se planteó con crudeza cuando se puso en marcha el programa aliado de desnazificación. Era preciso diferenciar a los nazis fanáticos de los conversos, y entre estos a los que se habían inscrito en el partido por circunstancias de lo más variadas, pero sin convicción, de los que habían sido coaccionados de una u otra manera y, en fin, reconocer a los que sin haber aceptado aquellas ideas se las habían arreglado para capear el temporal. Lo difícil era distinguirlos cuando los documentos habían ardido, que era casi siempre. Nadie se declaraba nazi ante un tribunal de ocupación, aunque hubo alguno que otro que lo proclamó con orgullo. Por otro lado, resultaba difícil encontrar a alguien completamente exento de compromiso con el régimen anterior: Patton afirmó que había dejado en su puesto a los nazis que estaban a cargo de los servicios esenciales porque no encontró a nadie capaz de reemplazarlos, y Eisenhower lo relevó del mando unos días después. Los resultados finales de la desnazificación en las tres zonas occidentales de ocupación arrojaron un balance total de 800 penas de muerte, de las que se ejecutó algo más de la mitad: lo que hubiera costado tomar una cota fortificada apenas un año antes. Cerebros enemigos en venta Las cifras del sector soviético no se conocen, pero sí se sabe que hasta 1947 solo se había liberado al 12% de los prisioneros. En aquella zona, los juicios no empezaron hasta cuatro años después de la guerra, y la pena estándar después de un cuarto de hora de audiencia eran 20 años de trabajos forzados. Los polacos y los yugoslavos también fueron muy duros con sus prisioneros de guerra, aunque las cifras oficiales que trascendieron son ridículamente bajas. Los yugoslavos admitieron 6.000 prisioneros muertos, pero los cálculos posteriores suben la cifra hasta 80.000. La cosa era muy diferente cuando el prisionero tenía algo verdaderamente interesante que aportar a los vencedores. Los adelantos científicos alemanes que la guerra había impulsado en materia civil y, sobre todo, militar fueron absorbidos ávidamente por las potencias ocupantes. Matemáticos, físicos, químicos e ingenieros que habían trabajado activamente para los nazis recibieron interesantes propuestas para trabajar con los aliados. Los estadounidenses desarrollaron su ya FOTOS: GETTY IMAGES 74 muyinteresante.com.mx

FOTOS: GETTY IMAGES; BUNDESARCHIVE famosa Operación Paperclip,que consiguió captar a 1.600 especialistas alemanes, trasladarlos a Estados Unidos y ponerlos al servicio de su maquinaria militar. Ellos fueron el núcleo de los avances de EE.UU. en balística, energía nuclear e ingeniería espacial que pusieron a Estados Unidos en disposición de afrontar la Guerra Fría. Desde luego, los soviéticos hicieron lo mismo con los científicos capturados en su zona,pero no los trasladaron a Rusia hasta que se construyeron viviendas y laboratorios apropiados para sus investigaciones. Cuando los colegas rusos exprimieron y asimilaron todos sus conocimientos, muchos de ellos fueron devueltos a la Alemania Democrática estrictamente vigilados para evitar contacto y su captación por los estadounidenses,que lo intentaron en varias ocasiones (en alguna de ellas con éxito). Los franceses y los británicos también captaron a científicos y técnicos alemanes que habían trabajado en los motores a reacción, la prometida gran arma nazi del futuro. Ellos pusieron las bases que conducirían a la construcción del primer Airbus. El aterrador plan Morgenthau El desmantelamiento de la industria alemana supuso el traslado de gran parte de su maquinaria pesada y de fábricas enteras a Gran Bretaña, siguiendo el ejemplo de lo que había ordenado el camarada Stalin para su zona. Cuando aún no había terminado la guerra, Estados Unidos propuso un proyecto a sus aliados para la posguerra, el llamado Plan Morgenthau, elaborado por su secretario del Tesoro, Henry Morgenthau. En esencia, consistía en repartirse Alemania para convertirla en un territorio rústico que viviera de su propia agricultura y ganadería,negándole cualquier oportunidad de desarrollo industrial con el pretexto de que tal desarrollo conduciría fatalmente a su rearme.Entre otras medidas,Morgenthau sugería la posibilidad de castrar a todos los alemanes menores de 40 años, lo que hubiera significado ni más ni menos que el genocidio del pueblo alemán. Afortunadamente, este plan que Roosevelt presentó a Churchill en la conferencia de Quebec (septiembre de 1944) nunca llegó a ponerse en práctica. Berlín recupera el color. El llamado “milagro alemán”, que hizo pasar a la República Federal de la ruina a la prosperidad en una generación, puede apreciarse en esta fotografía, tomada a finales de los años 50 frente a la fachada del lujoso Café Kranzler. No todos se volvieron locos El novelista estadounidense John Dos Passos publicó una entrevista con un teniente encargado de la desnazificación, la cual revela que aún quedaba un poco de sentido común y humanidad en aquellas circunstancias. El teniente le dijo: “Mire, soy judío y partidario de fusilar a los criminales de guerra cuando se demuestre que son culpables, para terminar de una vez con este maldito asunto; pero lo que estamos haciendo no es... Verá usted: el odio es como el fuego. Hay que apagarlo lo antes posible. La brutalidad es más contagiosa que el tifus, y condenadamente más difícil de curar. Todas estas directrices para no tratar con miramientos a los alemanes han dejado paso a las tendencias criminales que todos llevamos dentro. Cuando veo, muertos de hambre en esas jaulas, a los mismos oficiales alemanes a los que he interrogado y compruebo que se les trata como no se trataría a un perro, me empiezo a hacer demasiadas preguntas...”. El novelista estadounidense John Dos Passos (1896-1970). Nadie se declaraba nazi ante un tribunal de ocupación, excepto alguno que otro que lo proclamó con orgullo. De la desmoralización a la reconstrucción Para acercarse a comprender ese tiempo, sirve la historia del soldado Müller. Mutilado y preso en el Frente Oriental, el bueno de Müller sobrevivió penosamente a tres años horribles en un campo soviético hasta que, enfermo y en los huesos,consiguió regresar a su ciudad natal,cuyas ruinas apenas reconoció.Müller buscó a su mujeryasushijos,perosucasa,comoelrestodelbarrio, había desaparecido.Durante semanas sobrevivió como pudo en la ciudad sin encontrar a ninguno de sus viejos conocidos, hasta que una tarde creyó ver a su mujer detrás de una ventana. En el momento en que oprimió el timbre, entusiasmado, distinguió que su mujer hablaba muy sonriente con un teniente estadounidense de color. Los dos acudieron a la puerta, ella con un bebé mestizo en los brazos. Su mujer lo miró con un gesto primero alarmado y luego frío. Tras ella, el teniente le preguntó en mal alemán: “¿Qué quiere usted?”. A lo que Müller contestó: “Perdón, me he equivocado”. Aquel Müller desmoralizado y herido, acompañado de otros millones como él, fue capaz de poner a su país en pie en una sola generación y de asumir los crímenes de un régimen maldito. Tras la derrota, su esfuerzo reconstructivo supuso una victoria en toda regla. Como dijo hace poco un escritor chipriota de visita en Berlín: “Con los alemanes, nunca sabe uno muy bien si admirarlos o temerlos”. muyinteresante@televisa.cl 75

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