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9 months ago

La red oscura - Eduardo Casas Herrer

¿Qué es la web profunda (deep web) o red oscura (dark net)? ¿Hay que tenerles miedo? ¿Es, acaso, como pasear por los bajos fondos de una ciudad? ¿Hemos de cuidar nuestra confianza en la red? No solemos pararnos a pensar cómo funciona un motor de búsqueda de Internet y, precisamente, en su manera de actuar se encuentra su punto débil: la araña. Por mucho que se esfuerce el robot, hay lugares a los que no es capaz de llegar porque no está diseñado para ello. Y de esa red oscura a la que no puede acceder solo es visible el uno por ciento, el resto está escondido, como si de un iceberg se tratara. Negocios ilegales, tráfico de armas y de productos, muertes retransmitidas, pornografía infantil… conforman el lado negativo de Internet; un pozo sin fondo que se abre desde nuestras pantallas. El autor de este libro, miembro del Cuerpo Nacional de Policía, que lleva desde 2004 trabajando en la Unidad de Investigación Tecnológica (UIT), nos explica con notable claridad cómo persiguen sin tregua y sacan a la luz los delitos de ese universo desconocido de la red.

en su poder, según su

en su poder, según su declaración porque la fenecida se lo había dejado oculto en el coche a pesar de sus objeciones. Como había mucho material informático, al que había que sumar el de la mujer encontrada en Avilés, los agentes pidieron colaboración a la BIT, que comenzó el análisis de los correos electrónicos. A través de ellos supieron que quien remitía los productos era un médico de Madrid, llamado Fernando Marín, alma mater de dos organizaciones cuyo objetivo era ayudar a acabar con la vida de quien lo desease, con términos como sedación profunda o cuidados paliativos. También se intervinieron sus comunicaciones y, ya el primer día, recibió una llamada telefónica en que una mujer avisaba de que «su chico» —luego se supo que estaba aquejado de esclerosis en fase muy avanzada— ya había dejado de respirar. A pesar de ser en un pueblo de la provincia, pero lejos de Madrid, el galeno se desplazó con urgencia para certificar por sí mismo que había sido una muerte natural. Eran indicios más que racionales sobre su actividad, que se confirmaron dos días después cuando recibió la llamada de un colega, Fernando Acquaroni, que buscaba cumplir la voluntad de su hermano, enfermo terminal de sida. No tenía la capacidad de encontrar los fármacos necesarios y había recibido la negativa de los centros de cuidados paliativos legales de su provincia, Cádiz, que le habían advertido de forma explícita que lo que pretendía era un delito. Marín se ofreció a enviarle un potente cóctel de sedativos y las instrucciones para administrarlos de forma que resultasen mortales en menos de veinticuatro horas. Le explicó que, al certificar su muerte, apuntase que las cantidades para la sedación profunda habían sido un cuarto de las reales. El investigado se puso en contacto con su secretaria y le pidió que enviase los productos a la dirección del colega en Cádiz. Los policías de la BIT iniciaron entonces una carrera contrarreloj para localizarlos antes de que dejasen la capital. Por fin, los interceptaron en una empresa de paquetería urgente y evitaron que salieran a su destino. Si las drogas no llegaban, las partes sospecharían, por lo que hubo que concluir la operación. Se preparó la detención del doctor y su administrativa, y el registro de las asociaciones. Se inició esa segunda parte el 6 de julio de 2012 y hallaron una ingente cantidad de fármacos mortales. La secretaria pasó a disposición judicial. Marín, que todavía tenía el teléfono pinchado, recibió dos llamadas consecutivas. Una era de Acquaroni, quien había sido interrogado por agentes de la Policía Nacional en su domicilio. La segunda, de un testigo que estaba dentro del local cuando entró la comisión judicial y le avisaba de que él era el siguiente. Este no perdió el tiempo y avisó a su mujer para que se deshiciera de todo lo comprometedor que pudiera haber en su domicilio. Unos minutos más tarde, la susodicha salió con una bolsa de Carrefour camino de un contenedor de basura. Lo que ella no sabía era que dos miembros de la BIT llevaban horas apostados delante de la puerta en previsión de tal eventualidad. No tuvo más remedio que entregar los productos y www.lectulandia.com - Página 184

etirarse. Poco más tarde, encontraron al esposo dentro de su vehículo, procedieron a leerle los derechos y lo trasladaron a la sede de la Brigada. Ingresó en prisión preventiva. Solo faltaba saber cómo obtenía las medicinas, alguna de las cuales era ilegal en España y el resto estaba dentro de las sustancias controladas de la Lista I de Estupefacientes de la Convención de 1951 y de la Lista IV del Convenio sobre Psicotrópicos de 1971, lo que requiere un registro exhaustivo de lo que se hace con cada dosis. La respuesta estaba en los ordenadores de los detenidos en Madrid. La mujer se hacía pasar por veterinaria para comprarlos a través de Internet en México, fuera del control sanitario. Incluso tenían un proveedor habitual. El hombre, por su parte, utilizaba su carnet profesional para conseguirlos en farmacias españolas de forma irregular, ya que solo podían ser dispensados a hospitales. El juicio se celebró en el Juzgado de lo Penal número 1 de Avilés, en mayo de 2016. Los tres acusados que seguían vivos se declararon culpables de todos los cargos y llegaron a un acuerdo con el fiscal por el que el médico y su secretaria fueron condenados a dos años y a la inhabilitación para ejercer su profesión durante seis meses y el hermano del enfermo de sida de Cádiz, a medio año de cárcel, puesto que no logró ejecutar su propósito y solo le consta como tentativa. El derecho a disponer de la propia muerte y ayudar a otros que desean alcanzarla se debate en la sociedad actual. Se tiene especial consideración con aquellos enfermos terminales que, además, padecen un gran sufrimiento. Sobre el resto, la opinión es menos contundente. En cualquier caso, la vida es un valor supremo en nuestro ordenamiento jurídico y parece lógico que se deba intentar convencer a un suicida de que tal vez no deba dar el paso, en vez de ayudarle sin preguntar. En personas frágiles o con enfermedades mentales como la depresión, los foros dedicados a la muerte son a menudo el impulso que necesitan y que quizá no darían sin él, tras lo cual acuden a estas asociaciones sobre muerte digna, que también mantienen una activa presencia en Internet —algunas con webs tan obvias como www.eutanasia.ws—. En este caso, además, la compra de las sustancias mortales se llevaba a cabo gracias a la propia red. Aunque quien quiera morir va a encontrar una manera de hacerlo de todas formas, el mundo interconectado les da unas facilidades que antes no tenían. CONSPIRANOICOS: EL DELGADO LÍMITE ENTRE LA CORDURA Y LA LOCURA Dice la Real Academia de la Lengua que conspirar es unirse contra un particular o un superior para hacerle daño. En el derecho penal español, se define como que dos o más personas concierten la ejecución de un delito y resuelvan llevarlo a cabo. No es una palabra que tenga tintes positivos. A lo largo de los siglos ha habido muchas. Una www.lectulandia.com - Página 185

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