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La mujer habitada

Gioconda Belli (1988)

La

La Mujer Habitada Gioconda Belli Capítulo 14 LAS "VELA" LLEGARON a la oficina al día siguiente. Lavinia se sonaba la nariz. En la época de lluvias estornudaba con frecuencia. —¿Tiene catarro? —preguntó la hermana solterona. —Es alergia —respondió poniendo la libreta de notas sobre el escritorio. —Mi marido también es alérgico —dijo la señora Vela—. Las personas alérgicas deben de tener cuidado en este tiempo del año. Hay mucho polen en el ambiente. El general Vela era alérgico al polen. —¿Cómo van esas ideas? —preguntó la solterona, que se llamaba Azucena. Lavinia sacó los bosquejos iniciales. —He trabajado un poco a partir de la conversación del otro día. Estos son algunos ambientes básicos. Sólo algunas ideas para empezar. La casa tendría tres niveles aprovechando el declive del terreno y para reducir el movimiento de tierra. El nivel más alto es el área social, luego sigue el área habitacional y luego el área de servicio. Iba señalando en el plano la entrada principal, el sistema de escaleras para pasar de uno a otro nivel. Todos los niveles alcanzarían a tener buena vista del paisaje, inclusive el nivel de servicio. La señora Vela se había puesto unos anteojos de marco grueso en el que brillaban diminutas piedras. Fruncía el ceño recorriendo con su dedo índice los trozos del diseño cual si se imaginara a sí misma vagando por la casa. La señorita Azucena miraba con atención al plano y a la hermana alternativamente. De vez en cuando, levantaba la cabeza y sonreía. Era de esas personas que se esforzaban por ser amables con todos. Parecía no tener intereses propios, vivir para aceitar las vidas de los demás y evitar chirridos y fricciones. A Lavinia le inspiraba una mezcla de lástima y simpatía. —Veo que puso el estudio de mi marido junto a la sala... —dijo la señora. —Sí, para que tenga buena vista —respondió Lavinia. —Pero me parece que sería mejor poner allí el cuarto de música que acomodó más al fondo. Mi marido no lee mucho. Le gusta más oír música. Si va a leer un libro, lo lee en la cama o en la sala... —No es un gran lector...—dijo la niña Azucena, ampliando. —¿Y el billar no podría estar del lado de la vista también?...—preguntó la señora Vela. —Bueno es que prácticamente ya no hay espacio al lado de la vista —respondió Lavinia. —Pero mire todo el área de servicio —dijo la señora Vela—, es un desperdicio. Para qué quieren vista las sirvientas... —Si ubicamos el área de servicio hacia dentro tendremos problemas con la ventilación — explicó Lavinia—. En invierno no se secará la ropa —añadió, para no sonar preocupada por las domésticas. —No creo. Hay ventanas a los lados —dijo la señora Vela. —Pero el aire no circularía lo suficiente —insistió Lavinia. —Pues sería un poco caliente. No es un gran problema... La ropa la pueden sacar al tendedero y meterla cuando empiece a llover. —¿Y si se mueve el área de servicio al fondo del segundo nivel?—preguntó Azucena. —Podemos tratar —aceptó Lavinia—, como les dije, éste es sólo un primer esbozo... —Tratemos —dijo la señora Vela. El área habitacional estaba apenas insinuado, explicó Lavinia, ya que necesitaba saber un poco más de las costumbres de la familia. En ese momento entró Julián. Las mujeres se arrellanaron en los sillones sonriendo recatadamente. Las pulseras de la señora Vela tintinearon acompañando el gesto de acomodarse un mechón de pelo. Lavinia les agradaba, pero Julián era un hombre. 84

