El Sueño de La Habana

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Reportaje sobre el ilustrador francés Olivier Bonhomme para la revista Esquire.

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San Fidel.


Collectivo.

TEXTO DAVID MOREU

ILUST RACIO N E S OLIVIER BONHOMME

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Habana verde.

Rhum Falcon.

uántas veces hemos soñado en hacer girar una

bola del mundo y detenerla al azar con el dedo

índice, buscando el destino de nuestro siguiente

viaje? Este gesto tan habitual en novelas y películas

de Hollywood se ha convertido en una de las

mayores reivindicaciones de libertad que existen

en la sociedad globalizada actual. Aunque en

manos del dibujante francés Olivier Bonhomme también se

ha transformado en una excusa perfecta para reflejar la vida

cotidiana de ciudades lejanas, que son famosas por tener una

banda sonora inconfundible.

A pesar de que su padre era científico y su madre trabajadora

social, contó con el apoyo de ambos a la hora de perseguir

sus sueños en Technicolor y dejó volar la imaginación a

una edad muy temprana. “Si te dedicas a la ilustración, tu

mayor reto debe ser interpretar la cultura siguiendo un estilo

personal. Mi conexión con la música y el pop art es evidente,

del mismo modo que siento fascinación por el arte contemporáneo

y el cine”, explica a Esquire desde su estudio. “De manera

inconsciente, las películas de Lynch, Scorsese y Fellini

han dejado una enorme huella en mi sensibilidad y son una

fuente de inspiración constante”.

Esta mentalidad de trotamundos creativo le ha permitido

colaborar con sellos discográficos y periódicos de ámbito internacional.

Pero su carrera dio un giro inesperado hace un

par de años, cuando tuvo que cancelar en el último momento

un viaje a Nueva Orleans que llevaba mucho tiempo preparando.

Una vez asimilada la frustración inicial, Olivier

Bonhomme se atrevió a plasmar con sus dibujos surrealistas

la imagen tan idealizada que tenía de aquella ciudad ubicada

en el profundo sur de los Estados Unidos y que nunca llegó a

visitar. Ese proyecto bautizado como Imaginary Travel

Sketchbook se expuso en la galería Cut&Mix de Marsella y

tuvo bastante repercusión en las redes sociales. Por este motivo

decidió embarcarse en una segunda entrega más ambiciosa

centrada en La Habana, con la condición indispensable de

descubrir el lugar en persona y aceptar todas sus contradicciones.

“Era consciente de que se escondían muchas cosas

detrás de esa imagen tan típica de postal. Una realidad compleja

que conforma la verdadera identidad del país”, comenta

por teléfono. “Esa isla ha resistido al capitalismo y al ritmo frenético

del mundo occidental durante medio siglo. Esto hace

que la mentalidad de los cubanos sea un rompecabezas y que

la sociedad esté gobernada según unas leyes muy particulares.

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After the Music.

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Aquatrombone.


Malecon After the Rain.

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“LA MEJOR FORMA DE

REFL EJAR L A REAL IDAD

ES alejándose

de ella

Además, cada generación piensa de una manera distinta y no

acostumbran a compartir sus ideas”.

Como sucede en las grandes aventuras, el ilustrador no

estaba solo en este viaje transoceánico. Siguiendo sus planes

originales, se desplazó al país caribeño junto a dos buenos

amigos aficionados al jazz para encontrarse con otro compañero

pianista que llevaba un mes instalado en la capital persiguiendo

a sus musas sonoras. Evidentemente, la imagen

tradicional de las casas de colores, de los coches antiguos

circulando por las avenidas y de las puestas de sol en playas

idílicas no tardó en chocar con la dura situación que viven

sus habitantes.

A pesar de los contrastes, aquel grupo de viajeros salió a

la calle con sus instrumentos, se dejó seducir por la música

autóctona y disfrutó de la vertiente más underground de La

Habana, aquella que no acostumbra a aparecer en las revistas

de tendencias. Un descubrimiento asombroso que fue tomando

forma visual gracias a los bocetos que Olivier

Bonhomme hacía en su libreta y que estaban inspirados en

las melodías que flotaban en el ambiente. “La primera noche

ya nos sumergimos en la escena musical de la ciudad y fue

increíble. Conocimos a un batería de jazz que vivía justo en

el apartamento de encima de nuestra casa y nos invitó a actuar

en el Corner Café, un club cercano al Malecón”, recuerda

con una sonrisa de complicidad. “Tocamos toda la

noche porque estábamos familiarizados con algunos trucos

de la música cubana, pero durante el viaje aprendimos muchas

más cosas y coincidimos con gente asombrosa en varias

jam sessions”.

IMÁGENES POÉTICAS Y SURREALISTAS

Nostalgia, pobreza, felicidad y tristeza dándose la mano en

una misma esquina. Como la angustiosa sensación de espera

de una chica en una taberna, las fiestas salvajes que se

alargan hasta el amanecer (incluso en el asiento trasero de

un coche), la hermosa decadencia de la arquitectura colonial,

el eterno recuerdo de la revolución socialista, unos zapatos

de mujer abandonados en el primer peldaño de unas

escaleras o las nubes cobrizas que amenazan con tormenta.

Todas estas imágenes trazadas con la urgencia del blanco y

negro ofrecen múltiples lecturas y pasaron a formar parte

del álbum de recuerdos del dibujante francés. El resumen

personal e intransferible de una experiencia que le cambió la

vida para siempre, aunque aquellos esbozos hechos a lápiz

fueron el inicio de una historia mucho más emocionante que

le obligaría a tomar distancia con lo vivido. “El trabajo de

verdad empezó al regresar a mi estudio en Montpellier.

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Me llevó un mes entero buscar la documentación necesaria,

preparar los dibujos, entintarlos y colorearlos”, nos confiesa

en tono serio. “Sé que puede sonar paradójico, pero la mejor

manera de reflejar la realidad es alejarse de ella y mostrarla

de manera poética o surrealista, porque la gente siempre

está más receptiva a ese tipo de imágenes”.

Una vez las obras cobraron su forma definitiva, con todos

los claroscuros posibles, y estuvieron enmarcadas en la mesa

de su estudio, Olivier Bonhomme se dio cuenta de la magnitud

real del proyecto que había llevado a cabo y de todas las

vivencias que se escondían detrás de cada pequeño detalle.

Sin embargo, en su cabeza seguían resonando los ecos de

haber estado en un lugar anacrónico a ojos del viajero occidental.

Una isla que permanece anclada en unos ideales pretéritos

a ritmo de son cubano (a pesar de la reciente muerte

de Fidel Castro), mientras el resto del mundo la observa con

actitud despreocupada y apenas se posiciona frente a las

injusticias que allí se viven a diario. “Es una sociedad esquizofrénica

porque está dividida entre el contexto de los turistas

y su propia situación como país. Incluso la moneda y la

economía son distintas en cada lado de la balanza”, reflexiona

el dibujante en voz alta. “Hacer ilustraciones se ha convertido

en un acto político porque debo compartir mi visión

de las cosas. Como puedes imaginar, es complicado hablar

por la gente que he conocido allí y solo espero que no caigan

en los mismos engaños que nosotros”.

Lonely Dog.


Hasta la victoria siempre.

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