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Manual Diplomado en Valores

Material de apoyo para el desarrollo del diplomado en valores 2018

Para

Para tener en cuenta! bases para la promesa de amarse eternamente. Un sentimiento comienza y puede desaparecer. ¿Cómo puedo yo juzgar que durará eternamente si un acto no implica juicio y decisión?” (E. Fromm, El arte de amar) En nuestro tiempo se ha difundido una visión del matrimonio sin referencia a Dios, como si la unión matrimonial fuera competencia exclusiva de la legislación civil o un asunto privado entre un hombre y una mujer, sin repercusión social, ni trascendencia humana. Hay quien cambia de pareja como si cambiase de trabajo o tomase unas vacaciones después de una temporada de rutina y monotonía. Esta es una visión reduccionista de la unión matrimonial, que hace mucho daño a las familias y a la sociedad. El matrimonio es un sacramento instituido por nuestro Señor Jesucristo, que santifica la unión indisoluble entre un hombre y una mujer y concede la gracia para cumplir fielmente los deberes de esposos y padres. Por el sacramento del Matrimonio “el Esposo está con vosotros” - dice Juan Pablo II – “¡No tengáis miedo a los riesgos! ¡La fuerza divina, es mucho más potente que vuestras dificultades” El contrato del matrimonio civil, es complementario y cumple una función socialadministrativa. Como institución social, el matrimonio necesita de un marco jurídico – orientado al bien común-, que por un lado regule las mutuas relaciones existentes entre el matrimonio y la sociedad, y por otra garantice la estabilidad de la institución matrimonial, respetando que cada ciudadano pueda proceder de acuerdo a la convicción religiosa personal. Profesar la religión es un derecho fundamental de la persona. ¿QUITA EL MATRIMONIO LA LIBERTAD? ¡No! El compromiso resta indeterminación, pero da dominio, y lo propio de la libertad de elegir no es la indeterminación sino el autogobierno. Quien no se compromete con nada ni con nadie vive con un abanico de posibilidades, pero pobre de realidades, ya que la vida tiene sentido en la medida en que se entrega y se da libremente por amor. El valor último de la libertad reside en hacer posible la principal vocación del hombre: amar y ser amado. El hombre no puede vivir sin amor… Su vida está privada de sentido sino se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, sino lo experimenta y lo hace propio, sino participa en él vivamente. ¿CASARME PARA QUE? “Yo te quiero a ti como esposa(o) y me entrego a ti, y prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida” Con estas palabras los esposos declaran públicamente su consentimiento. El día de la boda –con sus anécdotas y nerviosismos- es imborrable en la memoria de cada uno de los contrayentes. Ese día pasaron del estado de solteros al de casados, dando libre y voluntariamente su consentimiento a la unión matrimonial, declarándose mutuamente el amor que se tienen. ¿Vale la pena? El matrimonio –el amor conyugal- es don y tarea, vocación, llamada y respuesta. A través de la donación recíproca que tiene lugar entre el hombre y la mujer en el matrimonio, se instaura una relación que puede y debe poner en acto la capacidad de vivir en la verdad y en el amor, con una misión propia y 52

Para tener en cuenta! específica: la plenitud del amor mutuo, abiertos a la fecundidad. Dios actúa y se sirve de los esposos, como de instrumentos vivos, para realizar su designio de amor en y para la humanidad. El amor conyugal es participación del amor de Dios. Por la unión de los esposos se realiza el doble fin del matrimonio: el bien de los esposos y la transmisión de la vida. El matrimonio como “unidad de dos” está ordenado para servir de cauce para la realización personal del otro, comunicándose los bienes y dones propios de la masculinidad y feminidad, en orden al mutuo perfeccionamiento. Como el bien del otro ha pasado a formar parte de la pareja –es mutuo-, el matrimonio tiene como fin el complementarse, servirse el uno al otro, ayudarse, El fin unitivo del matrimonio es consagrar el amor entre un hombre y una mujer, cariño iniciado con el enamoramiento y formalizado en el noviazgo. Este querer humano exige una entrega generosa para hacer amable la vida conyugal. Las palabras del consentimiento matrimonial definen el bien común de los esposos –el amor, la fidelidad hasta la muerte – “todos los días de mi vida”. El bien de ambos, a la vez que los une, asegura el verdadero bien de cada uno. El cariño entre los esposos se proyecta en la fecundidad de los hijos procreando, dando vida a un nuevo ser. Es así como son cooperadores de Dios en la transmisión y educación de la vida humana. Dios ha dispuesto que “a través de una donación total y recíproca, capaz de crear una unión íntima e irrevocable entre el hombre y la mujer, éstos sean llamados a cooperar con Él en la donación de la vida humana a otras criaturas” ( L. Ciccone). “Desleal es aquel que se despide cuando el camino se oscurece” (Tolkien)” 53

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