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PAN~PPXCO. 89 En fin, la

PAN~PPXCO. 89 En fin, la regla de econoinln prescribe qiie no se baga ningi~n esto, ni se deje perder alpuna pn,~ncia por puros inotivos de indulgencia ó (le serericld(l; ipcro cómo se puede asegurar la economía en estos estáblecimientos ? Como se asegura en las estriblecimientos particulares, poniénd'oloo bajo la dircccion y vigilancia del interés individual. bnthctm compara aqni las ventajas y los inconvenientes de los dos modos conocidos de aclministracio~~, el uno por coritrato , 7 el otro de confianza, y se decide fuertemente por el primero. Si solo se trata de la economía, y de la sencillez y facilidad de la administrdcion, tdo el inundo será de su dicráinen; pero si se ha de te- ner tambien cuenta con el bien estar de los presos, tendrá m~chos contradictores ; y si yo iio'soy uno de ellos, tampoco me atrevo á tomar decididamente el partido conrrario. No he visto casa alguna de correecion ó de trabajo administrada por contrato; pero he visto un hospital administrado por este método, doride los desgraciados enfermos eran víctimas de la codicia inhumana del empresa~io. Tarnbien era libre para todo el inundo ia entrada en este hospital , como lo deberia ser en el panóptico : tambien el píiblico censur~ba las operaciones inhumanamente mercantiles del en-ipresario ; pero á éste le importaba poco la censura, y solo trataba de enriquecerse á costa de la humanidad doliente. El medio de hacer pagar al empresario del. panóptico una cantidad por cada pFeso que le falte, es mas ingenioso y seductor, que sólido; porque el hombre puede sufrir muclio , y no morir: un colono americano, dueiío de un ingenio de azucar, tiene sin duda un grande interés en qiie sus negros no mueran, y sin embargo los agovia con trabajos escesivos y malos tartamientos; y del niismo malo el empresario del panóptieo no matarla á sus presos; pero sin matarlos podría hacerlos padecer mucho. Claro está que

YO PBN~PTICO. la publicid.id da las ruelitas d-1 estil>lecimiento? y de los g.~stos y gati:ilicias del ernpresuiio no reiliedia este in~~iivaiiieiitc; ~~)P~Iv~"~E" po#liA asegurar la leg~lid'id di: las Cli:iltd*, c~ldtlrfo nadie iiitervieae las entradas y l~is ~ ~ l i L l de ~ \ i los caull,~les? Potlria tiaber tinos cel:idores que visir,iscn frec~ientenlente 14s prisiones , y velasen sobre l~ coiitiucta del einpresario; pero si estos celadores eran pag~dos , ocasioaciriaii un ga;asto contrwio á la 'regla de: econoliiía; y si eran gratciitos, i por qué no se les podria aplicar lo que Bentlian dice de los aclininistradores de confianza? Yo preferiria este iiltimo modo de administracion, ponientlo al gefe de la casa bajo la vigilancia de una jorlt~ compuesta coino antes he, dicho, á la cual tendria qi~c cl~r sus cuentas. La junta podria nornbrar un ein- pleatlo que cilidase anicamente de los trabajos de los j~resos , asignándole un tanto por ciento del producto de estos trabajos para i~iteresarle en ellos. Este empleado no po.lria agovibr á los presos con un trabajo escesi- vo , porque t~~neria al inspector y á sus dependientes, (lile podrian dar noticia de ello á la junta: y el incpector y este eiiiplea(lo, que podria llamarse veedor, ser an iinoa celadores uno de otro, y se ternerian inútua- 111 t 11 te. Las prisiones cle Filadelfia, que son las mejores que hoy se conoccn , se administrai~ por el método de confianza; y lo qiir 10s qiialiere Iiacen en ellas; ¿ p.m qué en otras no I~odrian hacerlo otros hombres sensibles y bienhechores cliie se hallan en toclas las re!igiones, por que por fortuna c!e 1~ 11urnanid~c1, la virtud iio está vinculada en tina sola secta, aunque sea la mas pura y respeta ble? Por otra parte : las especulaciones mercantiles sot~re clestlicliados , presentan no stl: qué de indecente y de iilliurnaiio (lar hace que el lx'íi->lico las mire con horror, y que desprecie á los que se enriqucceii en ellas,

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