La Mujer Habitada Gioconda Belli —¿Cómo van? —preguntó él, condescendiente. —Estamos empezando —dijo Azucena— pero parece que todo irá muy bien. La señorita Alarcón tiene ideas interesantes. —Muy interesantes —dijo la señora Vela. —No lo dudo —sonrió Julián, aproximándose al plano. —Les explicaba la idea de los niveles —dijo Lavinia—. Ellas querían que se buscara la forma de situar el cuarto de billar de manera que tuviera ventanal al paisaje. El problema es la ventilación del área de servicio... Julián miró atentamente el esbozo mientras Lavinia le indicaba las posibilidades de ubicación de la lavandería, el cuarto de plancha y la habitación de las domésticas. Notó la cara de las mujeres atentas a los expresiones de Julián, cual si fuera un dios a punto de emitir juicio. Se le vino a la mente la conversación con Sara. ¿Cómo podría creer que para las amas de casa los hombres no eran importantes? —El general Vela tiene gran afición al billar desde que era niño —decía Azucena. —Es su manera de distraerse —coincidió la señora Vela—, no bien llega a la casa se tira su partida de billar... Lavinia lo imaginó en camiseta, el hombre gordo apuntando las pelotas multicolores, olvidándose de los "negocios" del día: las redadas, los pelotones persiguiendo guerrilleros en las montañas, las aldeas incendiadas con napalm. ¿Qué pensaría mientras jugaba al billar? —Comprendo que sea una buena idea tener un ventanal amplio con vista al paisaje —dijo Julián— creo que no será tan difícil. El área de servicio se puede poner en el primero o segundo nivel o podríamos estudiar otra alternativa de distribución del espacio. Como seguramente les explicó Lavinia, este es sólo un primer esbozo. Lo que más nos interesa en esta etapa es saber qué les parece el estilo de diseño; esta solución de construcción en varios niveles. —A mí me parece bien —dijo la señora Vela—. Estoy segura que a mi marido le gustará. —¿No quieren tomar café? —preguntó Lavinia, dirigiéndose a la puerta. —No, no gracias —dijo Azucena—, sólo tomamos café en la mañana. Nos acostamos temprano. Si tomamos café a esta hora, no dormimos. Muchas gracias. —Yo sí, por favor —dijo Julián. Lavinia regresó después de pedir el café a Silvia. Había preparado una lista minuciosa de preguntas sobre la familia para determinar la disposición y tamaño de las habitaciones. —Me dijo que el niño mayor tiene trece años, ¿verdad? ¿y la niña nueve? —preguntó. —Sí, así es —dijo la señora Vela—. Recuerda lo que le dije del cuarto del niño. ¿De la decoración con motivos de aviación? Es importante. —Sí —dijo la señorita Azucena—. Es un niño muy etéreo. A mi cuñado le desespera su gusto por los pájaros. Dice que si le llama la atención lo que vuela, tendría que pensar en los aviones. —Los aviones sí le gustan —dijo la señora Vela, remarcando el "sí", mirando con censura a la hermana—. Son los helicópteros los que le dan miedo. —Sí, sí. Es cierto —corrigió la señorita Azucena—. El cuarto decorado con motivos de aviación le gustaría. —No queremos que la niña y el niño queden muy juntos —dijo la señora Vela, dando por terminada la extraña discusión de pájaros y aviones—. Por la diferencia de edad, se pelean mucho. Además, no es conveniente para el futuro, cuando la niña ya sea una señorita. —Además, cada uno debe tener baño independiente —intervino la señorita Montes. —Y para el cuarto de la niña, ¿tiene alguna idea especial? —preguntó Lavinia. —Creo que debe ser un poco más grande. Usted sabe, las mujeres usamos más espacio — sonrió, cómplice, la señora Vela—. Un diseño coqueto vendría bien. —¿Y su marido no querrá ver los esbozos? —preguntó Lavinia, sonriente, asintiendo. Julián la miró de reojo, sin decir nada. —Los esbozos no —dijo la señora Vela—. El quiere ver el anteproyecto completo. —Quiere que nosotros nos encarguemos de los detalles. Es un hombre muy ocupado. Viaja mucho por todo el país —añadió Azucena—. Es mejor ahorrarle trabajo. Lavinia continuaba sonriendo imperceptiblemente cuando se dirigía de regreso a su oficina, después de despedir a las hermanas Vela. Realmente era increíble todo lo que se podía saber de las 85

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