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el_diario_de_ana_frank

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encontrado abierta

encontrado abierta de par en par la puerta de calle. Nos dijo también que el aparato de proyección y la nueva cartera de documentos de Kraler habían desaparecido del armario, Peter fue encargado de cerrar la puerta, y Van Daan contó sus descubrimientos de la víspera a la noche, dejándonos a todos muy inquietos. Toda la historia se resume en que el ladrón debía de tener en su poder un duplicado de la llave de seguridad, pues la puerta había sido abierta normalmente. Debe de haber entrado al anochecer, más bien temprano, y haberla cerrado. Luego, molestado por Van Daan, sin duda se ocultó hasta que éste se fue; tras lo cual, huyó con su botín, a toda prisa, olvidándose de volver a cerrar la puerta. ¿Quién puede tener un duplicado de nuestra llave? ¿Por qué el ladrón no fue al depósito? ¿Será culpable alguno de los hombres que allí trabajan? ¿Y no irá a denunciarnos, puesto que ha oído y hasta quizá visto a Van Daan? Es horrible no saber si el ladrón se detendrá ahí o si se le ocurrirá la idea de abrir nuestra puerta una vez más. ¿O se habrá asustado al ver a un hombre pasearse libremente por las oficinas? Tuya, ANA Jueves 2 de marzo de 1944 Querida Kitty: Hoy he conversado un rato con Margot en el desván. Aunque no lo disfruté tanto como lo esperaba, noto que, con gran frecuencia, sus sentimientos coinciden con los míos. Mientras fregábamos los platos, Elli ha hablado de su propio desaliento con mamá y la señora Van Daan. ¿Qué alivio puede esperar de ellas? Nunca adivinarías el consejo de mamá: Elli no tenía más que pensar en todas las personas que ahora atraviesan un momento difícil. ¿De qué sirve pensar en las desgracias ajenas cuando una ya se siente bastante desdichada? Dije algo así y me contestaron: — Tú no puedes hablar todavía de estas cosas. ¡Qué tontos y necios son los mayores! ¡Como si Peter, Margot, Elli y yo no tuviéramos todos los mismos sentimientos, que invocan el amor de una madre o el de los más íntimos amigos! Pero nuestras madres no nos comprenden realmente. Quizá la señora Van Daan sea más capaz que mamá. ¡Oh, cuánto me hubiera gustado decir a Elli algo que la reconfortase sabiendo por experiencia qué es lo que desea oír! Pero papá intervino, poniéndome a un lado. ¡Qué tontos son todos! Nunca nos preguntan nuestro parecer.

Naturalmente, se jactan de ser ultra modernos. Según ellos, nosotros no podemos opinar: «Cállate». Se puede decir eso, pero nunca dejaremos de tener nuestra propia opinión. Se puede tenerla, por joven que se sea y nadie puede arrebatárnosla. Lo que nos ayudaría verdaderamente, tanto a nosotros como a Elli, es un cariño abnegado, del que carece cada uno de nosotros. Nadie, y mucho menos los tontos «sabelotodo» que aquí nos rodean, parece capaz de comprendernos; porque nosotros somos infinitamente más sensibles y estamos más avanzados en nuestras ideas que cualquiera de ellos; mucho más de lo que ellos sospechan, y desde hace rato. Mamá se ha vuelto gruñona nuevamente. Es obvio que está celosa, pues en la actualidad hablo más con la señora Van Daan que con ella. Esta tarde atrapé al vuelo a Peter, y charlamos juntos por lo menos tres cuartos de hora. A él le cuesta lo indecible hablar de sí mismo; y sólo lo logró después de muchas vacilaciones. Las frecuentes disputas de sus padres sobre política, cigarrillos y un montón de cosas, todo me lo ha contado. Se mostraba muy tímido. A mi vez, le he hablado de mis padres. El defendió a papá, diciendo que era una persona excelente y que no se podía dejar de quererlo. Enseguida, fueron puestas sobre el tapete su familia y la mía. Parece sorprenderle el hecho de que sus padres no sean siempre personas gratas entre nosotros. — Peter — le dije—, tú sabes que soy franca. Entonces, ¿por qué no decírtelo, puesto que conocemos sus defectos? Entre otras cosas, dije además: — Peter, me gustaría mucho ayudarte, si tú lo deseas. Estás siempre enquistado entre los dos. Nunca dices nada. Pero yo sé que todo eso te tortura. — En efecto, tú podrías socorrerme mucho. — Lo mejor sería, quizá, que hablases con mi padre. Puedes decírselo todo. Él es muy discreto. — Si, tu padre es un verdadero camarada. — Tú lo quieres mucho, ¿verdad? Peter asintió con la cabeza, y yo agregué: — Pues él también te quiere mucho a ti. Levantó con rapidez la cabeza, y se sonrojó; era realmente conmovedor ver el efecto de estas pocas palabras. — ¿De veras? — preguntó. — Claro que sí — dije—; una alusión hoy, otra alusión mañana, y me doy cuenta de lo que quiere decir.