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Aguirre-Sergio-La-Venganza-De-La-Vaca

últimas indicaciones, y

últimas indicaciones, y salió justo en el momento en que Rafael estaba por golpear la puerta. Se besaron y subieron al auto rápidamente. Una hora después, tras pasar; como también estaba previsto, por un supermercado, tomaron la ruta a una velocidad que los asustó cuando, más adelante, doblaron en una curva bastante cerrada. ‘Tengo que tranquilizarme”, pensó Rafael, mientras le pareció ver, más tarde, la silueta de una vaca cruzar lentamente de una orilla a la otra del camino. Capítulo tres Cristina y Rafael habían terminado todo lo que tenían que hacer durante la mañana y, cerca de las once, esperaron que los demás comenzaran a llegar. Se sentaron en una pequeña escalinata que estaba en la entrada de la casa. Desde allí podían ver el camino que conducía a la ruta, antes de que se perdiera en el bosque. El sol tenue del otoño arrojaba una luz que parecía concentrarse en las hojas amarillas de los árboles, recortadas por el verde de los pinos. En el horizonte, unos nubarrones grises prometían el fin de lo que había comenzado como un cálido día otoñal, típico de Semana Santa. Como sentía que no podía estar quieta, Cristina decidió comenzar a recoger hojarasca que se había acumulado en los alrededores de la casa cuando escuchó la voz de Leticia: -iHola!, ¡buenos días!, espero que no lleguemos muy tarde para tomar unos mates... Leticia y Marcela aparecieron con sus mochilas haciendo ruido al pisar sobre las hojas secas del camino. Rafael salió a su encuentro y las ayudó con las mochilas. -Por supuesto que no, chicas, ya pongo la pava y nos sentamos por ahí. Entraron a la casa. Marcela se desplomó sobre uno de los sillones: -Que largo el camino desde la ruta... estoy toda transpirada. -Es largo pero muy lindo, nunca había visto estos árboles tan amarillos, parecen bañados en oro -Leticia se acercó a una de las ventanas. -De todos modos preferiría verlos desde un auto. -Marcela hizo un gesto con la mano como si estuviera abanicándose ... Rafael volvió de la cocina con un termo en la mano:

-¿Tomamos mate aquí o afuera? -Voto por afuera -dijo Cristina-, me parece que más tarde se va a nublar y sería bueno aprovechar un poco de sol. Salieron y se sentaron en círculo en unos pequeños sillones que estaban a un costado de la casa. -No te puedo creer que ustedes limpiaron toda la casa para recibirnos -dijo Marcela levantando la vista hacia los dos pisos de arriba de la vieja casona. - Repasamos las habitaciones e hicimos las camas. A la casa la limpia una mujer que viene cada quince días, o cuando tiene ganas, y la mantiene. Si no, tendríamos que haber estado hace una semana ... -Me parece que viene alguien ... -Rafael se levantó mirando hacia el camino. Entre los árboles, aparecieron Carlos y Manuel. Cristina se levantó: -iBienvenidos! ¡Por aquí! Manuel se adelantó: -Veo que llegamos justo para tomar mate. Los recién llegados saludaron a todos y, dejando los bolsos en el piso, se sentaron al borde de la galería. Cristina miró el reloj: -¿Tienen hambre, chicos? Porque puedo ir poniendo el agua a hervir; les cuento que hoy vamos a comer tallarines. -Excelente -respondió Carlos- si necesitas ayuda ... -Por supuesto. Carlos y Cristina se levantaron y entraron a la casa. -Yo les puedo ir mostrando cuáles son sus habitaciones ... -dijo Rafael. -Bárbaro -respondió Marcela- y de paso me acuesto un ratito antes de almorzar. Hoy me hicieron

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