Views
5 months ago

El encantador de elefantes

Al poco tiempo, los

Al poco tiempo, los pudimos ver con toda claridad avanzando lentamente hasta que estuvieron a unos 13 metros del portón. Entonces, Nana probó el aire con la trompa y se detuvo. Bramó beligerante y reunió a la manada en una clásica posición defensiva: sus traseros juntos y sus colmillos hacia fuera, como los rayos de una rueda. Se mantuvieron firmes con inexorable determinación. Peter volaba hacia ellos, invitándolos a entrar a la reserva. Fue inútil. Entonces Peter se alejó y aterrizó. Corrió hacia mí y me pidió mi arma. “Es lo único que nos queda intentar. Subiré de nuevo y dispararé atrás de ellos para obligarlos a caminar”. No me gustaba, pero Peter tenía razón. Se nos acababan las opciones. Tomó mi arma. Despegó. ¡Crac, crac, crac!, retumbaron las detonaciones. Era como si hubiera disparado bolas de papel mojado: nada los movería. Cayó la noche y, con el brillo de las estrellas, pude ver la silueta de los elefantes: firmes y desafiantes. Cuando Peter se fue, Nana y su exhausta familia desaparecieron entre la maleza. Un rayo de esperanza UNA VEZ MÁS me levanté a las 4 a. m., impaciente por continuar la búsqueda. David y los rastreadores ya me esperaban. Las primeras astillas rosas perforaron la oscuridad; encontramos las huellas y nos dirigimos al norte. Seguimos el rastro por la maleza de espinas. Estaba claro que tratábamos con unos elefantes silvestres impredecibles y molestos. Peter no pudo volar ese día y yo no me sacaba de la cabeza la idea de que pisotearían una aldea. Unos guardias de vida silvestre me contaron que, en la noche, la manada había entrado a una de sus reservas. Se dividieron en dos grupos que se separaron 11 kilómetros, y luego se reunieron de nuevo. No consigo entender cómo lo lograron: parece imposible andar en la noche con tanta precisión, sin brújula ni radio. No cabe duda de que los elefantes poseen increíbles habilidades de comunicación. Cerca de donde la manada se reunió había una choza que usaban los guardias de las reservas. Ellos estaban dentro, profundamente dormidos, cuando sintieron que la estructura temblaba. De pronto, se abrió la puerta y a la luz de la luna vieron serpentear una trompa. Los elefantes habían olido las raciones de comida e iban a tomar su parte; es decir, todo. Los hombres se escabulleron debajo de las camas para protegerse: era como si una gigantesca aspiradora jalara los costales. Otras trompas irrumpieron por las ventanas y tumbaron los muebles, destrozando todo en la búsqueda de más alimento. Afortunadamente, los guardias no tomaron sus armas. Estaban dedicados a salvar animales; matar era un recurso extremo. Tan pronto como se largaron los mastodontes arrasadores, llamaron para reportar su ubicación.

SELECCIONES Al amanecer, uno de los administradores conservacionistas vio a los animales y se acercó a pie. Todavía estaba un poco lejos cuando Frankie giró y, con un bramido de rabia, lo embistió a todo galope. Él se dio la vuelta y corrió por su vida; entró a su auto de un salto y pisó el acelerador a fondo mientras varias toneladas enardecidas le pisaban los talones. Cuando les contó a sus colegas lo cerca que estuvo de morir, los guardabosques se preocuparon. Esto se estaba saliendo de control. Propusieron disparar dardos sedantes a la manada, quizá provocar una sobredosis a los adultos y salvar solo a los jóvenes. La sugerencia me tomó por sorpresa e intenté descartar la posibilidad de matarlos. “Los llevaré de vuelta al boma y los mantendré encerrados”, prometí. “Así podremos observarlos y tomar una decisión. Si dentro de dos meses siguen incontrolables, no tendremos alternativa. Yo me hago plenamente responsable”. Ahora solo quedaba esperar. Temprano, al día siguiente, el helicóptero se dirigió con un tirador experto a bordo al lugar donde vieron a los elefantes. Los ubicaron y, cuando el piloto descendió en picada, la manada se echó a correr, arrasando los matorrales mientras las aspas de la nave tronaban tras ellos, lo que hacía de sus inmensas espaldas un blanco perfecto. ¡Crac! El cartucho calibre .22 disparó un gran dardo de aluminio lleno de un poderoso anestésico en la grupa de Nana. La matriarca siempre es la primera en ser anestesiada. En cuanto el proyectil llegó a su destino, cargaron otro rápidamente y tiraron. Cuando el último dardo hizo blanco, el piloto se elevó y observó cómo, primero Nana y luego el resto, empezaban a tambalearse y caer de rodillas antes de desplomarse en cámara lenta. El equipo en tierra llegó al lugar a toda velocidad y se acercó a Nana de reversa. Patas arriba, levantaron al animal con una grúa y la pusieron en la parte trasera de un camión enorme. La masa de carne, músculos, huesos y sangre de 4.5 toneladas colgando de las patas no era una escena agradable; la maniobra se realizó tan rápido y con tanto cuidado como lo permitieron las circunstancias. Con todos a bordo, los camiones arrancaron a Thula Thula, donde los animales se recuperaron. Estaban algo aturdidos, pero tan desafiantes como antes. Buscar su libertad había, en todo caso, incrementado su repudio por el cautiverio. Justo antes del anochecer, fui al boma, ubicado a unos 5 kilómetros de nuestra casa, y caminé hasta la cerca con mucho cuidado. Nana estaba en pie, con su familia detrás; vigilaba con malicia cada paso que daba. No había duda: tarde o temprano intentarían escapar otra vez. De pronto, vi la solución: me iría a vivir con la manada. Sí, estaría afuera del boma, pero con ellos; los alimentaría, les hablaría y, sobre todo, estaría

Africa: Rendido a tus pies!!! - Executive Safari Consultants
C A T A R R O D E P E C H O
Revista AFR Nº.. - Archivos Forteanos Latinoamericano.
direttissima diretta dp pronta gigante elefante - Maschio
Las Tres Cabezas del Elefante - Bienvenidos :: Web de Sebastian ...
La campaña de Rusia - Zona Nacional
Ver documento completo
ElHobbit-IllustratedVersion
La gloria de don Ramiro; una vida en tiempos de Felipe segundo ...
Descargar PDF de 1 a 24 - Revista Andar Extremo
Guillermo Fernández o la memoria de los elefantes
LA GUÍA MÁXIMA: ELEFANTES - Discovery en la Escuela
De ratones, hombres y elefantes: El tamaño sí importa - Página del ...
Los elefantes del Kilimanjaro Por Falso 6. Jueves 5 ... - Caza de Letras
Manual de Apoyo al Docente (MAD) -Asia - Terra Natura
Principios de comportamiento vacuno - Cacg.org.ar