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en el país en los últimos años, es posible cuestionar la contribución de la educación superior al crecimiento económico, a la reducción de la pobreza y al mejoramiento de la justicia social, tres factores relacionados directamente con la pertinencia de las instituciones educativas y de su oferta académica. Conviene subrayar la importancia de considerar la pertinencia en su más amplio sentido, sin eludir el trascendental papel de la educación en la transformación de las naciones. El planteamiento anterior genera implicaciones relevantes en las instituciones de educación superior, ya que bajo esta perspectiva las instituciones debieran no solamente adoptar el desafío de preparar competitivamente al capital humano que se insertará en los procesos productivos, generando profesionistas con las competencias demandadas por el mercado laboral; sino personas formadas integralmente, interesadas en conocer las realidades de las comunidades en las que se encuentran inmersas y capaces de comprometidamente proponer soluciones de mejora a las problemáticas existentes desde el ámbito de competencia de sus propias disciplinas. Teniendo en cuenta que es a través de procesos de evaluación que es posible conocer del grado de cumplimiento de los objetivos formativos, misiones y visiones planteadas por las instituciones educativas, es justamente en la evaluación en donde se identifica una herramienta de gestión estratégica para el fortalecimiento de la educación superior en el país; ya que como dijera en su momento el padre de la administración Peter Drucker: “lo que no se mide no se puede mejorar”. Particularmente en México, como lo anota Julio Rubio en su obra titulada “La política educativa y la educación superior en México” 2 , las primeras acciones en materia de evaluación de la educación superior datan de la década de los setenta y fueron producto de programas gubernamentales, así como de iniciativas de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES). La evaluación se institucionalizó con el Programa para la Modernización Educativa 1989 – 1994 del gobierno federal, impulsando de esta manera la evaluación permanente como mecanismo para promover la mejora de la calidad de los programas educativos. Particularmente relevante resultó en 1991 la creación de los Comités Interinstitucionales para la Evaluación de la Educación Superior (CIEES) como una estrategia para sistematizar en el país la evaluación externa, su principal objetivo es la evaluación diagnóstica de los programas educativos ofrecidos por las instituciones de educación superior, tanto públicas como privadas. No obstante las contribuciones de la evaluación diagnóstica a los procesos de mejora de la calidad en las instituciones de educación superior, era necesario dar el paso a la acreditación de los programas académicos como una estrategia de fortalecimiento integral de los mismos, que facilitara la cooperación e intercambio entre las instituciones a nivel nacional e internacional. En respuesta a las tendencias internacionales, a finales del año 2000 se conformó el Consejo para la Acreditación de la Educación Superior (COPAES) como única instancia autorizada por la Secretaría de Educación Pública para conferir reconocimiento 2 Rubio, J. (Coord.) (2006). La política educativa y la educación superior en México. 1995 – 2006. Un balance. México. Recuperado de: http://www.ses.unam.mx/curso 2008/pdf/Rubio2007.pdf

formal y supervisar a los organismos, cuyo fin sea la acreditación de programas educativos del tipo superior que se impartan en México, en cualquiera de sus modalidades. El modelo de evaluación propuesto por el COPAES constituye una herramienta de gestión de la calidad que permite a las instituciones de educación superior realizar análisis sistémicos bajo un enfoque holístico, generando información relevante sobre el estado que guardan los principales elementos que interactúan en la realización de sus funciones sustantivas, así como sobre los resultados y servicios brindados. Este modelo de evaluación resulta relevante a la luz del análisis de la contribución de la educación superior al desarrollo sostenible del país en los términos planteados por la UNESCO, y su aplicación al interior de los programas académicos de tipo superior genera información valiosa para determinar el cumplimiento de la misión, visión y objetivos planteados. En términos generales, los resultados obtenidos de los procesos de evaluación reflejan que el sistema educativo mexicano presenta importantes asimetrías, y es quizá en las grandes diferencias observables entre las instituciones de educación superior, sus estructuras, financiamiento, operación y resultados, en donde puede identificarse la crisis del subsistema de educación superior. Empleando en este contexto la expresión “crisis” para referirse a un momento de inflexión que demanda cambios profundos en las motivaciones, orientaciones y procesos de gestión de las instituciones educativas. En primer término, se habla de motivaciones y orientaciones de las instituciones de educación superior debido a que en muchos de los casos la filosofía imperante refleja rasgos de una posición de sumisión de la educación a las necesidades de capital humano en el mercado laboral. Por muchos años en México el diseño de los planes y programas de estudio se basó en los perfiles profesionales requeridos por el mundo laboral, en la generación de profesionistas con los conocimientos, habilidades y capacidades técnicas requeridas para la ejecución eficiente de funciones específicas en los distintos sectores de la economía nacional. No obstante, desde la perspectiva de los nuevos modelos de evaluación en México se enfatiza la necesidad de reconsiderar la vinculación entre el sector empleador y las instituciones de educación superior, no sólo para asegurar la pertinencia de los programas educativos a las necesidades del mercado laboral, sino para incorporar elementos que permitan evaluar la capacidad de las instituciones de formar integralmente a los futuros profesionistas del país, quienes deberán de contribuir a mejorar el desarrollo económico, pero también a proponer soluciones a los principales retos que como sociedad se experimentan. Es en este contexto que los modelos educativos de los organismos acreditadores reconocidos por COPAES se encuentran en una etapa de revisión de sus instrumentos de evaluación para garantizar la inclusión de indicadores de calidad asociados con la pertinencia, empleabilidad, responsabilidad social y contribuciones a la solución de problemáticas locales y regionales; orientando en mayor medida los procesos de evaluación a la valoración de los resultados generados como resultado de las funciones sustantivas desarrolladas. Se considera que este nuevo paradigma en los modelos de evaluación deberá generar mejoras sustanciales en los procesos de gestión académico – administrativos de las instituciones de educación superior, los cuales deberán ser analizados y rediseñados para garantizar su eficiencia y los resultados

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