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Son tantas las cosas que

Son tantas las cosas que echamos de menos aquí, desde hace tanto tiempo, y de ellas me veo privada en la misma medida que tú. No me refiero a necesidades físicas, pues tenemos lo indispensable. Hablo de las cosas que suceden en nosotros, tales como los pensamientos y los sentimientos. Siento la nostalgia, tanto como tú, del aire y de la libertad. Pero he empezado a creer que tenemos el privilegio de tener una compensación enorme por todas esas privaciones. De ello me he percatado repentinamente, esta mañana, frente a la ventana abierta. Quiero decir: una compensación interna. Mirando afuera, y a Dios, abrazando con una mirada recia y profunda a la naturaleza, me sentí dichosa, nada más que dichosa. Y Peter, mientras esa dicha esté en ti — gozar de salud, de la naturaleza y de muchas otras cosas más—, mientras seas capaz de sentirla, siempre volverá a ti. Puede perderse todo, la riqueza, el prestigio; pero esa dicha en tu corazón sólo puede, cuando más, ensombrecerse, y volverá a ti siempre, mientras vivas. Mientras levantes los ojos, sin temor, hacia el cielo, estarás seguro de ser puro y volverás a ser feliz, suceda lo que suceda. Domingo 27 de febrero de 1944 Querida Kitty: Desde muy temprano a la mañana y hasta las últimas horas de la noche, no hago más que pensar en Peter. Me duermo evocando su imagen, sueño con él durante la noche, y me despierto todavía bajo su mirada. Tengo la impresión muy nítida de que, contrariamente a las apariencias, Peter y yo no somos muy diferentes el uno del otro. Te diré por qué: a Peter, lo mismo que a mí, le falta una madre. La suya es demasiado superficial, solamente piensa en coquetear, y se interesa poquísimo por los pensamientos de su hijo. La mía demuestra un mayor interés por mí, pero está desprovista del instinto materno, tan hermoso y sutil. Peter y yo mantenemos ambos una lucha interna a causa de nuestros sentimientos contradictorios, aún no nos sentimos lo suficientemente seguros y, en el fondo, somos demasiado sensibles como para soportar brusquedades. Cuando me agreden, mi reacción es directa: quiero «irme». Como eso es imposible, empiezo a simular: me debato y causo tal batahola, que todo el mundo querría verme en el otro extremo de la tierra. El, por el contrario, se repliega sobre sí mismo, casi no habla, permanece más bien taciturno, cavila y se esconde tras su timidez. Pero, ¿dónde y cómo vamos a poder, por fin, encontrarnos? No sé durante cuánto tiempo el sentido común me permitirá controlar este anhelo. Tuya, ANA

Lunes 28 de febrero de 1944 Muy querida Kitty: La noche, como el día, se ha convertido en una pesadilla. Lo veo a todas horas, o casi, sin poder ir hasta él; necesito vigilarme para no traicionarme, aparentar jovialidad, mientras que todo en mí no es más que desesperación. Peter Wessel y Peter Van Daan se han fundido en un solo Peter, amado y bueno y por quien suspiro. Mamá me fastidia; papá es amable y me fastidia, por lo tanto, aun más; en cuanto a Margot, me fastidia más que mis padres, pues pretende verme feliz y yo lo único que deseo es estar tranquila. Peter no se ha reunido conmigo en el desván; ha ido a la buhardilla para realizar un trabajo de carpintería. A cada chirrido, a cada martillazo sentía desvanecerse mi valor y me entristecía cada vez más. A lo lejos un carillón tocaba: Puro de cuerpo, puro de alma. Soy sentimental ya lo sé. Estoy desesperada y me vuelvo muy poco razonable: eso lo sé también. ¡Ayúdame Dios! ¡Ayúdame! Tuya, ANA Miércoles 10 de marzo de 1944 Querida Kitty: Mis propios intereses pasan a segundo plano, a causa de un robo. No es divertido eso de que se repitan, pero no puedo remediarlo: los ladrones sienten cierto placer en honrar a Kraler & Co., con su visita. Este robo fue mucho más complicado que el de julio de 1943. Anoche, cuando como de costumbre, el señor Van Daan se trasladó al despacho de Kraler, a las siete y media, vio que las puertas vidrieras y la puerta del escritorio estaban abiertas. Sorprendido, decidió inspeccionar los lugares, y tuvo otras sorpresas; las puertas del vestuario estaban igualmente abiertas y había allí un desorden espantoso, sobre todo en la oficina delantera. Su primer pensamiento fue: «Un ladrón». Para saber a qué atenerse, bajó hasta la puerta de entrada, y la examinó: todo estaba cerrado y la cerradura de seguridad intacta. «¡Bah! — se dijo— . Peter y Elli no han dejado el escritorio en orden después de su trabajo de la tarde». Permaneció un buen momento en el despacho de Kraler y apagó la luz antes de salir, sin cavilar demasiado sobre el misterio de las puertas abiertas y el desorden. Esta mañana, Peter golpeó a nuestra puerta y nos anunció que había

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