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bentham-jeremy-el-panoptico-1791

que puede11 compararse

que puede11 compararse á los niuchachos, que estrecliados mucl-io tiempo acabar1 $e quedar libres de la vi$- Iancia y cuidado de si~s maestros. No se debe poner á un preso en libertad sino ciian-. do puede cumplir una de estas condiciones: desde liiego si las preocupaciones no se oponen á ésto, puede entrar en el servicio del egército ó de la marina: y está tan acostumbrado á la obediencia que sin inuclio trabajo se haria cie él un buen soldado. Si algilnos temen que semejantes reclutas rnancliarári y envilecerán el servicio, es porqtie no Iiacen atencion á la especie de hombres de que los enganchadores llenan los egércitos. E11 el caso de que una ~iacion forrne colonias, los presos estarian preparados por su especie de e.tucacion á ser súbditos, inas útiles en eetas nuevas sociedades, que los malhechores que se envian á ellas ; pero no se forza* ria a1 preso que hubiese cumplido su tiempo de prision á sspatriarse , y solamente se le darian la eleccion y los madias (cle hacerIo. Otro medio para ellos de volver á la libertad sería hallar un bofnbre responsable que quisiese constituirse su fiador por una cierta suma, renovando esta caiicion to&s ,los aÍíos, y obligándose si no la renovaba á presanttir la persona misma,. : Los presos que tuvkxan parientes y amigos, :y los que hubieran adquirido rcputacion de juicio , de,iddus- tria y, de honradez en los arios de prueba, rio tenrli-iari di'ficialtad enfhallar fiador ;< porque auiique no se toinan prsonas de un carádter manchado para el servicio domésticsh hay otros mil trabajos para los cuales no se tie* ne el misnm escrúipiilo , y *adermas se podrian promover las fianzas de muchos modos. El mas sencillo de todos sería dar al que saliese fia- dor el poder de hacer con el preso puesto en libertad un contrata p~r un largo tiicnip, semejante a! de un

naectro con su aprendiz, de manera, que tuviese el poder de iecobrarlo, si se escapaba, y-de obtener alguna3 indeniriizacioiles contra los que hubiesen querido seducirle y tomarle á su servicio. Esta condicion, que á primera vista parece dura para el preso que lla recobrado su libertad, es eii realidad un bien para él, porque le asegura la eleccion entre un número mayor de coriipetidoies que buscará11 el privilegio de tener trabajadores cle que pueden 'estar seguros. ,No se entra en el exámen de* las precauciones necesarias para asegurarse de la s~ificiencia de las fi:~nzas. La mejor sería hacer responsable al gobernador de la cárcel de la niitad de la fianza en el caso en que ésta fallase; porque entonces tendria un interés cn conocer bien á las personas con quie-n celebrase estas transaciones judiciales. Pero examinemos ahora el caso que debe ser frecuente en que un preso no tuviese ni aniigos ni parientes: que no hdlase fiador, y qiie no fuese admitido á alistdrse ni á pasar á una colonia: ¿se le deberá abandonar á la aventura, y volverle asi á la sociedad ? Sin duda que no, porque esto sería esponerle á la miseria G al del~to ; i se le dehrrá retener sujeto como antes á una disciplina severa? Tatnpoco ; porque esto sería proloiigar su castigo fuera del término serialado por la ley. Lo qiie debe hacerse es tener un establecimiento subsidiario fundado sobre el mismo principio: un panóptic0 cti el cual reinará mas libertad, donde ya no habrá seiial liiimillante, donde podrán celebrarse niatrimonios, donde los lidbitantes ajustarán su trabajo sobre el misma pie, poco mas ó nienos que los oficiales ordinarios, donde en una palabra se puede dar tanta comodidad y tanta lihertarl, cuanta pueda ser compatible con los principios de la segi~ridarl, de la decencia, y de la sobriedad. Este establecimiento será un convento con reglas fijas, á

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