Views
2 months ago

La red oscura - Eduardo Casas Herrer

¿Qué es la web profunda (deep web) o red oscura (dark net)? ¿Hay que tenerles miedo? ¿Es, acaso, como pasear por los bajos fondos de una ciudad? ¿Hemos de cuidar nuestra confianza en la red? No solemos pararnos a pensar cómo funciona un motor de búsqueda de Internet y, precisamente, en su manera de actuar se encuentra su punto débil: la araña. Por mucho que se esfuerce el robot, hay lugares a los que no es capaz de llegar porque no está diseñado para ello. Y de esa red oscura a la que no puede acceder solo es visible el uno por ciento, el resto está escondido, como si de un iceberg se tratara. Negocios ilegales, tráfico de armas y de productos, muertes retransmitidas, pornografía infantil… conforman el lado negativo de Internet; un pozo sin fondo que se abre desde nuestras pantallas. El autor de este libro, miembro del Cuerpo Nacional de Policía, que lleva desde 2004 trabajando en la Unidad de Investigación Tecnológica (UIT), nos explica con notable claridad cómo persiguen sin tregua y sacan a la luz los delitos de ese universo desconocido de la red.

pueden comunicarse por

pueden comunicarse por mensajería electrónica, chats o foros ubicados en la red TOR, tanto públicos como privados y no tienen por qué verse las caras jamás. A menudo no pueden dar información sobre la naturaleza de los otros miembros de su organización, más allá del apodo que utilizan, porque nada más saben. Este bajo riesgo y la comodidad de acceso, provocan la activación de una mayor cantidad de opositores. Antes de Internet, bien por miedo, bien por el excesivo esfuerzo necesario, los ciudadanos no se metían en política. Los que daban el paso tenían que acudir a asambleas clandestinas o repartir de tapadillo pasquines o panfletos impresos. Ahora cualquiera puede opinar y su opinión puede tener un gran eco. Por otro lado, la prensa tradicional, aquellos diarios, radios o televisiones destinados a llegar a una gran cantidad de gente, pueden ser alojados en Internet más allá del alcance censor. Medios opositores siempre han existido, pero su difusión era menor y más comprometida. En España fue importante desde 1941 Radio España Independiente, conocida como La Pirenaica, aunque emitía desde Rusia primero y Rumanía después. Estaba organizada por el Partido Comunista de España en el exilio y fue un quebradero de cabeza para el franquismo, que intentó silenciarla o interferirla con técnicas diversas. Con las capacidades actuales, basta teclear en el navegador para acceder a los periódicos oficiales de cualquier enemigo del país, y con una censura mucho más difícil. Ante este riesgo muy cierto, los países sin libertad han actuado de formas diferentes. Por un lado, está el más drástico, Corea del Norte, que tiene prohibido el acceso a la Red, salvo para el tres por mil de su gente, los más altos funcionarios del régimen. Las zonas rurales y hasta varias ciudades carecen incluso de electricidad, mucho menos de ordenadores y, de hecho, solo existe un cibercafé y está en la capital, Pyongyang. Usan un sistema operativo propio, Estrella Roja, y solo pueden acceder a su propia Intranet, llamada Kwangmyong, con la que se pueden consultar portales de noticias propiedad del régimen. Para la interacción ciudadana hay foros y chats internos donde todos están identificados. Incluso un pequeño error ortográfico puede acabar con el redactor de un medio digital y toda su familia en un centro de reeducación, eufemismo para los famosos campos de concentración con altísimos porcentajes de fallecimiento. La mera tenencia de un teléfono móvil conduce al mismo destino. Kim Jong-un está invirtiendo en tecnología con la que detectar esas llamadas o el uso de datos, y son habituales los rastreos policiales de usuarios. Esos smartphones provienen de contrabando de la vecina y aliada China y funcionan hasta a diez kilómetros de la frontera, utilizando las redes de aquel país. El propósito es claro: si nadie puede tener acceso a Internet, no habrá problemas de subversión. Otro caso paradigmático es el de Cuba, país que la ONG Reporteros sin Fronteras considera «enemigo de Internet» desde el año 2006. Allí los problemas se acumulan. El largo bloqueo al que está sometida por parte de Estados Unidos ha impedido una conexión normal, a pesar de tener, a solo treinta y dos kilómetros al norte de sus costas, una de las más tupidas redes de telecomunicaciones, los cables oceánicos de www.lectulandia.com - Página 196

Florida. Para remediarlo, en 2007 se firmó un contrato con la Venezuela de Hugo Chávez por el que se tendería un cable submarino de mil seiscientos kilómetros, que estuvo acabado en 2011 y empezó a funcionar dos años después. Hasta ese día, la conexión en la isla era vía satélite y lenta hasta la exasperación. Estaba limitada a ciertas profesiones, como militares, funcionarios de agencias gubernamentales y, sobre todo, médicos, restringida a dominios cubanos y a ciertas páginas relacionadas con su actividad. Desde entonces, el gobierno, a través de la empresa gubernamental ETECSA, ha ido construyendo puntos de acceso inalámbrico en las plazas de las ciudades, que llegaron a ochenta y cinco en 2016, con las que consigue acceder a la Red el cinco por ciento de la población mediante la compra de tarjetas con contraseñas. Su precio es exorbitante, dos pesos cubanos convertibles por hora —tres si se compra a vendedores ambulantes—, cuando el sueldo medio en esa misma moneda es de veintitrés al mes. Esta es otra forma de limitación del acceso al servicio, dado que muchos no se lo pueden permitir. Además, al ser en lugares públicos, la posibilidad de un uso subversivo de Internet es todavía más difícil, porque las pantallas pueden ser espiadas por los presentes y distinguir la actividad de quien está en un lugar concreto es fácil con herramientas informáticas adecuadas. Después de acceder con una velocidad de caracol, muy lejos de los estándares europeos, la férrea censura bloquea muchas páginas. En otros casos, las compañías estadounidenses no están autorizadas a trabajar en la isla. El servicio de videollamadas Skype, uno de los más populares, está vetado. Los cubanos, habituados a encontrar soluciones a todo, utilizan Imo, con funcionalidades parecidas. La plataforma de compra-venta Craiglist, muy popular en su gran vecino del norte aunque desconocida en España, es sustituida por la local Revolico, que hasta tiene un interfaz muy similar. Dada la imposibilidad de descargarse películas o series de televisión —ni hablar de verlas en streaming—, estas entran en el conocido como paquete semanal, un disco duro clandestino con los estrenos audiovisuales que pasa de mano en mano, copiándose en todos los dispositivos de la isla. Los expertos en la censura de Internet son los chinos. Con un quinto de la población mundial bajo el dominio de una dictadura comunista con economía de mercado, es necesario un delicado equilibrio entre el ocio y los negocios. Hay que evitar el uso de la herramienta contra el régimen. La red sirve para comerciar con menos intermediarios. Una página web alojada en aquel país y manejada por sus ciudadanos puede colocar sus productos en el destinatario final de cualquier lugar del mundo con muchos menos costes y de manera más efectiva. En el portal de subastas y venta online eBay muchas tiendas virtuales están radicadas en aquel país o bien son distribuidores de aquellas en Europa. El sitio paradigmático de comercio chino es el conglomerado Alibaba, fundado en 1999 por el empresario y filántropo Ma Yun (conocido en occidente como Jack Ma). Una de sus páginas, Aliexpress, está pensada para el consumidor final, mientras que otras, como la que da nombre al grupo empresarial, se utilizan para www.lectulandia.com - Página 197

la red oscura