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7 months ago

La red oscura - Eduardo Casas Herrer

¿Qué es la web profunda (deep web) o red oscura (dark net)? ¿Hay que tenerles miedo? ¿Es, acaso, como pasear por los bajos fondos de una ciudad? ¿Hemos de cuidar nuestra confianza en la red? No solemos pararnos a pensar cómo funciona un motor de búsqueda de Internet y, precisamente, en su manera de actuar se encuentra su punto débil: la araña. Por mucho que se esfuerce el robot, hay lugares a los que no es capaz de llegar porque no está diseñado para ello. Y de esa red oscura a la que no puede acceder solo es visible el uno por ciento, el resto está escondido, como si de un iceberg se tratara. Negocios ilegales, tráfico de armas y de productos, muertes retransmitidas, pornografía infantil… conforman el lado negativo de Internet; un pozo sin fondo que se abre desde nuestras pantallas. El autor de este libro, miembro del Cuerpo Nacional de Policía, que lleva desde 2004 trabajando en la Unidad de Investigación Tecnológica (UIT), nos explica con notable claridad cómo persiguen sin tregua y sacan a la luz los delitos de ese universo desconocido de la red.

Otras versiones

Otras versiones incluían fotografías de abusos a niños como si hubieran sido descargadas por el propio usuario o accedía al historial de navegación para usarlo en su contra. Mientras tanto, la Policía Nacional no estaba de brazos cruzados. El Grupo de Seguridad Lógica de la Brigada de Investigación Tecnológica, con la ayuda de Europol, ya llevaba un agotador año detrás del responsable. Utilizaron una combinación de técnicas informáticas y tradicionales, que incluían agentes encubiertos, acceso desde una prisión a foros de hackers, intervenciones telefónicas y vigilancias, así como rastreo del movimiento del dinero. Encontraron a alguien que se hacía llamar Limbo y Abramovich y que parecía estar muy arriba en la organización. Sin demasiada sorpresa para los investigadores, resultaron ser la misma persona, el ruso Alexander Krasnokutsky, de veintisiete años, programador y jefe de la banda que no paraba de introducir mejoras en su criatura. En ese momento había ya cuarenta y ocho clones diferentes del virus. A medida que la investigación avanzaba, los agentes detectaron a otros diez individuos trabajando para él, desarrollando nuevas adaptaciones, recibiendo los pagos fraudulentos y blanqueándolos, para lo que utilizaban mulas, como ya explicamos en el capítulo seis. Una vez que se tuvo la seguridad de que toda la red estaba localizada, decenas de agentes se desplazaron a la provincia de Málaga para detenerlos y desmantelarla. Justo antes del operativo descubrieron, con gran frustración, que Limbo no estaba ya allí. ¿Había huido? ¿Podía haber un topo que le hubiera dado el aviso desde dentro? ¿O había detectado las vigilancias, electrónicas o físicas, y había emigrado, dejando tirados a sus secuaces? Se habló con el juzgado que llevaba el sumario, el Central de Instrucción número 3 de la Audiencia Nacional, para retrasar unos días el operativo. Fueron jornadas de trabajo frenético, desde Madrid y Málaga al mismo tiempo, para lograr ubicarlo. Si escapaba, no tardaría en encontrar otro grupo de secuaces y seguir delinquiendo. Pronto supieron que había salido de España. Eso dificultaba más la tarea. El mundo es un lugar muy grande. Sin embargo, no estaba asustado y se puso en contacto con su banda… desde Dubái, en los Emiratos Árabes Unidos. Había ido a pasar las Navidades allá. Dos agentes de la BIT acudieron de inmediato a vigilarlo, con la dificultad añadida de pasar desapercibidos en un país tan diferente al suyo propio. El magistrado Javier Gómez Bermúdez dictó una orden internacional de detención que las autoridades de aquel país ejecutaron con la debida diligencia a comienzos de 2013. No tardaría en ser extraditado a España. Solo después de tener asegurado a Krasnokutsky se desató el operativo en Benalmádena, donde fueron arrestados ocho miembros de la banda, y Torremolinos, donde cayeron otros dos. En total, seis rusos, dos ucranianos y dos georgianos. Blanqueaban un millón de euros al año, todos procedentes de los incautos que pagaban las falsas multas. Muy lejos de las poco más de novecientas denuncias —de los que menos de la mitad reconocían haber pagado— y más cercanas a las casi www.lectulandia.com - Página 162

ochocientas mil consultas que había recibido la OSI. Por vergüenza o por la poca cantidad defraudada, gran cantidad de víctimas no habían informado de lo ocurrido a la policía. En septiembre de aquel mismo año, fruto del estudio del material intervenido, cayeron otros dos colaboradores, ucranianos y residentes en Madrid. Eran una subcontrata, es decir, otra empresa criminal que tenía como clientes a otros delincuentes. Para la banda de Limbo proporcionaban servicio de alojamiento a los servidores desde los que se enviaba la estafa, como uno de los más famosos, www.lapoliciaespanola.org. Pero había más. La investigación a la que fueron sometidos antes de su detención mostró que estaban blanqueando dinero, hasta diez mil euros diarios, para lo que usaban un hábil sistema de transferencias y compraventa de monedas virtuales, entre las que destacaban las Bitcoins y dólares Linden, ambas explicadas en el capítulo anterior. Cuando los atraparon, habían blanqueado al menos seiscientos mil euros provenientes de sus delitos. En sus domicilios encontraron, en efectivo, cincuenta y cinco mil euros, entre moneda real y monederos virtuales. De esta manera, la Policía Nacional de España se convirtió en el segundo cuerpo mundial, después de la DEA estadounidense, en aprehender Bitcoins. No acababan ahí sus logros. Habían conseguido infiltrarse en hasta veintiuna mil empresas de ochenta países —mil quinientas de ellas en España—, todas ellas con servicios de escritorio remoto mal configurados, sin las adecuadas medidas de protección. Después vendían el acceso a los servidores de esas empresas, al módico precio de diez euros cada uno. Otros delincuentes los utilizaban después para sus aviesos propósitos. Durante aquellos días de 2013 fue habitual encontrar, en directorios ocultos para sus legítimos dueños, páginas donde se ofrecía la venta de pornografía infantil. A medida que eran descubiertos, la policía los eliminaba y estudiaba los accesos. Todos ellos llevaban a proxies muy difíciles de rastrear, el típico modus operandi de los grupos organizados. En febrero de 2016 se celebró el juicio en la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional. Justo antes de su inicio, los acusados llegaron a un acuerdo con el fiscal. A cambio de aceptar todos los cargos que les imputaban, consiguieron una notable rebaja en su estancia entre rejas. Los dieciocho años de prisión que se pedían a Krasnokutsky se quedaron en seis. El resto de la banda salió mejor parado aún, entre tres meses y tres años de reclusión, de los que la mayoría no cumpliría ni un día. La delincuencia financiera —no así otras— sale muy barata en España. Cuando el grupo de Limbo dejó de actuar, una multitud de imitadores explotó el filón. Después de todo, era una manera fácil de hacer dinero, sobre todo si se tomaban precauciones adicionales. Algunas copias, una vez solventados los problemas con Java, lo único que lograban hacer era bloquear la pantalla del navegador. Bastaba cerrarlo para que todo volviese a la normalidad. Otros se centraron en Android, pero, como ya hemos visto, los teléfonos no son tan vulnerables como un ordenador. De nuevo había que convencer al incauto de que www.lectulandia.com - Página 163

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