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el_diario_de_ana_frank

diario

— ¡Cállate, mamita!

— ¡Cállate, mamita! — El señor Frank contesta siempre a su esposa cuando ella le pregunta algo, ¿no es verdad? La señora ha tocado el punto sensible de su esposo. Este se calla: es su defensa. Y ella prosigue: — ¡Nunca llegará la invasión! El señor palidece. Viendo el efecto que ha producido, su mujer se ruboriza y luego persiste. — ¡Los ingleses no terminan nunca nada! La bomba estalla: — ¡Bueno, cállate, por la mierda! Mamá se muerde los labios para no soltar la carcajada. Por mi parte, me mantengo muy seria. He ahí una muestra. Eso se repite casi todos los días, a menos que no hayan regañado antes; en tal caso tenemos la ventaja de que ambos callan con obstinación. Faltan patatas: subo a buscarlas al desván. Allí encuentro a Peter que espulga al gato. Levanta los ojos, el gato aprovecha, y, ¡hop!, huye por la ventana abierta al alero. Peter maldice y yo desaparezco riendo. Tuya, ANA Viernes 20 de agosto de 1943 Querida Kitty. A las cinco y media en punto, los hombres dejan el depósito para volver a sus casas. Eso significa para nosotros la libertad. Cinco y media: Llega Elli, quien nos anuncia que todo está en orden. Comenzamos a movernos. Subo con Elli a casa de los Van Daan, para darle su parte de nuestro postre de la noche. Aún no ha tenido tiempo de sentarse, y ya tiene que prestar atención a los deseos de la señora: — Querida Elli, me gustaría... Elli me mira rápidamente sabiendo que la señora no pierde ocasión de expresar sus deseos a todo el que se presenta sea quien fuere. Sin duda, por eso todos se abstienen, en lo posible, de ir hasta su alojamiento. Un cuarto para las seis. Partida de Elli. Bajo dos pisos, paso por la cocina para trasladarme a la oficina privada, y luego al depósito de carbón; abro la

puertecita por la cual Mouschi acecha a los ratones. Mi gira de inspección me lleva al escritorio de Kraler. Van Daan abre cajones y ficheros para inspeccionar la correspondencia del día. Peter se encarga de la llave del depósito y de Mouschi. Pim sube a nuestra casa la máquina de escribir, Margot busca un sitio tranquilo para liquidar su trabajo de oficina, la señora pone el agua sobre el gas y mamá se acerca con las patatas. Todo el mundo tiene asignada una tarea. Peter no tarda en volver del depósito y pregunta dónde está el pan. Generalmente, ha sido colocado en el armario de la cocina. Hoy no. ¿Se habrán olvidado del pan? Peter se ofrece a buscarlo en el escritorio del frente. Antes de entrar en él, se pone en cuatro patas para no ser visto desde afuera, avanza hasta el armario de acero, donde, en efecto, ve el pan, se apodera de él y da media vuelta; pero antes de que pueda salir, Mouschi ha saltado por sobre su espalda, instalándose debajo del escritorio. Peter juega al escondite con el gato, y por fin logra atraparlo por la cola. Mouschi resopla, Peter suspira. Ya lo tiene... No. Mouschi huye y se instala junto a la ventana para lamerse muy complacido, contento de haber escapado de su amo; como último recurso, éste le tiende un trozo de pan, Mouschi no se deja seducir, y la puerta se cierra detrás de Peter. He seguido esta escenita desde la puerta entornada. El trabajo prosigue. Tic, tic, tic... Llaman tres veces. Es hora de ir a la mesa. Tuya, ANA Lunes 23 de agosto de 1943 Querida Kitty: Continuaré con el tema del horario en el anexo. Por la mañana, a las ocho y media en punto, mamá y Margot llaman la atención de Pim. — ¡Chis!... ¡papá, silencio! — ¡Pim, chis!... Son las ocho y media. Ven aquí, no dejes correr el agua, camina despacio. Y otras exclamaciones semejantes para papá, que está en el cuarto de baño. Debe volver a su habitación a las ocho y media en punto. Todos los grifos son cerrados, la descarga del W.C. está prohibida. Nada de ruido, es la consigna. Hasta que no llega el personal de oficina; los hombres del depósito pueden oírnos en el silencio de los locales vacíos. A las ocho y veinte, tres golpecitos en nuestro techo anuncian que Ana

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