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La red oscura - Eduardo Casas Herrer

¿Qué es la web profunda (deep web) o red oscura (dark net)? ¿Hay que tenerles miedo? ¿Es, acaso, como pasear por los bajos fondos de una ciudad? ¿Hemos de cuidar nuestra confianza en la red? No solemos pararnos a pensar cómo funciona un motor de búsqueda de Internet y, precisamente, en su manera de actuar se encuentra su punto débil: la araña. Por mucho que se esfuerce el robot, hay lugares a los que no es capaz de llegar porque no está diseñado para ello. Y de esa red oscura a la que no puede acceder solo es visible el uno por ciento, el resto está escondido, como si de un iceberg se tratara. Negocios ilegales, tráfico de armas y de productos, muertes retransmitidas, pornografía infantil… conforman el lado negativo de Internet; un pozo sin fondo que se abre desde nuestras pantallas. El autor de este libro, miembro del Cuerpo Nacional de Policía, que lleva desde 2004 trabajando en la Unidad de Investigación Tecnológica (UIT), nos explica con notable claridad cómo persiguen sin tregua y sacan a la luz los delitos de ese universo desconocido de la red.

San Francisco

San Francisco (California), cerca del Café Luna, tras mudarse desde su natal Austin, en Texas. Un nombre, no obstante, no es una prueba de nada, así que tocaba demostrar que manejaba los hilos del mercado negro. Con esa idea en mente, para allí fueron los ciberagentes, encabezados por Chris Tarbell, a coordinarse con la oficina local del FBI, que no entendía demasiado lo que se traía entre manos y pretendía trabajar según el manual y nada más. De momento, varios equipos de paisano lo tenían controlado las veinticuatro horas del día. Nada que ver con las películas. No había una llamativa furgoneta aparcada delante de su puerta ni señores con traje negro. Descubrieron, además, que el Servicio de Seguridad Interior lo había investigado hacía poco tiempo porque alguien había remitido a su domicilio pasaportes falsos que, como era de esperar, alegó que no eran suyos. Mintió. Era otro consejo de Nob, que seguía tratando de quedar con él en persona, para que estuviera listo para desaparecer si sentía que la policía estrechaba el círculo. El agente de la DEA se había ofrecido para moverlo a un sitio seguro, confiando en por fin engañarlo. Además de detenerlo, para que la operación fuese exitosa de verdad, había que quitar del acceso público el servidor de Islandia y una copia del mismo ubicada en Francia… y nada de eso serviría si no se le podía atrapar con el ordenador abierto y operando. La mayoría de delincuentes de ese nivel lo tienen todo encriptado y lo de adivinar las contraseñas con pequeños trucos basados en lo que conocen del personaje es algo que funciona en las películas, pero no en la realidad. Dependiendo de su habilidad informática, puede ser más o menos difícil conseguir los datos, pero estamos hablando de semanas en el mejor de los casos y de siglos en el peor, y eso disponiendo de equipos y personal muy especializados. Hasta la estimación más optimista no servía, puesto que si no conseguían intervenir la cuenta del Pirata Roberts en Silk Road abierta en el ordenador de Ulbricht, todo el caso y el posible desmantelamiento del mercado negro se vendrían abajo. Por eso, se decidió que el día de la operación uno de los hombres de Tarbell, que le había ganado la suficiente confianza como para que mantuviesen charlas a través de TOR, hablaría con él todo el rato. Así se podrían asegurar de que lo tendría abierto. El responsable local, sin embargo, no entendía las sutilezas que una operación así representaba y había dispuesto que equipos de asalto entrasen por la puerta principal con arietes y armados hasta los dientes. Innecesario y, peor aún, arruinarían el operativo. Bastaba con que Ulbricht bajase la tapa de su portátil para que todo quedase fuera del alcance del FBI. Los ciberagentes no consiguieron hacer razonar a sus colegas, a pesar de la vehemencia y hasta desesperación de sus alegaciones. El día de autos se había programado para el 3 de octubre. Dos días antes, Tarbell y su gente se encontraban reunidos cerca de un café que solía frecuentar su objetivo, cuando, de repente, se sorprendieron al verlo acudir, con su portátil debajo del brazo. Los agentes se dispersaron, con la poca maña que se dan quienes no están especializados en seguimientos. Por fortuna, Ulbricht tampoco era www.lectulandia.com - Página 102

un delincuente al uso y la maniobra le pasó desapercibida. Buscó sitio en el local, pero no lo encontró, así que cruzó la plaza y entró a la biblioteca pública Glenn Park, que se encontraba justo enfrente. La ocasión la pintan calva, así que decidieron realizar la detención en ese momento, en cuanto estuviera navegando por Silk Road. Se comunicó a todos los implicados. Los equipos de asalto, con todos los jefes locales, cogieron carretera. Hasta que llegasen, Tarbell estaba al mando y tenía una idea clara: si había que elegir entre el portátil operativo y arrestar al tipo, debían decidirse por lo primero, sin lugar a dudas. A él se le podría atrapar más tarde, pero solo había una oportunidad de tener la prueba de todos los delitos. Los agentes de seguimiento dieron el «recibido». Estaban presentes en la biblioteca, para sorpresa de los ciberespecialistas, que no los podían distinguir entre los presentes. Uno de estos últimos tenía la única función de conseguir el ordenador abierto y nada más. A las 15.14 del 1 de octubre de 2013, poco después de dar la orden de actuar, una pareja, de mediana edad, con pinta de vagabundos los dos, se puso a discutir justo detrás del objetivo, que giró la cabeza un momento hacia ellos. En ese instante, una joven de rasgos asiáticos y aspecto de estudiante que estaba en la misma mesa de lectura que él, cogió con un gesto rápido el portátil y, en diez segundos, lo puso en las manos del ciberagente que acudía a su misión de arrebatárselo a Ulbricht. Los tres actores pertenecían también al FBI. Un instante después, el fundador de Silk Road estaba esposado. La gente de Tarbell babeaba ante la visión del portátil. Todo estaba a su alcance, la cuenta del Temido Pirata Roberts conectada al ciberbazar, las conversaciones, los pagos… Para colmo, estaba configurado como Frosty, el nombre que había representado el principio del fin. El juicio acabó el 29 de mayo de 2015. En él se demostró que Ulbricht había diseñado y dirigido un sitio web destinado a la venta de artículos ilegales, sobre todo droga, opaca a los impuestos, que había realizado en algo más de dos años un millón y medio de transacciones, por los que había recibido un beneficio aproximado del diez por ciento de su valor, esto es, dieciocho millones de dólares en Bitcoins, gran parte de los cuales fueron intervenidos en la redada y vendidos en pública subasta. Fue condenado por una juez de Nueva York a dos cadenas perpetuas consecutivas sin posibilidad de libertad condicional y, además, a otras tres penas de cinco, quince y veinte años, por delitos de tráfico de drogas, lavado de dinero y daños informáticos. De los cinco asesinatos que encargó se libró, porque no se pudo demostrar que las personas que quería matar existiesen en realidad. Un juez de Baltimore todavía debe juzgarlo por el otro homicidio que encargó, el de su antiguo socio CronicPain, que fue fingido por la gente de la DEA. La operación no acabó allí. Los socios del condenado han sido perseguidos allí donde se encontrasen. El 3 de diciembre de 2015 fue detenido el canadiense Thomas Clark, conocido como Variety Jones, mentor de Ulbricht y uno de sus principales colaboradores. Se había escondido en Tailandia, donde se encuentra esperando la extradición a los Estados Unidos, acusado de ayudar a organizar y aconsejar en el www.lectulandia.com - Página 103

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