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8 months ago

La red oscura - Eduardo Casas Herrer

¿Qué es la web profunda (deep web) o red oscura (dark net)? ¿Hay que tenerles miedo? ¿Es, acaso, como pasear por los bajos fondos de una ciudad? ¿Hemos de cuidar nuestra confianza en la red? No solemos pararnos a pensar cómo funciona un motor de búsqueda de Internet y, precisamente, en su manera de actuar se encuentra su punto débil: la araña. Por mucho que se esfuerce el robot, hay lugares a los que no es capaz de llegar porque no está diseñado para ello. Y de esa red oscura a la que no puede acceder solo es visible el uno por ciento, el resto está escondido, como si de un iceberg se tratara. Negocios ilegales, tráfico de armas y de productos, muertes retransmitidas, pornografía infantil… conforman el lado negativo de Internet; un pozo sin fondo que se abre desde nuestras pantallas. El autor de este libro, miembro del Cuerpo Nacional de Policía, que lleva desde 2004 trabajando en la Unidad de Investigación Tecnológica (UIT), nos explica con notable claridad cómo persiguen sin tregua y sacan a la luz los delitos de ese universo desconocido de la red.

Esta primera moneda

Esta primera moneda virtual no ha tardado en tener una colección de clones que funcionan de manera muy similar, implementando en la mayoría de ocasiones el mismo sistema de seguridad y verificación por cadenas de bloques. Algunas de las divisas más conocidas son Ethereum, Litecoin o Syscoin. Otras apenas tienen movimiento, con un tráfico mundial diario no superior a los cien dólares, como Ixcoin o CasinoCoin. ENTRE EL MUNDO FÍSICO Y EL VIRTUAL Hemos generado mediante minería varias Bitcoins o bien deseamos gastar algunos euros para tener efectivo virtual. ¿Cómo cambiamos entre ambos tipos de divisa? Lo más sencillo es acudir a un agente de cambio como CoinDesk, Bitstamp, Bitfinex, Coinbase, itBit u OKCoin. Eso sí, debemos ser conscientes de que en cuanto haya moneda nacional de por medio, un banco va a saber de nuestros ingresos o gastos y se acaba el anonimato. Como no hay nada ilegal en ello en España, si las cantidades son pequeñas, vamos a pasar desapercibidos. Lo que hagamos después con la criptomoneda nadie lo podrá saber hasta que no volvamos a capitalizarla. La tasa de cambio global para los principales operadores puede verse, por ejemplo, en la página coindesk.com. Todos ellos presentan una fluctuación muy similar, es decir, el cambio a nivel mundial tiene una variación muy escasa, da igual el lugar del globo en que uno se encuentre. La consideración de las monedas virtuales está sujeta a mucha controversia. Su falta de control —por otro lado, el sueño de cualquier economista liberal— la hace ideal para utilizarla en el mercado negro. De hecho, como vimos en el capítulo quinto, son la única divisa válida en los bazares oscuros de la deep web, algo en lo que su anonimato tiene mucho que ver. Para gestionar las criptomonedas no hace falta identificarse de manera alguna. Crear monederos es gratis, basta con descargarse un programa que lo solicite, y las transferencias se hacen entre esos dispositivos. Los intercambios se pueden hacer dentro de redes como TOR, que garantizan que nuestra verdadera dirección IP no va a poder ser detectada con facilidad. Los creadores de Bitcoin explican que el único dato rastreable que se envía a la cadena de bloques es la identificación del monedero emisor y del receptor. Por eso recomiendan crear uno nuevo para cada operación. Eso es algo que tienen muy en cuenta los fanáticos de la seguridad, bien por convicción, bien porque la naturaleza de su actividad es ilegal. Con la popularización de las criptomonedas, que están llegando al público general, cada vez más usuarios no consideran necesaria esa medida de seguridad, puesto que no hacen nada ilegal o no tienen constancia de ello, como muchos de los compradores de drogas en sitios como Alphabay o Nucleus. Las divisas digitales son un producto nuevo que avanza más rápido que la legislación que lo debe regular, como es habitual en el mundo de la tecnología. Los www.lectulandia.com - Página 146

gobiernos miran por tres aspectos principales: la compra de bienes ilícitos de forma subrepticia, el blanqueo de capitales y la evasión de impuestos. Es muy difícil detectar movimientos de un capital que, por su propia naturaleza, es descentralizado. Los esfuerzos deben dedicarse al momento en que las monedas virtuales son convertidas en físicas. En la Unión Europea los bancos están obligados a informar a Hacienda de los movimientos de capital superiores a tres mil euros, pero resulta fácil a un delincuente dividir sus millones en fracciones inferiores que puede mover entre varias cuentas bancarias diferentes, que incluso pueden haber sido creadas por muleros —recordemos el capítulo anterior—. En la información oficial sobre Bitcoin se explica que sus beneficiarios deben declarar sus ganancias de la misma manera que lo harían con cualquier otro capital. Que hagan caso o no, por supuesto, depende de la voluntad de cada ciudadano. Las divisas digitales aún están sin regular en la mayor parte de países. Algunos han decidido, al menos por el momento, prohibir por completo su uso, como Bolivia, donde su banco central prohibió «el uso de toda moneda no emitida o regulada por estados, países o zonas económicas» el 6 de mayo de 2014. Rusia, de manera parecida a China, solo permite comprar bienes en su país con rublos, aunque es legal almacenar, ganar o cambiar dinero digital. De hecho, es uno de los lugares en que su uso es más popular. La Hacienda de Estados Unidos decidió el 25 de marzo de 2014 darles la consideración de bienes muebles, no de dinero. De esta manera, sus poseedores deben tributar por ellas como ganancias de capital y, al mismo tiempo, ganan seguridad jurídica. Ya saben a qué atenerse. La Unión Europea estudia prohibir transferencias de criptomonedas desde o hacia países de alto riesgo, en un esfuerzo de dificultar las finanzas de grupos terroristas como los que atentaron en París en noviembre de 2015 o en Bruselas de marzo de 2016. Aunque algunos estados, como Alemania, las reconocieron en 2013, en la legislación de la Unión siguen en un limbo jurídico, en parte azuzado por el miedo a una economía global descentralizada y sobre la que no puedan ejercer control alguno. El juego continúa. Para facilitar todavía más la labor a los ciudadanos, se están instalando por las calles de las ciudades de España cajeros automáticos para comprar y vender Bitcoins. En el centro comercial ABC Serrano de Madrid o en la estación de trenes de la Plaza de España de Barcelona su presencia ya no sorprende a los viandantes. En ellos se pueden introducir billetes de cinco a veinte euros con los que cargar un monedero virtual que se suele llevar en el teléfono por comodidad —con lo que se evita una identificación por parte del banco en que se tenga el dinero al realizar una transferencia a un agente de cambio—. En un paso más, existen varias empresas que permiten llevar Bitcoins físicas en el bolsillo, que tienen diferentes formas y aleaciones. Cada usuario solo tiene que grabar la clave pública y privada — la primera, legible con un código QR, la segunda, oculta a la vista— para disponer de un efectivo tangible. www.lectulandia.com - Página 147

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