Views
4 months ago

Perdidos en el otro lado de la nada

D S en

D S en el BIG BEND Quería pasar un día de senderismo con mi esposo en un hermoso parque de Texas. Cuatro días más tarde, estaba hambrienta, gravemente deshidratada y sola. CATHY FRYE TOMADO DE ARKANSAS DEMOCRAT-GAZETTE

SELECCIONES MI ROMANCE CON el desierto de Chihuahua del oeste de Texas empezó en 1996, cuando fui reportera en el periódico Odessa American. El Parque Nacional Big Bend, llamado así por una pronunciada curva que traza el Río Grande, estaba en mi área de cobertura. Me encantaban el silencio, el cielo nocturno tan oscuro y despejado, los pequeños y brillantes brotes que aparecían dispersos por el árido suelo. Mi esposo, Rick McFarland, fotógrafo, también adoraba el lugar; nos casamos en uno de sus senderos en 2001. Regresamos 12 años después para andar por las sendas de Fresno West Rim, en el Parque Estatal Big Bend Ranch, conocido también como “el otro lado de la nada”. El viaje al mirador de West Rim de ida y vuelta, unos 8 kilómetros, prometía vistas hermosas de las formaciones rocosas con pendientes inclinadas y en forma de V invertida ubicadas en Solitario. Pasando el mirador, el recorrido, que lleva por un rancho abandonado y regresa al punto de partida conocido como Puerta Chilicote Trailhead, toma un día entero. Estábamos muy entusiasmados mientras nos preparábamos para nuestra aventura. El desierto es un lugar que ofrece soledad y paz. DÍA 1: MIÉRCOLES, 2 DE OCTUBRE Llegamos al estacionamiento del parque a las 10:15, a 1.5 kilómetros del inicio del sendero. La temperatura era de 22 grados y alcanzaría los 32. Tomamos dos cantimploras y ocho botellas de agua de la hielera; guardamos barras de cereal y plátanos en mi riñonera. Las abejas zumbaban alrededor de montones de flores amarillas. Brotes rosados pintaban el suelo yermo. Este podría convertirse en mi nuevo camino favorito, pensé. Cuando comenzamos a descender hacia el cañón Fresno, el terreno se volvió empinado y rocoso. Necesitaba clavar mi vara de senderismo para sostenerme. Me patiné y resbalé. Maldije durante toda la caída. En la base del cañón, seguimos las huellas de un jeep a lo largo del lecho seco del arroyo Fresno. En un punto, un segundo lecho lo interceptaba. No estábamos seguros de si mantenernos en el primero, que iba a la izquierda, o seguir la bifurcación, hacia la derecha. Elegimos esta última. No había letreros ni mojones (rocas apiladas que sirven de guía) que indicaran en qué dirección estaba el rancho. “Vayamos para el otro lado”, sugirió Rick. Lo hicimos y encontramos el rancho. Ya íbamos por el camino correcto. Había un jeep estacionado al frente y caímos a su sombra. Cada uno había consumido tres botellas de agua. Luego le dimos un largo trago a nuestras cantimploras. “Deberíamos esperar a que los dueños regresen y pedirles que nos lleven”, sugerí. “No creo poder volver a subir todo lo que acabamos de descender; además, se nos está acabando el agua”. FOTOS DE LA PORTADILLA ANTERIOR: EARL NOTTINGHAM, LOVEDESIGNSHOP/SHUTTERSTOCK. ARKANSAS DEMOCRAT-GAZETTE (RECUADRO); PÁGINA SIGUIENTE: ARKANSAS DEMOCRAT- GAZETTE

Calero, un oficio perdido - Técnica Industrial
El país de las islas y el agua
CULTURA Y DESIERTO - Universidad de Antofagasta
Grado 4, Unidad 5, Semana 1 - MacMillan Tesoros
T2_Materia y Energía_Actividades Tema.pdf - Rincon Educativo
Tapalpa del término Náhuatl “Tierra de colores” o “Lugar situado en ...
Olas de diversión - Comfama