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Querida Kitty: Aún me

Querida Kitty: Aún me tiembla la mano aunque ya pasaron dos horas desde que recibí ese susto. En el edificio hay cinco extintores de incendios. El carpintero, o quien sea que se encarga de esa tarea, tenía que venir a recargar los aparatos; estábamos al corriente, pero nadie nos había advertido que era para hoy. Sucedió que ninguno de nosotros estaba haciendo intento alguno de permanecer en silencio. De pronto oí desde el rellano fuertes martillazos del otro lado de nuestra puerta— armario. Inmediatamente pensé en el carpintero, y fui a decirle a Elli, que comía con nosotros, que no bajase. Papá y yo montamos guardia a la puerta para enterarnos en qué momento partía el obrero. Después de haber trabajado un cuarto de hora, dejó su martillo y sus otras herramientas sobre nuestro armario (así lo creímos) y golpeó a nuestra puerta. Todos palidecimos. ¿Había oído algo y quería examinar aquella armazón misteriosa? Se hubiera jurado que era eso: golpeaba, tiraba, empujaba sin cesar. Aterrorizada, casi me desvanecí pensando que aquel hombre, que nos era totalmente extraño, iba a descubrir nuestro hermoso escondite. Y en el preciso instante en que creí llegaba mi última hora, oí la voz del señor Koophuis, que decía: — ¡Ábranme!, ¿quieren? ¡Soy yo! Le abrimos inmediatamente. Se le había trabado el pestillo que sujeta la puerta del armario y del que los iniciados se sirven desde fuera, por eso, nadie pudo prevenirnos de la hora de los trabajos. El obrero se había ido, y el señor Koophuis, al venir a buscar a Elli, no lograba abrir la puerta-armario. ¡Qué alivio! En mi imaginación, aquel tipo dispuesto a entrar en nuestro refugio asumía proporciones cada vez más formidables; a la larga, se había transformado en un verdadero gigante y en el fascista más fanático, por añadidura. Bien, afortunadamente, por esta vez, el miedo resultó infundado. Pero el lunes nos divertimos mucho. Miep y Henk Van Santen pasaron la noche con nosotros. Margot y yo dormimos con papá y mamá, con el fin de ceder nuestro lugar a los jóvenes esposos. Comimos deliciosamente bien. El festín fue interrumpido por un cortocircuito causado por la lámpara de papá. ¿Qué hacer? Había otros tapones en la casa, pero la caja con repuestos se encuentra en el fondo del almacén; por eso, dar con él en la oscuridad era toda una empresa. Los hombres decidieron, sin embargo, arriesgarse, y después de diez minutos pudimos apagar las velas. Hoy madrugué mucho. Henk tenía que irse a las ocho y media. Miep bajó a la oficina después de un buen desayuno en familia, encantada de librarse del trayecto en bicicleta, porque llovía a torrentes. La semana próxima, Elli, a su vez, vendrá a pasar una noche con nosotros.

Tuya, ANA Jueves 29 de octubre de 1942 Querida Kitty: Papá está enfermo, y su estado me inquieta mucho. Tiene una erupción rojiza y alta fiebre; se diría que es sarampión. ¡Cómo te imaginarás, ni siquiera podemos ir a buscar el médico! Mamá se esfuerza por hacerle sudar. Quizá su fiebre baje. Esta mañana Miep nos contó que el departamento de los Van Daan fue saqueado. Todavía no se lo hemos dicho a la señora, ya tan nerviosa en estos últimos tiempos; no tenemos ganas de oír sus quejas con respecto a su hermoso servicio de mesa y a las lindas sillitas que dejó allí. Nosotros también nos vimos obligados a abandonar casi todo lo que era bonito; nada se logra con lamentarse. Desde hace poco se me permite leer algunos libros para personas mayores. Me he enfrascado en La juventud de Eva, de Nico van Suchtelen. No veo gran diferencia entre las historias amorosas de colegialas y ésta. Allí se habla de mujeres que exigen un montón de dinero por vender su cuerpo a hombres desconocidos en calles dudosas. Yo me moriría de vergüenza. Además, he leído que Eva estaba indispuesta. ¡Así! ¡Oh, qué ganas de estarlo yo también! Se debe de sentir una muy importante. Papá ha traído del armario grande las tragedias de Goethe y de Schiller; va a leerme algunas páginas cada noche. Ya hemos comenzado con Don Carlos. Para seguir el buen ejemplo de papá, mamá me ha puesto en las manos su libro de rezos. He leído algunas plegarias en alemán, para complacerla; son hermosas, pero no me dicen gran cosa. ¿Por qué me obliga ella a exteriorizar sentimientos religiosos? Mañana encenderemos el fuego por primera vez. ¡Cómo vamos a ahumarnos! ¡Hace tanto tiempo que no se deshollina! ¡Ojalá ese artefacto tire! Tuya, ANA Sábado 7 de noviembre de 1942 Querida Kitty: Mamá está terriblemente nerviosa, lo que me pone en evidente peligro. ¿Es en realidad un azar que papá y mamá nunca reprendan a Margot, pero que a mí me regañen con frecuencia? Anoche, por ejemplo: Margot estaba leyendo un libro ilustrado con dibujos magníficos; como se había levantado y abandonado la habitación, dejó su libro con el fin de reanudar su lectura tan pronto como volviera. Yo no tenía nada de especial que hacer en aquel momento, y lo tomé

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