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La red oscura - Eduardo Casas Herrer

¿Qué es la web profunda (deep web) o red oscura (dark net)? ¿Hay que tenerles miedo? ¿Es, acaso, como pasear por los bajos fondos de una ciudad? ¿Hemos de cuidar nuestra confianza en la red? No solemos pararnos a pensar cómo funciona un motor de búsqueda de Internet y, precisamente, en su manera de actuar se encuentra su punto débil: la araña. Por mucho que se esfuerce el robot, hay lugares a los que no es capaz de llegar porque no está diseñado para ello. Y de esa red oscura a la que no puede acceder solo es visible el uno por ciento, el resto está escondido, como si de un iceberg se tratara. Negocios ilegales, tráfico de armas y de productos, muertes retransmitidas, pornografía infantil… conforman el lado negativo de Internet; un pozo sin fondo que se abre desde nuestras pantallas. El autor de este libro, miembro del Cuerpo Nacional de Policía, que lleva desde 2004 trabajando en la Unidad de Investigación Tecnológica (UIT), nos explica con notable claridad cómo persiguen sin tregua y sacan a la luz los delitos de ese universo desconocido de la red.

peligrosa droga LSD…

peligrosa droga LSD… que había ocurrido en 2008; o de la exparlamentaria del PP Cayetana Álvarez de Toledo que mostró su disconformidad con la cabalgata de reyes de 2016 en Madrid con un tuit tan infantiloide y pueril que desató de manera inmediata y viral la burla de miles de personas hasta acaparar portadas de la prensa seria y minutos de los informativos de televisión. También las empresas, para tener éxito, necesitan una presencia intensiva en las redes sociales, equivocarse poco y mantener una esmerada atención al cliente, sobre todo el insatisfecho. Las amenazas poco veladas o entrar en batallas verbales son un camino seguro al desastre. Incluso la ausencia es observada y analizada con detenimiento. Muchos personajes necesitan popularidad para que su trabajo se considere más efectivo, y no siempre es fácil conseguirla. Incluso cuando lo es, existe la tentación de aumentarla a base de billetera, aunque sea para superar al rival, algo muy típico entre políticos. Es sencillo encontrar en Internet sitios donde por diez euros se consiguen mil amigos más de la noche a la mañana, con rebajas si la cantidad aumenta. Estos seguidores de baja calidad son detectables con facilidad. Suelen estar ubicados en lugares como China o Rusia, creados por robots, sin imagen de avatar y, a menudo, sin seguidores propios (es decir, siguen pero no son seguidos). Son detectables con suma facilidad, incluso sin recurrir a páginas que localizan a estos bots como https://fakers.statuspeople.com/Fakers/V/1. Se pueden comprar sin ser el usuario legítimo de la cuenta que va a crecer, como forma barata de desprestigiar al contrario o tal vez como una manera equivocada de hacer un favor a quien se admira. Estas adquisiciones, aunque son de ética cuestionable, no son ilegales y la policía no actúa contra ellas. Sin embargo, sí contravienen las normas de Twitter, por lo que tan fácil como vienen, desaparecen y sin que haya lugar a reclamaciones. A finales de 2014, la empresa del pajarito azul eliminó dieciocho millones de cuentas falsas y, por ejemplo, el cantante Justin Bieber, ídolo de adolescentes, perdió un millón de golpe. Por supuesto, él, con setenta y tres millones, no necesitaba pagar para tener un uno por ciento más. Más descarada fue la compra que alguien llevó a cabo para apoyar a Mariano Rajoy, entonces presidente del Gobierno, en 2014. En menos de veinticuatro horas, el 5 de septiembre, ganó casi sesenta mil nuevos seguidores a sumar al poco más de un millón que tenía. Algunas de estas cuentas hablaban árabe o hindi y sus fotos de perfil parecían cogidas al azar de Internet. En cuanto el escándalo saltó a la prensa, el equipo que manejaba la cuenta presidencial se apresuró a buscarlos y eliminarlos con la mayor diligencia. Aun así, según la herramienta de análisis Top Position, hasta el sesenta por ciento de los seguidores del mandatario podrían ser falsos, mientras que Albert Rivera, de Ciudadanos, es el político de primer nivel con menos, en torno al diecisiete por ciento. Más sofisticada —y, con seguridad, más cara— fue la estrategia montada para apoyar al diario La Razón y al Partido Popular a través de una serie de hasta ciento veinte bots que fue eliminada por Twitter en agosto de 2015, menos de dos meses www.lectulandia.com - Página 106

después de entrar en funcionamiento. A principios de julio, tres personas, que manejaban las cuentas reales @pplatteau_, @_eminence_ y @_madeinspain_ crearon más de un centenar de otras, controladas por ellos y gestionadas por programas informáticos, que se dedicaban a retuitear ciertos mensajes. La mayor parte de lo que compartían eran noticias tecnológicas, a menudo en inglés, y solo una de cada veinte o de cada treinta estaba relacionada con aquellos a quienes deseaban favorecer. Los tuits importantes quedaban ocultos entre el ruido de los mensajes sobre informática. ¿Qué conseguían con esto, si las cuentas-robot estaban pensadas para pasar desapercibidas? Daban más relevancia a las empresas y personas a las que ayudaban. Según los algoritmos de la red social, es más importante un mensaje que ha sido compartido doscientas veces que uno que lo ha sido apenas diez. Mientras estuvo activa la trama, la portada del periódico objetivo era retuiteada cada día por todos ellos. En ocasiones, hasta el cien por cien de la fama de un mensaje se debía tan solo a la actividad de estos bots. Esto se notaba en especial en los mensajes que ponían el director del citado diario, Francisco Marhuenda, o destacados miembros del PP. Algunos mensajes entre los tres administradores, los únicos humanos detrás de todo esto, elogiaban lo bien que funcionaban los programas que habían desarrollado para controlar a su horda, que de alguna manera habían encastrado dentro de dos programas, Hootsuite, que permite programar en qué momento se desea publicar —es decir, no es necesario estar delante del ordenador o teléfono, sino que se pueden dejar redactados y elegir un momento futuro— y Twitter for Android, que sugiere que utilizaban ese tipo de teléfono móvil para ello. Cometieron un error el 25 de agosto, cuando toda esa red criticó al mismo tiempo la cuenta de la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, con el mismo texto en un periodo de tiempo demasiado corto para que hubiera podido ser viralizado. Esto puso sobre aviso a los responsables de la red social en España y a la gente de @BotsPoliticosNo, que hicieron un exhaustivo estudio sobre el funcionamiento del contubernio. Al saberse descubiertos, intentaron redirigir su actividad y comenzaron a aparecer mensajes de apoyo, entre otros, al diario ABC, pero ya era demasiado tarde porque Twitter eliminó todos los bots el día veintiocho. Es difícil saber quién estaba detrás, más allá de ver que eran tres personas diferentes que parecían residir en Madrid y que una de ellas parecía tener acceso a la propia cuenta de La Razón en Internet, puesto que los otros le avisaban cuando había algún error en sus mensajes. Como no se cometió ningún delito sino tan solo una infracción de las normas internas de la web, no hubo ninguna investigación y quedarán en el anonimato, tanto ellos como las personas y las cantidades económicas, si las hubo, que se hayan pagado. EL MERCADO NEGRO COTIDIANO www.lectulandia.com - Página 107

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