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Tú no querrás, ya lo

Tú no querrás, ya lo sé, pero a mí no me importa. Ignoro absolutamente lo que Peter piensa de ti, pero no dejaré de preguntárselo. No hay nada de malo en ello, estoy seguro. ¡Todo lo contrario! Ven a reunirte con nosotros en el desván o en otra parte donde estemos. Nunca nos estorbarás, pues de común acuerdo sólo hablamos por la tarde cuando está oscuro. ¡Valor! Yo también lo necesito, y no resulta siempre fácil. Tu turno llegará más pronto de lo que crees. ¡0jalá! Tuya, ANA Jueves 23 de marzo de 1944 Querida Kitty: Nuestros asuntos van un poco mejor. Por suerte, quienes nos proveían de cupones para alimentos han sido dejados en libertad. Miep se ha integrado al trabajo desde ayer. Elli sigue mejor a pesar de su tos persistente. Pero Koophuis tendrá que guardar cama aún por bastante tiempo. Ayer, cayó un avión en la vecindad; la tripulación pudo saltar a tiempo con sus paracaídas. El aparato se estrelló contra una escuela vacía y causó algunos muertos y un ligero incendio. Los alemanes ametrallaron a los aviadores cuando aún estaban en el aire. Era espantoso. Los espectadores holandeses, ante semejante cobardía, estuvieron a punto de estallar de rabia. Y no podían decir nada. Nosotras, es decir, las mujeres de la casa, tuvimos un miedo terrible. ¡Qué abominables son esas ametralladoras! He tomado la costumbre de subir por la noche al cuarto de Peter para respirar allí aire fresco. Me siento en una silla a su lado y soy feliz mirando hacia afuera. ¡Qué tontos son Van Daan y Dussel cuando me ven aparecer en su habitación! Una de las observaciones: — Ana y su nuevo hogar. O esta otra: — Los muchachos reciben a las muchachas a esta hora en la oscuridad. ¿Es correcto eso? A estas palabras que pretenden ser humorísticas, Peter opone una presencia de ánimo asombrosa. Desde luego, también a mamá le cuesta ocultar su curiosidad; le gustaría preguntar de qué hablamos, pero no se atreve, sabiendo que corre el riesgo de dar un paso en falso. Peter, hablando de los mayores, dice que todo eso no es más que celos: están celosos porque nosotros somos jóvenes y porque no hacemos el menor caso de sus odiosas advertencias. A veces él viene a

uscarme, y a pesar de todas sus buenas intenciones, enrojece como el fuego y empieza a tartamudear. Yo no me ruborizo nunca, y lo celebro, porque debe de ser una sensación muy desagradable. Papá dice siempre que soy muy presumida. No es verdad. Pero sí soy coqueta. Todavía no he oído alabar mucho mi belleza. Salvo a un compañero de curso que me decía que yo era encantadora cuando me reía. Ayer, Peter me dirigió un piropo sincero. Para divertirme un poco, voy a referirte, poco más o menos, nuestra conversación. Peter suele decir: — ¡Vamos, una risita! A la larga, le pregunté: — ¿Por qué quieres que me ría siempre? Porque resulta encantador. Al reír, aparecen tus hoyuelos. ¿Cómo puede ser? — He nacido con hoyuelos en las mejillas y en la barbilla. Es el único signo de belleza que poseo. — No, eso no es verdad. — Sí. Sé demasiado bien que no soy hermosa. Nunca lo he sido y nunca lo seré. — No comparto en absoluto tu opinión. Yo te encuentro muy bonita. — No es verdad. — Si lo digo es porque así es. ¡Puedes fiarte de mí! Naturalmente yo le devolví el cumplido. Todos tienen algo que decir sobre la repentina amistad entre nosotros. Sus pequeños chismorreos poco nos interesan, y sus observaciones no son realmente originales. ¿Es que nuestros padres han olvidado ya su propia juventud? Pareciera que sí. Nos toman siempre en serio cuando decimos algo en son de chanza, y se ríen cuando hablamos en serio. Tuya, ANA Lunes 27 de marzo de 1944 Querida Kitty: La política juega un papel capital en nuestra «historia en la clandestinidad», y como ese tema sólo me interesa vagamente, lo he descuidado mucho en los últimos tiempos. Hora es de que le consagre una de