Views
5 months ago

Aguirre-Sergio-La-Venganza-De-La-Vaca

Leticia se dió vuelta

Leticia se dió vuelta lentamente mientras la miraba: -Son ciertas, y por eso tengo miedo. El último en subir las escaleras fue Rafael. Pasaron quince minutos hasta que el silencio ganó la casa. En el living quedó una pequeña luz encendida. Pasó alrededor de una hora cuando se escuchó, apenas perceptible, el crujir de una puerta ... Lo discutieron durante tres días. Carlos y Rafael pensaban que había que incriminarla, hacerle saber a Marcela que era la responsable de la muerte de Nicolás, para que viviera con eso el resto de su vida. Leticia, Manuel y Cristina, en cambio, creían que eso era lo mismo que nada. Estaban seguros que Marcela se defendería. Les diría (r se diría) que la muerte de Nicolás fue un accidente; que no había sido ella la que lo subió a esa silla. Y como en parte tendría razón, eso la ayudaría a olvidar todo en poco tiempo. La discusión se terminó cuando Rafael sacó de su bolsillo un pequeño recorte de diario. Después de leerlo, encendió un cigarrillo: -El día que recibí la carta de Cristina donde me contaba cómo fueron las cosas, vi, sobre la mesa, este artículo del Times. Fue extraño, había estado ahí junto a la carta, esta otra historia de un niño muerto ... y una vaca. Y lo que sentí fueron los deseos de acorralar a la persona que escribió ese papel... Se hizo un silencio. Con el correr de los días ninguno de los cinco tenía dudas de que Marcela debía pagar por su crimen. Ninguno tampoco pudo sacarse de la cabeza la historia del niño muerto en Inglaterra, r su proximidad con la carta de Cristina, que parecía tan ... providencial, hizo que cuando apenas Rafael lo insinuó, los demás estuvieron de acuerdo: debían vengar la muerte de Nicolás r el dolor de su amiga, y el arma que usarían sería la misma que provocó la tragedia: la vaca. Harían que el terror jamás le dejara olvidar esa palabra. Sería, también para Marcela, una palabra maldita. Enumeraron los pasos: 1) En esos meses se acercarían a Marcela. De una manera en que no sospeche nada, la harían partícipe de sus salidas; tratarían, en suma, de que se integre al grupo, como queridos compañeros de secundaria.

2) Después de un tiempo, invitarla a pasar un fin de semana a la casa del abuelo de Cristina en el campo sería lo más natural. 3) Rafael y Cristina estarían en la casa desde el día anterior para preparar lo necesario y esperar a los otros, que llegarían, de a dos, por la mañana. Pasarían un día de casa de campo común y corriente. 4) A lo largo del día dejarían entrever cierto temor hacia las vacas. Pero no dirían nada más. Tratarían de crear una intriga en Marcela que les asegure que a la noche estaría muy interesada en escuchar los... 5) Relatos. Se contarían en la noche y casi como una confesión. Algunos de ellos contarían un relato como verídico. Las historias debían ser tan perturbadoras como crueles y tratarían de narrarlas con tal convicción que Marcela no podría dejar de creerlas. Pensaban que, si en una noche, cinco personas creían algo y tenían miedo, la sexta sentiría exactamente lo mismo. Todos los relatos, con diferencias, tendrían la misma siniestra familiaridad: las vacas. 6) Después de contar las historias aparentarían retirarse a dormir, cada uno en un cuarto separado -la casa tenía ocho-o A la hora, cuando supusieran a Marcela durmiendo, desplegarían la trampa. 7) Saldrían de las habitaciones y las cerrarían con llave. (No querían contar con la posibilidad de que Marcela pudiera entrar, buscándolos, a uno de los dormitorios y quedarse allí. ) Carlos y Rafael se encargarían de preparar la planta alta: humedecer el excremento de vaca que, desde el día anterior, guardaban en una bolsa de plástico. Abriendo silenciosamente la puerta del dormitorio de Marcela, lo esparcirían, hasta donde pudiesen, dentro de la habitación y el resto a lo largo del pasillo. Después bajarían al sótano para acarrear lo que debía ser la visión más horrible de la pesadilla que habían diseñado: la cabeza seccionada de una vaca, que Rafael y Cristina retiraron el día anterior del matadero de un amigo del padre de Carlos. La colocarían en el pasillo, justo a la mitad, en el paso obligado para quien quisiera salir de allí. En la planta baja, Cristina y Leticia esperarían, en la caja de electricidad, que todo estuviera listo antes de cortar la luz: que los chicos bajen y Manuel, finalmente, voltee la mesa de roble sobre el entablonado. Pensaron que sería un ruido suficientemente fuerte, un ruido que Marcela no dejaría de escuchar, aunque tuviera el sueño pesado.

El-Cine-Quema-Jorge-Cedron-INCAATV-Abril
Los imperios perdidos Juan Carlos García-Ojeda Lombardo
publicación - Gobierno de Guanajuato
Revista El Teje - Centro Cultural Ricardo Rojas - Universidad de ...
isla-interior-angel-santiesteban-prats
La%20larga%20huida%20del%20infierno%20Marilyn%20Manson
Descargar libro - Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau
revista completa en pdf - Revista EL BUHO
Dibujo de Familia
Arrancame la vida