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10 months ago

el_diario_de_ana_frank

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— Sí, es verdad.

— Sí, es verdad. Reconocimos que ninguno de nosotros confiaba en nuestros padres: los de él habían tratado de ganarse su confianza pero él no quiso concedérsela. Huía a la buhardilla para renegar completamente solo. En cuanto a mí, le dije cómo de noche, en la cama, daba rienda suelta a mis lágrimas. Le hablé también de mi amistad con Margot, muy reciente después de todo, y sin poder decírnoslo todo, porque estábamos siempre juntas. Hablamos un poco de todo. ¡Oh, ya lo sabía yo! ¡Lo encontré exactamente como me lo imaginaba! Luego, hablamos de 1942, ¡qué distintos éramos en aquella época! No nos reconocemos como las personas de entonces. Al principio, ninguno de los dos podía soportar al otro. El me encontraba fastidiosa; y en cuanto a mí, yo no había tardado en juzgarlo una nulidad, no comprendía por qué no flirteaba conmigo. Ahora me regocijo de ello. Cuando él me habló de su aislamiento voluntario, le dije que no veía gran diferencia entre mi bullicio y su calma; que a mí también me gustaba la tranquilidad, pero que únicamente lograba estar a solas con mi diario. Él dijo que se alegraba de que mis padres tuvieran con ellos a sus hijas; por mi parte, también yo me alegraba de que él estuviese aquí. Nos dijimos todo eso y además cómo yo lo comprendía por querer mantenerse apartado y no ignoraba el tipo de relaciones que existían entre él y sus padres. — Me agradaría tanto ayudarte. — ¡Pero si tú me ayudas constantemente! — dijo él. — ¿De qué manera? — inquirí muy sorprendida. — ¡Con tu alegría! Es lo más hermoso que él me haya dicho. Debe de haber empezado a quererme como amiga, y esto me basta por el momento. Por más que busque las palabras no las encuentro; a tal punto soy dichosa. Perdóname, querida Kitty. Mi estilo se ha venido muy abajo. Sólo te he referido algunas impresiones vitales. Tengo la sensación de compartir un secreto con Peter. Cada vez que él me mira con esos ojos, con esa sonrisa y ese guiño, me parece que se enciende en mí una llamita. ¡Con tal que eso siga así! ¡Con tal de que podamos seguir pasando horas juntos, horas y horas de felicidad! Tu feliz y agradecida, ANA Lunes 20 de marzo de 1944 Querida Kitty:

Esta mañana Peter me ha preguntado por qué no iba más a menudo por la noche, diciéndome que yo no lo molestaba en absoluto y que su cuarto era bastante grande para los dos. Yo le hice notar que nunca me permitirían ausentarme todas las noches, pero a él le pareció que no había que dar a ello demasiada importancia. Entonces yo le propuse la noche del sábado siempre que hubiera luna... — En tal caso — repuso él—, la admiraremos desde el primer piso más bien que desde arriba. Entretanto, una sombra se ha cernido sobre nuestra dicha. Lo había pensado más de una vez. Peter le gusta también a Margot. No sé si ella lo ama, pero eso me inquieta. Tengo la impresión de hacerle daño cada vez que me encuentro con Peter, y lo más curioso de la historia es que ella sabe ocultar bien sus sentimientos. En su lugar, yo estaría enferma de celos; Margot me asegura que yo no tengo ninguna necesidad de apiadarme de ella. — Debe de ser fastidioso eso de sentirse una tercera rueda de la carreta — he agregado. — ¡Oh, estoy acostumbrada! — contestó ella no sin amargura. Confieso que eso no se lo he transmitido a Peter, más tarde quizá; primero tenemos aún un montón de cosas que decirnos. Anoche, pequeña reprimenda de mamá, desde luego bien merecida. Creo que sería mejor no llevar demasiado lejos mi indiferencia hacia ella. Hay, pues, que volver a empezar. Tratemos de ser amables, a pesar de todo, y prescindamos de las observaciones. Pim se muestra también menos cariñoso. Sus esfuerzos por no seguir tratándome como una niña lo han enfriado demasiado. Ya veremos. Basta por hoy. No hago nada más que mirar a Peter: y eso es más que suficiente. Tuya, ANA He aquí una prueba de la bondad de Margot: una carta que he recibido hoy 20 de marzo de 1944. Ana: Al decirte anoche que no estaba celosa de ti, no fui franca sino en parte. Quiero decir: no estoy celosa ni de ti ni de Peter. Pero me aflige un poco no haber podido encontrar hasta el momento alguien con quien hablar de mi sentir y mis pensamientos; y nada de eso puedo esperar por ahora. No es cuestión de despecho. No tengo por qué guardaros rencor al uno o al otro. Al contrario. Si ambos os tenéis confianza mutua y llegáis a ser grandes amigos,

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