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CON HEIDEGGER SOBRE NIETZSCHE

metafísica de ese

metafísica de ese acontecimiento, al que Nietzsche llama la muerte del Dios cristiano-moral. Esa declaración, expresaría la noción de que el Superhombre no necesita a nada ni a nadie para representar su propia subjetividad Ni para ordenar el acrecentamiento de la voluntad de poder Él representa e impone los valores, como una tarea (¿un privilegio?) que ya no precisa de un ente trascendental. La Meta De este modo, puesta en su punto más alto, la voluntad de poder, en cuanto subjetividad acabada, es el Superhombre. “¡No la humanidad, sino el superhombre es la meta!… el “superhombre” no es un ideal suprasensible; tampoco es una persona que surgirá en algún momento y aparecerá en algún lugar; es el puro ejercicio de poder de la voluntad de poder. El pensamiento del “superhombre” no surge, por lo tanto, de una “arrogancia” del “señor Nietzsche”. ¿Quién impone la idea de superhombre a la humanidad y, sobre todo, quién le hacer ver que ese nuevo estatus de existencia es deseable y mejor que el actual? ¿En qué momento se realiza este cambio hacia un ente nuevo? Seguramente, cuando Zaratustra anuncia que “Dios ha muerto” 118

El superhombre vive en cuanto la nueva humanidad ansía al ente como voluntad de poder. Así Zaratustra, que enseña el superhombre, cierra la primera parte de su enseñanza con las palabras: “Muertos están todos los dioses: ahora nosotros queremos que viva el superhombre”; ¡que ésta sea una vez, en el gran mediodía, nuestra voluntad última!”. EL ETERNO RETORNO El retorno a sí mismo sería el retorno siempre reeditado de la voluntad de poder, refugiada en el Superhombre El que sería feliz siendo como es sin querer ser otra cosa. En el momento de la claridad más luminosa, cuando el ente en su totalidad se muestra como eterno retorno de lo mismo, la voluntad tiene que querer el superhombre; pues sólo con la vista puesta en el superhombre puede soportarse el pensamiento del eterno retorno de lo mismo. La voluntad que aquí quiere no es un desear y un apetecer, sino la voluntad de poder. Pero la voluntad de poder ejerce su dominio, por lo tanto, es también un imperativo de ejercer ese dominio. El superhombre no carece de pulsiones que deben ser satisfechas, de lo contrario, no sería el superhombre, sobre todo, si tenemos que su esencia es una vuelta a la animalidad, la que siempre ansía. 119

Martin Heidegger (1889-1976)
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