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REVISTA MUNDO PLURAL MARZO 2018 okok

Mundo Plural Múnich

Mundo Plural Múnich Entre los días 16 y 18 de febrero pasado se realizó la 54 edición de la Conferencia sobre Seguridad de Múnich, un evento que desde 1963 congrega a mandatarios, funcionarios de alto nivel y expertos que exponen y debaten allí su visión sobre los principales acontecimientos (crisis, conflictos, etc.) que tienen lugar en el globo. Podríamos decir que se trata de una cita de escala que nos permite asomarnos al estado del mundo y percibir la temperatura estratégica imperante entre los poderes mayores. Como generalmente sucede en la capital de Baviera, el encuentro no solo “no defraudó” a aquellos que cada vez más perciben con inquietud el presente y el curso de las relaciones entre Estados, pues en Múnich sin ambages se suele comunicar sobre peligros e imputar responsabilidades, sino que se confirmó que no existen demasiadas perspectivas entre los actores preeminentes para celebrar algún tipo de plataforma o conferencia estratégica que establezca pilares en relación con la configuración internacional del siglo; es decir, prevalece, en el menos peor de los casos, una suerte de “punto muerto”. Nada debería sorprender si consideramos que las relaciones internacionales continúan fundándose en lo que se denomina “descentralización”, es decir, relaciones entre Estados soberanos no sujetos a ninguna entidad o gobierno central a escala planetaria. Sucede así que el poder, ese gran componente de la política interna e internacional, sufre dinámicas diferentes en uno y otro segmento: “mientras hacia dentro de los Estados las leyes y las instituciones ciñen al poder; hacia fuera es el poder el que ciñe a las leyes y las instituciones”. Para expresarlo en los términos un poco más gráficos y contundentes del olvidado Raymond Aron: “El carácter único de las relaciones internacionales surge del hecho de que se trata de relaciones entre unidades políticas, cada una de las cuales reclama el derecho de hacer justicia por sus propias manos y ser el único árbitro de la decisión de luchar o no luchar”.

Geopolítica Queda claro entonces, que mientras el mundo continúe en estado anárquico o descentralizado y atomizado en Estados que se desconfían entre sí (y no hay razones para suponer que ello vaya a sufrir alguna modificación), lo central para estas entidades será la subsistencia, para lo cual la disposición de capacidades es una cuestión de importancia mayor. En Múnich se comunicó suficientemente que este es el mundo de desconfianza que nos toca vivir y hay que prepararse para ello, puesto que nadie parece estar interesado en lograr algún modo de regulación y control, es decir, prevalece el denominado “modelo relacional”, donde el poder y la seguridad nacional concentran toda ocupación y preocupación, por sobre el denominado modelo institucional, donde lo institucional y multilateral suele recibir cierta atención cuando los poderes mayores así lo consideran. Acaso el “mejor ejemplo” sea Siria: una guerra casi mundial hacia dentro de “un Estado”, donde todos (potencias mayores, poderes intermedios y grupos fácticos) persiguen sus propios intereses, a la vez que se endosan responsabilidades y nadie se muestra verdaderamente interesado en poner fin a la más grande crisis humanitaria en lo poco que va del siglo. Con razón se ha advertido durante los últimos días que allí puede salirse todo de control y ensancharse el estado de guerra. De hecho, a raíz de injerencias se cruzaron fuertemente dos poderes en pugna en la región, Israel e Irán, actores en situación de conflicto irreductible. En Múnich también quedó suficientemente en claro que Estados Unidos y Rusia no solamente se mantendrán en conflicto, sino que la tensión entre ellos podría escalar, es decir, la fuerte acumulación militar que tiene lugar en ese “cinturón de quiebre” que se extiende desde el Báltico hasta el Mar Negro podría dar lugar a una fase de “querellas” o “interacciones militares abiertas”, por caso, situaciones como la ocurrida en 2016, cuando aviones rusos Sukhói-24 realizaron vuelos rasantes sobre un destructor estadounidense que navegaba a poco más de 100 kilómetros de la plaza portuaria rusa de Kaliningrado, pero con consecuencias mayores.