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La red oscura - Eduardo Casas Herrer

¿Qué es la web profunda (deep web) o red oscura (dark net)? ¿Hay que tenerles miedo? ¿Es, acaso, como pasear por los bajos fondos de una ciudad? ¿Hemos de cuidar nuestra confianza en la red? No solemos pararnos a pensar cómo funciona un motor de búsqueda de Internet y, precisamente, en su manera de actuar se encuentra su punto débil: la araña. Por mucho que se esfuerce el robot, hay lugares a los que no es capaz de llegar porque no está diseñado para ello. Y de esa red oscura a la que no puede acceder solo es visible el uno por ciento, el resto está escondido, como si de un iceberg se tratara. Negocios ilegales, tráfico de armas y de productos, muertes retransmitidas, pornografía infantil… conforman el lado negativo de Internet; un pozo sin fondo que se abre desde nuestras pantallas. El autor de este libro, miembro del Cuerpo Nacional de Policía, que lleva desde 2004 trabajando en la Unidad de Investigación Tecnológica (UIT), nos explica con notable claridad cómo persiguen sin tregua y sacan a la luz los delitos de ese universo desconocido de la red.

Otros modelos

Otros modelos editoriales también están teniendo éxito. Dejando a un lado el sistema Amazon, que en ocasiones lleva a cabo prácticas cercanas al monopolio, con penalizaciones a quien no entre por su aro, en nuestro país triunfa la empresa Lektu para la venta de libros electrónicos. Una de sus principales normas es que no cree en los medios de protección anticopia que la mayoría de otros negocios del sector incluye. Son ineficientes y, además, causan serios problemas al lector con escasos conocimientos de informática. Lo que triunfa es lo sencillo y ellos lo han entendido muy bien. Incluso hay escritos que se pueden descargar gratis, realizar un pago social —esto es, hacer publicidad de lo descargado— o que cada consumidor decida cuál es el precio que considera justo. En diferentes países se han hecho necesarias modificaciones legislativas —como las que consiguió la SGAE original a finales del siglo XIX— para proteger la intangible propiedad intelectual; si los creadores no pueden vivir de sus obras, no crearán. Sin embargo, no se puede poner puertas al campo. La represión por sí sola no sirve. La famosa ley francesa que preveía incluso el corte del acceso a Internet a los que descargasen contenidos protegidos fracasó por completo, del mismo modo que la Ley Sinde-Wert en España. El ciudadano que descarga contenidos sin pagar por ello está aquí para quedarse. Es imposible eliminar ese hábito. La responsabilidad de todos está en ofrecer los contenidos por un precio asequible y de una manera sencilla. Así, esa parte del negocio ilegal menguará hasta la marginalidad en la que se encuentran, a pesar de su relativa popularidad, el resto de los negocios negros que hemos tratado en este capítulo. www.lectulandia.com - Página 112

C 6 LOS PROFESIONALES DEL ROBO lancy [2] no se podía creer lo afortunado que era. Un hombre de mediana edad, feliz en su matrimonio y un afamado dentista en la ciudad canadiense de Toronto. Por si eso fuera poco, acababa de recibir un correo electrónico en que le notificaban que había ganado el máximo premio —conocido como El Gordo— en la Lotería Nacional de un país europeo llamado España. Se consideraba un hombre de mundo y, además, tenía estudios. Sabía dónde estaba esa nación, lo que había sido a lo largo de la historia y hasta recordaba un absurdo conflicto a mediados de los noventa por algún oscuro motivo relacionado con la pesca que en realidad ocultaba una maniobra del entonces primer ministro Brian Tobin para su reelección. En el siglo XXI, España era famosa por dos cosas por encima de las demás, sus fiestas y su afición a los juegos de azar. La absurda cantidad de dinero que le había tocado no estaba fuera de lo normal. En el propio correo le avisaban, eso sí, de que una parte sustancial iba a convertirse en impuestos del país emisor. Lógico. En todas partes pasaban esas cosas. Así, pues, respondió de inmediato para iniciar los trámites y reclamar los millones. La respuesta del organismo emisor no tardó en llegar. Debía enviar unos pocos cientos de dólares o euros, a su elección, en concepto de apertura. Poco después, fueron otros pocos cientos en concepto de tasas para registrar el expediente en la Oficina Internacional de Apuestas del Estado, al ser el destinatario un extranjero. A continuación, unos miles más como primera fase de la transacción. Llevaba pagados dos millones de dólares cuando empezó a sospechar que algo no iba bien. Preguntó a un amigo suyo, abogado, que se echó las manos a la cabeza. —Clancy, te han engañado pero bien. ¿No te parece un poco extraño que te haya tocado un premio de una lotería a la que no has jugado? Asustado y con una sensación de desasosiego en el cuerpo, acudió a la policía, aun pensando que su amigo se equivocaba. Los agentes que le atendieron fueron muy amables y profesionales. Le explicaron los pormenores del engaño. Cómo las mafias del timo en Internet se dedicaban a lanzar millones de correos esperando que algún ciudadano de buena fe picase. ¿Y las posibilidades de recuperar el dinero? Escasas. No obstante, utilizarían los canales de colaboración internacional, en especial Interpol, para ponerse en contacto con sus colegas de la Policía Nacional de España. Ningún seguro normal se haría cargo de la estafa, dado que consideraban que el engaño no era suficiente y que el timado debería haber tomado medidas para no picar. Un año después, en 2007, le llegaron noticias en cierto modo positivas. Los agentes de la Brigada de Investigación Tecnológica del Cuerpo Nacional de Policía habían detenido a varias personas relacionadas con los hechos, desde el receptor www.lectulandia.com - Página 113

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