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el_diario_de_ana_frank

diario

que los latidos

que los latidos del corazón de su esposa. — ¡Oh Putti! (apodo del señor). Seguramente se han llevado los salchichones y todas nuestras bolsas de frejoles. ¿Y Peter? ¿Estará todavía Peter en su cama? — No te alarmes, que no se han llevado a Peter. No tengas miedo y déjame dormir. Pero no hubo más remedio. La señora sentía tal pavor, que ya no podía volver a conciliar el sueño. Algunas noches después, toda la familia Van Daan fue despertada por sonidos fantasmales. Peter subió al desván con una lámpara de bolsillo, ¿y qué vio? ¡Brrr! ¡Una caterva de ratas que huían! Los ladrones habían sido descubiertos. Hemos dejado a Mouschi en el desván para que cace a los indeseables, que no han vuelto, por lo menos durante las horas de descanso. Noches atrás, Peter subió a la bohardilla a buscar periódicos viejos. Al bajar la escalera apoyó la mano, sin mirar, en... una rata enorme. Le faltó poco para que rodase por la escalera, muerto de terror y de dolor, porque la rata le mordió el brazo, ¡y cómo! Al entrar en nuestra habitación estaba pálido como la cera y con su pijama todo manchado de sangre: apenas si se mantenía en pie. ¡Qué sorpresa tan desagradable! No es divertido acariciar a una rata y, si por añadidura, lo muerde a uno, resulta espantoso. Tuya, ANA Viernes 12 de marzo de 1943 Querida Kitty: Permíteme que te presente a mamá Frank, campeona de la juventud. Ahora reclama mantequilla suplementaria para los jóvenes; se trata de los problemas de la adolescencia moderna. Problema tras problema, mamá los defiende todos y entabla una lucha en pro de la juventud; y, aunque los mayores se irriten, siempre triunfa. Un tarro de lengua en conserva se ha echado a perder. Cena de gala para Mouschi y Muffi. Tú no conoces aún a Muffi, que, sin embargo, ya estaba en el edificio antes de nuestra llegada al anexo. Es el gato de la oficina, o, mejor dicho, del almacén, donde tiene a las ratas a raya. Su nombre político se explica como sigue: la empresa poseía dos gatos, uno para el almacén y otro para el desván. Cuando estos dos gatos se encontraban, libraban siempre batallas monstruosas. El del almacén atacaba infaliblemente primero, mientras que, a la larga, el del desván salía siempre vencedor. Exactamente como en la política. Agresivo, o

alemán, al gato del almacén se le había dado el nombre de Muffi, y al gato del desván, con su carácter inglés, Tommy. Tommy ha desaparecido, y Muffi nos distrae cuando bajamos a la oficina. Comemos tantas legumbres que ya no puedo verlas. Siento náuseas sólo de pensar en ellas. Ya no se sirve pan por la tarde. Papá acaba de declarar que está muy preocupado. ¡Pobre! Tiene otra vez una mirada muy triste. No puedo apartar mis ojos de un libro titulado DeKlop op de Deur, de Ina Boudier— Bakker. La descripción de la familia es excelente y está muy bien escrito, aunque los capítulos relacionados con la guerra y la emancipación de las mujeres me gustan menos: en verdad, eso no me interesa bastante. Violentos bombardeos sobre Alemania. El señor Van Daan está enfadado, y con razón: no tiene cigarrillos. Deliberación sobre el problema de comer o no comer verduras en latas; decisión a nuestro favor. Ya ningún zapato me sirve, salvo las botas de esquiar, que son poco prácticas para la casa. Un par de sandalias de esparto al precio de 6,50 florines han durado una semana después de lo cual debieron ser puestas fuera de combate. Miep quizás encuentre algo en el mercado negro. Tengo que ir a cortarle el pelo a Pim. Papá asegura que no querrá otro peluquero después de la guerra; a tal punto me desempeño bien en mi tarea. ¡Yo le daría crédito, si tan a menudo no le hiciera un corte en la oreja! Tuya, ANA Jueves 18 de marzo de 1943 Querida Kitty: Turquía va a entrar en la guerra. Gran emoción. Aguardamos las transmisiones conteniendo el aliento. Tuya, ANA Viernes 19 de marzo de 1943 Querida Kitty: Apenas una hora después, la alegría fue seguida de una decepción. Turquía aún no está en guerra; el discurso del ministro del exterior no era más que un llamamiento a suspender la neutralidad. Un vendedor del centro de la ciudad