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Bentham en España 131

Bentham en España 131 --, cidm3. Soberanía de la ley -ni de unos ni de otros, sino de un elemento exterior de abstracción de la voluntad de todos. necesidad de un poder judicial "independiente", economía de las penas. En ese momento, dice Foucault, "la burguesía comprende perfectamente que una nueva legislación o una nueva Constitución no son garantía suficiente para mantener su hegemonía. Se da cuenta de que debe inventar una tecnología nueva que asegure la irrigación en todo el cuerpo social de los efectos de poder llegandchhasta sus más ínfimos resquicios"4 . Es decir, establecidos los principios ideales de funcionamiento de la sociedad, a los políticos les corre'sponde llevarlos a la práctica. Y para ello es necesaria una tecnología de poder de la que Bentham es maestro, pues establece desde el principio sus líneasfundamentales; el ocultamiento del sujeto agente del poder mediante la disolución de las relaciones poderoso-sometido en una estructura que es quien impone las normas (máquina de poder), relaciones que se expresan a nivel simbólico, lo que permite que "lo representado" pase a ser lo esencial, mientras lo real queda oculto. El panóptico es u'n "instrumento muy útil y enérgico que los gobiernos pueden apiicar a objetos de la mayor importancia". Y al final de la obra se establece una relación: casas de seguridad, cárceles, casas de corrección de trabajo; hospitales, manufacturas, escuelas. Todo tipo de lugares en que muchos hombres deban estar sometidos a vigilancia. Es decir, desde el punto de vista del gobierno, todos. ¿Cuáles son sus principios? El primero y básico, la vigilancia. Dice Foucault que el elemento más arcaizante del panóptico es la importancia de la mirada, y probablemente tiene razón. El principio de inspección central, por una sola persona, tiene antecedentes muy antiguos; la revista de sus tropas por los generales, los miradores de castillos y palacios sobre las poblaciones, los minaretes y púlpitos de los rezadores, las cátedras y estrados de los maestros ... La cárcel de Madrid que manda edificar Felipe IV se construye según el principio de inspección central y Foucault dice lo mismo de hospitales y escuelas anteriores al panóptico. La vigilancia física, inmediata, ha perdido espacio progresivamente en-las instituciones de control y ha dejado paso a la visión mediatizada por la palabra, a la observación simbólica a través del discurso técnico. Al igual que en medicina es cada vez menos importante el reconocimiento visual 3 Beccaria: De los delitos y de las penas. pp. 74-75, Aguilar, Madrid. 1976. 4. M. Foucault: "El ojo del poder". Ver pág. 18 de la presente edición.

132 Maria Jesús Miranda del paciente, y más el telediagnóstico, emitido tras el examen de una serie de documentos técnicos que lo representan, en la cárcel, el manicomio o la escuela la mirada directa pierde valor, a la vez que lo ganan los discursos elaborados en torno a observaciones técnicas. Y no es ninguna casualidad, sino una manifestación más del fenómeno general de validación de la representación en nuestra cultura. Esta "simbolización" de la vigilancia, sustitución del vigilante por su representación, tiene dos efectos inmediatos que se perciben ya en el panóptico: el primero es el de escamotear el vigilante a los ojos del vigilado. El segundo, permitir que el vigilante, una vez simbolizado, se instale en la conciencia del vigilado. Lo que cobra importancia en la nueva sociedad no es la mirada directa del otro significativo, sino la noción abstracta de vigilancia. El elemento nuevo del panóptico es la celosía que oculta el inspector a los ojos de los presos. No es una persona, sino una presencia. Presencia abstracta que se multiplica y se subdivide en otras muchas, porque no está sólo en los ojos sino que está, sobre todo, en la piel de uno mismo. Los primeros reformadores liberales, los cuáqueros de Pensilvania, dieron mucha importancia a la opinión pública. Bentham se la da también y hace entrar al pueblo en la cárcel para la misa del domingo. Pero ni así es suficiente. Hay otro público siempre presente: los conlpañeros. "Que cada compafiero se convierta en un vigilante", dirá Bentham. Que el reo no esté nunca solo hasta que se haya corregido; es decir, hasta que haya internalizado al público, metido a los otros dentro de sí. Pero la simbolización no es suficiente para internalizar al público. Hace falta otro elemento, elemento fundamental también de las ciencias humanas y -cómo no- del derecho de la sociedad capitalista. Es el concepto de culpa. Como ya señalara Pasukanis, una de las características del moderno derecho penal es la estricta distinción entre dolo y culpa. Y en una sociedad regida por el mercado, la culpa es un precio que hay que pagar, un débito adquirido, un deber. La conciencia. Estamos en la culminación del proceso iniciado por Bentham. Los desviados de nuestra sociedad lo son porque, al fin, la torre central del panóptico se ha instalado en sus conciencias. Por fin han aprendido a observarse, vigilarse, analizarse, expresarse y decirse como desviados. El panóptico eliminaba las cadenas y los gruesos muros y los sustituía por la transparencia y la mirada. Ahora ya podemos hacer cárceles abiertas, hospitales de día; los delincuentes y los locos volverán a su lugar cada mañana porque llevan dentro su propio carcelero.

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