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4 months ago

el_diario_de_ana_frank

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tanto mejor. Aquí tú

tanto mejor. Aquí tú te ves privada de todo lo que muchos otros consideran sólo lo normal. Además, estoy segura de que la persona con quien a mí me agradaría confiarme y con quien querría pues intimar no es Peter; confieso que nunca llegaría a eso con él. Ese alguien tendría que adivinarme aun antes de que yo necesitara hablarle mucho de mí misma. Por esto lo veo superior a mí intelectualmente. Peter jamás me ha causado tal impresión. Sin embargo, imagino muy bien esa especie de intimidad que ha surgido entre vosotros. Nada tienes que reprocharte. Y sobre todo, no pienses que me arrebatas algo. Nada está más lejos de la verdad. Si os entendéis bien, con ello no haréis más que salir ganando tanto Peter como tú. Mi respuesta: Querida Margot: Tu carta es verdaderamente demasiado amable, pero no me tranquiliza por completo. La intimidad entre Peter y yo, tal como tú la ves, aún no ha llegado; pero evidentemente una ventana abierta y la oscuridad se prestan más fácilmente a las confidencias que la luz del día. Así pueden murmurarse sentimientos que no gritaríamos a los cuatro vientos. Presumo que Peter te inspiraba una especie de afecto de hermana mayor, y que por lo menos te gustaría tanto como yo. Acaso tengas ocasión de hacerlo un día, sin que exista esa intimidad con que nosotros soñamos. En tal caso, la confianza tendría que ser recíproca; he ahí por qué la brecha entre papá y yo se ha ensanchado: por falta de confianza mutua. No hablemos más de ello ni tú ni yo. Si necesitas saber algo, escríbemelo por favor, podré confesarte mucho mejor que verbalmente. No puedes imaginar cuanto te admiro, y mientras sienta a mi lado tu bondad y la de papá — pues en ese sentido ya no veo gran diferencia entre vosotros dos— conservaré la esperanza de vivir. Tuya, ANA Miércoles 22 de marzo de 1944 Querida Kitty: Anoche recibí una nueva carta de Margot: Querida Ana: Tu cartita me ha dado la desagradable impresión de que ir a estudiar o charlar en el cuarto de Peter te hace sentir culpable frente a mí. Te aseguro que te engañas. Deseo ardientemente — y creo que tengo el derecho de contar con alguien en quien confiar; pero por el momento, no daría ese lugar a Peter. Está claro. Sin embargo, Peter se ha vuelto para mí una especie de hermano, exactamente como tú lo has dicho en tu carta, pero... un hermano

menor. Quizá tendamos nuestras antenas el uno hacia el otro y hallemos más tarde un terreno de mutua confianza, pero aún no estamos en eso y quizá no lo estemos nunca. Verdaderamente, te lo repito no me compadezcas. Disfruta todo cuanto puedas de la buena compañía de tu nuevo amigo. De cualquier modo, ahora encuentro la vida más bella. Creo, Kitty, que el anexo va a ser cruzado por el soplo de un amor verdadero. No pienso para nada en casarme con él. No sueño con eso. Es demasiado joven todavía y no sé qué clase de hombre será más tarde. Tampoco sé si nos amaremos lo bastante como para que ambos deseemos casarnos. En todo caso, estoy persuadida de una cosa: él me quiere también, aunque no podría decir de qué manera. Puede necesitar muy bien una buena camarada o haber sucumbido a mis encantos de muchacha, o considerarme como una hermana; de ello no llego a formarme una idea muy clara. Cuando Peter dijo, a propósito de las disputas entre sus padres, que yo lo ayudaba siempre, me conmovió por entero: era el primer paso de su amistad, en la que quiero creer. Ayer le pregunté qué haría él si la casa se llenara súbitamente de una docena de Anas que fueran a cada momento a molestarlo. Y él me contestó. — ¡Si todas fueran como tú, sería bastante agradable! Es para mí la hospitalidad personificada; debe, pues, sentirse muy contento cuando me ve. Entretanto, se dedica al francés con aplicación ejemplar, estudia inclusive en la cama hasta las diez y cuarto. ¡Oh! Cuando vuelvo a pensar en el sábado a la noche, en nuestras palabras, en las delicias de aquel momento, me siento contenta de mí misma por primera vez. Meditando de nuevo sobre aquello en este instante, no cambiaría ni una sola palabra de cuanto dije, lo que no me ocurre sino muy rara vez después de reflexionar. Cuando está serio, tanto como cuando ríe, es hermoso. Es todo amabilidad y bondad. Creo que lo que más le ha impresionado es el haber descubierto en mí no a la pequeña Ana superficial que los demás conocen, sino a una criatura totalmente diferente, una persona tan soñadora como él mismo y enfrentados a idénticas dificultades. Mi respuesta a Margot. Tuya, ANA Me parece que lo más adecuado será esperar simplemente y ver qué sucede. Peter y yo llegaremos pronto a una decisión definitiva: o seguimos como antes o iniciamos algo nuevo. No sé lo que saldría de ello; en cuestiones como ésta, no veo más allá de la punta de mi nariz. Sin embargo he tomado una decisión, y es ésta: en caso de que Peter y yo trabemos amistad, le diré que tú también lo quieres mucho y que estás dispuesta a ayudarlo si es necesario.

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