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Manual de Diplomado en Valores

Material de apoyo para el diplomado en valores 2018

Para

Para tener en cuenta! grandes fracasos, las decepciones, las frustraciones… aceptar todo eso, es aprendizaje para la muerte. Ante los golpes, los reveses del diario vivir caben diferentes actitudes: rechazo, visión negativa o por el contrario aceptación, asimilación, amor. Sin visión positiva, las contrariedades a lo único que llevan es a la amargura. En cambio, si los reveses se incorporan a la existencia y a la experiencia –dándole sentido- se transforman en algo bueno; la voluntad y el espíritu se fortalecen. Y se llega a la muerte –que, cuando no se tiene sentido trascendente no es más que la negación de la vida – con menos dificultad, más preparado para el encuentro definitivo con Dios. La aceptación del sufrimiento es la verdadera madurez de la personalidad. La muerte tiene dos caras: una da hacia nosotros, los que nos movemos en el tiempo, y repugna al poco de producirse. Todos tenemos miedo y, en el fondo, todos los miedos son un único miedo: el miedo de la muerte. Intentamos anular «el único acontecimiento absolutamente cierto» esforzándonos por no hablar de él. Pero la muerte, tiene otro rostro, el que da a la eternidad, el que ve Dios. Éste es como el rostro de un niño recién nacido, porque el día de la muerte es, «el día del verdadero nacimiento», donde da inicio la vida que ya no muere. Por eso decimos que la muerte es un cambio de casa –y esto es una luz que llena de sentido nuestro caminar en la tierra- con la esperanza de que estamos todos llamados a la santidad, a disfrutar en la eternidad de la convivencia con las Tres Personas divinas, y con Dios y en Él, encontraremos a todas las personas queridas, en una grandísima fiesta sin cansancio y sin final. Se muere como se vive, vive de tal manera que la muerte no te sorprenda, al contrario, que sea un cambio –un encuentro definitivo, el gran abrazo esperado- para el que nos hemos preparado toda la vida. Su recuerdo ha de despertar en nosotros día a día el sentido de responsabilidad e iluminar las tareas asumidas en la vida, creyendo contra toda esperanza, contra toda experiencia, que la muerte ya no es muerte, sino nacimiento a la Vida. No tengas miedo a la muerte. —Acéptala, desde ahora, generosamente..., cuando Dios quiera..., como Dios quiera..., donde Dios quiera. —No lo dudes: vendrá en el tiempo, en el lugar y del modo que más convenga..., enviada por tu Padre-Dios. (San Josemaría Escrivá, Camino 739) Dios es Padre, hemos de ver el dolor como una visita de Dios. La pregunta que tenemos que hacer no es ¿Qué he hecho para que Dios me castigue así? Sino esta otra: “Si Dios es mi Padre y me ama, ¿qué querrá deen esta prueba?” Cuando Dios permite el dolor responde a un plan de amor. Cristo transforma el sufrimiento desde dentro: Viviéndolo. ¿Por qué nace en un establo? ¿por qué muere en una 44

Para tener en cuenta! Cruz? ¿por qué vive pobremente? ¿por qué muere en plena juventud? ¿por qué pasa frío, hambre, cansancio y soledad? ¿porqué sufre? ¡Es un misterio! Por eso, lo único que podemos entender los hombres cuando Dios permite que suframos es que nos trata como a su Hijo. “El escándalo de la Cruz sigue siendo la clave para la interpretación del gran misterio del sufrimiento, que pertenece de modo integral a la historia del hombre” (Juan Pablo II) El dolor no es un castigo inmerecido, sino un tesoro. Nuestra unión con el sufrimiento de Cristo constituye el culmen de nuestra actitud de fe. PARA PENSAR Cuando la conocí tenía 16 años. Fuimos presentados en una fiesta, por “un chico” que decía ser mi amigo. Fue amor a primera vista. Ella me enloquecía. Nuestro amor llegó a un punto, que ya no conseguía vivir sin ella. Pero era un amor prohibido. Mis padres no la aceptaron. Fui expulsado del colegio y empezamos a encontrarnos a escondidas. Pero ahí no aguanté mas, me volví loco. Yo la quería, pero no la tenía. Yo no podía permitir que me apartaran de ella. Yo la amaba: destrocé mi coche, rompí todo dentro de casa y casi maté a mi hermana. Estaba loco, la necesitaba. Hoy tengo 39 años; estoy internado en un hospital, soy inútil y voy a morir abandonado por mis padres, por mis amigos y por ella. ¿Su nombre? Se llama Cocaína. A ella le debo mi amor, mi vida, mi destrucción y mi muerte. (Escribe Freddie M., murió de sida). Nada hay en el mundo más grande que el amor. No hay amor más grande que el de una madre por su hijo. No hay dolor más grande que el del parto. Coinciden. El mayor amor con el mayor dolor. El dolor de traer una nueva vida: Dolor de engendrar, dolor para un nacimiento. Dolor y nueva vida: No es casualidad. El camino para nacer a algo es el dolor ¿Por qué el dolor? no lo sé. Es un hecho. Pero es siempre compañero de la nueva vida (J.P. Manglano) 45

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