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La red oscura - Eduardo Casas Herrer

¿Qué es la web profunda (deep web) o red oscura (dark net)? ¿Hay que tenerles miedo? ¿Es, acaso, como pasear por los bajos fondos de una ciudad? ¿Hemos de cuidar nuestra confianza en la red? No solemos pararnos a pensar cómo funciona un motor de búsqueda de Internet y, precisamente, en su manera de actuar se encuentra su punto débil: la araña. Por mucho que se esfuerce el robot, hay lugares a los que no es capaz de llegar porque no está diseñado para ello. Y de esa red oscura a la que no puede acceder solo es visible el uno por ciento, el resto está escondido, como si de un iceberg se tratara. Negocios ilegales, tráfico de armas y de productos, muertes retransmitidas, pornografía infantil… conforman el lado negativo de Internet; un pozo sin fondo que se abre desde nuestras pantallas. El autor de este libro, miembro del Cuerpo Nacional de Policía, que lleva desde 2004 trabajando en la Unidad de Investigación Tecnológica (UIT), nos explica con notable claridad cómo persiguen sin tregua y sacan a la luz los delitos de ese universo desconocido de la red.

suele desmentir aquellos

suele desmentir aquellos que cobran más vigor o causan más miedo en la sociedad. Los bulos tienen una serie de características que los hacen muy reconocibles: 1. Son de origen desconocido. No se sabe quién los crea, ni cuáles son sus propósitos concretos. 2. No van firmados por ninguna persona real. Cuando aparece un nombre, es ficticio o utilizado de manera apócrifa. 3. Aluden a una necesidad básica para calar en la población, en especial el miedo (bien sea económico, bien físico o de cualquier otro tipo). 4. Suelen pedir su reenvío masivo para conseguir la mayor difusión posible. 5. Su redacción es a menudo defectuosa. 6. Los antecedentes del hecho que cuenta y sus referencias son ficticios o distorsionados. 7. No se puede encontrar ninguna referencia a lo que narra en fuentes oficiales o prensa seria. 8. Son lo suficientemente genéricos para poder encajar con mínimas variaciones en cualquier lugar del mundo y en cualquier periodo temporal. 9. Van modificando o añadiendo párrafos nuevos, con diferentes estilos. Están, por tanto, vivos y se comportan como las narraciones orales desde tiempos de Homero, que se enriquecen con las aportaciones de nuevos autores a lo largo del tiempo. La policía y los expertos recomiendan seguir la regla de oro de Internet, comprobar primero, compartir después. Hay incluso páginas web dedicadas a investigar y desmontar estas mentiras sistemáticas, como hoaxbusters.org y snopes.com que pueden ser muy útiles para quien busca confirmar o desmentir una historia demasiado extraña para ser creída. Los bulos, además, pueden llevar delante del juez a quien los crea, si es posible hallarlo, o a quien los comparte con conocimiento de su falsedad, dado que es un delito tipificado como desórdenes públicos si causa la suficiente alarma y obliga a la movilización de los servicios de emergencia. En noviembre de 2015 cuatro jóvenes residentes en la localidad malagueña de Estepona fueron detenidos por la Policía Nacional. Tres eran magrebíes y el cuarto ruso. Crearon y propagaron un bulo que en cuestión de minutos se difundió por WhatsApp de forma exponencial, en el que se afirmaba que era inminente un atentado yihadista en su ciudad. Para ello llegaron a realizar un montaje con la portada del diario El País. MÁS ALLÁ DE LOS BULOS: LOS ENGAÑOS QUE CAUSAN MUERTES La falta de formación y el miedo o la necesidad de creer pueden cruzar la línea entre www.lectulandia.com - Página 178

lo inocuo y lo mortal. Así pasa con el movimiento antivacunas, que está conduciendo a la reaparición de enfermedades que se creían olvidadas. A pesar de ser muy activo en Internet, la mayoría de la población fue consciente de su existencia en junio de 2015, cuando un niño de seis años de Olot, en Gerona, contrajo difteria, una enfermedad cuyo último caso había ocurrido en España treinta años antes, y falleció después de veinticinco días ingresado en cuidados intensivos. Los padres comparecieron poco después, para decir que se sentían «destrozados y engañados» al haber creído a una asociación que les convenció de no vacunar al pequeño. La manipulación de la que fueron víctimas le costó la vida. La capacidad de inmunizar al cuerpo contra las amenazas más agresivas es un muy bien conocido recurso médico, que lleva centurias utilizándose. Si bien hay antecedentes de su uso contra la viruela hasta en el siglo X a. C., se sistematizó su uso a partir de finales del siglo XVIII. Fue el francés Louis Pasteur el que, en 1881, demostró de manera científica que el método era válido. De hecho, la eliminación de la única enfermedad erradicada de la faz de la Tierra, la ya citada viruela, se llevó a cabo gracias a la vacunación sistemática de toda la población, que comenzó en 1958, tras una propuesta de la Unión Soviética ante las Naciones Unidas. Otras enfermedades graves, como la difteria o el sarampión, no registran casos durante décadas. Basta dar una vuelta por países africanos para descubrir lo que pasa cuando la medicina no llega a todas partes. La poliomielitis, que deja a los niños con las piernas inútiles para toda la vida, todavía campa por sus respetos. En el Primer Mundo, donde la inmunización es casi universal, se ha convertido en desconocida. Es en este contexto, en el que los adultos ya no han conocido peligrosas epidemias que arrasaban a gran parte de la población mundial y que podían ser controladas con facilidad, en el que algunos deciden que quizá no sea bueno someter a los niños a tales cócteles biológicos y químicos. Es decir, se oponen a un remedio que está comprobado mediante el método científico, basándose solo en sus corazonadas o en ideas particulares, sin base. El movimiento antivacunas ha estado asociado sobre todo a motivos religiosos y es casi tan antiguo como el objetivo que persigue. En la actualidad en países donde reina el integrismo islámico, los voluntarios que van repartiendo las dosis puerta a puerta han pagado con su vida las consecuencias de sus esfuerzos por salvar las de otros. En Internet, sin embargo, los principales activistas son menos agresivos — aunque sus acciones u omisiones cuesten la vida de niños— y se orientan no tanto a negar la efectividad, que ya hemos visto que está probada, sino a los riesgos de su administración, que afirman que superan a los beneficios. Estos negacionistas se basan en gran medida en un trabajo del exmédico británico Andrew Wakefield, que en 1998 publicó junto con otros doce colegas un estudio en la prestigiosa revista Lancet sobre la incidencia de la vacuna triple vírica, una de las obligatorias en buena parte del mundo, en doce menores que padecían autismo. Su conclusión era que la enfermedad estaba causada por la propia inoculación, que, además, favorecía otras www.lectulandia.com - Página 179

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