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bentham-jeremy-el-panoptico-1791

PARTE SEGUNDA. La

PARTE SEGUNDA. La adrninistrncion de las casas dc penitencia es uno de los objetos sobre los cuales es mas dificil rei~nir las opiniones; porque cada liornbre , sPgun la diferencia de sus disposiciones, prescribe n~eclidas diferentes de tt - ve-riidd ó de indulgencia. Algilnos olvidan que un preso, encerrado por sus colpas: es un ente sensible ; y otros no reflexionan que su estado es un castigo : 10s unos quisierai-i quitarles todos los pequeiios goces c1i:e pueden mitigar su miseria, a1 paso cjue los otros claman contra la inhumanidad sobre todos los puntos dc esta disciplina penitencial. Yo voy 6 sentar algunos principios fundamentales, por desgracia aun dejan en la aplicacion un campo muy vasto á fa incertidumbre y á las opiniones contrarias ; pero que á lo nienos tienen la ventaja de aclarar la cuestion , y poner á las personas qt-ie disputan en es- tado en entenderse, Antes de todo conviene recordar sumariame~~te los objetos á que debe rnirarse en toda instit~iciori de est'i clase. Retraer de la irnitac:iciii de los delitos cori el esernplo de la pena : prevenir los delitos cle los presos durante sii caintividad : mantener entre ellos la decencia: conservar su salu(.i y la limpieza , que es parte cle*ella: estorbar su fugx procurdrles iiieclios de subsistencia para el tiempo de su soltura : clarles las instrucciones nece- sarias : Iiacerles adquirir . hábitos virtuosos : prest.rrarles de todo n~al trato ilegítimo : procurarles el bien estar de que es susceptible su estado , sin ir contra el objeto del castigo: y en fin , loarar todo esto por medios eco- . nómicas, por una admtnlstracion iiiteresada eri el buen

éxito , y por reglas de sulcidiriacian interior, que ponen ií todos los empleados hajo la mano del gefe , y al gcfe misrno bajo los ojos del público : estos son 10s di- \ ersos objetos cjue se deben buscar en el, estab ecimien- to de iina carcel. Todos los planes cpe se han propnesto h ~ ahora ~ a son defectuosos , ó por un esceso dr severidad ó por uri esceso de indulgentia , ó por una exngerack~n en los gasto, 12 cual ha htcho que todo se malogre. Las tres reglas siguientes servirán muclio para evitar estos diferentes errores. Regla de dulzura. La condicion ordinaria de un preso condenado 6 un trabajo forzado por largo tiempo no debe estar acompn- Gada de malos tratamien tos corporales, perniciosos 6 pea ligrosos para su salud ó para su vida. Regla de severidad. Salvos los miramientos debiclos á la vida , á la salad, y al bien estar fisico, un preso que sufre esta pena por delitos que casi siempre se cometen por individuos de la clase mas pobre, no debe gozar de una condicion mejor que la de los individuos de la misma clase que viven en u11 estado de iriocencia y de libertad. Regla de economía. Salvo lo que se debe á la vida, á la salud, al bien estar firico, a la instruecian necefiaria y á los recursos futtiros de los presos, la economía debe ser una consideracion de prirnrr órderi en todo 10 que colicieriie 6 la administracion; pero no se debe admitir algun gasto pú-

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