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LA LEY DEL SAQUEO

Licurgo, falto de

Licurgo, falto de víctimas para inmolarlas, no vio mejor manera de dar contento a su pasatiempo rutinario, que matar a su propio hijo Dicen que lo confundió con una hidra Mientras tanto, en el fondo del mar, Dionisio se aburrió del regazo de la Ninfa y decidió volver a complicar la vida de Licurgo Hizo saber que la tierra nunca sería fértil mientras Licurgo viviera El tumulto, siempre manipulable, tomó a su rey por el pescuezo y, en acto de justicia comunitaria, lo mandó al otro lado de la estaca Dionisio tenía una gran popularidad entre las bacantes o némades, las que hacían orgías para él; algunas veces no estaba presente; igual Pero no sólo el amor al vino le granjeaba la admiración de sus fans Había un “algo” que fascinaba: Dionisio era hermafrodita Este rasgo nos recuerda dos cosas Primero: la homosexualidad es más antigua que andar a pie Segundo: también nos trae a la memoria que una buena parte de la oficialidad nazi estaba conformada por admiradores dionisiacos Bacantes con botas, capas y aire varonil ATENAS Me cansé de los espartanos y viré la hoja del libro en dirección de Atenas; me empujaba la necesidad de observar una cultura sabia Allí descubrí que el Mito y la realidad convivían en concubinato debidamente convenido, lo que me pareció muy civilizado 6

Pero la corrupción campeaba por todas las dimensiones, empezando por los dioses, primeros anunnakis que llegaron a Sumeria De eso hablaré en otra ocasión Los dioses de los griegos, daban risa Ofrecían recompensas a quienes realizaban tareas en beneficio de alguno de ellos y en contra de algún otro de ellos Por consejo de sus dioses, los espartanos quisieron apoderarse de Atenas a través de la imposición de un monarca de paja Su nombre era Isargo Lo pusieron para que gobernara Atenas en los términos que Esparta consideraba adecuados para sus intereses Así, pude comprobar, por inducción científica, que los EEUU no fue el primero en derrocar y poner gobiernos ajenos Los espartanos los precedieron hace 26 siglos Por otro lado, apareció un ateniense verdaderamente original Clístenes, el que propuso algo hasta entonces nunca pensado: ¿Por qué sólo habrían de gobernar los reyes y los aristócratas? ¿No había un pueblo que podía hacerlo mejor? Así, la inducción histórico-científica me llevó a otra comprobación Marx no fue el primer hombre que habló de las “masas” y la necesidad de mostrarles cuál era la senda que llevaba a la luz Veintiséis siglos lo antecedieron 7

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