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CON HEIDEGGER SOBRE NIETZSCHE

mento”. Esta

mento”. Esta transvaloración constituye la esencia acabada del nihilismo. El nihilismo, según el concepto de Nietzsche, no es una doctrina y una opinión, más bien establece que es la desvalorización de los valores vigentes. Esa desvalorización de los valores vigentes y su reemplazo por las nuevas tiene que surgir de alguien o de algunos ¿Cómo se pondrán de acuerdo los entes que participan en el grupo dispuesto a reemplazar los valores vigentes por nuevos? ¿Acudirán al voto democrático? Esto sería contradictorio, pues la democracia será uno de los valores que seguramente será reemplazado por otro nuevo Los participantes en el concilio de voluntades de poder, ¿se eliminarán en una lucha de todos contra todos? ¿Lo harán hasta que se establezca la presencia de una sola voluntad de poder, en la tarea de imponer los nuevos valores? No parece probable; al contrario, seguramente se conformarán grupos de voluntades de poder que tendrán que luchar contra otros grupos de voluntades de poder, en el más puro sentido de lucha entre grupos, no de individuos 140

De lo que deducimos que la voluntad de poder que imponga nuevos valores debe ser una suma de voluntades de poder que quiere imponerlos Esto contraría la opinión que Nietzsche tiene de los grupos sociales a los que consideran que matan al individuo. El proceso de desvalorización de los valores supremos válidos hasta el momento no es un suceso histórico entre muchos otros, sino el acontecimiento fundamental de la historia occidental, historia sostenida y guiada por la metafísica. En la medida en que la metafísica ha recibido mediante el cristianismo un peculiar sello teológico, la desvalorización de los valores vigentes hasta el momento tiene que expresarse también de modo teológico con la sentencia: «Dios ha muerto». La metáfora hipotética: “Dios ha muerto” Hemos establecido que hablamos en metáforas y que la interpretación de la historia es metafórica. La metáfora “Dios ha muerto” surgiría de la necesidad de crear otros valores completamente nuevos, opuestos a los que confluyen como simples “moralinas”. Pero, sucede que, para los creyentes, entre ellos, muchos de sus “hombres superiores”, Dios no ha muerto De este modo, la declaratoria se convierte en una hipótesis parecida a la siguiente: ¿Qué pasaría si Dios muriera? 141

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