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Bentham en España 137

Bentham en España 137 26.2 que "el condenado a pena de prisión ... en todo caso tendrá derecho a un trabajo remunerado y a los beneficios correspondientes de la Seguridad Social, así como al acceso a la cultura y al desarrollo integral de su personalidad". Y así es exactamente en la prisión benthamiana. El trabajo no es un suplicio adicional, sino un derecho del preso, derecho a mejorar algo su condición en la cárcel, a ahorrar para cuando salga de elia, en una palabra, a acumular propiedad, es decir, a ser hombre, porque hemos entrado ya en el tiempo en el que ser hombre es idéntico a ser trabajador. Negar 4 preso el derecho al trabajo es negarle su esencia humana ... algo incompatible con el humanismo de la sociedad burguesa. De ahí todas las preocupaciones de Bentham -y de los reformadores actuales- sobre el trabajo carcelario; que no sea forzoso ni predeterminado, sino de libre elección, dentro de lo posible; que permita la formación profesional del preso; que sea lo suficientemente rentable como para proporcionarle un aliciente económico ... que sea, en fin, trabajo, en el estricto sentido que el término tiene en la sociedad capitalista: quehacer "libre" y remunerado. Otro tanto podemos decir de la instrucción, modo en que el tiempo se convierte en propiedad del interesado con valor de cambio social. "Toda casa de penitencia debe ser una escuela. Esto es necesario para los jóvenes encerrados en ella: ipor qué se negaría el beneficio de la instrucción a unos hombres ignorantes, que pueden hacerse miembros útiles de la sociedad con una nueva educación? (p. 67, el subrayado es mío). El mismo planteamiento: la educación es un derecho ... que hace al hombre útil a la sociedad. Sólo que, como esta sociedad es más útil para unos que para otros, la burguesía en el poder va a intentar convertir cada cárcel en una escuela. Se enseñará en ellas 'la lectura, la escritura, la aritmética, el dibujo" ... pero también la "enseñanza moral y religiosa". Obsesión permanente de los penitenciaristas de nuestra época que, de tanto perseguir la "educación nueva" van a terminar llamándose "reeducadores", nombre que hoy ostentan con orgullo. La sociedad capitalista hace posible, pues, la detención temporal, el pago de la culpa en tiempo. Pero el tiempo no es más que una idea. Para que adquiera valor de cambio social hay que convertirlo en tiempo de instrucción y trabajo: tiempo objetivo. ¿Podríamos decir tiempo alienado? En cualquier caso, tiempo separado del sujeto. Manipular esta dimensión del tiempo no es suficiente porque, como veáamos al hablar de la vigilancia, una de las condiciones de la sociedad democrática es que la vigilancia se ejerza desde uno mismo. Por eso es preciso manejar también el tiempo subjetivo. Y

138 María Jesús Miranda eso sólo puede hacerse a través del cuerpo, que es lo que lo hace perceptible. El cuerpo del preso sigue siendo el resorte último de la justicia, a donde el poder acude para rentabilizar el delito. Lo que sucede es que ya no recurre a la pompa del suplicio. Ahora, lo que trata de inscribir en el cuerpo del preso no es tanto el valor-de-poder como el valor-del-valor. El exponente más general del valor$s el trabajo. El trabajo se hace con el cuerpo; rio por casualidad la fuerza de trabajo se llama mano de obra. Manos, pies, brazos, espaldas, sometidos al tiempo: gimnasia. "El ejercicio al aire libre es un preservativo parala salud; pero este ejercicio debe, como todo lo demás, estar sometido a la regla inviolable de la inspección" (p. 66). Esta es, en definitiva, la verdad de la cárcel. Una caricatura, un modelo a escala reducida, de la sociedad que la produce. En eiia se va a reproducir, más inexorable y más ceñido que los gdetes de hierro, el ciclo vital -o más bien, anti-vital- a que nos somete la sociedad capitalista; instrucción, trabajo, producción, descanso, producción, trabajo, descanso,, producción. El cuerpo del preso debe ser el cuerpo más saludable de todos los cuerpos; en él está inscrito el valor del trabajo. Una forma adicional, pero no menos importante, de la relación cuerpoespacio-tiempo es la dramatización del proceso de encarcelamiento, dramatización completamente viva hoy en día, como ha puesto de manifiesto el trabajo de Goffman y de muchos otros que le han seguido. Nos dice Bentham: "Es muy particular que la más horrible de las instituciones presente en este punto un modelo excelente. La Inquisición, con sus procesiones solemnes, sus vestidos emblemáticos, y sus decoraciones espantosas, había hallado el verdadero secreto de mover la imaginación y hablar al alma. En una buena comisión de leyes penales, la persona más esencial es la encargada de combinar el efecto teatral" (p. 42, el subrayado es mío). He aquí otro de los eiementos fundamentales de la sociedad democrática, elemento que la hace posible y la mantiene; el de hacer pasar la apariencia por la esencia, el fenómeno por el ser. La palabra que Bentham utiliza es exacta; lo esencial es el efecto, la representación, el símbolo. Reaparición del fenómeno central del que hablábamos al principio: escamotear los objetos y sustituirlos por su representación. Es esta escenificación del proceso la que hace creíble a los ojos del sujeto y del público en general la realidad de lo representado. En este caso, la realidad de la justicia penal de la sociedad burguesa. Ni la ley, ni el juicio. Ni los hechos ni la razón son eserzciales. Ni una ni otra aparecen en el modelo de Bentham. Lo que si está presente por todas partes es la escenificáción: en la de-

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