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Querida Kitty: Hace

Querida Kitty: Hace todavía bastante frío, pero la mayoría de la gente está sin carbón desde hace un mes. ¿Comprendes? Nuevamente el público se siente optimista con respecto al frente ruso, cuyas noticias son sensacionales. No quiero ocuparme de política, pero, sin embargo, voy a decir dónde se hallan: los rusos se encuentran exactamente enfrente del gran cuartel general alemán, y se acercan a Rumania por el Pruth; están cerca de Odesa; cada noche aguardamos un comunicado especial de Stalin. Todo Moscú resuena de salvas; pienso que hacen temblar a la ciudad entera. Hungría está ocupada por los alemanes; hay allí todavía un millón de judíos, que, indudablemente, también van a pasar muy malos ratos. Se murmura un poco menos de Peter y de mí. Ambos somos grandes amigos, estamos juntos siempre que nos es posible, y hablamos de todo y de todos. Cuando abordamos temas delicados, nunca necesito recurrir a la moderación, como sería el caso si conversara con otros muchachos. Estábamos hablando, por ejemplo, sobre la sangre, y de ese tema pasamos al de la menstruación. El considera que nosotras, las mujeres, somos muy fuertes. Pero ¿por qué? Decididamente, mi vida aquí ha cambiado. Ha mejorado mucho. Dios no me ha abandonado, y nunca me abandonará. Tuya, ANA Sábado 10 de abril de 1944 Querida Kitty. A pesar de todo, sigo encontrándome frente a las mismas dificultades. Sin duda ya sabes a qué me refiero, ¿verdad? Anhelo tanto un beso, el beso que me hace esperar. ¿Me considerará todavía como una mera amiga? ¿No soy nada más para él? Tú sabes bien que soy fuerte, bastante fuerte para llevar sola la mayoría de mis pesares. No estoy acostumbrada a compartirlos con nadie; nunca me he confiado a mamá. Pero, al lado de él, ¡cómo me gustaría apoyar la cabeza en su hombro y quedarme quieta! Ese sueño de la mejilla de Peter no me abandona; imposible olvidar aquel instante en que todo se volvió infinitamente hermoso. ¿Y él? ¿No lo desea tanto como yo? ¿No será que la timidez le impide confesar su amor? ¿Por qué me quiere tan a menudo a su lado? Dios mío, ¿por qué no dice nada? Es mejor que me calle. Me tranquilizaré. He de encontrar la fuerza

necesaria y, con un poco de paciencia, quizás eso llegue por sí solo. Pero hay algo que me tiene mortificada: doy la impresión lamentable de correr detrás de él. Siempre soy yo quien va hacia él, y no él hacía mí. Pero se debe a nuestras habitaciones. Peter no comparte la suya con nadie, yo sí; y él seguramente ve eso como un obstáculo. ¡Todavía debe comprender muchas cosas! Tuya, ANA Lunes 3 de abril de 1944 Querida Kitty: Contra lo habitual, vas a recibir una carta consagrada por entero a la alimentación; porque este problema no se plantea únicamente en el anexo en realidad, sino en toda Holanda, en toda Europa, por doquiera, y sigue siendo un factor primordial. Durante los veintiún meses que hemos pasado aquí, tuvimos diversos «ciclos alimenticios»; te explicaré de qué se trata. Durante cierto período nos vemos obligados a comer constantemente el mismo menú. Por largo tiempo hemos tenido sucesivamente escarolas con arena y sin arena, un puré de verduras con patatas, hervidas o a la sartén; espinacas, nabos, salsifíes, pepinos, tomates, coles, etc. No es divertido, por ejemplo, comer chucrut todos los días en el almuerzo y en la cena, pero uno se resigna cuando tiene hambre. Actualmente atravesamos el peor momento, porque no se encuentran verduras frescas. Nuestros almuerzos de esta semana constan de porotos, guisantes partidos, patatas con bolitas de harina, o patatas simplemente, nabos (por amor de Dios) o zanahorias podridas, y se vuelve a los porotos. Comemos papas en todas las comidas, empezando por el desayuno, a causa de la falta de pan. Para la sopa utilizamos porotos blancos o colorados, y patatas o paquetes de sopa Juliana, a la reina, y otra vez porotos colorados. Todo está mechado de porotos colorados, lo mismo que el pan, que los contiene en buena parte. Por la noche, comemos siempre patatas aderezadas con salsa sintética, y, además, por suerte, una ensalada de zanahorias podridas, de nuestra reserva. Una pequeña referencia a las albóndigas, que fabricamos con la harina del panadero y con levadura: ellas empastan la boca, y son tan pesadas, que causan la impresión de tener piedras en el estómago. Pero dejemos eso. Nuestras golosinas, una vez por semana, son: una tajada de paté de hígado, y mermelada sobre pan seco. No solamente seguimos con vida, sino que, a veces, hasta nos regodeamos con nuestra comida frugal. Tuya, ANA

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El duende quiso madrugar. nº 5